‘Survivors’

“Vamos a tener que empezar de cero otra vez.
Vamos a tener que reaprender las habilidades que 
habíamos olvidado”.

La gripe española de 1918 fue una de las peores epidemias que ha sufrido la humanidad en la época moderna. La combinación de las terribles condiciones en las que luchaban los soldados en la Primera Guerra Mundial, atrapados durante meses en trincheras llenas de barro, de la conexión más rápida entre distintas partes de Europa que ofrecía el ferrocarril y de los insalubres barrios donde vivía una buena parte de la población de las ciudades llevó a que 50 millones de personas sucumbieran en un año a un virus que, en la actualidad, sigue cobrándose algunas vidas todos los inviernos, debilitando los sistemas inmunes de personas ya muy enfermas y débiles.

El virus de la gripe, además, tiene la capacidad de mutar en cada temporada, razón por la que vacunarse una sola vez de él no protege en los años siguientes, y los científicos siempre han temido que, con su alto factor de contagio, si alguna de esas cepas se desarrollara en los animales y saltara a los humanos, la epidemia sería muy difícil de contener en el nuevo mundo hiperconectado actual, en el que un vuelo de cinco horas podría llevar a una persona enferma de gripe de Madrid a Moscú.

La movilidad cada vez más sencilla y rápida por todos los confines del globo aumenta el viejo temor a la plaga, a la pandemia, a la enfermedad que sea lo suficientemente potente y resistente como para acabar exterminando a una parte importante de la población mundial. El castigo bíblico nunca se pasa de moda.

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Lo que va variando es la epidemia concreta que acaba con la humanidad. La elevada mortalidad de la peste negra en la Edad Media puede considerarse todavía el “estándar” cuando la ciencia ficción se adentra en historias de pandemias, pero cada época ha tenido una enfermedad que concentraba los miedos del común de los mortales. En los años 80 pudo ser el sida y, casi veinte años después, el ébola, pero la gripe siempre ha tenido un hueco especial en al arsenal de armas biológicas utilizadas por los autores de ciencia ficción. Se contagia por el aire con gran facilidad y rapidez, y cualquier mínima tos puede activar todas las alarmas y los comportamientos más extremos. Y no hay más que imaginar una pandemia de gripe aún más fuerte que la de 1919 para crear un título post-apocalíptico como ‘Survivors’.

Originalmente, ese mundo arrasado por la gripe fue imaginado por Terry Nation, veterano guionista y novelista británico (responsable también del nacimiento de los daleks de ‘Doctor Who’), en la década de 1970, pero para cuando la BBC quiso hacer una lectura contemporánea, probablemente no imaginaba que sería mucho más relevante de lo esperado. Esta nueva ‘Survivors’ nos lleva a un Reino Unido actual, en el que lo que empieza como un serio caso de contagio masivo de gripe, acaba transformándose en una epidemia que acaba con la vida de buena parte de la población. Sólo quedan unos pocos supervivientes, gente que nunca llegó a infectarse, y que ahora tiene que encontrar la manera de seguir con sus vidas.

‘Survivors’ explora la cuestión más clásica en todas las historias post-apocalípticas: ¿qué tipo de sociedad se quiere crear? ¿Se aboga por un nuevo sistema, o se vuelve a caer en los vicios de siempre? En condiciones de supervivencia, ¿es el hombre bondadoso o, como creía Thomas Hobbes, por naturaleza, el hombre es un lobo para la hombre? La plaga de gripe es algo que ya ha quedado atrás para los supervivientes (esto no es una historia de zombies), y a ellos sólo les preocupa encontrar comida, agua, un techo donde guarecerse, y protegerse de quienes intenten quitarles algunas de esas cosas.

