‘Doctor Who’

Éste es quien soy aquí y ahora, ¿vale?
Todo lo que importa es aquí y ahora, y éste soy yo”.

Un loco con una caja azul. Así describe ‘Doctor Who’ a su protagonista principal, un alienígena que tiene dos corazones, ha vivido casi mil años porque tiene la capacidad de regenerarse en otro cuerpo y que viaja por todo el espacio y el tiempo gracias a su nave espacial, la TARDIS, que tiene la chocante forma de una cabina de teléfonos de la policía. ¿Parece una excentricidad de los ingleses?

En 1963, cuando la BBC empezó a emitir la serie, probablemente debía dar esa sensación. Fue creada para ocupar un hueco en los sábados por la tarde que quería llenarse con un programa infantil que pudiera ver toda la familia, y que aportara también un lado educativo. Así surgió la figura de un viejo profesor que se desplazaba por el tiempo como una excusa para enseñar historia del Reino Unido, que luego se convirtió en un alienígena, un Señor del Tiempo, que viajaba por todas partes acompañado de su nieta, que iba al colegio en la Tierra.

El programa de BBC ‘The Culture Show’ dedicó un especial al 50º aniversario de la serie, titulado ‘Me, you and Doctor Who’, en el que se detallaba el proceso de creación y puesta en pie de una serie en la que nadie, excepto los que estaban involucrados en ella, creía demasiado, y cuyo gran éxito casi desde su estreno fue toda una sorpresa. La mezcla de paseos por la historia pasada británica, de viajes a otros planetas y de encuentros con villanos tan despiadados y malvados como los daleks cuajó enseguida entre los niños, y de ahí a convertirse en toda una institución en la cultura británica había un trecho más corto del previsto.

Lo que en 1963 no era más que una serie infantil, está ya tan unida al acervo cultural británico como James Bond, Jane Austen o Harry Potter, si buscamos un ejemplo más moderno. Y había encontrado una estratagema realmente ingeniosa para asegurar su longevidad aunque su actor protagonista quisiera marcharse; el Doctor podía regenerarse cuando estaba cerca de la muerte. De este modo, hasta la actualidad, doce actores han interpretado a ese personaje (trece, si contamos a un Doctor “intermedio” al que daba vida John Hurt), de William Hartnell, que fue el primero, a Peter Capaldi, y también ha habido multitud de cambios en el puesto de productor ejecutivo. Cada nuevo Doctor (y cada nuevo responsable) imprime a la serie su propia personalidad, lo que favorece que, cada cierto tiempo, ‘Doctor Who’ se presente ante sus espectadores renovada y refrescada. No es como si fuera una serie diferente, pero sí que suele tener una energía diferente.

Tom Baker

‘Doctor Who’ ha pasado por muchas épocas, muchos altibajos de calidad y de audiencia, y su primera etapa (la clásica, como la conocen los whovians) se cerró en 1989 entre la indiferencia del público. La imagen que quedó de ella en el imaginario colectivo fue la de una serie con baratos efectos especiales y un tipo estrafalario corriendo de un lado para otro, y tuvo que llegar un intento de resurrección, fallido, en Estados Unidos y una nueva ola de ficción televisiva llegada desde el otro lado del Atlántico para que la BBC se animara a darle una segunda vida.

Desde 2005, ‘Doctor Who’ ha vivido un renacimiento todavía más exitoso que en sus inicios. Los dos productores ejecutivos que ha tenido, hasta el momento, en esta nueva época, Russell T. Davies y Steven Moffat, eran fans de la serie cuando eran niños y saben cómo enganchar a la audiencia para que lleve su experiencia viendo la serie a las redes sociales, pero también han mantenido unas características comunes que han hecho que los adultos puedan disfrutar de las aventuras del Doctor tanto como sus hijos. Ya no se fomenta tanto ese lado divulgativo con la historia británica, sino que se muestra una serie totalmente libre de prejuicios raciales, sexuales, sociales o morales.

Las “companion” son tan importantes en ‘Doctor Who’ como el propio Doctor; más en la época moderna de la serie

El centro de la historia se ha desplazado a las acompañantes, cuyos arcos son tan importantes como los del Doctor, y se ha apostado por introducir más tramas serializadas y misterios que tienen a los espectadores especulando durante horas en internet. ‘Doctor Who’ ha abrazado las nuevas formas actuales de narrar y de ver las series, y lo ha hecho manteniendo el mismo sentido de la aventura y la maravilla que Christopher Eccleston y Billie Piper desplegaron en el primer episodio de la nueva era.

El Doctor ha viajado por todo el espacio y el tiempo, ha luchado contra los peores villanos y ha ayudado a quienes lo han necesitado, y siempre acaba volviendo a la Tierra porque le admira la capacidad para la tolerancia, el amor y la solidaridad que tienen los humanos, aunque no siempre la pongan en práctica. Para el Doctor, todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero él tampoco es un héroe de una pieza. Puede ser implacable y cruel, pero también justo, divertido y maravilloso, y viajar a su lado expande hasta el infinito las existencias de sus acompañantes. También tiene consecuencias, y en su exploración es donde ‘Doctor Who’ ha demostrado que es una serie actual.

