‘Espacio: 1999’

“Tengo una fe increíble en el espíritu humano”.

Una de las teorías más comunes sobre el origen de la Luna apunta a que, durante la etapa de formación de la Tierra, ésta sufrió el impacto de un gran objeto de tamaño planetario, y que los escombros desperdigados por el choque en la órbita del planeta, terminaron formando la Luna. El satélite juega un papel fundamental en la supervivencia de la vida en la Tierra, pues ayuda a mantener estable su eje de rotación y hace las veces de escudo contra asteroides que puedan llevar un rumbo de colisión contra el planeta. Su cara oculta, la que nunca podemos ver desde la superficie del planeta, luce las cicatrices que lo demuestran. ¿Pero y si uno de esos objetos fuera lo suficientemente grande como para que un impacto contra la Luna la sacara de su órbita y la enviara a vagar por el espacio? ¿Y si en el satélite hubiera una base humana a la que no le queda más remedio que intentar sobrevivir en esas circunstancias, porque ya no pueden regresar a casa?

El matrimonio Gerry y Sylvia Anderson dio inicio así a ‘Espacio: 1999’, una de sus series más reconocidas y uno de los títulos ciencia ficción con un punto de partida más original. Pero es que los Anderson no eran unos creadores corrientes. Su nombre está indisolublemente asociado a la Supermarionation, una técnica de animación stop-motion de marionetas que permitía unos movimientos mucho más reales y fluidos, y que facilitaba que pudieran crearse series tan espectaculares en su momento como ‘Thunderbirds are go’.

Ese título, que seguía a cinco hermanos que se dedicaban al rescate de personas en peligro en los sitios más insospechados y arriesgados, había sido inspirado por un accidente en una mina de la Alemania occidental en 1963, y es la obra por la que Anderson es más recordado. Pero él no se quedó en la ficción infantil. La alternó con producciones de acción real de lo más variado, una de las cuales trataba los intentos de detener una invasión alienígena (‘UFO’). Sin embargo, la que para muchos sería su mejor serie, y la más cara de la televisión británica hasta ese momento, nacería en 1975 de las ideas para una segunda temporada de ‘UFO’ que nunca llegó a producirse.

nave

‘Espacio: 1999’ se situaba en ese año y en una base lunar llamada Alpha, un lugar dedicado a la investigación científica. Sin embargo, la Luna estaba siendo utilizada por los humanos como un “cementerio” de residuos nucleares, y una explosión en él, causada por la acumulación de radiación electromagnética, expulsa al satélite de su órbita y lo envía vagando por la galaxia. De este modo, la Luna se convierte en una nave espacial que lleva a los tripulantes de la base Alpha a cruzarse con razas alienígenas y a descubrir rincones del universo que no esperaban. Eso era lo más diferente de la serie, porque las aventuras que corrían sus protagonistas eran las clásicas de las space operas, encontrándose por ejemplo con sociedades distópicas que ponían a prueba los principios científicos y pacíficos de los responsables de la base.

De hecho, ‘Espacio: 1999’ arrancaba inicialmente con el propósito de mostrar cómo John Koenig, comandante de la base, y el resto de tripulación respondía ante los diferentes dilemas éticos que se le presentaban. El primer episodio, por ejemplo, ya lo ponía ante la tesitura de continuar con un lanzamiento desde la base lunar de una nave tripulada al planeta Meta, que se creía habitado, aunque varios miembros del personal de Alpha habían caído enfermos de una misteriosa dolencia cerebral, que había causado la muerte de varios de ellos.

La influencia de ‘2001. Una odisea del espacio’ en ‘Espacio: 1999’ se notaba, sobre todo, en el diseño de sus naves y sus trajes espaciales

Durante la primera temporada, si los espectadores suspendían su incredulidad sobre la posibilidad de que una explosión como la que se veía en la serie pudiera desviar a la Luna de su órbita, se encontraban ante un título que quería encajar en una rama de la ciencia ficción un poco más intelectual y menos pulp y de aventuras sin más. La influencia de ‘2001. Una odisea del espacio’ estaba muy clara en el diseño de producción de la base y de las naves. Curiosamente, los responsables de sus efectos especiales (hechos utilizando miniaturas y trucos fotográficos clásicos del género), como Brian Johnson y su equipo, trabajarían después en películas como ‘Alien, el octavo pasajero’ o ‘ El Imperio contraataca’.

La serie se benefició, además, del protagonismo de Martin Landau y Barbara Bain, que venían de la muy exitosa ‘Misión imposible’. Landau no daba el típico perfil de capitán de una nave espacial visto hasta entonces, ni siquiera en ‘Star Trek’, y ambos aportaban cierto aire de prestigio. ‘Espacio: 1999’ empleó igualmente en su primera temporada dos trucos al inicio de cada episodio por los que es bastante recordada. Solía abrir sus capítulos con lo que se denomina un cold open, una secuencia que ejerce de prólogo de lo que vamos a ver, y que se sitúa antes de los títulos de crédito, y en esos créditos se incluía, al final, un breve y rápido montaje con imágenes de lo que estaba por venir más adelante. Aquella primera temporada tuvo un éxito relativo que, sin embargo, permitió el rodaje de una segunda que sí sería la última, especialmente porque se hicieron algunos cambios en los personajes y en las tramas que no consiguieron atraer una audiencia mayor. Además, Gerry y Sylvia Anderson se habían divorciado antes del rodaje de la segunda temporada, y los nuevos colaboradores no aportaban lo mismo.

La renovación por un segundo año, además, llegó casi de un modo inesperado y, en un intento por atraer de nuevo la atención de los espectadores, las tramas viraron hacia aventuras espaciales más típicas, se descartó cualquier atisbo de mención de que la Luna podía haber sido enviada en su periplo a través de la galaxia por una fuerza desconocida, y hasta se sustituyó a buena parte del reparto por otros personajes, como una alienígena que podía cambiar de forma, llamada Maya. Nada de eso fue suficiente para mantener ‘Espacio: 1999’ en antena durante demasiado tiempo.

La primera temporada, no obstante, es un interesante intento de hacer una space opera un poco más seria de lo habitual, que pusiera a sus personajes ante decisiones morales complicadas. Además, despliega unos notables valores de producción (fue la serie más cara producida por la televisión británica hasta ese momento), y su empleo de maquetas, interfaces de ordenadores y efectos especiales también rayaba a buen nivel. En Estados Unidos, se emitió en sindicación con cierto retraso con respecto al Reino Unido y sólo porque, precisamente, el éxito de las repeticiones de ‘Star Trek’ animó a algunas de esas cadenas regionales a probar suerte con otra serie de aventuras en el espacio. Pero nunca terminó de conectar con el público.

El personaje

koenig

Parte del tono de ‘Espacio: 1999’, y de los objetivos que los Anderson se habían marcado inicialmente, están encapsulados en el comandante John Koenig (Martin Landau), que llega a la base lunar Alpha para asegurar el lanzamiento de una nave tripulada a ese planeta recién descubierto, y que acaba siendo responsable de la supervivencia de todas las personas que viven en la Luna, cuando ésta acaba “liberada” de la órbita que la une a la Tierra. El dilema que se le presenta nada más poner un pie en el recinto ya dice mucho de cómo era la serie: tiene que enviar esa nave, prioritaria para las autoridades terrestres, en cuanto tenga ocasión, o detiene el lanzamiento para averiguar qué está haciendo enfermar, y morir, a los tripulantes.

Koenig no seguía el arquetipo de personajes como James T. Kirk, más carismático y más dado a involucrarse de lleno en situaciones de riesgo. No eludía sus responsabilidades en ese aspecto, pero era más distante y más serio. Los escasos momentos en los que perdía la compostura eran importantes justo por lo raros que eran. La serie giraba en torno a él, la doctora Helena Russell (Barbara Bain) y el profesor Victor Bergman (Barry Morse), y los tres tenían que decidir el curso de acción en cada momento. Era un personaje que se ajustaba perfectamente a la imagen que proyectaba Martin Landau, que podía ser similar a la que transmitía también Leonard Nimoy en ‘Star Trek’.

Los creadores

El matrimonio formado por Gerry y Sylvia Anderson es toda una institución en la televisión británica y, especialmente, en el género de la ciencia ficción. Los trabajos por los que son más recordados, las series juveniles de marionetas como ‘Thunderbirds’, eran precisamente los que menos interesaban a Gerry Anderson, que había empezado a trabajar en ellos porque no podía conseguir otros puestos. Su sueño siempre fue crear programas de televisión de acción real, algo que acabaría logrando con ‘UFO’ y ‘Espacio: 1999’, beneficiándose de su buena relación con Lew Grade, jefe de ITV en los 60 y los 70.

El propio Anderson afirmaba, en unas declaraciones recogidas por The Telegraph, que no tenía más que decirle a Grade que tenía un nuevo proyecto en mente para que lo apoyara: “‘¿Puedes ver esa bombilla ahí arriba?’ Yo dije, ‘sí’. Y él respondió, ‘Gerry, si quieres hacer una serie de televisión sobre esa bombilla, te apoyaré’”. En el éxito de Gerry resultaba fundamental su segunda esposa, Sylvia, que ponía voces a algunas de las marionetas (como Lady Penélope en ‘Thunderbirds’), y cuyo divorcio significó el final de su edad dorada de series. ‘Espacio: 1999’ fue el último programa que crearon y produjeron juntos.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Breakaway’ (1×01)
  2. ‘Black sun’ (1×03)
  3. ‘Another time, another place (1×06)
  4. ‘Earthbound’ (1×14)
  5. ‘The bringer of wonders’ (2×18)

FICHA

Título original: ‘Space: 1999’
Cadena/nacionalidad: ITV/Reino Unido
Año: 1975-77
Creadores: Gerry y Sylvia Anderson
Reparto: Marton Landau, Barbara Bain, Zienia Merton, Barry Morse, Nick Tate, Prentiss Hancock
Temporadas/capítulos: 2 (48)

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‘Stargate SG-1’

“-Coronel, los Estados Unidos no se dedican 
a interferir en los asuntos de otras personas.
-¿Desde cuándo?

En 1994, el director Roland Emmerich estrenaba ‘Stargate’, una película de aventuras de ciencia ficción en la que el ejército de Estados Unidos ensamblaba un misterioso arco con varios símbolos jeroglíficos a su alrededor. Cuando estos símbolos se situaban en el orden correcto, el arco se activaba y se transformaba en una puerta que llevaba a un planeta dominado por una civilización derivada de los antiguos egipcios, y la misión de exploración que envían los militares, en la que participa un egiptólogo, acaba saliendo mal, por supuesto. Protagonizada por Kurt Russell y James Spader, la película fue un enorme éxito, así que no era de extrañar que, dos años más tarde, el canal Showtime decidiera aprovechar su tirón en televisión.

