‘Expediente X’

“La verdad está ahí fuera”.

El cine de los 70 todavía arroja una sombra muy alargada sobre el Hollywood actual. Su fuerte componente político y social estaba muy marcado por las protestas contra la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate, y reflejaba un malestar de la sociedad estadounidense con sus gobernantes que supo recoger Chris Carter para crear ‘Expediente X’. Él era un adolescente cuando Richard Nixon dimitió por aquel espionaje en las oficinas del partido demócrata, y la investigación que después reflejó ‘Todos los hombres del presidente’, más su afición por una serie de terror llamada ‘Kolchak, the night stalker’, cristalizaron en uno de los títulos de más éxito de los años 90, y uno de los más influyentes en la ficción televisiva posterior.

Superficialmente, ‘Expediente X’ era un policiaco con dos detectives investigando un caso nuevo cada semana. La diferencia era que los casos implicaban abducciones alienígenas, presencias sobrenaturales, monstruos legendarios y hasta experimentos clandestinos del gobierno. Y, además, había una historia serializada de fondo, una mitología, que iba desgranándose poco a poco y que resultaba muy personal para Fox Mulder, agente del FBI: la historia de qué había pasado con su hermana, de quien Mulder estaba convencido de que había sido abducida delante de él, cuando no era más que un niño.

Su obsesión por descubrir la verdad de lo que había ocurrido con ella, y su facilidad para creer en teorías conspiradoras y en fenómenos paranormales le ganan el apodo de “Mulder, el siniestro” y lo destierran a un despacho en el sótano. Allí lo encuentra la otra protagonista de la serie, Dana Scully. También es agente del FBI, pero tiene formación científica y sus jefes le asignan los expedientes X con un único cometido: informarles de las actividades de Mulder y, de paso, desacreditar su trabajo.

El cine político de los 70, el escándalo de Watergate y ‘Twin Peaks’ son dos de las grandes influencias de ‘Expediente X’

Ése es el punto de partida de una serie cuyo principal punto débil fue, paradójicamente, lo que le dio en su momento su toque diferenciador; la conspiración que Mulder intentaba desenmascarar, una conspiración que asumía que el gobierno de Estados Unidos estaba al tanto de las visitas alienígenas y que no sólo había creado una elaborada cortina de humo para ocultarlas, sino que también se dedicaba a eliminar a los que se acercaban demasiado a la Verdad, esa Verdad que los títulos de crédito de la serie afirmaban todas las semanas que estaba “ahí fuera”.

La mitología de ‘Expediente X’ bebía de esa desconfianza hacia el gobierno que la sociedad estadounidense aún arrastraba del escándalo Watergate y mezclaba allí leyendas urbanas y viejas historias de miedo. Las alusiones a películas clásicas de terror eran muy habituales (hubo todo un episodio en la quinta temporada que homenajeaba ‘Frankenstein’, de James Whale, y la película ‘Máscara’, con Cher), y Chris Carter y sus colaboradores empezaron también a experimentar con casos más humorísticos, con “monstruos” que no elegían lo que eran, y que sólo querían que los dejaran en paz, y fueron construyendo la serie, cada vez más, alrededor de la química y la dinámica establecida desde el principio entre Mulder y Scully, interpretados por dos desconocidos entonces como David Duchovny y Gillian Anderson. Carter se había propuesto inicialmente que la relación entre ambos agentes del FBI fuera puramente profesional, pero la sensación de que estaban solos contra esa conspiración, y de que eran las únicas personas en las que podían confiar, terminó por hacerla evolucionar hacia algo más personal y, al final, hasta romántico.

‘Expediente X’ tuvo la suerte de que, en 1993, FOX era una cadena casi recién nacida cuyo único éxito real era ‘Los Simpson’, por lo que estaba dispuesta a ser paciente con ella y con sus bajas audiencias en la primera temporada. La oscuridad de sus capítulos (si se rodaban de noche, era más fácil disimular que había poco dinero para efectos especiales) y la mezcla de elementos de ‘Kolchak’, ‘Twin Peaks’ y ‘El silencio de los corderos’ tardó en calar entre el público, que empezó a descubrir la serie en su repetición en verano. Su pico de popularidad llegaría entre la cuarta y la sexta temporadas, con película estrenada en cines incluida, y para entonces también dio pie a bastantes otras series que intentaban copiar lo que la hacía distinta, pero que se quedaban en la presencia de alienígenas y en las conspiraciones al más alto nivel, y no duraban demasiado en antena.