El personaje

diez

El Doctor es, desde luego, el gran personaje de la serie, aunque haya habido acompañantes memorables (como Sarah Jane, Jack Harkness, River Song o Rose) y también villanos muy destacables (como The Master). Pero es su héroe central el hallazgo de ‘Doctor Who’. Nadie sabe cuál es su verdadero nombre y no es fácil llegar a conocerlo. Siempre guarda un truco, un secreto, un as en la manga que no quiere que sepan ni sus acompañantes más queridas. Ellas, por cierto, juegan un importante papel en la serie, que es el de mantener al Doctor con los pies en el suelo, evitar que se crea un semidiós con la potestad de decidir sobre la vida y la muerte sólo porque tiene la capacidad de desplazarse en el tiempo y cambiar la historia. Aunque hay puntos fijos en el tiempo que ni él mismo puede alterar, pero es tema para tratar en otro sitio.

La época moderna de la serie presenta a un Doctor al que le persigue el trauma de haber cometido un genocidio para acabar una guerra larga y terrible y, por tanto, ser el último de su civilización, pero es un Doctor que siempre busca la diversión en todo lo que hace. No quiere viajar solo en la TARDIS (con la que tiene una relación bastante especial), y siempre está buscando gente con la que compartir las maravillas y la aventura de sus viajes. Consigue que los espectadores más talluditos puedan sentirse niños de nuevo y que fantaseen con subirse a esa nave más grande por dentro que por fuera. Pero el Doctor también obliga a sus acompañantes a que valoren el presente y a que no den prácticamente nada por sentado. Se pueden aprender muchas cosas a su lado, aunque no estén exentas de cierto dolor. Así es la vida.

El creador

El responsable de volver a poner en marcha ‘Doctor Who’ en 2005 fue Russell T. Davies, un guionista que había escrito para varias series infantiles de BBC y, después, había creado para ella ‘Queer as folk’, una comedia sobre un grupo de amigos homosexuales que resultó un enorme éxito (con remake en Estados Unidos incluido). Davies es un gran fan de ‘Doctor Who’, hasta el punto de trufar aquella serie de referencias whovian y de dar la lata periódicamente a la cadena sobre la posibilidad de relanzar la marca.

Cuando finalmente lo consiguió, Davies quiso hacer homenajes y guiños a la época clásica, al mismo tiempo que escribía aventuras más entroncadas con las tendencias de la ficción televisiva de principios de 2000, con personajes femeninos más relevantes y héroes y villanos menos maniqueos. La influencia de Joss Whedon y ‘Buffy, cazavampiros’ en esos primeros momentos de la nueva ‘Doctor Who’ ha sido reconocida por el propio Davies en varias ocasiones. El guionista consiguió que la serie volviera a ser todo un éxito en la BBC, y también fomentó que ese éxito traspasara las fronteras del Reino Unido. La abandonó en 2010 como un fenómeno a escala mundial.

Cinco episodios imprescindibles*

*(de la era moderna)

  1. ‘Rose’ (1×01)
  2. ‘The girl in the fireplace’ (2×04)
  3. ‘Blink’ (3×10)
  4. ‘Vincent and the Doctor’ (5×10)
  5. ‘Listen’ (8×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 1963-89, 1998, 2005-
Creadores: Sydney Newman, C.E. Webber y Donald Wilson
Temporadas/capítulos: 26 (813), más una tv movie
Reparto: Christopher Ecclestone, David Tennant, Matt Smith, Peter Capaldi, Billie Piper, Freema Agyeman, Catherine Tate, Karen Gillan, Jenna Coleman
Otros: Tuvo dos spin-off, ‘Torchwood’ y ‘The Sarah Jane Adventures’, y un tercero en preparación, ‘Class’

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‘Torchwood’

“¿No te preguntas a veces cuánto puedes sobrevivir
antes de volverte loco, o morir o perder a un ser querido?”

¿Y si hubiera una brecha espacio-temporal en la Tierra, y no sólo en la Tierra, sino bajo la bahía de Cardiff, y por ahí entraran todo tipo de alienígenas sedientos de sangre? ¿Quién se encargaría de protegernos de ellos? La respuesta es el Instituto Torchwood, una creación de la era moderna de ‘Doctor Who’ y que, inicialmente, fue creado por la reina Victoria justo para controlar al propio Doctor.

La serie introdujo esa organización en su segunda temporada, en la que ya era todo un éxito de audiencia en BBC y había vuelto a recuperar su posición como una verdadera institución cultural británica, al nivel pop de James Bond y Harry Potter. El Instituto tenía gran protagonismo en el tramo final de aquella temporada, en preparación para el spin off que Russell T. Davies estaba desarrollando, y ya dibujaba las líneas maestras detrás de su funcionamiento. Una de ellas era que los agentes de Torchwood tenían un alto riesgo de morir en cumplimiento del deber.

En realidad, la idea del spin off había surgido con dos episodios de la etapa de Christopher Eccleston como Doctor. Rose, su acompañante, y él habían viajado al Londres del blitz, o lo que es lo mismo, de los bombardeos constantes de la aviación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y habían conocido a un timador lleno de encanto, y capaz también de viajar en el tiempo, que se hacía llamar capitán Jack Harkness. La entrada de ese personaje en la serie, y la manera en la que John Barrowman, su intérprete, transmitía su personalidad juguetona y aventurera, flirteando no sólo con Rose, sino también con el Doctor, lo convirtió rápidamente en uno de los favoritos de los fans. Harkness siguió apareciendo aquí y allá en la primera temporada y, para cuando se emitió el último episodio, había presentado de sobra sus credenciales para protagonizar su propia serie.

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Ésta era ‘Torchwood’, un spin off con un tono más adulto que el familiar de ‘Doctor Who’, aunque al principio se confundió eso con más sexo y más sangre. En realidad, el tono venía marcado por la evolución que aquel último capítulo de la primera temporada de la serie madre había tenido en Harkness. El timador había decidido sacrificarse heroicamente por sus amigos, pero eso había generado una consecuencia imprevista: Jack era inmortal.