La cadena llevaba ya un par de años pasando de las comedias de producción propia de sus inicios, a mediados de los 80, a títulos de género como una nueva versión de ‘Más allá del límite’ o una serie sobre ‘Poltergeist’, y las aventuras del coronel Jack O’Neill, Daniel Jackson y la capitán Samantha Carter entraban de lleno en su estrategia. Para ello, confiaron en Brad Wright, guionista de las dos series comentadas anteriormente, para poner en marcha el que acabaría siendo el título de ciencia ficción más longevo de la televisión estadounidense.

Stargate SG-1’ sigue a un equipo del ejército que trabaja con aquella primera stargate. O’Neill y Jackson, con la colaboración de la capitán Carter, se adentran en la puerta para explorar los diferentes mundos a los que da acceso, simplemente cambiando el orden de los jeroglíficos del arco, y aunque los goa’uld reeditan su papel de villanos de la película, uno de ellos, Teal’c, acaba formando parte del grupo de O’Neill. Así, se forma un equipo que desarrolla algunas dinámicas muy similares a las de las tripulaciones de las series de ‘Star Trek’, especialmente con la adaptación de Teal’c a las costumbres de sus compañeros humanos, y en el que hay a menudo discusiones sobre si el lado científico y de exploración no debería ser más importante que el militar.

De hecho, el personaje de Samantha Carter, soldado y, al mismo tiempo, científico residente del equipo, fue ganando cada vez más importancia en la serie, y no pocos periodistas estadounidenses lo utilizaron en bastantes ocasiones como un ejemplo de personaje femenino que podía tener una influencia beneficiosa en las nuevas generaciones de chicas y en la posibilidad de que se dedicaran a carreras científicas. Por otro lado, Teal’c permitía también profundizar en la sensación de desplazamiento, de no pertenecer a ningún sitio que podía tener un personaje como él. Entre los humanos no despierta confianza porque pertenece a una raza que intenta exterminarlos, y entre los goa’uld es tachado de traidor, alguien que ya no merece ser considerado parte de ellos.

La dicotomía entre lo militar y lo científico, y civil, impulsó muchas tramas de ‘Stargate SG-1’

‘Stargate SG-1’ tuvo tiempo de evolucionar mucho en diez temporadas, repartidas además en dos cadenas diferentes (Syfy la rescató al final de la quinta entrega), y en esas dos etapas acabó superando a la película de Emmerich, sobre todo gracias a un humor muy autoconsciente. El personaje del coronel O’Neill, interpretado por un veterano de la televisión como Richard Dean “MacGyver” Anderson, era quien aportaba la mayoría de los chascarrillos y de los comentarios irónicos a costa, muchas veces, de la actuación del ejército en las misiones. Si la ‘Stargate’ original giraba con fuerza alrededor de O’Neil y Jackson, la serie se volvió un poco más coral al darle la misma relevancia a Teal’c y a Carter, lo que enriqueció bastante más las tramas. Y se creó una compleja y vasta mitología alrededor de los Antiguos, la civilización que había creado las puertas, cuyo funcionamiento probablemente estuviera basado en los agujeros de gusano, estructuras teóricas de la física moderna que tienen la capacidad de “doblar” el espacio-tiempo y, de ese modo, permitir el viaje entre dos puntos lejanos del universo.

Las aventuras sin demasiadas pretensiones del equipo de O’Neill calaron entre el público aficionado a la ciencia ficción y ‘Stargate SG-1’ acabó teniendo dos spin-off. El primero de ellos, ‘Stargate Atlantis’, se centraba en una base en el espacio, en la mítica Atlántida, construida por los Antiguos, y era un poco la ‘Star Trek: Espacio Profundo 9’ de la saga de las puertas estelares.

stargateatlantis

En lugar de tener en la Tierra su centro de operaciones, los protagonistas de la nueva serie estaban destinados directamente al espacio, y en su tripulación se veía más de cerca la colaboración entre humanos y extraterrestres con la presencia de Ronon y Teyla. ‘Stargate Atlantis’ explotó más el lado humorístico y de diversión de su serie madre, y también creó unos villanos todavía más aterradores que los goa’uld, los Espectros. Entre ambas series se hicieron muy comunes los crossovers de personajes y las dos contribuyeron a construir un universo en el que tendría después cabida ‘Stargate Universe’, un intento de ficción un poco más seria, con un grupo de gente  atrapado por accidente en una antigua nave cuyo destino ignoran.

Las tres series estaban muy influidas por ‘Star Trek’ en la manera en la que los miembros de cada equipo stargate interactuaban con las civilizaciones alienígenas que se encontraban. La mitología de los Antiguos fue desarrollándose y profundizándose en las tres, y lo que se mantuvo también en ellas era la tensión entre los objetivos militares y los científicos, o meramente civiles. ‘Stargate Universe’, de hecho, basaba buena parte de sus tramas en ese conflicto, y en los otros dos títulos solía dar pie a diferentes discusiones sobre los beneficios de la exploración altruista, por el beneficio del conocimiento, y sin buscar la explotación por un lucro determinado.

Cuando ‘Stargate SG-1’ finalizó, en 2007, lo hizo por el deseo de Syfy de buscar un público más amplio a través de series menos espaciales, y que tuvieran más elementos fantásticos y más humor, un giro que se ejemplificó en títulos como ‘Warehouse 13’ o ‘Eureka’. La época de las space operas parecía haber quedado atrás.

El personaje

carter

Uno de los personajes creados específicamente para la serie, la capitán Samantha Carter (Amanda Tapping), es el que ha terminado encarnando mejor la personalidad propia de ‘Stargate SG-1’ frente a la película original de Roland Emmerich. Carter representa el enlace entre los dos mundos enfrentados, al principio, en la serie: el militar de O’Neill y el científico de Jackson. Es astrofísica, estudiosa de las stargate y, al mismo tiempo, piloto de combate, y eso le permite tener una visión más amplia de las misiones que llevan a cabo, y de la importancia de las puertas estelares.

Tanto Richard Dean Anderson (O’Neill) como Michael Shanks (Jackson) terminaron dejando la serie, pero Tapping no sólo se mantuvo en ella, sino que su personaje se convirtió en el nexo de unión entre los tres títulos de la franquicia. Su experiencia con las puertas y sus conocimientos científicos le daban siempre un mayor ascendente sobre el resto de personajes. Y lo interesante es que, aunque era evidente en la serie que Carter y O’Neill estaban enamorados el uno del otro, su relación nunca fue un aspecto definitorio del personaje.

Los creadores

Los dos responsables de ‘Stargate SG-1’ eran Brad Wright (1961) y Jonathan Glassner. El segundo se marchó tras la tercera temporada, mientras el primero continuó también supervisando ‘Atlantis’ y ‘Universe’. Ambos habían trabajado antes en ‘Más allá del límite’ y Wright ya tenía experiencia en series que adaptaban películas con la de ‘Los inmortales’. El éxito de ‘SG-1’ le dio las llaves, junto con el guionista Robert C. Cooper, de una de las franquicias televisivas más longevas en Estados Unidos, que hasta llegó a expandirse en dos películas producidas directamente para el mercado de DVD, ‘Ark of Truth’ y ‘Continuum’.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘There but for the grace of God’ (1×19)
  2. ‘Window of opportunity’ (4×06)
  3. ‘Abyss’ (6×06)
  4. ‘Heroes’ (7×17)
  5. ‘200’ (10×06)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Showtime-Syfy/Estados Unidos
Año: 1997-2007
Creadores: Brad Wright y Jonathan Glassner
Temporadas/capítulos: 10 (215), más dos tv movies
Otros: Basada en la película ‘Stargate’, de Roland Emmerich. Tuvo dos spin off, ‘Stargate Atlantis’ y ‘Stargate Universe’

‘Star Trek’

“El espacio, la frontera final”.

“El espacio puede ser explorado y dominado sin alimentar las hogueras de la guerra, sin repetir los errores que el hombre ha hecho al extender su mandato alrededor de este planeta nuestro. No hay luchas, no hay prejuicios, no hay conflictos nacionales en el espacio todavía. Sus peligros son hostiles para todos. Su conquista merece lo mejor de toda la humanidad, y su oportunidad para la cooperación pacífica puede no aparecer otra vez”. Así presentaba el presidente John F. Kennedy, en 1962, el programa de Estados Unidos para ir a la Luna antes del final de la década (y, a ser posible, batiendo en la carrera a los rusos), un programa bautizado como Apolo y que, en aquel momento, representaba el culmen del optimismo y la confianza nacional que exudaba el país.

Dos años más tarde, el guionista televisivo Gene Roddenberry empezaba a trabajar en un proyecto que trasladaría a la pantalla esos valores de exploración y colaboración expresados por Kennedy en aquel discurso, que terminaba con el famoso “elegimos ir a la Luna en esta década y hacer otras cosas no porque sean fáciles, sino porque son difíciles”. Roddenberry se ganaba la vida escribiendo para westerns, pero su verdadera afición era la ciencia ficción. Había sido un niño con tendencia a caer enfermo que se había dedicado a leer ‘La Odisea’, ‘John Carter de Marte’, y la revista ‘Astounding Stories’,  y también le interesaban las historias de marineros intrépidos del siglo XVIII que surcaban los mares cumpliendo peligrosas misiones, y explorando territorios vírgenes, como las del capitán Horatio Hornblower. Todas estas influencias, más el clima optimista y de adelantos científicos que se vivía en la época, acabaron cristalizando en ‘Star Trek’, una serie sobre una nave que viajaba a planetas exóticos y remotos llevando el mensaje de cooperación pacífica de la Federación de Planetas.

Roddenberry creía que el futuro estaba lleno de grandes posibilidades y que la humanidad podía aprender a dejar atrás las rencillas que siempre habían coartado su progreso en el pasado. A través de Kirk, Spock, Sulu, Scotty y Uhura, su serie trasladaba a los espectadores un mensaje de tolerancia, y de aventuras increíbles, que quizás no le sirvió para tener una vida demasiado longeva en NBC, pero sí para convertirse en una serie de culto cuando sus capítulos comenzaron a repetirse en sindicación. A ‘Star Trek’ se le deben un montón de aspectos que, entonces, eran novedosos y que ahora estamos hartos de ver en todo tipo de películas y series.

‘Star Trek’ sólo vivió tres años en NBC, pero su legado se ha dejado sentir en la ciencia ficción posterior

Algunos surgieron un poco por casualidad, como el teletransporte de la tripulación de la Enterprise a los planetas que iban a explorar, o a otras naves. El coste de rodar un plano (con miniaturas) del aterrizaje de la nave en cada lugar que visitaban Kirk y Spock era demasiado alto, así que se optó por “inventar” el teletransporte como una manera de aprovechar mejor el presupuesto.

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La lógica pura de Spock y su amistad con Kirk, que escuchaba más a sus emociones, son otros de los aspectos más determinantes de una serie que se esforzaba por presentar dilemas morales a sus protagonistas, y que echaba mucha imaginación para hacer creer al espectador que la Enterprise realmente se encontraba con civilizaciones extrañas y de aspecto peculiar. La serie tuvo episodios sobre realidades alternativas en las que los personajes se encontraban con doppelgängers malvados, civilizaciones extraterrestres que intentaban lanzar una guerra contra todas las demás, o que usaban el control mental para dominar a sus rivales… Era una space opera muy clásica, con su protagonista un poquito arrogante y muy heroico (Kirk) y su amigo más racional, poniendo el contrapunto un poco más serio (Spock), pero en las aventuras de la nave Enterprise se procuraba entablar lazos de colaboración con las razas alienígenas que se encontraban, en lugar de pelear contra ellas.