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Además, la creación de Chris Carter fue una gran cantera de guionistas y creadores de nueva series. Quienes escribían los capítulos eran animados a pensar en términos visuales y cinematográficos y a visitar el plató para ver cómo ese guión se transformaba en realidad, lo que era un entrenamiento de primera mano para que, después, gente como Vince Gilligan creara ‘Breaking Bad’, James Morgan y Glen Wong se animaran con la muy breve ‘Space: Above and Beyond’, Howard Gordon y Alex Gansa produjeran después ’24’ (el primero) y ‘Homeland’, Tara Butters y Michele Fazekas, editoras de guión, dieran luego el salto a la creación de sus propios proyectos con ‘Reaper’ (también supervisaron ‘Agent Carter’)…

La influencia de ‘Expediente X’ acabó notándose más allá de esa mezcla de componentes serializados con el caso (o monstruo) de la semana, de los toques de humor autoparódico, de la atracción (casi más intelectual que física) entre Mulder y Scully o de los homenajes a clásicos de la ciencia ficción y el terror. Aunque el revival de 2016 y la segunda película, de 2008, no recuperaran del todo la antigua magia (que se fue diluyendo a partir de la sexta temporada), el cóctel que hacía posible ‘Expediente X’ continúa sin ser igualado.

El personaje

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Aunque fuera la “cruzada” de Fox Mulder (David Duchovny), ‘Expediente X’ estaba contada desde el punto de vista de Dana Scully (Gillian Anderson). Su formación científica la había hecho ser elegida, inicialmente, para espiar a Mulder y desacreditar su trabajo, o eso esperaban los jefes del FBI. Para la serie, resultaba un truco muy útil para que todas las historias de abducciones extraterrestres, fantasmas, monstruos y experimentos secretos del gobierno se presentaran desde el punto de vista del escéptico. Así, las discusiones entre Mulder y Scully sobre la realidad de lo que estaban investigando daban a la serie una pátina diferente de cualquier otro título que girara alrededor de lo paranormal y la “conspiranoia”.

Scully, además, es la que acaba teniendo el viaje personal, y emocional, más importante. Sus convicciones se van poniendo a prueba por todo lo que va viviendo junto a Mulder, y aunque es cierto que, en las últimas temporadas, su evolución acaba traicionando un poco la esencia inicial de “Expediente X”, la exploración de sus dudas y de su decisión firme de dejar atrás un trabajo que no le ha traído más que dolor aportan interés, sobre todo, a la miniserie con la que el título de FOX regresó a la programación a principios de 2016. Y tampoco hay que desestimar la importancia que Scully tuvo en fomentar el interés de jóvenes generaciones de chicas por la ciencia y las carreras técnicas (STEM, por sus siglas en inglés: Science, Technology, Engineering, Mathematics).

El creador

Chris Carter era periodista especializado en surf antes de empezar a trabajar como guionista en televisión, algo que consiguió mediante encuentros casi fortuitos con diferentes ejecutivos como Peter Roth, que cuando entró a trabajar en FOX, a principios de los 90, fichó a Carter para que desarrollara contenido para la cadena, entonces casi recién nacida. Lo primero que le propuso fue ‘Expediente X’, que tuvo un comienzo complicado en la cadena porque sus ejecutivos no terminaban de estar del todo convencidos ni de la serie ni de que su protagonista femenina fuera Gillian Anderson, y no una actriz más espectacular físicamente.

Esa serie es el único éxito verdadero de Carter. Mientras todavía estaba en antena, creó un spin-off, ‘The Lone Gunmen’, centrado en los Pistoleros Solitarios que ayudan a Mulder de vez en cuando, una serie sobre un ex agente del FBI con visiones de asesinos en serie (‘Millennium’) y otra sobre un grupo de personas atrapadas en un entorno de realidad virtual (‘Harsh Ream’). Sólo ‘Millennium’ tuvo cierto éxito, emitiendo tres temporadas. También presentó un piloto apocalíptico para Amazon, ‘The After’, que fue cancelado aunque la plataforma había dado luz verde a una primera temporada.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Squeeze’ (1×03)
  2. ‘Anasazi’ (2×25)
  3. ‘Clyde Bruckman’s final repose’ (3×04)
  4. ‘Home’ (4×02)
  5. ‘Bad blood’ (5×12)

Ficha

Título original: ‘The X Files’
Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Año: 1993-2002, 2016
Creador:  Chris Carter
Reparto: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, William B. Davis, Nicholas Lea, Sheila Larkin
Temporadas/capítulos: 9 (202), más una miniserie y dos películas

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‘Orphan Black’

– Hay nueve como tú.
– ¡No! Sólo hay una como yo.”