¿Cómo es una persona que sabe que no puede morir? ¿Que lo ha intentado incontables veces, sólo para regresar a la vida al poco tiempo? ¿Cómo puede afectar a Harkness darse cuenta no sólo de que es inmortal, sino que está atrapado en la Tierra en el siglo XIX y que no tiene los medios para viajar en el tiempo y buscar al Doctor? ‘Torchwood’ es más oscura porque su protagonista lleva siglos intentando dar con el Doctor para que le explique no sólo que le ha pasado, sino para que le ayude a solucionarlo. La inmortalidad no es un regalo para Jack. Sí, se aprovecha en ocasiones de ella para seguir con sus timos, pero es más una carga para él. Desconocer la causa de su incapacidad para morir tampoco ayuda, y todo eso influye en el Jack Harkness que se presenta ante el espectador en el arranque de ‘Torchwood’.

Éste sigue el clásico esquema de introducir a la audiencia en ese mundo a través de los ojos del nuevo integrante del grupo, en este caso, una policía llamada Gwen Cooper. Su llegada no sólo nos presenta al resto de personajes y el mundo en el que se mueven, sino que empieza a suscitar una cierta evolución en Harkness. Deja de estar desconectado de una vida que no puede abandonar y empieza a involucrarse más en ella.

‘Torchwood’, que recibe su nombre del anagrama con el que se enviaban las cintas de ‘Doctor Who’ del rodaje en Gales a Londres, para evitar filtraciones, va llevando a sus personajes por caminos emocionalmente muy complicados mientras presenta capítulos centrados en alienígenas que necesitan la energía del orgasmo para sobrevivir, viajeros del tiempo que se dedican también a las estafas, como Jack, parásitos de la memoria, personas atrapadas en un bucle temporal, hadas que no se parecen en nada a las de los cuentos… En todos esos episodios se nota la influencia de las series de Joss Whedon, sobre todo en las resoluciones emocionales de bastantes personajes, y de ‘Expediente X’, y se explora cómo ese trabajo tan extraordinario afecta a unos agentes que, hasta entonces, llevaban vidas bastante mundanas. El carácter especial de dicho trabajo se enfatiza en la voz en off que arranca todos los capítulos en las dos primeras temporadas, y que explica que ‘Torchwood’ está “fuera del gobierno, más allá de la policía” y que su labor es “armar a la raza humana contra el futuro”.

‘Torchwood’ tenía un tono un poo más oscuro y adulto porque su protagonista principal, el capitán Jack Harkness, era inmortal

Es una serie bastante irregular, algo que Chris Chibnall, su responsable en las dos primeras entregas, explicaba diciendo que “en cuanto a la gente que hacía la serie, y en cuanto a las notas que nos dio la BBC, eran ser atrevidos y diferentes, y peculiares y extraños, lo que hicimos mejor o peor y con mayor o menor éxito en diferentes episodios” con un tramo muy notable de episodios en la segunda temporada y en la tercera, que es esencialmente una miniserie en la que lo que queda del Instituto Torchwood se enfrenta a la nebulosa amenaza de unos extraterrestres que expone las hipocresías de los gobiernos. Esos cinco capítulos llevan a los personajes a extremos que resultan difíciles de mantener más allá, y prueba que ‘Torchwood’ siempre ha tenido mucha querencia por probar cosas nuevas y, valga la redundancia, extremas. La cuarta entrega, con su punto de partida de un mundo en el que, de la noche a la mañana, nadie muere, es un buen ejemplo de esa tendencia.

Su mejor caso, probablemente, sea el que explora qué ocurre cuando alguien desaparece en la brecha espacio-temporal bajo la bahía de Cardiff y, aunque regresa a casa, lo hace cambiado hasta el punto de ser irreconocible. ¿Cómo pueden sus seres queridos aceptarlo de vuelta, por mucho que quieran? En la exploración emocional de las consecuencias que tiene trabajar para Torchwood es donde la serie da lo mejor de sí misma. Ahí, y en la evolución de Gwen Cooper, especialmente en su relación con Jack, al que los fantasmas de todo lo que ha hecho en su larga vida nunca dejan en paz.

El personaje

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‘Torchwood’ se creó a mayor lucimiento de Jack Harkness y, especialmente, de su intérprete, John Barrowman. Hasta que participó en la primera temporada de ‘Doctor Who’, era un actor sobre todo de musicales del West End londinense, con alguna que otra aparición en películas del mismo género. Harkness lo propulsó al estrellato más geek gracias al lado sarcástico y vacilón del personaje, definido muchas veces como omnisexual. Jack, sin embargo, empieza la serie más taciturno que en ‘Doctor Who’. Era inevitable si había pasado siglos dándose cuenta de que era inmortal, pero sin saber por qué, y sin encontrar al Doctor, la única persona que puede ofrecerle alguna explicación.

Harkness es el líder del equipo de ‘Torchwood’ y, como tal, es el que siempre asume las decisiones más complicadas. A veces es demasiado impulsivo, y el peso de la carga de la inmortalidad es una de las razones por las que la primera temporada de la serie no termina de alcanzar el nivel que sí tendrá en la segunda y, sobre todo, en la tercera. No obstante, Jack es un gran personaje, lleno de contradicciones entre su reticencia a ser un héroe y su capacidad de sacrificio por quienes le importan, y que sí consigue recuperar gran parte de la chispa que tenía en su serie madre.