Como decimos, el éxito de ‘Star Trek’ fue tardío. Lo encontró en las repeticiones en sindicación y, sobre todo, tras su salto al cine, en 1979, con una película que pretendía aprovechar el tirón de ‘Star Wars’, pero que era un poco más cerebral y más ciencia ficción tradicional que aventuras en el espacio. Y la longevidad que ha tenido ‘Star Trek’ desde su cancelación en televisión es digna de estudio. Los actores originales participaron después en seis películas entre 1979 y 1991 (de la que la mejor es la segunda, ‘La ira de Khan’), y en 1987 se estrenó, directamente para sindicación, ‘Star Trek. La nueva generación’, una serie que recogía los principios de la obra original y los recuperaba para la televisión de la época.

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Se mantuvo en antena siete temporadas y llegó a estar nominada al Emmy a mejor drama en 1994, y su gran éxito no sólo hizo famoso al actor Patrick Stewart, sino que permitió el lanzamiento de tres spin-offs: ‘Star Trek. Voyager’, ‘Star Trek. Espacio Profundo 9’ y ‘Star Trek. Enterprise’. ‘La nueva generación’ fue la space opera para, nunca mejor dicho, toda una nueva generación de aficionados a la ciencia ficción y las aventuras espaciales.

‘Star Trek’, además, no sólo ha pasado a la historia de la televisión por todo esto, o porque su influencia en las series posteriores es mucho más intensa de lo que parece, sino porque se atrevió, en 1968 (un año marcado por las manifestaciones a favor de los derechos civiles de la comunidad afroamericana), a incluir el primer beso interracial que se veía en la televisión estadounidense. La presencia de una mujer negra en la tripulación (Uhura) ya fue en su momento toda una declaración de intenciones, y que Kirk y ella compartieran un beso, aunque fuera obligados por unos malvados alienígenas, representaba toda una revolución. Por desgracia, aquel episodio llegaba en la tercera temporada, que sería la última de la serie y que no era demasiado seguida por la audiencia, pero el gesto quedó ahí.

El optimismo y la apuesta por la tolerancia y la cooperación internacional de ‘Star Trek’ terminó calando en los numerosos fans (los trekkies) que fueron descubriendo la serie en años posteriores, y la importancia que tuvo en el despertar de vocaciones científicas, por ejemplo, se recogen en un interesante documental dirigido por el hijo de Gene Roddenberry, ‘Trek Nation’, que nos acerca a la importancia cultural que ha tenido ‘Star Trek’. Aquel “el espacio, la frontera final” con la que se abría cada episodio era una puerta hacia lugares increíbles y aventuras de todo tipo que apelaba, realmente, a las mejores cualidades de los espectadores.

El personaje

spock

El gran personaje de ‘Star Trek’ es, muy probablemente, Spock (Leonard Nimoy). Mitad vulcaniano, mitad humano, el oficial científico de la nave Enterprise es también el segundo de a bordo del capitán Kirk (William Shatner) y su mejor amigo. Su manera de afrontar cualquier problema, desde la lógica y la racionalidad más fría, se ve cuestionada constantemente no sólo por la personalidad más impulsiva de Kirk, sino por su propio lado humano, con unas emociones que a Spock le cuesta, a veces, entender y dominar. En la integración de esas dos mitades suyas, la intelectual y la emocional, es donde está la gran evolución de personaje no sólo en las tres temporadas de la serie original, sino en las películas posteriores.

Además, la amistad entre el señor Spock y Kirk lanzó un movimiento fan que se conoce como shippers. Son espectadores que ven una relación romántica entre dos personajes cuyas tramas no los llevan por ese camino, y que se dedican a escribir sus propias historias desarrollando esa relación. En el caso de estos dos personajes, además, sus fans se referían a ellos como Kirk/Spock, y esa barra en medio, denominada “slash”, daría nombre a los shippers de parejas del mismo sexo.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Balance of terror’ (1×14)
  2. ‘The city on the edge of forever’ (1×28)
  3. ‘Mirror, mirror’ (2×04)
  4. ‘The trouble with tribbles’ (2×15)
  5. ‘Plato’s stepchildren’ (3×10)

El creador


Para Gene Roddenberry (1921-1991), ‘Star Trek’ fue la creación de su vida. Piloto de combate durante la Segunda Guerra Mundial, comercial a su término y policía en Los Ángeles después, empezó a escribir guiones televisivos para varios westerns, que eran las series de mayor éxito a finales de los 50 y principios de los 60. Intentó crear en varias ocasiones sus propias series, incluida una ambientada en un barco y otra policiaca, pero sin suerte hasta que logró poner en pie ‘The Lieutenant’, sobre una base de marines, que duró poco.

Sin embargo, esa serie le permitió entrar en contacto con varios de los actores de ‘Star Trek’ y le dio la idea, primero, de situar otra serie en un barco, al estilo de las aventuras de Horatio Hornblower, y con una tripulación multiétnica, y luego decidió transformar esa idea en una space opera con toques de historias del Oeste. Roddenberry fue el primer guionista de televisión en tener su propia estrella en el Paseo de la Fama, en 1985, y siguió supervisando el universo que había creado incluso en la nueva versión de ‘Star Trek’ con el capitán Jean-Luc Picard al frente de la Enterprise.

Ficha

Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Creador: Gene Roddenberry
Año: 1966-68
Reparto: William Shatner, Leonard Nimoy, Nichelle Nichols, George Takei, DeForest Kelley, James Doohan, Walter Koenig
Temporadas/capítulos: 3 (80), más cinco películas

‘Firefly’

“-Seguimos volando. 
-Eso no es mucho.
-Es suficiente.”

Si nos ponemos técnicos, ‘Firefly’ es un western. Que, al fin y al cabo, es lo que eran casi todas las primeras space operas, cambiando las inabarcables praderas del Salvaje Oeste por la inmensa negrura del espacio. Pero la serie creada por Joss Whedon aún va más allá al crear sus planetas exteriores como si fueran poblados construidos por los primeros pioneros en llegar a California, por ejemplo, y la tripulación de la nave Serenity hasta lleva a cabo una de las tramas más clásicas en los westerns: el asalto al convoy de diligencias.

O al tren, que para ese propósito, viene a ser lo mismo. Hasta su protagonista, Mal Reynolds, iba vestido prácticamente igual que John Wayne en ‘Centauros del desierto’, y Whedon quería, de hecho, que fuera también un poco como Ethan Edwards; se supone que es el protagonista, el “héroe” de la historia, pero es un poco cínico, pragmático, seco, y aunque Reynolds no está motivado por el odio como Edwards, la idea es que estuviera más cerca de ser un antihéroe que otro Han Solo.

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El carácter de Mal se suavizó casi enseguida (una de las múltiples discusiones de Whedon con la cadena, y también porque, en 2002, sólo HBO se atrevía con protagonistas así en sus series), pero lo que nunca pisó el freno fue la serie. ‘Firefly’ sólo duró once episodios en antena (se rodaron otros tres que nunca se emitieron, pero sí se incluyeron en su DVD), y en ellos se contaba la historia de la tripulación de la nave Serenity, un grupo heterogéneo de personas que está a bordo porque huye de algo, porque no tiene otro sitio donde ir o porque le vale con el dinero que consiguen pasando mercancías de contrabando hacia los planetas exteriores de un sistema que sufrió una guerra civil, en la que lucharon (y la perdieron) Mal y su segunda de a bordo, Zoe.

Los planetas interiores, unidos en una Alianza, se dedican desde entonces a oprimir a esos mundos exteriores, más rurales y pobres, mientras realizan unos misteriosos experimentos en jóvenes con dones especiales. La llegada a la nave de una de esas jóvenes, River, es lo que da inicio a la serie, y lo que pone a Mal y su tripulación en el punto de mira de los peores tipos a sueldo de la Alianza.

El misterio de qué pasa con River es la principal mitología de fondo de ‘Firefly’, una mitología de la que apenas se araña la superficie para cuando llegamos al último capítulo, pero por el camino conocemos a un grupo de personajes que son, sin duda, el principal activo de la serie. Desde el propio Mal al piloto Wash, la mecánico Kaylee, siempre alegre,  o Jayne, un mercenario que vendería a quien fuera por ganar un poco más de dinero, las dinámicas que se establecen entre todos quedan perfectamente dibujadas desde el principio, y el humor y la diversión que ofrecen, permiten que la serie se salga con la suya en muchos aspectos. También ayudan a “vender” mejor los momentos más serios y emocionales y la oscuridad de algunas de sus tramas. Los reavers, por ejemplo, son unas de las criaturas más sanguinarias y brutales de la ciencia ficción moderna.

El principal legado de ‘Firefly’ son sus fans, cuyo activo apoyo de la serie consiguió que Joss Whedon pudiera cerrar la historia en una película

‘Firefly’ tiene detrás, además, un mundo futurista muy pensado, en el que expresiones chinas de todo tipo se han colado en el habla coloquial de la gente, y en el que el pasado de los personajes juega un importante papel en lo que les va pasando. Tan crucial es que se vaya desenredando la trama de los experimentos sufridos por River como las heridas emocionales que Mal y Zoe sufren aún de la guerra, o las consecuencias de mezclar sus operaciones de contrabando con los negocios de Inara, algo más que una prostituta de lujo, y que viaja con ellos porque le confiere cierto prestigio a la nave.

Esta serie, además, destaca por la ruidosa comunidad de fans que congregó a su alrededor, los browncoats. Su constante actividad en internet, su compra en masa del DVD de su única temporada y su amor incondicional por la serie consiguió que Joss Whedon tuviera luz verde por parte de Universal para rodar una película que mostrara un poco del camino que habría seguido la serie si no hubiera sido cancelada, ‘Serenity’. Sus componentes de ciencia ficción estaban un poco más acentuados, y se exploraba bastante más la mitología detrás de ‘Firefly’, y el mero hecho de que algo así fuera posible, tres años después de que la serie dejara de emitirse abruptamente, hasta encajaba en el espíritu de resistencia de la tripulación de Mal. “Seguimos volando”.

El personaje

mal

Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) era el centro de ‘Firefly’, aunque el resto de personajes tuviera también una gran relevancia. Era su carácter el que definía el tono de la serie, un poco más serio de lo habitual en un título de aventuras en una cadena en abierto, sobre todo porque a Mal le importaba el bienestar de su tripulación y de su nave, y casi nada más. Constantemente estaba en busca de trabajos que le permitieran conseguir suministros, comida, equipo para reparar las averías que pudieran surgir, y en su mente nunca se planteó ser un héroe contra una Alianza que ya le había derrotado en la guerra contra los planetas exteriores. El cinismo de Mal, sin embargo, ocultaba a alguien un poco más romántico, y que no estaba dispuesto a cambiar por nada del mundo la sensación de libertad e independencia que le daba volar en su nave Serenity.