¿Quién es esa mujer tan parecida a Sarah que acaba de tirarse al tren delante de ella? ¿De dónde ha salido? ¿Y por qué, de repente, hay otras tres mujeres que también son idénticas físicamente a ella? ¿Quién es Sarah en realidad? Estas preguntas son el principio de un misterio, y también el arranque de ‘Orphan Black’, una de las series más sorprendentes de los últimos años. Fue de las primeras producidas específicamente para BBC America, la filial estadounidense de la cadena pública británica, y también una de las más inesperadas porque no entraba en los planes de nadie que, de repente, alguien decidiera hacer en serio una serie de misterio sobre clones. Y no sólo sobre clones, sino sobre clones femeninos, lo que abría el programa a la exploración de temas que la televisión no suele tratar habitualmente.

Pero el inicio de todo es muy sencillo; Sarah se baja en la estación, y ve a otra mujer igual que ella tirarse al tren. Es la imagen con la que empezaron a trabajar el guionista Graeme Manson y el director John Fawcett cuando aún eran estudiantes de cine, y que intentaron desarrollar como película en 2007. Sin embargo, no conseguían dar con el final apropiado y acabaron dándose cuenta de que, en realidad, podría ser una buena idea para una serie de televisión.

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En 2009, cuando Fawcett y Manson comenzaron a ponerla en pie, el panorama de las cadenas que estaban adentrándose en la ficción de producción propia se había ampliado con la entrada en liza de AMC, y nadie quería quedarse atrás en cuanto a ampliar su parrilla con programas high concept y con potencial para tener al público discutiendo en las redes sociales qué estaba pasando ahí. En BBC America, desde luego, habían comenzado a tomarse en serio dicha ampliación con la “recuperación” de la nueva época de ‘Doctor Who’, cuyas primeras cuatro temporadas se emitieron en Estados Unidos en Syfy, y pretendían acompañar el estreno de la quinta (en la que se estrenaban Steven Moffat como productor ejecutivo y Matt Smith como el Doctor) no sólo con una gran campaña publicitaria, sino también con nuevos programas que dejaran claro que tenían algo más en su catálogo que las series que les pasara su cadena madre desde Londres. Ahí entra en juego ‘Orphan Black’, un título de ciencia ficción sobre clonación humana, protagonizado por una actriz completamente desconocida (Tatiana Maslany, toda una revelación) y sin más gancho que su premisa y su punto de partida. ¿Sería suficiente?

El tiempo ha demostrado que lo era. El paulatino descubrimiento de Sarah de que ella, en realidad, es una clon, que hay varios otros clones como ella repartidos por todo el mundo y que todas forman parte de un experimento del que no sabían nada, va confiriendo a ‘Orphan Black’ no sólo de un gran impulso para la trama, mientras Sarah investiga su pasado, sino de muchos temas éticos y filosóficos que se mantienen siempre al fondo. Que sus protagonistas sean mujeres, y que haya una gran corporación acechándolas, presenta una exploración de asuntos feministas que resultan sorprendentes en un panorama de ficción “de prestigio” aún dominado por los antihéroes, pero que precisamente se pueden tocar en un título de ciencia ficción que, en teoría, sólo busca entretener al espectador con un misterio lo suficientemente enrevesado y algunos toques de humor y acción.

‘Orphan Black’ parte de la asunción de que, durante mucho tiempo, las mujeres sólo tenían relevancia por su biología, así que las experiencias de Sarah, Alison y Cosima exploran la propiedad del cuerpo femenino, su entidad como personas independientemente de sus orientaciones sexuales, situaciones socioeconómicas, su forma de vestir o su perfil genético, su capacidad de tomar decisiones por sí mismas… Además, la serie es todo un tratado encubierto sobre el viejo dilema de biólogos, psicológos y genetistas entre naturaleza y sociedad, entre lo innato y lo aprendido. ¿Es Sarah como es porque se crió en un ambiente diferente al de Cosima, aunque genéticamente ambas sean iguales? ¿O algunas de sus diferencias están a un nivel genético que los científicos no pueden manipular, y que evoluciona por su cuenta? Entre las persecuciones, las revelaciones y las escenas de clones haciéndose pasar por otros clones, ‘Orphan Black’ propone al espectador una reflexión sobre ética, biología, psicología y moral que no es fácil de encontrar igual en otras series consideradas “de calidad”. Y su propuesta no está tan lejos de lo que es científicamente posible.