‘Survivors’ fue víctima de su propia premisa; la gripe aviar de 2009 retrasó su segunda temporada casi un año

Es cierto que hay, muy al fondo, una trama sobre unos científicos que buscan una manera de comprender qué ha pasado (o que pueden tener otros objetivos), y que una de las protagonistas cae enferma de gripe al principio de la serie y consigue recuperarse, pero ‘Survivors’ tampoco tuvo demasiado tiempo de explorar el mundo que había creado. Poco después de su emisión, en 2009, se desató la alarma por la gripe aviar, se generaron todo tipo de protocolos de actuación para evitar un contagio masivo a nivel global, los gobiernos compraron millones de vacunas a los laboratorios farmacéuticos y, al cabo de un año, aproximadamente, la tan temida pandemia no llegó a producirse. La BBC, sin embargo, no se atrevió a estrenar la segunda temporada de ‘Survivors’ en medio de aquel clima. La retrasó durante casi un año. Una serie que no era más que ciencia ficción, de repente se había convertido en la representación de los peores temores de la población. No se podía alimentar aún más la hoguera de la paranoia.

Por cierto, la gripe española de 1918 se llamó así porque fueron los periódicos españoles los primeros en informar de la epidemia.

El personaje

Survivors (2008) - Episode 1

La principal protagonista de ‘Survivors’ en Abby Grant (Julie Graham), una mujer que lleva una vida normal y corriente cuando se desata la pandemia de gripe, pero que tiene algo que la convierte en una persona muy valiosa; es la única que se contagió de la enfermedad y, aun así, logró recuperarse y sobrevivir. Eso hace que Abby sea el foco de la trama de conspiración empresarial que aparece con más relevancia en la segunda temporada, y a través de ella, los espectadores van averiguando qué causó la epidemia y qué objetivos buscan esos científicos que, al principio, no son más que misteriosas presencias esporádicas.

Abby es, también, la líder del pequeño grupo de supervivientes que centra ‘Survivors’. Ella sólo quiere, inicialmente, buscar a su hijo Peter, desaparecido en los primeros momentos de la pandemia, pero acaba ejerciendo también como la brújula moral de la serie, la persona que intenta mantener a los supervivientes dentro de los límites de la civilización, aunque ésta se haya derrumbado a su alrededor. Abby tenía sus principios muy claros, y que ese nuevo mundo los vaya poniendo a prueba era parte, igualmente, de la serie.

El creador


Adrian Hodges (1957) es más conocido por haber creador la serie fantástica ‘Primeval’, en la que un grupo de científicos se dedica a investigar la aparición, por todo el Reino Unido, de criaturas prehistóricas. A finales de la década de 2000, era una de las series más populares de BBC, así que no era extraño que, cuando la cadena quiso revivir la vieja serie de Terry Nation, acudiera a él para ponerla en marcha. Hodges es un guionista muy veterano, que ha trabajado en televisión como en el cine (en ‘Mi semana con Marilyn’, por ejemplo), y en los últimos años se ha encargado de ‘The musketeers’, una nueva adaptación de las novelas de Alejandro Dumas, también para BBC.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×06
  3. 2×03
  4. 2×05
  5. 2×06

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Creador: Adrian Hodges
Año: 2008, 2010
Reparto: Julie Graham, Paterson Joseph, Max Beesley, Zoë Tapper, Phillip Rhys, Nikki Amuka-Bird
Temporadas/capítulos: 2 (12)
Otros: Remake de una serie de 1975 creada por Terry Nation, basada en un libro suyo

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‘Dollhouse’

“La mente humana es como Van Halen.   
Si quitas una parte y no haces más que sustituirla, se degenera”.

Dos años antes de que Joss Whedon facturara una de las películas más taquilleras de todos los tiempos (‘Los Vengadores’), no era más que un guionista que arrastraba un culto de fans gracias a sus trabajos en televisión. ‘Buffy, la cazavampiros’ había renovado el género de instituto, casi sin que nadie se diera cuenta, utilizando vampiros, demonios y monstruos variados como alegorías de todos los temores habituales cuando uno está dejando atrás la adolescencia y entrando en la edad adulta, y aunque sus siguientes series no tuvieron el mismo éxito (‘Angel’ aguantó cinco temporadas en antena, pero a ‘Firefly’ sólo le dio tiempo a emitir once de los catorce capítulos que tenía rodados cuando FOX la canceló), cualquier noticia sobre un nuevo proyecto suyo enseguida provocaba que internet echara humo.