El creador

La idea de ‘Torchwood’ salió de la cabeza de Russell T. Davies, el responsable de la resurrección de ‘Doctor Who’, pero fue Chris Chibnall quien se encargó de supervisar más de cerca la serie. Chibnall es un veterano guionista, y fan de ‘Doctor Who’, que ya había escrito algún episodio para esa serie cuando empezó a trabajar en ‘Torchwood’. Después, se especializaría en títulos policiacos como ‘Law & order UK’ o ‘Broadchurch’, y él mismo reconoce que la primera temporada era una locura que estaba aún buscando su tono y su camino.

Chibnalll también experimentó un curioso fenómeno, y que es que, durante un par de años, ‘Torchwood’ fue mucho más popular en Estados Unidos que ‘Doctor Who’. La primera era emitida por BBC America, que podía promocionarla de un modo que Syfy no podía hacer con la segunda, y hasta se llegó a buscar un acuerdo de co-producción con Starz para ‘Miracle Day‘, la cuarta temporada. Las tornas cambiaron cuando la rama estadounidense de la cadena pública británica se hizo con los derechos de la serie madre. Chibnall, además, será el nuevo productor ejecutivo de ‘Doctor Who’ después de Steven Moffat.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Random shoes’ (1×09)
  2. ‘Out of time’ (1×10)
  3. ‘Adam’ (2×05)
  4. ‘Adrift’ (2×11)
  5. ‘Day four’ (3×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC-Starz/Reino Unido-Estados Unidos
Año: 2006-11
Creador: Russell T. Davies
Temporadas/capítulos: 4 (41)
Reparto: John Barrowman, Eve Myles, Naoko Mori, Burn Gorman, Gareth David-Lloyd
Otros: Spin off de ‘Doctor Who’.

‘Perdidos’

¿Por qué quieres marcharte de la isla?
¿A qué quieres volver tan desesperadamente?

En la televisión de los últimos años, hay pocos fenómenos que estén a la altura de lo que fue ‘Perdidos’. La historia de los supervivientes de un accidente de avión, aislados en una isla misteriosa, desató toda una histeria por internet de teorías sobre lo que estaba pasando allí, de análisis fotograma a fotograma de los capítulos en busca de pistas, de entrevistas a sus guionistas para que explicaran la revelación del último episodio emitido, de fans quejándose sin parar por Twitter cuando vieron el final de la serie y decidieron que no les había gustado. En parte, la culpa de este gran interés por las series la tiene este título que, junto con ‘Mujeres desesperadas’, dio un vuelco a la complicada situación en la que estaba el canal ABC en el otoño de 2004, y cambió definitivamente la manera en la que se veía y se comentaba la ficción televisiva.

Nada de eso estaba en las mentes de los ejecutivos del canal, desesperados por conseguir un éxito que los sacara de la última posición en audiencias. Tal vez por eso, acabó fructificando una idea de hacer un ‘Supervivientes’ con guión, una idea que, a priori, era una completa locura (y que cristalizó en el piloto más caro producido hasta aquel momento), pero que acabó funcionando mejor de lo que nadie habría soñado nunca.

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Desde luego, bastante mejor de lo que se imaginaba Lloyd Braun, el ejecutivo de ABC al que se le ocurrió el concepto de la serie durante unas vacaciones familiares en Hawai, y mientras veía en televisión la película ‘Náufrago’: “Y entonces, la idea de ‘Supervivientes’ apareció en mi cabeza. No sé por qué. Y lo uní todo. ¿Y si había un avión que se estrelló y una docena de personas sobrevivieron, y ninguno se conocía? Tu pasado sería casi irrelevante. Podrías reinventar quién eres. Tendrías que pensar, ¿cómo sobrevives?” Como contó en el libro ‘The revolution was televised‘, de Alan Sepinwall, A Braun le habían encargado ese verano, como al resto de directivos de canal, que pensara algo nuevo para la programación de la siguiente temporada, algo que sacara a ABC del último puesto en las audiencias. Y esa fue su idea.

La premisa de ‘Perdidos’ era sencilla. El vuelo Oceanic 815 de Sydney a Los Ángeles se estrella en una isla perdida en medio de ninguna parte, y los supervivientes se dan cuenta enseguida de que hay algo extraño, y potencialmente muy peligroso, en ella. Desde el primer capítulo, los personajes tienen ya encontronazos con un oso polar y con un misterioso “monstruo” al que oyen rugir (o algo así) por la noche, y del que ven cómo sacude los árboles de la selva cuando se mueve.

¿Dónde están? ¿Qué secretos guarda esa isla? ¿Y están realmente solos en ella? Esas tres preguntas impulsaron la trama durante buena parte de las seis temporadas que ‘Perdidos’ estuvo en antena, pero si la serie aguantó tanto, y enganchó con tanta rapidez a los espectadores, era también porque el mayor misterio de todos eran sus personajes. Cuando arranca el primer capítulo, no sabemos quiénes son ni de dónde provienen; eso se va desvelando poco a poco, en flashbacks de su pasado que iban ayudándonos a comprender sus acciones en la isla, y que se convirtieron en un recurso narrativo muy repetido en series posteriores (hasta en algunas tan alejadas de ‘Perdidos’, a priori, como ‘Orange is the new black’).

