‘Gravity Falls’

La realidad es sólo una ilusión
y el universo, un holograma”.

¿Cuántas obras de ficción han surgido de la nostalgia por los veranos largos y despreocupados de la infancia? ¿Por esos sueños de aventuras y esos amigos que hacíamos en nuestro lugar de vacaciones? ¿Por esa promesa de romper la rutina del colegio adentrándonos en lugares fuera de nuestro alcance el resto del año? ‘Gravity Falls’ es una de esas obras.

Su creador, Alex Hirsch, era un veinteañero con poca experiencia en televisión que decidió meter en una serie todas las cosas que le gustaban cuando era un niño y darles el pegamento de su relación real con su hermana gemela. De su afición por ‘Expediente X’ y su pretensión de hacer una ‘Twin Peaks’ mezclada con ‘Los Simpson’ nació ‘Gravity Falls’, la historia de un épico verano de Dipper y Mabel en el pueblo de su tío abuelo Stan, que tiene una tienda de curiosidades esotéricas llamada Mystery Shack como fachada de todas las estafas y estratagemas que está siempre ideando para ganar dinero sin dar, realmente, un palo al agua.

Los dos gemelos Pines tienen 12 años y, por casualidad, se encuentran un misterioso diario que detalla todas las cosas extrañas que ocurren en el pueblo. Hay monstruos de todo tipo, lugares mágicos y un villano interdimensional que busca todas las maneras posibles de dominar el mundo, y los únicos que pueden detenerlo son Dipper, Mabel, Stan, Soos, dependiente de la tienda con un intelecto no demasiado brillante, y Wendy, una adolescente sarcástica por la que Dipper enseguida se queda colgado. El niño se obsesiona con averiguar quién es el autor de ese diario (diarios, en realidad), y mientras investiga su identidad, va viviendo las aventuras más peculiares, divertidas e increíbles, muchas con un claro aroma al cine y la televisión fantásticos de los 80 y principios de los 90.

No hay límite para todo lo que puede ocurrir en ‘Gravity Falls’. La principal amenaza, que va presentándose poco a poco, es un apocalipsis interdimensional, pero ya resulta sumamente entretenido conocer al resto de habitantes del pueblo, tan excéntricos como algunos de los personajes que poblaban Twin Peaks, o a algunos de esos monstruos, extraídos directamente de la cultura popular. Hay zombies, big foot, brujas, búnkeres inquietantes y hasta agentes del gobierno que aparecen, de vez en cuando, para investigar el pueblo, y la serie se toma en serio la construcción de su mitología y de su trama serializada. Los fans se podían dedicar horas a buscar pistas que explicaran algunos de los enigmas del pueblo, y ‘Gravity Falls’ no se guardaba las respuestas demasiado tiempo. Su segunda y última entrega, por ejemplo, se dedica a resolver todas las dudas posibles.

MABEL, DIPPER

Sin embargo, donde la serie destaca especialmente es en la construcción de sus dos protagonistas. Hirsch reconocía en una entrevista en Collider que había trasladado allí su propia relación infantil con su hermana gemela, señalando que “tengo una hermana gemela de verdad, y yo era ese niño neurótico que llevaba 16 cámaras desechables a todas partes, y mi hermana realmente vestía jerséis estrafalarios y cada semana le gustaba un chico diferente, de forma ridícula. La principal relación de la serie es mía al 100%, de mi propia infancia”. El contraste entre Mabel, de personalidad más relajada y siempre dispuesta a pasárselo bien en cualquier situación, y la tendencia a preocuparse constantemente de Dipper deja algunos de los mejores momentos de ‘Gravity Falls’, especialmente en su apartado más cómico.

‘Gravity Falls’ logra integrar a la perfección el humor con las aventuras de misterio que le gustan a Dipper

Ahí también resulta clave su plantel de secundarios, liderado por Stan. Es un estafador de poca monta que se aprovecha de la fama del pueblo en cuanto a eventos misteriosos para vender los fraudes más descarados en su tienda, y arranca la serie sin estar muy seguro de querer tener a sus sobrinos nietos por allí. Los diversos planes de Stan para ganar dinero, a cada cual más chapucero, casi siempre se entrometen en la investigación de Dipper de los enigmas de Gravity Falls, y son acogidos con entusiasmo por una Mabel que le ve el lado positivo a todo.