En 2008, se anunciaba que Whedon volvía a televisión, después de un intento fallido por poner en pie una película sobre Wonder Woman, y que lo hacía en una serie al servicio de Eliza Dushku, una de las actrices que habían pasado por ‘Buffy’, y que tenía un contrato de desarrollo de nuevos proyectos con FOX. La serie se llamaría ‘Dollhouse’, casa de muñecas, y tendría una premisa bastante original, pero que era al mismo tiempo un potencial campo de minas.

Esa casa de muñecas del título hacía referencia a una empresa que proporcionaba todo tipo de servicios a los clientes que pudieran pagarlo, servicios que llevaban a cabo los empleados de la casa, a los que se implantaba toda una gama de habilidades y recuerdos (y una personalidad) para que pudieran completar la tarea asignada. Una vez la finalizaban, esa identidad era borrada de su “sistema” y los “muñecos” quedaban como una tabula rasa, listos para recibir una nueva “misión” y, por tanto, una nueva personalidad. Lo perturbador de todo esto es que los activos de la casa de muñecas no eran robots; eran personas.

El punto de partida ya hacía que ‘Dollhouse’ tuviera unas implicaciones muy inquietantes. En cada capítulo veíamos a Echo, la protagonista, asumir diferentes identidades y realizar diferentes trabajos para los clientes de la empresa, y al espectador le resultaba muy difícil no pensar que, para muchos de esos clientes, la casa de muñecas no era más que un servicio de prostitutas de lujo, uno en el que podían elegir hasta el último detalle qué tipo de chica querían que fuera su acompañante esa noche, o ese día, o ese fin de semana. Al emitirse en una cadena en abierto como FOX, ‘Dollhouse’ nunca se adentró por ese territorio, pero era inevitable que no planeara sobre todos los episodios como una oscura sombra.

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La serie sí mostraba cómo el “borrado” de la mente de los activos no era tan perfecto, cómo quedaban leves trazos de cada personalidad en ellos, y cómo terminaba provocando que algunos de ellos empezaran a “despertar”, a readquirir su sentido de la individualidad y la autoconsciencia, y eso acarreaba muchos problemas. De hecho, la idea que latía bajo cada capítulo era que esa tecnología de implante de personalidad en otras personas podía ser tremendamente peligrosa si caía en manos de gente con dinero, poder y pocos escrúpulos. Llevaba al extremo la idea de la rebelión de los robots, pero aplicando casi los mismos principios que llevaban a que las máquinas se alzaran contra sus maestros humanos a personas corrientes, personas que se habían visto en dificultades y habían acabado en manos de la casa de muñecas, que se había aprovechado de ellas y las explotaba en su propio beneficio como esclavos sin voluntad.

Había, por supuesto, un agente del FBI que empezaba a investigar la casa de muñecas, sin saber muy bien dónde se estaba metiendo, y antiguos “muñecos” cuyos cerebros no habían podido soportar tanta descarga y borrado de personalidades diferentes, y en la segunda temporada, la serie exploró, a través de flashforwards, cómo sería un futuro en el que esa tecnología fuera portátil y estuviera al alcance de cualquiera con los suficientes medios para hacerse con ella. El subtexto de ‘Dollhouse’ era aterrador, pero nunca se llegó a mostrar del todo. Jugaba con las teorías sobre el control mental, la hipnosis, sobre la capacidad de sugestión y sobre los mensajes subliminales, temas que habían estado muy de moda durante la Guerra Fría, y también utilizaba otro tema todavía más viejo; la opresión de los más desfavorecidos por parte de los poderosos, y cómo los oprimidos acaban tomando conciencia de su identidad y despiertan.