Reynolds termina expresando su sentido de la justicia y su solidaridad por otros en posición más débil, y también decide enfrentarse a la Alianza para saber qué le hicieron a River. Su relación de tensión sexual no resuelta con Inara, la cortesana que vuela con ellos para dar cierta respetabilidad a algunas de sus misiones, explora esas facetas de su carácter que Mal se esfuerza por reprimir porque considera que son las que le fallaron durante la guerra. Es una subtrama muy clásica de las series de Whedon, y el desarrollo como personaje del capitán Reynolds también es muy reconocible para los seguidores de este guionista.

El creador

Joss Whedon (1964) proviene de una familia de guionistas de televisión y cine liderada por su abuelo, John, que escribió para ‘The Donna Reed Show’, y por su padre, Tom, que trabajó en ‘Las chicas de oro’, entre otros títulos. Whedon empezó escribiendo en ‘Roseanne’ y, después, colaboró en los libretos de varias superproducciones de Hollywood, retocándolos sin que su nombre apareciera después en los créditos. Su primer trabajo relevante fue ‘Toy Story’, que le valió una nominación al Oscar junto con otros cinco escritores, y por aquel entonces escribió el guión de una cinta que, después, se transformaría en la serie de televisión que lo haría conocido: ‘Buffy, cazavampiros’.

Así empezó su carrera en la pequeña pantalla, construida con títulos que adquirían estatus de series de culto pero que rara vez aguantaban más allá de la primera o la segunda temporada, con la excepción de la ya mencionada ‘Buffy’ y ‘Ángel’. En 2012 regresó al cine por la puerta grande con el enorme éxito que fue ‘Los Vengadores’, una película en la que estaban presentes bastantes de los rasgos comunes de sus series, desde sus toques de humor y la creación de una familia heterogénea con personas que no encajan en ningún otro sitio, a los momentos más emocionales y duros que llegan de improviso.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Serenity’ (1×01)
  2. ‘Safe’ (1×05)
  3. ‘Out of gas’ (1×08)
  4. ‘The message’ (1×12)
  5. ‘Objects in space’ (1×14)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Fox/Estados Unidos
Año: 2002
Creador: Joss Whedon
Reparto: Nathan Fillion, Morena Baccarin, Jewel Staite, Summer Glau, Alan Tudyk, Gina Torres, Adam Baldwin, Sean Maher
Temporadas/capítulos: 1 (14)

‘Dark Matter’

“-Tienen una historia de violencia, inestabilidad mental,
comportamiento antisocial extremo, engaño…
-Lo que importa es quiénes son ahora”.

Una nave espacial averiada y seis desconocidos que se despiertan de una estancia en hibernación sin recordar quiénes son. Sobre esa base se construye ‘Dark Matter’, una evolución en el género de la space opera en la que las expediciones de la nave importan menos que el propio viaje de los personajes hacia el redescubrimiento de quiénes son. O, viendo su historial pasado, hacia quiénes quieren ser a partir de ese momento.

En ‘Dark Matter’, los protagonistas son los que, habitualmente, serían los malos, una tripulación de mercenarios con reputación de ser eficientes, despiadados y, también, brutales, pero que comienzan la historia en desventaja con todos los rivales que gente así tiene por defecto. Ellos no se acuerdan de quiénes son y tampoco de cómo llegaron a la nave, y sólo tienen claro que, mientras estuvieron hibernando, alguien les borró la memoria de un modo deliberado. ¿Pero quién? ¿Y con qué objetivo?

Mientras intentan resolver esas preguntas, tienen que seguir cumpliendo misiones que no recuerdan haber aceptado y, al mismo tiempo, deben decidir si quieren conocer su pasado o no. Su nueva situación, en la que deciden numerarse en lugar de utilizar unos viejos nombres que se han escapado de su mente, puede significar una segunda oportunidad para ellos. O a lo mejor no, porque el pasado siempre vuelve para cobrar las consecuencias de sus actos.

Ese énfasis en la memoria y en los posibles traumas de la “vida anterior” de los protagonistas da a la serie un punto de vista ligeramente diferente de otras apuestas del mismo estilo. El grupo incluye algunos de los arquetipos más reconocibles de las space operas, desde el mercenario socarrón a la joven con gran dominio de la tecnología, pasando por el asesino de pocas palabras y la androide que controla la nave, pero algunos de ellos se van saliendo ligeramente del molde al evolucionar por caminos menos esperados. La androide, por ejemplo, sigue la típica evolución del desarrollo de algo parecido a sentimientos, pero su lógica manera de afrontarlo indica el esfuerzo por presentar una serie un poco distinta de sus dos responsables, dos veteranos de la saga ‘Stargate’ como Paul Mullie y Joseph Mallozzi.

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Ambos hacen girar las tramas hacia esa decisión que todos los protagonistas deben tomar sobre si quieren recuperar sus identidades pasadas o comenzar de nuevo, aunque hacerlo como una tabula rasa no es factible. Pequeños rasgos de sus personalidades aparecen cuando menos lo esperan, como el letal entrenamiento de Dos, la capitana de la nave, en el combate cuerpo a cuerpo, o la facilidad de la joven Cinco para arreglar cualquier equipamiento defectuoso. No pueden dejar de ser quiénes son, aunque intenten cambiar.

Los personajes de ‘Dark Matter’ intentan dejar atrás quiénes eran, pero sus pasados siempre se vuelven contra ellos

¿Pero pueden hacerlo? Ése es el otro tema de ‘Dark Matter’ y, curiosamente, las dudas de sus personajes sobre todo esto los ponen en desventaja ante el mundo cínico y materialista en el que se mueven. Hay otras bandas de mercenarios y codiciosas corporaciones espaciales que quieren bien utilizarlos, bien quitárselos de en medio para seguir traficando y lucrándose con los recursos de planetas enteros, y al fondo tenemos también unas pinceladas de negocios de clonación humana que pintan un panorama todavía más complejo.

La tripulación de la Raza (así es como se llama la nave) se desplaza a estaciones orbitales y a otros planetas llevando a cabo las misiones que les encargan, o buscando respuestas sobre sus respectivos pasados, pero el misterio que la serie se dedica a desgranar es el de los propios personajes. Todos afrontan, de algún modo, un camino de redención y una especie de día del juicio personal por los pecados que cometieron en una fase de sus vidas que no recuerdan. Su misión, si quieren aceptarla, es asumir dichos pecados y seguir adelante, ignorarlos o buscar penitencia por ellos. Porque han de saber que no se van a quedar olvidados en el pasado.

El personaje

dos

Dos (Melissa O’Neil) es el personaje cuyo viaje tarda más en empezar a aparecer, pero es uno que plantea interesantes preguntas, y preguntas de nuevo muy clásicas de la ciencia ficción. Cuando despierta en la nave, lo único que sabe seguro es que su memoria muscular, su instinto, es el de una soldado realmente fuerte y eficiente en la lucha sólo con sus manos y su cuerpo, y adopta rápidamente el rol de líder del grupo y de comandante de la Raza. Más allá de eso, no está segura de nada más, y cuando descubre parte de su reputación, prefiere que la sigan llamando por el número que se le asignó al salir de la hibernación, antes que por el nombre de alguien que parece ser una fría y despiadada mercenaria.

Los intentos de Dos por afirmar su identidad, por averiguar por qué es ligeramente diferente, físicamente, a sus compañeros y por descubrir al culpable de que todos estén amnésicos no son el centro de la serie, pero son una de sus tramas más interesantes. Es el personaje en el que mejor se representa la pugna por entregarse a los vicios del pasado o por buscar un camino nuevo en el futuro de todos los personajes, una segunda oportunidad que ni ella misma tiene muy claro que ninguno merezca.

Los creadores

Paul Mullie y Joseph Mallozzi (1965) son dos guionistas con experiencia en la ciencia ficción y, más específicamente, en las space operas tras su paso tanto por ‘Stargate SG-1’ como ‘Stargate Atlantis’ y ‘Stargate Universe’. Mallozzi empezó a desarrollar ‘Dark Matter’ cuando aún trabajaba en la primera de ellas, pero nunca tuvo tiempo de presentarla como una serie independiente. Cuando terminó la última de las series de la saga, Mallozzi y Mullie optaron por desarrollar primero un cómic porque, como reconocía el primero en una entrevista en la web Blastr, “sé que las ideas originales son difíciles de vender, pero si trabajas a partir de una propiedad establecida, la convierte en algo más tentador para los compradores”.

La editorial Dark Horse publicó cuatro números del cómic en 2012, y los dos primeros fueron el punto de partida para la serie, que acabó desarrollándose como una adaptación de la novela gráfica, en lugar de como una serie original. ‘Dark Matter’, además, aterrizó en Syfy en una época en la que el canal estaba volviendo a sus orígenes en la ciencia ficción un poco más dura y en las historias ambientadas en el espacio, un camino que había abandonado en 2009 al cambiar su imagen de marca en busca de un público más amplio. ‘Stargate Universe’, de hecho, fue la última de esas space operas que emitió Syfy antes de girar hacia series más de tipo fantástico y más ligeras.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×05
  3. 1×10
  4. 1×12
  5. 1×13

Ficha

Cadena/nacionalidad: Space-Syfy/Canadá
Año: 2015-
Creadores: Paul Mullie y Joseph Mallozzi
Reparto: Roger Cross, Melissa O’Neill, Zoie Palmer, Marc Bendavid, Jodelle Ferland, Anthony Lemke
Temporadas/capítulos: 2 (26)
Otros: Basada en el cómic del mismo título

‘Star Wars Rebels’

“Si todo lo que haces es luchar por tu propia vida,
entonces tu vida no vale nada”.

En 1999, George Lucas volvía al universo de ‘La guerra de las galaxias’ con la primera de una nueva trilogía de películas que debía contar la vida de Anakin Skywalker y cómo pasó de ser la gran esperanza para lograr el equilibrio en la Fuerza y en la Galaxia, a uno de los malos más icónicos, y trágicos, de la historia del cine. ‘La amenaza fantasma’, ‘El ataque de los clones’ y ‘La venganza de los Sith’ eran los últimos capítulos en una saga que había arrancado en 1977 y que se había extendido no sólo en dos secuelas (‘El Imperio contraataca’ y ‘El retorno del jedi’), sino a través de un vasto universo expandido de novelas, cómics, videojuegos y, por supuesto, series de televisión.

Las primeras producciones televisivas de ‘Star Wars’ fueron animaciones muy orientadas a los niños, y centradas en los ewoks y los droides (en concreto, en C3-PO y R2-D2), pero que duraron poco en antena a mediados de los 80, y tampoco dejaron una impresión demasiado duradera en sus espectadores. Cuando se estrenaron las precuelas, precedidas de un reestreno en cines de la trilogía original, remasterizada y con nuevas escenas añadidas, Lucas quiso recuperar también las series de su universo galáctico, que se encargarían de continuar la historia de las nuevas películas. En realidad, su idea era que la serie, con el título de ‘Clone Wars’, conectara los eventos de ‘El ataque de los clones’ con ‘La venganza de los Sith’. Terminó habiendo dos series, una creada por Genndy Tartakovski y la siguiente, llamada ‘The Clone Wars’, supervisada por Dave Filoni, un veterano guionista y productor de la animación estadounidense.