Desde 2009, de hecho, los tribunales estadounidenses estuvieron estudiando la legalidad de varias patentes sobre clonación de células, en este caso, animales. El Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo, responsable de la clonación de la oveja Dolly en 2003, pretendía patentar no sólo el método por el que habían conseguido aquella hazaña científica, sino al propio animal, algo que la corte federal de Estados Unidos denegó en 2014. El año anterior, el Tribunal Supremo de ese mismo país había fallado en contra de la posibilidad de que se patentaran secuencias aisladas de ADN humano.

Es una cuestión a la que también se enfrentan Sarah y sus hermanas en ‘Orphan Black’. Si alguien las “creó” en un laboratorio, ¿son de su propiedad? ¿Son equiparables a las centrifugadoras, los microscopios electrónicos o las fórmulas que esos científicos utilizan para trabajar? ¿Quiere eso decir que son menos que personas completas? Son cuestiones bastante complejas para lo que, en la superficie, no es más que una serie sobre una huérfana de vida difícil que intenta averiguar de dónde viene realmente. Pero es que Sarah, Alison, Cosima, Helena o Rachel son complejas.

El personaje

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Aunque ‘Orphan Black’ cuente el camino de todas sus mujeres protagonistas por tomar las riendas de sus vidas, lejos de las ataduras de la corporación que las vigila, es Sarah Manning (Tatiana Maslany) la que centra buena parte de las tramas. Al fin y al cabo, la serie empieza con su descubrimiento de la existencia de Beth Childs, esa mujer idéntica a ella que se tira al tren ante sus ojos. Sarah intenta rehacer su vida, quiere recuperar a su hija y ser para ella una buena madre, pero sólo podrá conseguirlo si resuelve el misterio sobre su propia procedencia y sobre las fuerzas que se la disputan como si fuera un trofeo de caza. La independencia de Sarah y su lado más rebelde, como quien dice, son sus principales armas en esta lucha en la que ella ha logrado pasar desapercibida hasta el momento, pero en la que ya no puede mantenerse al margen por más tiempo.

La relación que Sarah va forjando con los otros clones es uno de los puntos fuertes del personaje, pues todas la ven, de algún modo, como la hermana mayor. Pueden recurrir a ella cuando están en problemas, confiando en que los resolverá, y de algún modo se convierte en el centro de esa hermandad que se forma entre todas. Sarah tiene sus propios asuntos que resolver con su madre adoptiva y con su propia hija, y hasta consigo misma, pero tiene que madurar y crecer rápido. ‘Orphan Black’ también es un poco la historia de su toma de conciencia, de su realización de que es una adulta con responsabilidades.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Variations under domestication’ (1×06)
  2. ‘Unconscious selection’ (1×09)
  3. ‘Knowledge of Causes, and Secret Motion of Things’ (2×07)
  4. ‘By means which have never been tried’ (2×10)
  5. ‘Certain agony of the battlefield’ (3×06)

Los creadores

Graeme Manson y John Fawcett se conocieron en el Canadian Film Centre y desarrollaron carreras separadas que, sin embargo, terminaban girando de algún modo alrededor del fantástico y la ciencia ficción. Manson, por ejemplo, escribió el guión de ‘Cube’, la primera película de Vincenzo Natali, y Fawcett dirigió ‘Ginger snaps’, una cinta de culto sobre unas adolescentes que se transforman en hombres lobo, o mujeres lobo, en realidad.

Los dos han afirmado que, incluso mientras estaban dedicados a otros trabajos que, en teoría, no tenían nada que ver con el género, siempre estaban pensando en ‘Orphan Black’, y que es una idea que surgió de su interés por trabajar juntos. La asesora científica de la serie, por cierto, es una amiga de Manson cuyo nombre es Cosima Herter, especialista sobre todo en historia de la ciencia.

FICHA

Cadena/nacionalidad: BBC America-Space/Canadá
Año de emisión: 2013-
Creadores: Graeme Manson y John Fawcett
Reparto: Tatiana Maslany, Maria Doyle Kennedy, Jordan Gavaris, Dylan Bruce, Evelyn Brochu, Kristian Bruun
Temporadas: 4 (40 capítulos)
Dónde verla: Netflix España