El personaje

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Echo podía ser la protagonista de ‘Dollhouse’, pero pocos personajes encapsulan tan bien lo que es la serie como Topher (Fran Kranz), el técnico responsable de “cargar” las nuevas identidades en los muñecos y de borrarlas cuando finalizan su misión, de tal manera que, mientras no estén activos, sean lo más parecido a tablas rasas ambulantes, y prisioneras en la casa. Topher representa, inicialmente, uno de los arquetipos más recurrentes en las series de Joss Whedon, el del experto en tecnología, el geek del grupo, que es un poco más excéntrico que los demás y que, al principio, tiene el rol del secundario gracioso que a todo el mundo cae simpático. Topher está contento con su trabajo en la casa, siempre buscando mejoras en su tecnología y solucionando cualquier problema que pueda haber con los muñecos, y su evolución a lo largo de la serie va pareja a las revelaciones sobre lo que hay detrás, realmente, de la casa de muñecas.

La historia de cómo Sierra acaba en la empresa, por ejemplo, es uno de los momentos más inquietantes de ‘Dollhouse’, uno que apunta la dirección en la que iba a moverse el futuro de ese mundo, y en el que  Topher toma consciencia de que, tal vez, lo que él ha estado haciendo no es tan “chulo” como pensaba. Las secuelas de los sucesivos borrados e implantes de personalidades son muy reales (hay otro personaje en la serie, la doctora Saunders, que lo prueba), y las implicaciones que esa tecnología tiene, si cae por completo en manos de hombres poderosos, terminan por transformar al personaje.

Los creadores

Joss Whedon era el impulsor de ‘Dollhouse’, pero como de él hablaremos bastante más adelante, fijémonos en dos de sus más estrechos colaboradores en esa serie, su hermano Jed (1975) y Maurissa Tancharoen (1975). Este matrimonio de guionistas es responsable, en la actualidad, de ‘Agents of SHIELD’, pero empezó a hacerse notar gracias a su participación en ‘Dr. Horrible’s Sing-Along Blog’, una serie web que Joss Whedon concibió y rodó durante la huelga de guionistas de la temporada 2007/08.

Los dos aportaron canciones, principalmente, a la historia de un aspirante a supervillano que se enamora de una chica a la que también pretende un arrogante superhéroe, y después tuvieron la oportunidad de probarse como guionistas de ‘Spartacus’. La serie de Starz contaba de nuevo la revuelta de Espartaco contra Roma con un estilo visual muy dramático, con sexo y violencia muy explícitos, y con el paso de las temporadas, bastantes críticos acabaron encontrándola mucho más interesante de lo que parecía en un principio.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Needs’ (1×08)
  2. ‘Epitaph One’ (1×13)
  3. ‘Belonging’ (2×04)
  4. ‘The Attic’ (2×10)
  5. ‘The Hollow Men’ (2×12)

Ficha

Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Creador: Joss Whedon
Año: 2009-10
Reparto: Eliza Dushku, Tahmoh Penikett, Olivia Williams, Fran Kranz, Dichen Lachmann, Enver Gojkaj
Temporadas/capítulos: 2 (26)

‘Los 100’

Quiénes somos y quiénes tenemos que ser para sobrevivir 
son dos cosas muy diferentes

En la imaginación de los autores de ciencia ficción, el mundo se ha acabado muchas veces. Una epidemia letal, un impacto de meteorito, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático o el apocalipsis preferido en la década de 1980, el holocausto nuclear, han destruido el planeta tal y como lo conocemos en incontables libros, películas y series, y lo que vemos después es cómo los supervivientes de aquel cataclismo se adaptan a ese nuevo mundo. En el caso de ‘Los 100’, los que logran sobrevivir a una guerra nuclear no se quedan en la superficie para averiguarlo; escapan a una gran estación orbital en la que se refugian esperando que, en algún momento, el efecto de la radiación no sea tan nocivo y les permita regresar.