‘The Clone Wars’ sobrevivió seis temporadas en Cartoon Network, contando cómo Anakin Skywalker iba dejándose tentar por el Lado Oscuro y cómo eso repercutía en el nacimiento del Imperio y en los jedis a su alrededor. Sin embargo, a pesar de las buenas críticas y de los fieles fans que la seguían, la serie terminó cuando Disney compró Lucasfilm, y fue sustituida por otra que estuviera más cerca de las nuevas películas de ‘Star Wars’ que el estudio quería producir.

Así surgió ‘Star Wars Rebels’, una aventura mucho más cercana, en tono, a ‘Una nueva esperanza’ (el episodio IV) y que introducía a un nuevo grupo de personajes, varias décadas después de ‘La venganza de los Sith’, con la galaxia sometida ya al Imperio y con los jedis prácticamente exterminados. Es un punto de partida que permite que surja un clásico viaje del héroe como el que emprende Ezra, un chaval huérfano que sobrevive como puede hasta que se topa con la tripulación de la nave Ghost, un grupo heterogéneo que también tira de lo que encuentra a mano para salir adelante. En este caso, suele ser el transporte de contrabando entre diferentes planetas ocupados por el Imperio. Un cúmulo de circunstancias lleva a que Ezra termine viajando con Hera, Kanan, Zeb y el droide Chopper, y a que acabe descubriendo que está llamado a mucho más que a quedarse en su planeta natal de Lothal y dedicarse a robar fruta de los puestos callejeros.

No es que Ezra sea una nueva versión de Luke Skywalker, pero sí que encaja en el mismo arquetipo que él; el del joven normal y corriente que descubre que tiene un poder extraordinario, y que debe decidir qué hace con ese poder. ¿Lo utiliza para ayudar a la gente? ¿O se lo guarda para sí mismo? Las dudas de Ezra son similares a las de la tripulación de la Ghost cuando se encuentran con lo que acabará siendo la Alianza Rebelde. ¿Prefieren seguir trampeando y viviendo sólo para ellos, o se unen a la lucha contra un Imperio que cada vez extiende y fortalece más su yugo sobre la galaxia?

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‘Star Wars Rebels’ no sólo recupera el tono de aventuras de la trilogía original de ‘Star Wars’, sino que gira alrededor de asuntos muy clásicos en ese universo, desde el dilema entre buscar sólo la propia supervivencia o entregarse a un bien común, a algo mayor que una sola persona, a la necesidad de contar con una comunidad en la que apoyarse en tiempos difíciles. Al fin y al cabo, la serie está ambientada en una época oscura para la galaxia, con los jedis aniquilados. Todo lo que queda de ellos son templos olvidados y abandonados y Kanan, que nunca llegó a completar su entrenamiento antes de que entrara en vigor la Orden 66 que les dio fin.

Esa melancolía y esa oscuridad se asoman de vez en cuando a ‘Star Wars Rebels’, que no deja de estar dirigida a un público infantil-juvenil y, como tal, opta por ir presentando a sus personajes con diferentes misiones que cumplir en cada capítulo. Pero la presencia de los Inquisidores, del agente Callus, y la sombra constante de Darth Vader dan a la serie un toque, de vez en cuando, un poco más inquietante. ‘Star Wars Rebels’, como ocurría también con ‘The Clone Wars’, se va volviendo un poquito más seria con el paso de los episodios. Aunque veamos cómo los rebeldes consiguen pequeñas victorias contra el Imperio, también sabemos que, hasta ‘El retorno del jedi’, éste no es derrotado, por lo que los protagonistas de la serie tienen por delante momentos todavía más difíciles por superar.

Y para que se note que forma parte de un universo expandido y unificado con las películas, por la serie se pasean personajes clásicos tanto de éstas como de la anterior serie animada de ‘Star Wars’, de Chewbacca o Lando Calrissian a algunos participantes de las Guerras Clon. ‘Star Wars Rebels’ es una space opera de aventuras muy consciente de cuál es su público, pero también que un parte muy importante de la saga es la lucha interior entre el Lado Oscuro de la Fuerza y el de la Luz.

El personaje

kanan

El protagonista de ‘Star Wars Rebels’ puede ser Ezra, pero el personaje que va adquiriendo más importancia con el paso de los episodios es Kanan (Freddie Prinze Jr.), el aprendiz de jedi que no pudo completar su formación porque el naciente Imperio acabó con todos sus maestros. Kanan acepta a regañadientes que Ezra se una a su equipo, y también se resiste a dejarse convencer por Hera, la piloto de su nave, para que se integren más a fondo en la Alianza Rebelde, para que dejen de ser pequeños contrabandistas siempre perseguidos por el Imperio, y pasen a luchar contra él de una manera más directa. En Kanan se ve el miedo a asumir quién es, a darse cuenta de que es un jedi y de que no puede esconderse de su destino, que no puede mantenerse al margen de lo que está pasando a su alrededor.

El viaje iniciático de Ezra es también el de Kanan hacia convertirse en ese líder que se resistía a ser. Para él, dar ese paso implica, de algún modo, revivir el pasado, retomar un camino que se truncó de forma violenta, pero es lo que debe hacer. Kanan va mostrando una gran capacidad de sacrificio y de comprensión del curso de acción a seguir en cada momento, aunque también puede ser terco y negarse a asumir algunas cosas que tiene delante de sus narices. Y resulta curioso que ‘Star Wars Rebels’ presente desde el principio, y de una manera muy sutil, que entre Kanan y Hera hay una relación que va más allá del liderazgo de su grupo, o de la confianza que pueden tener uno en el otro. De momento, es la única relación romántica de la serie, pero no queda explícita ni se trata como algo especial.

Los creadores

‘Star Wars Rebels’ tiene tres creadores, Simon Kinberg, Carrie Beck y Dave Filoni, pero es Filoni quien la supervisa. Este guionista y director es todo un veterano de la animación de Lucasfilm, pues también trabajó anteriormente en ‘The Clone Wars’, y empezó a formarse un nombre en una de la series animadas de más éxito en los últimos tiempos, ‘Avatar: The last airbender’. Filoni colaboró muy de cerca con George Lucas en la creación de aquella primera serie, y siempre se ha mantenido fiel al espíritu de las primeras películas de la saga.

En cuanto a los otros dos creadores, Simon Kinberg es un veterano guionista de Hollywood, responsable entre otras de las películas de ‘X-Men’ dirigidas por Bryan Singer, mientras Carrie Beck es una productora involucrada, sobre todo, con los títulos de animación de Lucasfilm y, en concreto, los situados en el universo de ‘Star Wars’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Call to action’ (1×12)
  2. ‘Fire across the galaxy’ (1×14)
  3. ‘The siege of Lothal’ (2×01)
  4. ‘The future of the Force’ (2×09)
  5. ‘Twilight of the apprentice’ (2×20)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Disney XD/Estados Unidos
Año: 2014-
Creadores: Dave Filoni, Simon Kinberg y Carrie Beck
Reparto (voces): Freddie Prinze Jr., Taylor Gray, Vanessa Marshall, Steve Blum, Tiya Sicar, David Oyelowo
Temporadas/capítulos: 2 (25)
Otros: Basada en el universo de ‘Star Wars’, de George Lucas

‘Futurama’

Estamos en posición sobre Spheron One.
Éste es el momento para el que 
entrenamos toda la tarde de ayer.

Para muchos guionistas de comedia, ‘Los Simpson’ ha arruinado cualquier posibilidad de encontrar chistes originales. La venerable serie animada de Fox lleva más de 20 años en antena, y de sus irreverentes y satíricos inicios ha terminado siendo toda una institución de la animación mundial, pasando de dirigirse a adultos a acabar convertida en pasto de merchandising variado para niños.

Aunque no lo parezca, esta comedia de dibujos animados no sólo ha hecho crítica de la sociedad estadounidense en todas sus vertientes posibles, sino que ha aprovechado sus especiales de Halloween, los ‘Treehouse of Horror’, para convertirlos en una especie de ‘La dimensión desconocida’ anual donde sus guionistas pueden parodiar no sólo historias de terror, sino temas clásicos de la ciencia ficción. El célebre ‘Homer al cubo’, que lleva al personaje a un entorno tridimensional, o frases como “Lisa, en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica”, delataban el gusto por la ciencia, y por la ciencia ficción, de algunos de sus guionistas, pero ese lado friki no podía expresarse con libertad en ‘Los Simpson’.

El éxito de esa serie llevó a que Fox pidiera a Matt Groening, a mediados de los 90, que pensara otro título animado que la acompañara en la noche de los domingos, y Groening y otro colaborador suyo, David X. Cohen, tuvieron la idea de ‘Futurama’, una serie en la que un personaje con tan pocas luces como Homer viajaba por accidente al futuro. ¿Cómo reaccionaría alguien así en un entorno que le parecería sacado de ‘Blade Runner’, como mínimo? Fieles a la concepción de su serie madre, Groening y Cohen no llevaron a Philip J. Fry a ningún sitio glamouroso ni espectacular, si no que lo pusieron a trabajar en una empresa de transportes intergalácticos en una Nueva Nueva York con coches voladores, sí, pero igual de desastrosa que la actual. El siglo XXXI no es tan diferente, en cuanto a mezquindades y egoísmos humanos, del XX o el XXI.

El trabajo en Planet Express le permite a Fry viajar a los confines más insospechados de la galaxia y encontrarse en medio de tramas muy clásicas de la ciencia ficción, que se parodian aprovechando que la serie hace comedia con lo que sería el subgénero del mundo del mañana, que se dedica a especular cómo habrán influido los avances tecnológicos en la sociedad. De hecho, ‘Futurama’ debe su nombre a un pabellón que se dedicaba a exactamente eso, a mostrar cómo podía ser el mundo del mañana, de la Exposición Universal de Nueva York de 1939.

‘Futurama’ parodia todas las tramas clásicas de las series de ciencia ficción, poniendo en su centro a un tipo tan simple como Fry

La serie, por tanto, sigue un poco esa idea, pero como ya hemos apuntado, aunque las grandes personalidades puedan sobrevivir durante siglos sólo con la cabeza en una urna especial (uno de los gags recurrentes más reconocibles), los humanos no son tan diferentes a los actuales. En ‘Futurama’ encontramos a un profesor loco como Farnsworth, a un supuesto héroe clásico del género que, en realidad, es un incompetente como Zapp Brannigan, a una experimentada piloto, Leela, que acaba siendo un poco el interés amoroso de Fry, a un alienígena como el doctor Zoidberg que, aunque afirme ser un gran experto en muchas cosas, en realidad no tiene ni idea de nada, y a un robot autónomo que es, tal vez, el personaje más famoso de ‘Futurama’, Bender, y que es totalmente diferente de los androides habituales en las space operas.