Además de él, tenemos también a Soos, un chico no demasiado avispado que se presta a ayudar en todo, y a Wendy, que abre para los gemelos Pines una ventana al mundo de los adolescentes. Wendy es la chica cool que resulta, inevitablemente, muy atractiva para un niño a las puertas de la pubertad, pero su retrato también va evolucionando hacia algo más tridimensional. Cuando este quinteto se lanza en equipo a resolver algún problema, la serie suele alcanzar sus mejores cotas.

stan

La afortunada mezcla del humor y las aventuras de misterio ayudaron a que la serie no sólo fuera un éxito entre su público objetivo en Disney Channel, sino también entre adultos con ganas de sentirse un poco niños de nuevo, y que captaban algunas de las referencias más meta de sus capítulos. Eso le permitió contar con un reparto impresionante para que pusieran voz a algunos de sus personajes, y la intención de Hirsch de que la serie sólo durara dos temporadas aún elevó más su estatus de título de culto entre sus espectadores de más edad. Aparte de que la mitología de fondo de la serie está tan trabajada como podría estarlo la de títulos como ‘Perdidos’, por ejemplo, y la introducción de dimensiones alternativas y viajes en el tiempo permite que se pueda jugar con muchos más aspectos de su universo.

‘Gravity Falls’ cuenta un único verano, una época en la que Dipper y Mabel no sólo viven todo tipo de aventuras, sino en la que crecen y empiezan a dejar atrás su infancia. El trauma que tiene la segunda cuando se da cuenta de que está a punto de convertirse en una adolescente es muy significativo de todo lo que hacía bien la serie. Eso, y que su final aprovecha que en animación hay pocos límites a la imaginación para echar un pulso, en cuanto a épica y escala, a cualquier película de acción actual. Al fin y al cabo, es toda la dimensión espacio-temporal de Gravity Falls lo que está en peligro.

El personaje

dipper

Dipper Pines (Jason Ritter) es el protagonista principal de ‘Gravity Falls’. Es un niño un poco neurótico que, al principio, no está demasiado convencido de que pasar el verano con su excéntrico tío abuelo Stan vaya a ser una buena idea, pero al darse cuenta de que en ese pueblo pasan cosas inexplicables, pasa a obsesionarse con averiguar por qué. Su investigación de todos esos misterios, y de la identidad del autor de unos diarios que los recogen todos, es lo que impulsa la trama de la serie en su mayor parte.

Es fundamental la relación que tiene con su hermana gemela Mabel, sobre todo porque parte de la moraleja de ‘Gravity Falls’ es que tiene que aceptar que, conforme se hagan mayores, esa relación no se va a mantener igual y que es muy posible que se distancien mucho. Los peajes emocionales que se pagan al dejar de ser un niño forman parte del retrato no sólo de Dipper, sino de los dos gemelos Pines en conjunto, y le da otra capa a lo que, si no, sería un héroe juvenil un poco más habitual. Porque Dipper se lanza a resolver misterios y a luchar contra los malos (ya sean el pequeño y déspota Gideon o Bill Cifra) con el mismo arrojo con el que lo haría el héroe de otra historia de pugna entre el Bien y el Mal, pero conservando su lado de joven un poco estirado para otras cosas. Dipper y Mabel se complementan perfectamente, y por eso ‘Gravity Falls’ es, en realidad, una serie sobre su relación fraternal y cómo pueden mantenerla cuando dejen atrás la infancia.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Tourist trapped’ (1×01)
  2. ‘Dreamscaperers’ (1×19)
  3. ‘Into the bunker’ (2×03)
  4. ‘Not what he seems’ (2×11)
  5. ‘Dipper & Mabel vs the Future’ (2×17)

El creador


Alex Hirsch (1985) pertenece a una generación de renovadores de las series animadas infantiles en Estados Unidos que está liderada por Pendleton Ward, creador de ‘Hora de aventuras’, con el que coincidió mientras trabajaba en su primera serie, ‘Las maravillosas desventuras de Flapjack’. Hirsch estudó en CalArts, el prestigioso Instituto de las Artes de California de donde habían salido los animadores que resucitaron Disney en los 80 y los 90, y antes de crear ‘Gravity Falls’ para esa compañía pasó por el otro gran canal de animación en Estados Unidos, Cartoon Network, conocido por probar series con conceptos peculiares o tonos muy diferentes de lo habitual.

Hirsch concibió su serie como una oda a sus propias experiencias de infancia en sus vacaciones de verano en Oregón, en una cabaña en el bosque sin televisión y en la que su principal pasatiempo era dejar volar su imaginación. Entre esos recuerdos y su afición por el misterio cuando era un niño, creó ‘Gravity Falls’ sin haber cumplido aún los 30, otra nota en común con esos renovadores de los dibujos animados para niños en canales tan establecidos como el propio Disney Channel, Cartoon Network o hasta Nickelodeon.

Ficha

Cadena/nacionalidad: Disney Channel/Estados Unidos
Año: 2012-16
Creador: Alex Hirsch
Reparto (voces): Alex Hirsch, Jason Ritter, Kristen Schaal, Linda Cardellini
Temporadas/capítulos: 2 (40)

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‘Salto al infinito’

¿Y si pudieras encontrar nuevos mundos aquí,
en la Tierra? Donde todo es posible.
Mismo planeta, diferente dimensión”.