En ese siglo que la humanidad ha permanecido en el espacio ha nacido toda una nueva generación que nunca ha pisado la Tierra, y cuyo mundo se reduce a unos módulos metálicos en los que hay que racionar los alimentos y donde todo se recicla, y hay un estricto control de la natalidad para no sobrepoblar la estación y, por tanto, preservar lo máximo posible el sistema de soporte vital.

‘Los 100’ es una clásica historia post-apocalíptica de supervivencia a toda costa

Pero éste tiene, inevitablemente, una fecha de caducidad, y 97 años después de que huyeran de la superficie del planeta, es más que probable que no les quede más remedio que regresar si no quieren morir en el espacio. Para comprobar si la Tierra vuelve a ser habitable, se envía a cien jóvenes delincuentes, encerrados por delitos que pueden ir desde el robo al gasto irresponsable de provisiones, con la misión de que informen al Arca si la humanidad puede volver a la superficie. Por supuesto, las cosas se torcerán desde el mismo momento en el que los adolescentes pongan un pie en esa nueva Tierra post-apocalíptica.

‘Los 100’ muestra un planeta en el que la radiación ha afectado de diferentes maneras a sus habitantes: los animales tienen mutaciones extrañas, los bosques se han adueñado de las ciudades desiertas y las personas que sobrevivieron a las bombas, y que se quedaron en la superficie, se han agrupado en tribus con sus propias normas, dejando de lado casi todos los avances tecnológicos de la época de la guerra. Los que vuelven del espacio tienen que aprender rápidamente a adaptarse a ese nuevo entorno si quieren sobrevivir, porque precisamente eso, la supervivencia, es el tema principal de la serie.

Toda buena historia post-apocalíptica gira en torno a ello: hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para seguir con vida, cómo evolucionaríamos en un medio ambiente hostil, cómo intentaríamos reconstruir una sociedad y qué haríamos para protegerla. ¿Abogaríamos por la violencia, o buscaríamos un contrato social, una manera de llegar a acuerdos y pactos para poder vivir en cierta paz? Estas preguntas se exploran en ‘Los 100’ a través de sus personajes adolescentes y, especialmente, de su gran protagonista, Clarke Griffin, una joven que debe aprender a marchas forzadas lo que implica ser la líder de su grupo.

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En Clarke se personifican todas las decisiones imposibles que los supervivientes tienen que tomar no sólo en la Tierra, sino también en el Arca, donde el bien de la mayoría es siempre el objetivo que motiva algunas de las acciones, a priori, más difíciles de justificar, aquellas en las que las series suelen dar vuelta atrás antes de que se vuelvan demasiado serias. ‘Los 100’ siempre las explora hasta sus últimas consecuencias, que es la razón por la que ha conseguido dar el salto de “jóvenes guapos viviendo aventuras en un bosque” a un título bastante valiente con los caminos por los que lleva a sus personajes.

La ciencia ficción juvenil (o young adult, como se la identifica más habitualmente en la actualidad) puede dar obras que realmente estén reflejando aspectos de nuestra sociedad que, de otro modo, sería un poco más complicado explorar. Si ‘Los juegos del hambre’ trata asuntos como las consecuencias de la conversión de las guerras modernas en espectáculos televisivos o la cultura de los reality shows, ‘Los 100’ se pregunta si, en esa nueva sociedad post-apocalíptica, dejaríamos de lado algunos de nuestros prejuicios y crearíamos algo más justo. ¿Seríamos capaces de hacerlo o, como decían en ‘Battlestar Galactica’, todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez?

El personaje

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El gran hallazgo de ‘Los 100’ es su protagonista, Clarke Griffin (Eliza Taylor), una adolescente que se ve obligada a asumir una posición de mando si quiere que sus compañeros sobrevivan a la estancia en la superficie de la Tierra. Clarke sigue el esquema del líder reticente, el que no se ve como jefe de todo su grupo, pero al que no le queda más remedio que hacerlo, que tomar las decisiones difíciles para que todos tengan una oportunidad de continuar con vida. En ese aspecto, sigue la tendencia de las protagonistas jóvenes y fuertes de la ciencia ficción juvenil de los últimos tiempos, personificadas en Katniss Everdeen, de ‘Los juegos de hambre’. Al igual que ella, a Clarke también le pesan las consecuencias de las cosas que tiene que hacer, pero no duda a la hora de llevarlas a cabo.