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Los capítulos de esta serie son comedia animada, pero están también repletos de parodias y homenajes a la ciencia ficción, y de chistes que sólo podían escribir físicos y matemáticos como los que formaban su equipo de guionistas. Uno de ellos, Ken Keeler (doctor en matemáticas), creó y demostró matemáticamente un algoritmo para resolver una situación de cambios de cuerpos entre varios personajes en un capítulo de la sexta temporada, ‘The prisoner of Benda’. A ese algoritmo se le conoce como el teorema de Keeler, o teorema de ‘Futurama’, y se utiliza en las universidades para explicar determinados aspectos del álgebra básica.

‘Futurama’ añade el humor y la sátira más geek al comentario social de ‘Los Simpson’, y tal vez por eso tuvo una emisión muy accidentada en Fox y terminó más como título de culto que como fenómeno de masas. Sus cuatro primeras temporadas en abierto son guardadas como un tesoro por los fans, que aunque recibieron con los brazos abiertos la resurrección de Comedy Central, cinco años después de su finalización, primero con cuatro tv movies y, después, con tres temporadas regulares, consideran que ya no eran exactamente lo mismo.

Lo único cierto es que ha habido pocas series que se hayan tomado tan en serio y, al mismo tiempo, hayan hecho tantos chistes a costa de la ciencia ficción más hardcore, también de la más pulp, y que hayan introducido todo tipo de teorías científicas sólo para entregar veinte minutos semanales de diversión al espectador. Viendo ‘Futurama’, se aprecia que quienes hacen la sátira conocen perfectamente de lo que están hablando, y que sólo puede producirse algo así si se es muy fan del género. Uno de sus guionistas, Patrick M. Verrone, afirmaba en un artículo para la web Slate que “éramos fácilmente los guionistas de dibujos animados más sobrecualificados de la historia (…), pero no fuimos lo suficientemente listos como para averiguar cómo evitar la cancelación (tres veces)”.

El personaje

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Si hay un personaje intrínsecamente unido a ‘Futurama’, ése es Bender Bending Rodriguez (John DiMaggio), el robot del grupo. Debe su nombre a John Bender, el “chico malo” y delincuente juvenil de la película ‘El club de los cinco’, de John Hughes, y mantiene algunas de sus características. Es malhablado, egocéntrico, alcohólico (porque, si no bebe constantemente, sus baterías no se recargan), con mal genio, y en un principio fue programado para trabajar en cabinas automáticas que ayudan a la gente a suicidarse, aunque después pasa a ser el cocinero del Planet Express. Es el mejor amigo de Fry, y da por completo la vuelta al arquetipo del androide al servicio de los humanos que suele presentarse en las series de ciencia ficción. Por supuesto, con semejante comportamiento, y con su talento para las frases ingeniosas, Bender se convirtió rápidamente en el personaje favorito de muchos fans, amenazando en bastantes ocasiones con “comerse” la serie si los guionistas no lo controlaban un poco.

Bender representa, en parte, lo que hacía a ‘Futurama’ diferente. Sus tendencias anti sociales y sus ínfulas ocasionales de dominación mundial ya se adelantaron al lado más bestia de las series de otro guionista que es un gran aficionado a la ciencia y a la ciencia ficción, Seth McFarlane, que llegó a producir una continuación de ‘Cosmos’, la serie documental de Carl Sagan. El robot del Planet Express ha sido imitado y convertido en el mismo objeto de mercadotecnia que Bart Simpson, pero la diferencia es que si Bender fuera real, probablemente ninguno querríamos tenerlo cerca.

Los creadores

Aunque el que figure como creador de ‘Futurama’ sea Matt Groening (1954), dibujante y guionista que empezó a llamar la atención con la tira diaria ‘Life in hell’, no puede hablarse de la serie sin mencionar a David X. Cohen (1966), graduado en física e informática por la Universidad de Harvard, y que ayudó a Groening a poner en pie la serie. Cohen era el guionista jefe y el showrunner de ‘Futurama’, y era el que se aseguraba de que, si había algún gag con referencias científicas, éstas fueran correctas.

Llegó a la serie escribiendo primero para ‘Beavis y Butthead’ y, después, para ‘Los Simpson’, donde Groening contactó con él para el arranque de ‘Futurama’. Éste ha sido descrito por los dos como muy complicado, porque no conseguían entenderse con los ejecutivos de Fox. Éstos querían supervisar casi todos los detalles de la serie y Groening se negaba, buscando la misma libertad que tenía con ‘Los Simpson’. La consiguió finalmente, pero hay quien se pregunta si eso no terminó jugando en su contra para sobrevivir durante más tiempo en esa cadena.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Hell is other robots’ (1×09)
  2. ‘The luck of the Fryrish’ (3×10)
  3. ‘Roswell that ends well’ (4×01)
  4. ‘Jurassic bark’ (5×02)
  5. ‘The prisoner of Benda’ (6×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Fox-Comedy Central/Estados Unidos
Año: 1999-2003, 2008-13
Creador: Matt Groening
Reparto: Billy West, Katey Sagal, John DiMaggio, Tress MacNeille, Phil Lamarr, Lauren Tom
Temporadas/capítulos: 7 (140)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Battlestar Galactica’

“Los cylones fueron creados por el hombre.
Evolucionaron. Se rebelaron. 
Hay muchas copias. Y tienen un plan”.

“Todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez”. Es curioso que una cita de la película animada ‘Peter Pan’ se convirtiera en el leit motif de una de las series más ambiciosas temáticamente de la última década, pero es que su puesta en marcha también fue una cosa bastante curiosa.

Originalmente, ‘Battlestar Galactica’ era una serie de finales de los 70 que Glen A. Larson creó para ABC para intentar aprovechar la fiebre por las aventuras espaciales que había despertado ‘La guerra de las galaxias’. Sin embargo, la idea de Larson era bastante más seria. Su punto de partida era el exterminio casi completo de la humanidad, repartida por doce planetas, a cargo de la raza extraterrestre de los cylones. Los escasos supervivientes se unen a la flota improvisada que lidera la Estrella de Combate Galáctica, una nave militar que no sólo protege a los restos de la humanidad de los ataques de los cylones, sino que los lleva a una tierra prometida, a una mítica 13ª Colonia en la que podrán vivir en paz y empezar de nuevo: la Tierra.

No era sencillo convertir este concepto en una serie para toda la familia, razón por la que el proyecto de Larson sólo duró una temporada, más una continuación llamada ‘Galactica 1980’, pero siempre tuvo muchos fans y algunos de los involucrados en ella intentaron traerla de vuelta en numerosas ocasiones.

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Después de un intento fallido del director Bryan Singer y Richard Hatch, protagonista de la versión de los 70, el canal Syfy le entregó el proyecto al productor David Eick y al guionista Ronald D. Moore, veterano de ‘Star Trek: La nueva generación’. Lo que Eick y Moore hicieron fue coger la idea inicial de Larson y tomársela totalmente en serio, despojarla de visitas a planetas casino y de dobles de acción disfrazados de perro, y mostrar cómo sería la vida a bordo de esa flota que anda escasa de provisiones y de personal, y apenas puede sobrevivir a los constantes ataques de los cylones, como para molestarse en pensar si existe de verdad la Tierra y si puede ser su salvación. Para complicar aún más la situación, los cylones ya no son una raza extraterrestre, sino que son máquinas inventadas en su momento por los humanos.

Los eventos de la primera serie se transforman en la primera guerra cylon, en la rebelión de los robots contra sus amos, y tras esa guerra, las “tostadoras”, como se les conoce despectivamente, desaparecen durante 40 años. Cuando vuelven a dar señales de vida, no sólo provocan un genocidio planetario, sino que han evolucionado hacia modelos con una apariencia humana casi perfecta, una suerte de nuevos replicantes. El enemigo está infiltrado justo entre nosotros.

Esta ‘Battlestar Galactica’ empezó a desarrollarse en diciembre de 2001, lo que quiere decir que Moore y Eick tenían muy frescas en sus mentes las imágenes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de aquel mismo año, y durante las primeras temporadas, veían diariamente por televisión los cambios legislativos del gobierno estadounidense para reforzar la seguridad nacional a costa de algunos derechos civiles, y las incursiones militares en Irak y Afganistán intentando acabar con un enemigo al que no se conocía tan bien como se aseguraba en su momento.

La serie puede encuadrarse en el género de las space operas y presentar combates espaciales y aventuras variadas, pero en realidad estaba mostrando cómo era la sociedad de la guerra contra el terror, cómo era ese mundo post 11-S.

El mejor reflejo de ese tema no es sólo la relación entre los humanos y los modelos “pellejudos” de los cylones, los que son casi indistinguibles de un hombre o una mujer cualquiera, y que empiezan a plantearse cómo sería tener sentimientos humanos y qué implicaría tenerlos. También lo es un arco de cinco episodios al principio de su tercera temporada que lleva al espectador a un territorio ocupado y le obliga a ponerse del lado de los rebeldes que recurren a terroristas suicidas para luchar contra los opresores, y que juzgan y ejecutan, en un tribunal fuera de la ley, a quienes consideran que colaboraron con los que estaban al mando durante la invasión. La Francia ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, los muyahidines, los campos de concentración… Esos cinco episodios encapsulan varios momentos históricos sobre los que pensamos que lo sabemos todo y nos llevan a replanteárnoslo. ‘Battlestar Galactica’ sabe que, estando ambientada en naves espaciales y en un punto indeterminado del universo y del tiempo, puede establecer esos puntos de conexión y salirse con la suya. Porque todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez.

El personaje

starbuck

Aunque hay personajes muy destacables pululando por la serie (desde la cylon Seis a la presidenta Roslin), hay uno que da la clave de la manera en la que ‘Battlestar Galactica’ reinventó la serie original de los 70; la teniente Kara “Starbuck” Thrace (Katee Sackhoff). En la primera versión de la historia, Starbuck era un hombre, el mejor piloto de la flota, el mejor amigo de Apolo y todo un pendenciero al que le gustaba beber, jugar y ligar con las chicas más guapas que fuera encontrándose por ahí. Sin embargo, al transformarlo en una mujer en la reimaginación, Starbuck adquirió otros matices que lo hacían más interesante. Kara sigue siendo la mejor piloto y también le gusta meterse en problemas, pero su relación con Lee “Apolo” Adama es más complicada, y también lo es su evolución a lo largo de las cuatro temporadas de la serie.