Pero sólo con una isla misteriosa no basta para considerar a una serie dentro de la ciencia ficción, y menos aún en el subgénero de los viajes en el tiempo. La idea original de Lloyd Braun fue refinada por J.J. Abrams y Damon Lindelof, que escribieron el guión del episodio piloto y establecieron la “biblia” de la serie: cuáles iban a ser los grandes enigmas, qué iba a pasar en la primera temporada, qué temas se iban a tocar. El propio Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de ir revelando despacio no sólo el pasado de sus personajes, sino los elementos del género que estaban presentes en la serie. En la isla, por ejemplo, aparecen de improviso barcos naufragados hace siglos, o extrañas estatuas cuya presencia allí es, cuanto menos, desconcertante. Y esto sin mencionar de nuevo que los supervivientes se topan en el primer capítulo con un oso polar. En una isla tropical.

El componente de desplazamiento temporal se va introduciendo poco a poco desde la tercera temporada, cuando se descubre que la isla tiene una intensa actividad electromagnética y se empieza a descubrir que, realmente, los náufragos del vuelo Oceanic 815 no sólo no están solos allí, sino que no son los primeros en haberse encontrado atrapados en sus selvas y sus playas.

La clave de ‘Perdidos’ estaba, más que en los misterios de la isla, en los de sus propios personajes

No obstante, aunque los fans de ‘Perdidos’ (los losties) dedicaron horas, días y semanas a buscar significados ocultos detrás de los nombres de algunos personajes (extraídos de filósofos como Locke o Rousseau y de científicos como Faraday o Hawking) o de los libros que Sawyer leía en la playa (de repente, en Estados Unidos se hizo muy popular ‘La invención de Morel’, de Adolfo Bioy Casares), eran los personajes donde estaba el verdadero quid de la cuestión. Sus intentos por salir de la isla y regresar a unas vidas que, en realidad, no marchaban como les habría gustado que fueran, los ponían ante la tesitura de otorgarse a sí mismos una oportunidad de volver a empezar, de cambiar, de ser quiénes de verdad querían ser. O quiénes estaban llamados a ser.

‘Perdidos’ es más una historia de redención que de aventuras a través del espacio-tiempo (que también), y su tema quedaba ya muy claro desde uno de los primeros episodios, titulado, además, ‘Tabula rasa’: “Todos morimos hace tres días. Deberíamos ser capaces de empezar de nuevo”.

El personaje

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No es fácil quedarse con uno solo de la multitud de personajes que habitó ‘Perdidos’. Sin embargo, ya que la serie está incluida en el apartado de viajes en el tiempo, ese personaje bien puede ser Desmond Hume (Michael Ian Cusick), un tipo que llega a la isla por accidente, por probar al padre de la mujer que ama que es digno de ella, y que acaba estando separado del tiempo. Su arco en la cuarta temporada es uno de los más célebres de ‘Perdidos’, y también el que se mete más a fondo en el tema de los saltos temporales. Desmond ya no tiene ningún agarre en el continuo espacio-temporal, tiene la capacidad de ir a cualquier punto de su historia, pero esa libertad de movimientos tiene un coste físico que puede terminar pagando con su vida. La única manera de salvarse es encontrar un “ancla” en su cronología, una constante que le permita saber siempre dónde, cuándo está.

La historia de Desmond está inspirada no sólo por ‘La mujer del viajero en el tiempo’, de Audrey Niffenegger, sino también por el libro más conocido de Kurt Vonnegut, ‘Matadero Cinco’. Su protagonista, Billy Pilgrim, es un soldado estadounidense que también se separa de sus ataduras temporales durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto durante el bombardeo aliado de Dresde, y que va revisitando diferentes momentos de su vida. En las últimas temporadas de ‘Perdidos’, el viaje en el tiempo adquiere más importancia para la trama porque ayuda a explicar, en parte, la verdadera naturaleza de la isla, pero también fue una de las razones por las que una amplia representación del público fue abandonando la serie. Que enseñara finalmente sus cartas de ciencia ficción no terminaba de encajar con un fenómeno para la audiencia más masiva.

Los creadores

La historia de cómo se puso en marcha ‘Perdidos’ daría para otra serie. Inicialmente, la idea original la tuvo Lloy Braun, ejecutivo de ABC cuyo puesto de trabajo dependía de proponer alguna nueva serie que pudiera cambiar el rumbo que llevaba la cadena en audiencias, y que le encargó la primera escritura de esa idea a Jeffrey Lieber. Braun acabó siendo despedido antes de que se emitiera el piloto, pero tuvo tiempo de encargarle una revisión del proyecto a J.J. Abrams, que ya había desarrollado para el canal un éxito como la serie de espías ‘Alias’.

Abrams buscó, a su vez, la ayuda de otro guionista, Damon Lindelof, con el que amplió el embrión de idea de Lieber (‘Supervivientes’ + ‘Náufrago’) y con el que escribió el piloto, buscó a los actores, lo rodó y lo dejó listo para su emisión en sólo dos meses, un tiempo récord. Para el resto de la serie, Lindelof contaría con la colaboración de Carlton Cuse, veterano guionista y productor que había trabajado en ‘Las aventuras de Brisco County’ y para el que Lindelof había escrito en ‘Nash Bridges’, una serie policiaca con Don Johnson. Los dos, sin darse cuenta, casi “inventaron” también la era en la que el showrunner de las series es tan famoso, o más, que sus actores.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The other 48 days’ (2×07)
  3. ‘The man behind the curtain’ (3×20)
  4. ‘The constant’ (4×05)
  5. ‘Whatever happened, happened’ (5×11)

Ficha

Título original: ‘Lost’
Cadena/nacionalidad: ABC/Estados Unidos
Año: 2004-10
Creadores: J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber
Reparto: Matthew Fox, Evangeline Lilly, Josh Holloway, Yunjin Kim, Naveen Andrews, Dominic Monaghan, Terry O’Quinn
Temporadas/capítulos: 6 (121)

‘A través del tiempo’

No es como si te hubieras perdido
en un centro comercial. 
Estás perdido en el tiempo”.