La evolución de Clarke a lo largo de la serie también ha puesto sobre la mesa otros temas poco tratados en la televisión norteamericana, como su bisexualidad, que nadie cuestiona y que no se presenta como un rasgo definitorio de su carácter. Y junto con ella, sería justo recordar otro de los hallazgos de ‘Los 100’, Lexa (Alycia Debnam-Carey), la comandante de los terrícolas. Ella representa a alguien endurecido por el mundo en el que vive y por la enorme responsabilidad que lleva sobre sus hombros, y es un espejo en el que Clarke puede mirarse y decidir si quiere seguir ese camino solitario, y de hermetismo emocional, o si prefiere buscar otra manera de ser una líder.

El creador

Aunque esté basada en un libro de Kass Morgan, la adaptación que hace Jason Rothenberg, su responsable, es bastante libre, por lo que puede decirse que es el creador de la serie. Rothenberg tenía poca experiencia como guionista de televisión hasta este proyecto. Su anterior serie, también para The CW, se titulaba ‘Body Politic’ y seguía a varios jóvenes trabajadores del Capitolio y de otras instituciones del gobierno de Estados Unidos, pero no pasó del episodio piloto.

‘Los 100’ es, por tanto, su gran carta de presentación en Hollywood, una en la que él mismo confiesa que tiene las mismas miras que ‘El Señor de los Anillos’ y ‘Juego de tronos’, en cuanto a amplitud del mundo que presenta, y a su voluntad por seguir hasta el final tramas que pueden derivar en lugares más oscuros de lo habitual para un título considerado, a priori, juvenil. Rothenberg también se ha visto en medio de agrias polémicas con los fans en las redes sociales, algo que ya entra en el contrato de los showrunners actuales.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Twilight’s last gleaming’ (1×05)
  2. ‘I am become Death’ (1×10)
  3. ‘Spacewalker’ (2×08)
  4. ‘Blood must have blood’ (2×15)
  5. ‘Thirteen’ (3×07)

Ficha

Título original: ‘The 100’
Cadena/nacionalidad: The CW/Estados Unidos
Creador: Jason Rothenberg
Año: 2014-
Reparto: Eliza Taylor, Paige Turco, Henry Ian Cusick, Isaiah Washington, Marie Avgeropoulos, Richard Harmon
Temporadas/capítulos: 3 (45)
Otros: Basada en una saga de libros de Kass Morgan
Dónde verla: Syfy España, Netflix

‘Black Mirror’

“No existe la gente real”.

Teléfonos móviles, tabletas, ordenadores portátiles, relojes inteligentes, reproductores de MP3… Nuestra vida cotidiana está repleta de pantallas, de los “espejos negros” a los que se refiere una canción de Arcade Fire que da título a esta serie de antología, y que incluye un verso que reza: “grabado por una cámara de seguridad, no puedes ver tu propia imagen y también mirarte a los ojos”.

Algo así estaba pensando Charlie Brooker cuando ideó ‘Black Mirror’ y la situó en un presente en el que las innovaciones tecnológicas más futuristas han dejado de serlo y nos permiten vivir totalmente en un mundo virtual, o grabar y compartir todo lo que experimentemos o bloquear, literalmente, el contacto con personas a las que ya no queremos más en nuestro entorno. Inspirado por Rod Serling y ‘La dimensión desconocida’, Brooker, que es un ácido y certero comentarista sobre la actualidad televisiva y la influencia de la tecnología en nuestras vidas en sus colaboraciones con el diario The Guardian, construye un mundo paralelo muy parecido al nuestro, por supuesto, y explora hasta dónde puede llegar nuestra fascinación con la tecnología, y lo que dicen de nosotros los usos que le damos.