La teniente Thrace se sale del arquetipo del personaje femenino fuerte al estar peleando constantemente contra sus fantasmas personales, contra sus propios deseos autodestructivos y contra la sensación de que tiene un destino que cumplir que, sin embargo, desconoce. El suyo es un viaje hacia la autoaceptación, y sin que su capacidad para hacer su trabajo se vea mermada. Starbuck es tan capaz, o más, que sus compañeros varones, y cuando da problemas, nadie le echa en cara que sea mujer, sino que sea insubordinada y terca, por ejemplo. No fue ése el único caso en el que se cambió el género de personajes de la ‘Battlestar Galactica’ original. Boomer y el presidente de las Doce Colonias también pasaron a ser mujeres, y con papeles bastante más relevantes. Esto llevó, en un principio, a que los fans de la serie original denominaran, despectivamente, a la reimaginación “Galactica in name only”, pero fue la decisión que permitió a Moore y Eick explorar a fondo los temas de su punto de partida y separarse de la creación de Larson.

Los creadores

Los responsables de ‘Battlestar Galactica’ son David Eick y Ronald D. Moore, emparejados por Syfy para sacar adelante el proyecto. Eick (1968) era un antiguo directivo televisivo y productor que había trabajado, por ejemplo, en ‘Xena, la princesa guerrera’, mientras Moore (1964) era un guionista con una larga trayectoria a sus espaldas. Había escrito para ‘Star Trek: La nueva generación’, ‘Star Trek: Voyager’ y ‘Star Trek: Espacio Profundo 9’, para ‘Roswell’ y había trabajado como showrunner de ‘Càrnivale’. Cuando cayó en sus manos el proyecto de hacer un remake de la ‘Battlestar Galactica’ de 1978, no sólo decidió tomarse en serio los temas introducidos por esa serie, sino que añadió al guión del primer episodio un manifiesto en el que dejaba bien claro cómo sería esa nueva versión.

Allí ya expuso que su serie no tendría extraterrestres de maquillajes estrafalarios, que la nave se vería gastada y vieja, que se evitarían personajes arquetípicos como el experto en tecnología o el alien amistoso y, en resumen, que se iba a intentar “nada menos que la reinvención de la serie de televisión de ciencia ficción”. Ya las influencias que Moore y Eick reconocieron al principio de ‘Battlestar Galactica’ la separaban de otros títulos del género; ellos querían una estética más parecida a la de ‘Urgencias’ o los documentales bélicos que a la de ‘Star Trek’.

Cinco capítulos imprescindibles 

  1. ’33’ (1×01)
  2. ‘Pegasus’ (2×10)
  3. ‘Downloaded’ (2×18)
  4. ‘Exodus’ (3×03)
  5. ‘Revelations’ (4×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Syfy/Estados Unidos
Creadores: Ronald D. Moore & David Eick
Año: 2003-09
Reparto: Edward James Olmos, Mary McDonnell, Jamie Bamber, Katee Sackhoff, Tricia Helfer, Michael Hogan, Grace Park
Temporadas/capítulos: 4 (75), más una miniserie y dos tv movies
Otros: Remake de una serie de ABC de 1978
Dónde verla: Disponible en Netflix. Editada en DVD

‘Defiance’

Vivir juntos, morir juntos, funciona cuando tienes 
que seguir luchando. Es una mierda en la vida real

La construcción de mundos es uno de los aspectos más destacados de la ciencia ficción. Para que los personajes y sus aventuras sean creíbles, el mundo en el que se mueven tiene que serlo también. Ha de tener unas normas que tengan lógica interna, debe apreciarse como un universo en el que sus habitantes viven, trabajan, matan, conspiran, sueñan. Si para los personajes es real, es el único mundo que conocen, los espectadores deben poder darse cuenta de ello. Entre las series de género recientes, pocas han tenido un trabajo de construcción de mundo tan extenso como ‘Defiance’, una serie que llevaba el tema del contacto alienígena hasta sus últimas consecuencias.

Estamos en 2046, décadas después de que varias razas extraterrestres llegaran a la Tierra y estallaran las que se conocen como las Guerras Pálidas, enfrentamientos entre los humanos y esos alienígenas (llamados colectivamente los Votan) que dejaron, principalmente, un planeta terraformado por los extraterrestres. De resultas, el clima, la fauna y la flora terrestres cambiaron radicalmente, y también lo hizo el modo de vida de sus habitantes.

En la época en la que arranca la serie, humanos y Votan conviven pacíficamente (o más o menos pacíficamente) bajo el gobierno de la República de la Tierra, y gran parte del planeta se ha convertido en lo más parecido al Salvaje Oeste que podría haber en el siglo XXI. A una de esas ciudades, Defiance (la antigua St. Louis), llegan un ex combatiente humano y su hija adoptiva, una alienígena, que se ganan la vida vendiendo componentes de las naves espaciales Votan abandonadas que, de vez en cuando, caen a la superficie desde la órbita de la Tierra. Su estancia en Defiance va a ser sólo temporal, pero los esfuerzos de la ciudad por mantenerse independiente de la República de la Tierra, y las maniobras de algunos Votan por controlar lo que se esconde en sus minas, los llevan a quedarse.

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Defiance’ es, en realidad, un western. Kevin Murphy, su co-creador, explicaba en la revista Sci Fi Now que la serie seguía los ideales del escritor Robert Heinlein al apuntar que “era el gran creyente en iconoclastas desaliñados, individualistas y patrióticos que eran todos malhumorados libertarios y que recelaban de la religión organizada, el gobierno, el ejército y la gente que tenía el control. Eran leales a sus hombres y a sus vecinos, creían en cuidar de la gente en su vecindario. Eso está en el espíritu de Defiance”. Pero esos ideales son también los de las historias del Oeste. El individualismo y el concepto de hacerse a sí mismo que se veía en un título como ‘Deadwood’ está presente en los personajes de ‘Defiance’, muchos de los cuales llegan a la ciudad para reinventarse y empezar de cero. Una de sus alienígenas más interesantes, Stahma Tarr, ve la Tierra como la gran oportunidad para escapar de la sociedad patriarcal de su raza, los castithan, y tener el poder y la autonomía que en su planeta nunca le habrían reconocido.

‘Defiance’ muestra una Tierra en la que están obligados a convivir los humanos con varias razas alienígenas que, básicamente, los colonizaron

La convivencia de las rígidas costumbres y la contenida apariencia de los castithan, el lado más hippie de los irathient o los inquietantes secretos escondidos bajo el sarcasmo de los indogene con unos humanos que sólo buscan ganarse la vida de la mejor manera posible es una gran fuente de conflictos para la serie. Si se sustituyen todas esas razas alienígenas por colonos blancos, indios y esclavos negros, se obtiene el esquema básico de un western con un gran potencial para el comentario social. Y ‘Defiance’ intenta varias veces ese comentario, ya sea a través de la respuesta de la ciudad a una enfermedad de la que parecen ser portadores los irathient, a las consecuencias psicológicas que las Guerras Pálidas tuvieron en quienes las lucharon. La serie procura no quedarse en la mera traslación de las tramas típicas de las space operas a un entorno de western, y a veces logra presentar situaciones interesantes de convivencia y resquemores entre las diferentes razas que habitan la zona.

Lo más destacado es el cuidado con el que se crean las especies extraterrestres, cada una con su propio lenguaje, sus costumbres y su estilismo, que responde a la manera en la que ven el mundo. Los irathient a veces caen demasiado en el lado de los nativos americanos, pero las misteriosas, e inquietantes, actividades de los indogene durante la guerra, y su distanciamiento emocional y psicológico del resto de razas, son uno de los puntos más interesantes y, al mismo tiempo, menos explorado por la serie.

‘Defiance’ va profundizando en su mundo y complicando las cosas para sus protagonistas poco a poco, conforme van transcurriendo los capítulos. Hay un lado místico y legendario referido a lo que oculta la antigua ciudad de St. Louis, enterrada en las minas, que va adquiriendo mayor relevancia en la serie, pero que no es lo más destacado de ella. Es justo la construcción de ese universo en el que los humanos ya no son la única raza inteligente y dominante en la Tierra, y en el que se ven obligados a asumir esa nueva posición, donde la serie termina aportando algo diferente al género.

En lo que este título de Syfy sí fue pionero fue en su estrategia transmedia. Su debut coincidió con la puesta en marcha de un MMORPG, un juego online multijugador, y una y otro se retroalimentaban en sus tramas. Se buscaba ofrecer a quienes vieran la serie, y jugaran al videojuego, una experiencia completa dentro del mundo de ‘Defiance’, que por esa razón tenía que estar pensado hasta el más mínimo detalle. Los personajes del MMORPG se movían por otras partes de ese universo, pero protagonizaban, por ejemplo, historias que se mencionaban en la serie, o permitían vistazos a lugares de los que Nolan hablaba y que, en ocasiones, acababan apareciendo en televisión.

Fue una manera distinta de representar también el cambio de rumbo de Syfy, que había confiado en los procedimentales fantásticos para relanzar su marca y dejar atrás su vieja denominación de Sci Fi Channel, y que con ‘Defiance’ volvía a las historias más de ciencia ficción y a las space operas. Aunque ésta en concreto, cancelada en la tercera temporada, no fuera todo lo longeva que les habría gustado.

El personaje

stahma

El protagonista nominal de ‘Defiance’ es Nolan (Grant Bowler), el ex soldado que acaba como sheriff de la ciudad, pero la mejor creación de la serie, probablemente, sea Stahma Tarr (Jaime Murray). Es una mujer castithan perteneciente a sus clases altas y cuyo marido quiere controlar todo el crimen organizado del lugar, ya sean apuestas, bares de mala muerte o negocios de extorsión a cambio de protección. Datak Tarr (Tony Curran) parece, al principio, el gran villano de la serie, pero poco a poco vamos comprobando que el verdadero cerebro es Stahma, que maniobra como si fuera Lady Macbeth alrededor de su marido.

La cultura castithan fuerza a la mujer a una posición sumisa, algo contra lo que ella lucha sutilmente al principio, y de manera más abierta después, maniobrando para quedarse con los negocios de su marido y obligarlo a que la reconozca como una socia de igual a igual. Los Tarr terminan siendo los personajes con un trayecto vital más interesante de todos, pues pasan de disfrutar de cierta posición de poder a acabar peleando por sobrevivir. La Tierra les ofrece una oportunidad de reinvención, y de redención, que ‘Defiance’ desarrolla casi hasta sus últimas consecuencias.

El creador

Kevin Murphy, co-creador de “Defiance” junto a Rockne S. O’Bannon (que aportó buena parte de las ideas iniciales) y Michael Taylor, y showrunner de la serie, tiene una heterogénea carrera a sus espaldas, una en la que no parece que un western de ciencia ficción como éste fuera a ser un proyecto para él. Pero no era la primera vez que había trabajado en el género. Participó en ‘Caprica’, el spin off precuela de ‘Battlestar Galactica’ centrado en el origen de los cylones a través de la rivalidad entre dos familias, los Adama y los Greyson, aunque es cierto que otros créditos televisivos suyos incluyen ‘Mujeres desesperadas’ y ‘Hellcats’, un título juvenil de animadoras. Donde Murphy es también conocido es en Broadway. Se encargó de escribir el musical satírico ‘Reefer Madness’ y de la música de la adaptación al teatro de ‘Una rubia muy legal’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The serpent’s egg’ (1×06)
  2. ‘The cord and the ax’ (2×03)
  3. ‘Doll parts’ (2×11)
  4. ‘My name is Datak Tarr and I have come to kill you’ (3×08)
  5. ‘Upon the march we fittest die’ (3×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Syfy/Estados Unidos
Año: 2013-15
Creadores: Rockne S. O’Bannon, Kevin Murphy y Michael Taylor
Temporadas/capítulos: 3 (38)
Reparto: Grant Bowler, Stephanie Leonidas, Jaime Murray, Tony Curran, Julie Benz, Jesse Rath, Graham Greene
Otros: Desarrollada en conjunción con un videojuego MMORPG
Dónde verla: Las dos primeras temporadas están editadas en DVD

‘Babylon 5’

Era la última y mejor oportunidad para la paz”.