Los viajes en el tiempo no tienen por qué dar pie a historias muy dramáticas, casi a vida a muerte, en las que si no se cambia el pasado, el futuro depara un terrible cataclismo. También pueden ser el punto de partida para aventuras más ligeras, llenas de humor y, de paso, con cierto fin divulgativo, y no, no siempre es una cadena pública europea quien se encarga de producir una serie así. A principios de los 90, fue NBC, en Estados Unidos, la que incluyó en su parrilla ‘A través del tiempo’, un título para toda la familia que utilizaba un ingenioso mecanismo para hacer viajar a su protagonista por diferentes épocas de la historia reciente norteamericana: se metía en el cuerpo de una persona determinada a la que debía ayudar.

Así de sencillo. El doctor Sam Beckett había estado investigando sobre la posibilidad de saltar atrás en el tiempo y había construido un experimento cuántico, un acelerador de partículas que, para su desgracia, había salido mal. O, en realidad, deberíamos decir que había salido demasiado bien. Beckett se despierta de repente en 1956, en el cuerpo de un piloto militar de pruebas llamado Tom Stratton, y tiene que averiguar rápidamente por qué está ahí, qué le está pasando y cómo puede regresar a casa.

Con este arranque, la serie se aseguraba una historia diferente en cada episodio, podía jugar con diferentes géneros en cada uno y hasta podía hacer distintos comentarios sociales, dependiendo de qué personalidad adoptara Sam en sus saltos. En ese aspecto, era un poco como la ‘Doctor Who’ estadounidense, pero con un protagonista muy humano y que, además, no posee ninguna nave espacial.

En sus viajes, al doctor Beckett lo ayuda Al, un amigo de su tiempo al que ve en forma de holograma, y que en teoría debería darle pistas de lo que se supone que debe hacer en cada uno de sus saltos, pero que casi pasa más tiempo haciendo chistes a su costa y ligando con todas las mujeres guapas que pasan por su lado. La dinámica entre Scott Bakula y Dean Stockwell, los dos protagonistas principales de ‘A través del tiempo’, constituía el centro de todo; Sam y Al eran amigos, aunque a veces el segundo pareciera ir un poco a lo suyo, y sus interacciones aportaban gran parte del humor que destilaba la serie, que era bastante. Incluso cuando se metía en tramas más serias, nunca se perdía de vista la oportunidad de colar alguna broma.

Porque ‘A través del tiempo’ llevó a su protagonista a algunos momentos bastante cruciales de la historia de Estados Unidos. Sam llegó a estar en el cuerpo de Lee Harvey Oswald días antes de que asesinara de John F. Kennedy, fue un hombre negro que sufrió en sus carnes el racismo en el segregado sur del país en la década de los 50, una joven violada por el hijo del alcalde de su pueblo en 1980 y hasta uno de los chimpancés utilizados como cobayas en las primeras pruebas de naves tripuladas del programa espacial de la NASA.

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Tener a Sam en todas esas situaciones, y ver a Scott Bakula en ellas (aunque el resto de personajes vean a la persona cuya cuerpo ha adoptado), permitía a la serie trasladar al público reflexiones sobre la intolerancia, los prejuicios y la discriminación por raza o sexo, y era una manera muy efectiva de que la audiencia se identificara con esos personajes, de que se preguntara qué harían ellos si estuvieran en su misma situación.

‘A través del tiempo’ aguantó en antena cinco temporadas, después de una breve primera entrega, de sólo nueve capítulos, estrenada en primavera como un pequeño experimento de NBC. El público joven la abrazó casi enseguida, y sus fans fueron de los primeros en agruparse en la naciente internet para compartir información y para comentar los capítulos de la serie a través de listas de correo y de los primeros foros. Sin embargo, eso no era suficiente para que las aventuras de Sam Beckett se alargaran tanto como las del Doctor en la BBC. La cadena le dio carpetazo en su quinto año, y los guionistas se sacaron de la manga un final agridulce, más en la línea emocional de lo que la serie siempre había contado, aunque enganchara al público gracias a la gran dinámica cómica de Bakula y Stockwell.

El personaje

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Es muy probable que Scott Bakula nunca haya vuelto a interpretar a otro personaje que le permitiera lucirse tanto como Sam Beckett en sus saltos en el tiempo. Podía interpretar a mujeres en entornos muy sexistas, a niños, a personas que atravesaban difíciles situaciones personales, hasta podía cantar y bailar. Sam desplegaba siempre una gran empatía por las personas en cuyos cuerpos entraba, y a las que ayudaba a cambiar algo en sus vidas que les permitía ser mejores o, simplemente, sobrevivir. Ésa era la idea de todos sus viajes al pasado; ayudar a quienes más lo necesitaran, ya fueran universitarios, cantantes de club nocturno o viejos chóferes de adineradas señoras del sur. A Sam le costaba un poco aclimatarse a sus personalidades y sus vidas, pero luego siempre hacía todo lo posible por echarles una mano, y no sólo porque era la única manera que tenía de saltar a otra época y, con un poco de suerte, volver a casa.