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Brooker ha señalado en muchas ocasiones que su serie no es anti-tecnología, que los avances tecnológicos no son el problema, sino que son los humanos que los utilizan los que pueden representar uno. Y así, cada uno de los capítulos de su serie cuenta una historia independiente sobre uno de esos usos, sobre las consecuencias imprevistas que puede tener abrazar tan completamente una tecnología cuyo potencial no tiene límites.

Por supuesto, lo que ‘Black Mirror’ está haciendo, en realidad, es explorar las debilidades humanas, sus mezquindades, sus bondades y lo fácil que es ser cruel con otra persona cuando no la estás viendo cara a cara, la falta de empatía que puede acarrear estar siguiendo la evolución de un hecho a través de, por ejemplo, las redes sociales. Para un novio celoso, quizás no es lo más adecuado tener instalado en el cerebro una especie de chip que permite grabar y reproducir (y, en esencia, revivir) todas sus sospechas de que su chica está engañándole con otro, y si tu pareja acaba de morir, tal vez no es lo más sano que utilices un servicio que permite recrear su personalidad a través de su actividad en internet, y que construye una copia virtual de esa persona a la que acabas de perder. ¿Cómo afrontarías todo eso? ¿Te volvería loco? ¿Te ayudaría de verdad a superar la situación en la que te encuentras? ¿Considerarías la tecnología una herramienta útil o un estorbo?

Charlie Brooker ideó ‘Black Mirror’ como una manera de criticar la excesiva dependencia de las personas de la tecnología

Brooker se hace todas esas preguntas y las traslada a su serie, que es una destilación de todos sus intereses y sus obras anteriores. Ya parodió la obsesión con los reality shows tipo ‘Gran Hermano’ en ‘Dead Set’ y la invasión zombie de un programa de ese estilo, y se ha cachondeado de algunas de las convenciones más típicas de las series de detectives con ‘A touch of cloth’. En ‘Black Mirror’ aúna la sátira con historias muy humanas, incluso cuando lo que vemos en pantalla son nuestros peores comportamientos.Probablemente sea el primer episodio de su segunda temporada, ‘Be right back’, el que mejor presente la esencia de la serie. Su protagonista acaba de perder a su novio e incapaz por superarlo, encarga una réplica virtual de él. Ni que decir tiene que aferrarte a la persona que acaba de fallecer puede no ser el mejor remedio para afrontar su pérdida.

Su naturaleza de serie de antología, en la que cada capítulo cuenta una historia diferente, permite que los episodios se adentren en territorios que pueden resultar bastante oscuros Nada se libra de ser visto a través del espejo negro, del desencanto con la política a la espectacularización del crimen y la violencia, y cuando la serie realmente da en la diana, es en los momentos en los que hay menos crítica social, y más observación de los sentimientos y los comportamientos humanos. Es lo que dice de nosotros el uso de la tecnología lo que le interesa a Brooker y sus colaboradores.

Esa tecnología, además, es menos futurista de lo que podría parecer. Realmente hay aplicaciones para “reconstruir” a alguien que ha muerto a través de sus correos electrónicos y sus actualizaciones en redes sociales, hay empresas que crean réplicas inquietantemente realistas de otras personas (algo que también se ha reflejado en la serie ‘The Leftovers’) y existen gadgets que permiten que vivamos en una especie de realidad aumentada que sólo existe cuando llevamos puestas unas gafas, por ejemplo.

Si ‘Black Mirror’ puede dar escalofríos, es porque el mundo que muestra está a apenas diez minutos de distancia; el salto que nuestra imaginación debe dar no es tan significativo. Podemos vernos perfectamente utilizando el “grano” o jaleando a un personaje animado faltón y sin gracia como respuesta a los políticos tradicionales. El cómico italiano Beppe Grillo ya hizo ese experimento de verdad. Nada de lo que presenta la serie es tan descabellado. Broker explicaba ‘Black Mirror’ a la prensa británica con la siguiente frase: “Si la tecnología es una droga, y parece una droga, ¿entonces cuáles son, en concreto, sus efectos secundarios?”