Una ONU en el espacio. Ésa es la mejor descripción de lo que es la estación espacial Babylon 5, un lugar que debe servir como punto de encuentro entre las diferentes especies extraterrestres que están continuamente en conflicto o, directamente, guerreando, y proporcionarles un lugar neutral donde puedan resolver sus problemas por la vía pacífica del diálogo. Sin embargo, la Organización de Naciones Unidas real se ha visto siempre asediada por rencillas entre países e intereses variados que han saboteado desde dentro algunos de sus intentos por dar respuesta a importantes conflictos.

Ésa es, en gran parte, la trama de ‘Babylon 5’, una de las series más ambiciosas que ha dado la televisión, creada por el guionista J. Michael Straczynski como una novela en cinco partes y con la pretensión de devolver a la ciencia ficción, y al subgénero de las space operas, cierta seriedad. De hecho, Straczynski se autoimpuso seis normas para sacar a este tipo de series del estancamiento que vivían entonces y acercarlas un poco a lo que ‘Canción triste de Hill Street’ supuso para las historias de policías:

  1. Tiene que ser buena ciencia ficción.
  2. Tiene que ser buena televisión.
  3. Tiene que adoptar un tratamiento adulto de la ciencia ficción.
  4. Tiene que poder hacerse.
  5. Tiene que verse como ninguna otra cosa vista antes en televisión.
  6. Tiene que presentar no sólo historias individuales, sino que tiene que encuadrar esas historias en un panorama mucho mayor.

Así, ‘Babylon 5’ comenzó su andadura con la tv movieThe gathering’, en la que se nos presentaba la estación espacial, la última de su tipo después de que diferentes problemas acabaran con las anteriores. Está bajo mando de los humanos de la Tierra, pero en ella conviven los minbari (con los que los humanos libraron una cruenta guerra que acabó repentinamente), los misteriosos vorlon (ocultos en enormes trajes protectores) y dos civilizaciones que están siempre al borde de la guerra, los narn y los centauri.

Entre ellos se mueven enviados del gobierno terrestre, que está derivando hacia el totalitarismo, y un extraño tipo que actúa en nombre de las Sombras, una fuerza malvada y antigua. Durante las cinco temporadas que duró la serie (con bastantes altibajos por la desaparición de su cadena, PTEN, cuando estaba por la cuarta entrega), los espectadores fueron viendo cómo se desplegaba poco a poco la historia más amplia que Straczynski quería contarles, una historia en la que tuvo tiempo hasta de incluir una evidente alegoría a la guerra de los Balcanes y la inoperancia del Consejo de Seguridad de la ONU en aquel conflicto.

‘Babylon 5’ se tomó completamente en serio el género de la space opera, aprovechando al máximo el potencial para hacer comentario social y para presentar una visión más adulta de las aventuras espaciales, aunque siguiera utilizando maquillajes muy elaborados para los extraterrestres y los efectos especiales no fueran demasiado avanzados (hay que tener en cuenta que estamos a mediados de los 90). La serie se molestó en presentar el vuelo de una nave por el espacio de una manera realista, y las cuestiones morales y políticas eran fundamentales para sus personajes. Narrativamente, favoreció los arcos largos, para toda la temporada como mínimo, y sus personajes no estaban tan definidos como “héroes” y “villanos”, lo que entonces era toda una novedad.

Straczynski aprovechó esa estructura en cinco temporadas para ir lanzando toda la historia poco a poco. La primera entrega, por ejemplo, es una space opera un poco más tradicional, que reutiliza tramas clásicas del género como el antiguo compañero que vuelve con intenciones poco claras y tiene a los dos embajadores narn y centauri (G-Kar y Londo Mollari) más como alivios cómicos que otra cosa. También en esa entrega es cuando se presenta a un personaje tan memorable como la comandante Ivanova, la segunda al mando de Babylon 5 y alguien que no tolera la incompetencia, y lo hace saber con un sarcasmo que la hizo muy popular entre los fans. Sin embargo, ese personaje, y toda la primera temporada, representan también los imprevistos que pueden surgir en una serie de televisión, y que ni siquiera la cuidada planificación de Straczynsky podía eludir.

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A través de Ivanova, por ejemplo, los espectadores tenían que saber más sobre Talia Winters, telépata que representaba en la estación la deriva totalitaria del gobierno de la Tierra a través del Cuerpo Psíquico. Los miembros de esa organización utilizaban su capacidad para leer la mente para detectar elementos subversivos y, así, mantener el control sobre los humanos, pero Talia empieza a sufrir pequeñas crisis en el desempeño de su deber. Una de esas crisis implicaba una naciente relación con Ivanova que, sin embargo, nunca llegó a desarrollarse del todo porque Andrea Thompson, que interpretaba a Winters, se marchó al acabar la primera temporada. Y algo similar ocurrió con el comandante Sinclair, el primer responsable de Babylon 5. El actor Michael O’Hare abandonó la serie en su primera entrega porque sufría diversos problemas mentales, así que Straczynski tuvo que modificar su historia para justificar la marcha de Sinclair y la llegada de John Sheridan como nuevo capitán de la estación.

‘Babylon 5’ se planteó tomarse totalmente en serio la space opera y reivindicarla como un género a tener en cuenta

La serie hasta tuvo que superar la desaparición de su cadena, PTEN, en su cuarta temporada, por lo que su creador escribió su episodio final para que pudiera funcionar como un cierre definitivo en el caso de que no pudieran encontrar otro hogar, que acabaría siendo TNT. Todas esas vicisitudes no hicieron más que fortalecer el amor de sus fans por ella y reforzar su posición como una verdadera serie de culto.

Sí es cierto que ‘Babylon 5’ se vio envuelta en una pequeña polémica al principio, cuando se anunció que Paramount estaba desarrollando otro spin-off de la saga ‘Star Trek’, ‘Espacio Profundo 9’, que estaría ambientado en una estación espacial. Había unas cuantas similitudes entre ambas series que, inicialmente, levantaron molestias entre los fans de ‘Babylon 5’, pero esas similitudes demostraron ser superficiales, como mucho. ‘Espacio Profundo 9’, de hecho, nunca pudo adentrarse por los territorios más oscuros de ‘Babylon 5’ porque los productores pensaban que, así, se traicionaba el espíritu optimista de ‘Star Trek’ (algo de lo que siempre se quejó amargamente el guionista Ronald D. Moore, y de lo que después se desquitaría en ‘Battlestar Galactica’), así que Straczynski sí que pudo ir valientemente donde ningún otro hombre había ido nunca. Al menos, en la ciencia ficción televisiva hasta aquel momento.

El personaje

G´Kar

Hay bastantes personajes muy interesantes en ‘Babylon 5’, desde la comandante Ivanova y su pragmática, y un poco pesimista, manera de ver el mundo (a lo ruso, diría ella), a la embajadora minbari Delenn o el vorlon Kosh. Sin embargo, por su evolución a lo largo de la serie y los tintes trágicos que adoptó, uno de los personajes favoritos de los fans es G’Kar (Andreas Katsulas), el embajador de los narn. Cuando empieza la serie, forma el alivio cómico junto con Londo Mollari, embajador de los centauri, y con el que mantiene una relación de amistad-desconfianza por las tensiones y guerras que ha habido entre ambas razas desde hace siglos. En la última de esas guerras, los narn humillaron a los centauri, y Londo aprovecha una oportunidad que se le presenta en la segunda temporada para vengarse de ellos.

G’Kar se convierte entonces en una figura trágica, alguien que intenta llamar la atención del resto de las razas presentes en la estación para que ayuden a los narn frente a un enemigo mucho más poderoso que está aniquilándolos, pero no logra la intervención de nadie. Ninguna raza quiere interponerse en un conflicto que consideran “local”.  Su trama es toda una alegoría de la guerra de los Balcanes, y G’Kar adquiere un aura de dignidad y de desesperación que eleva ‘Babylon 5’ de una space opera más o menos conseguida, a una obra mucho más seria. Y en su evolución no puede dejarse de lado la de Londo Mollari (Peter Jurasik), que vende su alma al diablo por esa obsesión absurda de los centauri por recuperar el honor y la gloria perdidos, por conseguir que el resto del universo los tome en serio. El modo en el que ambos embajadores pasan a ser los personajes más complejos, desde sus inicios como dúo tirando a cómico, es uno de los mayores logros de la serie.

El creador

J. Michael Straczynski (1954) ha pasado a la historia por ser uno de los primeros guionistas en crear una serie de televisión con un arco de cinco temporadas ya planeado y establecido. Empezó su carrera como periodista, pero rápidamente fue escribiendo para espacios de radionovelas y, además, presentó un programa sobre ciencia ficción, a finales de los 70, en el que entrevistó a algunos de los autores más importantes del género. Así es, por ejemplo, como terminaría logrando que un autor tan reconocido como Harlan Ellison escribiera algunos guiones para su serie.

Como guionista y novelista, Straczynski es realmente polifacético. Para televisión, escribió guiones para series animadas como ‘He-Man y los Masters del Universo’, para ‘La dimensión desconocida’, ‘Se ha escrito un crimen’ y hasta en ‘Walker, Texas Ranger’, y en cine, es el responsable del guión de ‘El intercambio’, de Clint Eastwood. No obstante, su faceta más conocida tal vez sea la de escritor de cómics. Creó ‘Rising stars’, sobre unos jóvenes que de repente tienen superpoderes, y ha aportado guiones para Superman, Spider-Man, Thor o Los Cuatro Fantásticos, entre muchos otros.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Signs and portents’ (1×13)
  2. ‘Babylon Squared’ (1×10)
  3. ‘In the shadow of Z’ha’dum’ (2×16)
  4. ‘Severed dreams’ (3×10)
  5. ‘Endgame’ (4×20)

Ficha

Cadena/nacionalidad: PETN-TNT/Estados Unidos
Creador: J. Michael Straczynski
Año: 1994-98
Reparto: Jerry Doyle, Mira Furlan, Richard Biggs, Andreas Katsulas, Peter Jurasik, Bruce Boxleitner, Claudia Christian, Michael O’Hare, Jeff Conaway
Temporadas/capítulos: 5 (110), y seis tv movies
Otros: Tuvo un spin off, ‘Crusade’
Cómo verla: Editada completa en DVD en EE.UU. y Reino Unido