Beckett, además, es un protagonista no demasiado habitual en las series de entretenimiento masivo estadounidenses porque es un científico en un campo tan esotérico, para la mayoría del público, como la física cuántica. Su capacidad de adoptar las personalidades de otras personas mimetizándose en sus cuerpos podría explicarse por el teletransporte cuántico, que es más o menos la misma teoría detrás de la manera en la que la tripulación de la nave Enterprise, en ‘Star Trek’, se desplazaba a los planetas que visitaban. Aunque ‘A través del tiempo’ diera más importancia al lado humano de sus historias, su punto de partida en la ciencia la hacía también destacar.

El creador

Donald P. Bellisario (1935) es uno de los productores más prolíficos de la televisión norteamericana de los últimos 30 años.  De su máquina de escribir salió, por ejemplo, ‘Magnum’, la serie sobre el detective privado en Hawai que convirtió en una estrella a Tom Selleck y que le dio a Bellisario el suficiente crédito con NBC para presentarles ‘A través del tiempo’. Ex marine y ex ejecutivo de una agencia de publicidad, sus creaciones buscan todas llegar al mayor público posible. Casi siempre se encuadran en las aventuras (como ‘Los cuentos del Mono de Oro’) o en las historias de policías, aunque sus mayores éxitos, en realidad estén protagonizados por abogados militares (‘JAG’) y por investigadores de la Marina (‘NCIS’ y sus spin-off).

En el caso de ‘A través del tiempo’, Bellisario se inspiró en parte en ‘El cielo puede esperar’, en el que un fallecido antes de tiempo regresa a la Tierra, en el cuerpo de otro hombre, para ayudarle a reconducir su vida. La película de 1978, dirigida por Warren Beatty, adaptaba una obra de teatro y había tenido mucho éxito en su momento, así que el guionista la vio como una excusa para presentar a la cadena una serie de antología. Con cada salto en el tiempo, y en otro cuerpo, se podía contar una historia distinta, en un género diferente.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Genesis’ (1×01)
  2. ‘The color of truth’ (1×07)
  3. ‘Jimmy’ (2×08)
  4. ‘The leap home’ (3×01)
  5. ‘Killin’ time’ (5×05)

Ficha

Título original: ‘Quantum leap’
Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1989-93
Creador: Donald P. Bellisario
Reparto: Scott Bakula, Dean Stockwell, Deborah Pratt
Temporadas/capítulos: 5 (97)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Life on Mars’

¿Estoy loco, en coma o he viajado al pasado?

The Sweeney’ era una serie policiaca británica de los 70 que seguía a un par de agentes de una división especializada en robos con violencia en Londres. Sus protagonistas utilizaban métodos expeditivos para atrapar a criminales todavía más violentos que ellos, y su alto ritmo y el retrato realista que hacía de las calles londinenses modernizó el género en la televisión británica.

Casi 30 años más tarde, en 1998, tres guionistas bastante versados en dicho género como Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham se reunieron para pensar nuevas ideas para una serie. La gran revolución televisiva lanzada por HBO aún no se había puesto en marcha y los tres escritores, aunque tenían como objetivo pensar nuevos conceptos, no hacían más que hablar de lo mucho que les había gustado en su momento aquella serie policiaca de los 70. Una pregunta, entonces, empezó a sobrevolar su charla: ¿cómo reaccionaría un policía de las series actuales, con toda la tecnología de ‘CSI’, si apareciera de repente en ‘The Sweeney’?

Un policiaco parecía una apuesta segura para la BBC, pero el toque de ciencia ficción del detective que viaja al pasado era un riesgo demasiado grande para la televisión británica de finales de los 90. Hay que recordar que, por ejemplo, aún faltaban siete años para que la cadena pública recuperara ‘Doctor Who’. “Entonces, los canales no estaban cómodos con algo así, algo que no estaba ambientado en el mundo real y que tenía un elemento de fantasía”, apuntó en una entrevista en la revista SFX Tony Jordan, por lo que el proyecto de ‘Life on Mars’ se quedó en el limbo.

En 2006, sin embargo, el mercado estaba ya más preparado para una serie así. En Estados Unidos hacía poco que se había estrenado ‘Perdidos’, con su mezcla de géneros y sus toques de misterio y ciencia ficción en medio de un drama de personajes, y su enorme éxito, y un cambio en la directiva de ficción de BBC, propició que el viejo proyecto de Jordan, Graham y Pharoah tuviera la oportunidad de ver la luz.

Así nació ‘Life on Mars’, una de las series más exitosas e influyentes de los últimos años en el Reino Unido. El título de la BBC era un policiaco, sí, pero con un punto de partida high concept, como dirían allí. Sam Tyler es un policía de Manchester, en 2006, que es atropellado por un coche mientras investiga un caso. Cuando se despierta, lo hace en el mismo sitio, y suena la misma canción que tenía puesta en su coche, ‘Life on Mars’, de David Bowie, pero su entorno ha cambiado radicalmente. Está todavía en Manchester, pero en 1973.

¿Cómo ha ocurrido eso? ¿Y cómo puede Sam averiguar qué le está pasando y volver a casa? Las respuestas a esas preguntas son las que impulsan las dos cortas temporadas de ‘Life on Mars’. Sam tiene extrañas visiones y sueños que parecen indicarle si está en coma, loco o de verdad ha viajado en el tiempo, como repite en los títulos de crédito, pero no le resulta tan fácil seguir sus pistas porque, en su día a día, sigue trabajando como policía, pero al lado de un tipo tan de los 70 y tan troglodita para sus principios del siglo XXI como Gene Hunt. En la comisaría se fuma constantemente, hay pocas agentes femeninas y, las que hay, son tratadas como si no valieran para nada por sus compañeros, y los métodos para interrogar a un sospechoso pueden incluir una grabadora, sí, pero no tanto para grabar la conversación como para asestarle un golpe en la cabeza con ella al detenido. La lenta asunción de Sam de dónde (cuándo) se encuentra y sus intentos por trasladar algunos de sus conocimientos de 2006 a ese grupo de brutos se convertirán en el centro de la serie, además de la amistad que va forjándose entre Tyler y Gene Hunt.