El personaje

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Liam Foxwell (Toby Kebbell) es el protagonista de ‘The entire history of you’, el segundo episodio de ‘Black Mirror’, y tal vez sea el personaje que mejor define lo que es la serie, lo que ésta quiere contarnos. Es un tipo joven, con una buena profesión (es abogado), una relación estable con su novia, un grupo de amigos en el que todos se llevan bien y una buena casa. Es también el prototipo del joven profesional que se anima a probar todos los nuevos gadgets, alguien que se compra el nuevo iPhone o el smartwatch más moderno porque quiere estar a la última en tecnología. No es extraño, por lo tanto, que sea un usuario convencido del “grano”, un implante en el cerebro que permite grabar todo lo que vean sus ojos, almacenarlo y reproducirlo después como si fuera una película. Liam puede confirmar, así, si es correcta su sensación de que la entrevista de trabajo que acaba de hacer le ha salido mal, y también puede alimentar sus celos y sus sospechas de que su novia le está siendo infiel con uno de sus amigos.

Liam es una representación de una parte muy importante de la sociedad, la que abraza la tecnología y se entrega por completo a ella sin pensar en sus consecuencias. Él depende tanto del “grano”, se obsesiona tanto con que ese chip le permite grabar la realidad, que no se da cuenta de que, al final, dicha realidad sigue estando filtrada por su propia percepción, por sus sentimientos. El “grano” es imparcial, pero Liam no lo es. Podría ser comparable a la obsesión por compartir fotos de todos los momentos de nuestra vida en Instagram, por ejemplo, y que pretendamos utilizarlas para demostrar que tal persona estuvo en ese sitio cuando había afirmado estar en otro. La tecnología no hace más que acrecentar nuestras debilidades y nuestros fallos, porque nosotros mismos somos débiles y nos equivocamos.

El creador

Charlie Brooker (1971) es un periodista y guionista británico que empezó su carrera escribiendo para revistas de videojuegos, y que poco después comenzó a ejercer como crítico televisivo y, en general, de la actualidad y de cómo la presentan los medios de comunicación en el diario The Guardian. Su especialidad es la sátira informativa, que desplegó en el informativo humorístico ‘The 11 o’clock show’, y ha colaborado en diferentes programas de sketches en la televisión británica, muchos de ellos relacionados con la tecnología y con la manera en la que el público reacciona ante determinadas noticias.

La primera serie que creó fue ‘Dead Set’, en 2008, que aunaba todos esos intereses, más la crítica de la obsesión por la telerrealidad, al situar un apocalipsis zombie a las puertas de la casa de ‘Gran Hermano’, pero ha seguido participando en informativos satíricos y en especiales como ‘How videogames changed the world’, en el que repasaba los 25 videojuegos más influyentes de la historia. Parte del tratamiento de los reality shows que Brooker hace viene por el hecho de que su mujer, Konnie Huq, participó en los resúmenes semanales de las galas de ‘The X Factor‘, el talent show más popular del Reino Unido, cuyo éxito ha contribuido a crear a su propio tipo de celebrities.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The national anthem’ (1×01)
  2. ‘The entire history of you’ (1×03)
  3. ‘Be right back’ (2×01)
  4. ‘White Bear’ (2×02)
  5. ‘White Christmas’ (Especial Navidad 2014)

FICHA

Cadena/nacionalidad: Channel 4-Netflix/Reino Unido-Estados Unidos
Creador: Charlie Brooker
Año: 2011-
Reparto: Rory Kinnear, Jessica Brown-Findlay, Toby Kebbell, Jodie Whitaker, Hayley Atwell, Domnhall Gleason, Lenora Crichlow
Temporadas/capítulos: 2 (7)
Cómo verla: Editada completa en DVD en el Reino Unido. La tercera temporada se verá sólo en Netflix