El propósito de Pharoah, Jordan y Graham con ‘Life on Mars’ era hacer un policiaco de los 70, y es lo que consiguen, pero el detalle de que Sam ha viajado de algún modo al pasado no se descarta. El choque cultural que esa circunstancia le provoca se explota muchas veces con efectos cómicos, y permite que la serie tome cierta distancia de todos las cosas que hacen Hunt y sus compinches. Las peripecias de los policías son, casi siempre, ligeras y divertidas, y cuando hay algún caso de verdad serio, lo más habitual es que esté relacionado con el pasado de Sam, o pueda ayudarle a averiguar qué le está pasando.

lifeonmars2

Con sólo 16 episodios, no da tiempo a que el concepto inicial de ‘Life on Mars’ se agote, pero la serie no da una solución definitiva a su conflicto. Ésta no llegaría hasta ‘Ashes to ashes’, un spin off centrado en Gene Hunt y que trasladaba la acción al Londres de 1981, donde “aterrizaba” una policía a la que habían disparado en 2008. Alex Drake también se esforzaba por resolver el misterio de lo que había pasado, y al hacerlo, se aclaraba el destino de Tyler.

El éxito de ‘Life on Mars’ asentó el ascendente en la ficción británica de la productora Kudos, responsable de la serie de espías ‘Spooks’ y de los timadores de ‘Hustle’, y que revitalizó las series del Reino Unido en la primera mitad de los 2000. La mezcla de viajes en el tiempo e historia de policías de ‘Life on Mars’ estaba lograda de una manera muy original, transmitiendo una atmósfera muy personal y con un grupo de personajes muy bien dibujado e interpretado. El dúo que formaron Sam Tyler y Gene Hunt está entre los mejores pares de detectives de las series británicas, y el fenómeno de audiencia que fueron sus aventuras animó a las cadenas a probar suerte con títulos que se salían un poco de las ficciones tradicionales en las islas.

La fórmula, sin embargo, no es fácil de replicar. ‘Life on Mars’ tuvo tres remakes (uno en Estados Unidos, otro en España y un tercero en Rusia) y ninguno tuvo demasiado éxito. No bastaba con sustituir David Bowie por Nacha Pop y Pink Floyd, o Manchester por Nueva York, para llevarse a Sam Tyler a sus propios terrenos.

El personaje

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Aunque el protagonista de la serie es Sam Tyler (John Simm), es Gene Hunt (Philip Glenister) quien termina siendo el personaje más fácilmente reconocible de ‘Life on Mars’. Hunt es la traslación de los policías de las series de los 70, el tipo que confía más en sus instintos que en los análisis forenses de pruebas y para el que, si detiene a alguien acusado de haber cometido un delito, tiene que ser el culpable por lo civil o por lo criminal. Sus métodos pasados de moda son la principal fuente de conflicto entre Tyler y Hunt cuando empiezan a trabajar juntos, pero poco a poco vamos conociendo mejor a ‘Gene Genie’, como se hace llamar, y resulta inevitable darse cuenta de por qué el público británico lo adoraba.

El carisma que Glenister imprimía al personaje, más los tremendos one liners que los guionistas le daban, hacía que Hunt fuera muy divertido y que se terminara convirtiendo en el mejor amigo de Sam en 1973. También el resto de policías del departamento van recibiendo más matices en su retrato, y ‘Life on Mars’ consigue montar un argumento bastante convincente para que Tyler se replantee su idea inicial de volver a casa a toda costa. El éxito de Hunt hizo que él fuera el gran protagonista de la secuela, ‘Ashes to ashes’, y no Alex Drake (Keeley Hawes), la policía que viaja al pasado en aquella serie. Ésta, de hecho, aguantó más en antena que su ‘Life on Mars’, tres temporadas.

Los creadores

Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham son tres guionistas muy veteranos de la ficción británica. Los tres habían coincidido en otras series producidas por Kudos, como ‘Hustle’, razón por la que la productora los encerró, básicamente, en un hotel durante un fin de semana para que idearan nuevos proyectos de series. De aquel fin de semana salió ‘Life on Mars’, donde aprovecharon su experiencia escribiendo para ‘EastEnders’, ‘Testigo mudo’ o la serie médica ‘Casualty’ para hacer las historias que más les gustaban. Los tres serían responsables después de ‘Ashes to ashes’, y algunos de ellos han seguido colaborando más tarde. Graham y Pharoah crearon la serie de aventuras arqueológicas ‘Bonekickers’, pero lo más normal es que se hayan dedicado a poner en marcha nuevos proyectos en solitario.

Cinco episodios imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×04
  3. 2×05
  4. 2×07
  5. 2×08

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 2006-07
Creadores: Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham
Temporadas/capítulos: 2 (16)
Reparto: John Simm, Philip Glenister, Liz White, Dean Andrews, Marshall Lancaster, Tony Marshall
Otros: Tuvo un spin off, ‘Ashes to ashes’, y remakes en Estados Unidos, España y Rusia.
Dónde verla: Editada en DVD