Los multiversos, las dimensiones paralelas, son un clásico de la ciencia ficción y, sobre todo, son un clásico en los cómics. Superhéroes como Flash los han exprimido hasta la última gota y más allá (la editorial DC tiene toda una serie de historietas ambientada en una Tierra paralela, ‘Tierra 2’), y en muchas space operas era habitual encontrarse un capítulo en el que los protagonistas se encontraban en un “mundo bizarro”, un reflejo distorsionado del suyo y que funcionaba de modo paralelo. ‘Mirror, mirror’, de ‘Star Trek’, fue uno de los primeros capítulos en mostrar una historia así en televisión, pero luego llegarían series enteras que permitían incluso el viaje entre diferentes dimensiones paralelas.

La serie que se animó más en serio a explorar esa posibilidad fue ‘Salto al infinito’, o ‘Sliders’, un título que, en realidad, aplicaba lo que solía hacerse con los viajes en el tiempo a los desplazamientos entre realidades paralelas. Hasta arrancaba con un científico construyendo una máquina que le permitía realizar esos viajes. En este caso, se trataba de un universitario que investigaba agujeros de gusano, figuras teóricas desarrolladas a partir de las ecuaciones de la teoría de la relatividad de Einstein, que permiten “doblar” el tejido del espacio-tiempo y, de ese modo, tender un puente (el puente de  Einstein-Rosen) entre dos puntos de ese continuo espacio-temporal. Así se podría viajar, teóricamente, de un extremo al otro del universo en apenas segundos si se encontrara, o se generara, el agujero de gusano adecuado. Y si se fuera capaz de mantenerlo abierto y estabilizado.

Quinn Mallory, el protagonista de la serie, logra abrir un agujero de gusano por casualidad, mientras investiga la generación de antimateria, y sin saberlo, ese agujero lo transporta a una Tierra paralela. Desde ese momento, y con la colaboración de su profesor y otros amigos, Mallory se esfuerza por regresar a su dimensión, pero las cosas no son tan sencillas. Porque sólo disponen de un tiempo limitado de estancia en esos mundos paralelos; los “portales” de acceso se abren sólo por un tiempo determinado y, si no los atraviesan en ese momento, tienen que esperar casi 30 años a que vuelvan a darse las circunstancias para que aparezcan. Y, además, todas esas dimensiones, a veces, son difíciles de distinguir de la “original”, la primera de la que partió Mallory inicialmente. ‘Salto al infinito’ seguía, al menos en las primeras temporadas, la tendencia más clásica en las historias de multiversos, que es que son ligeramente diferentes entre sí porque sus habitantes tomaron distintas decisiones en cada uno de ellos.

‘Salto al infinito’ partía de la teoría de que la toma de cada dimensión paralela era sólo ligeramente diferente de la “original” de Quinn Mallory

Quinn pudo besar o no a su mejor amiga, Wade. En una dimensión lo hizo; en otra, no, y esos genera, a su vez, otros cambios. Para la serie, la frase del poeta Paul Éluard, “hay otros mundos, pero están en éste”, es cierta de una manera muy literal, y todos ellos son versiones ligeramente distintas unos de otros.

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‘Salto al infinito’ lidiaba a veces con tramas que entraban en el terreno de las ucronías, o las historias alternativas en las que John F. Kennedy no había sido asesinado, por ejemplo. Sin embargo, esa original manera de afrontar una serie así no duró demasiado. En la segunda temporada ya se introdujo una raza humanoide, los Kromagg, que utilizaban los vórtices entre dimensiones para conquistar otros mundos, y a partir de la tercera se descartó al personaje del profesor de Mallory y se buscó un tono más de acción, y con menos raíces en la ciencia ficción, reciclando tramas de películas de éxito en la época, como ‘Twister’ y ‘Parque Jurásico’, para intentar recolectar con la audiencia. Pero ésta ya no estaba interesada.

‘Salto al infinito’ viviría sus dos últimas temporadas en Syfy, pero era esencialmente otra serie diferente, una en la que sus protagonistas tenían que luchar contra una invasión de Kromaggs en su Tierra original. Lo que era la idea inicial sólo se mantuvo durante la primera temporada, mostrando una entretenida vuelta de tuerca las historias de viajes en el tiempo y de dimensiones alternativas.

El personaje

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Quinn Mallory (Jerry O’Connell) era el típico joven “cerebrito” que se utilizaba a mediados de los 90 para iniciar series de aventuras de este tipo. Se le presenta como un genio que se salta varios cursos en el instituto, lo que hace que los chicos más mayores se metan con él, y en la universidad se especializa en teoría de supercuerdas, lo que es algo no tan habitual para el protagonista de un título para el consumo masivo. Mallory es quien da pie a todas las peripecias que viven los personajes de la serie con su creación del vórtice que da paso a las diferentes dimensiones, pero a lo largo de la serie, su caracterización no se mantuvo demasiado coherente. En cierto momento al final de ‘Salto al infinito’, todos los personajes se llevaban fatal para generar un conflicto entre ellos que, teóricamente, tenía que crear drama y nuevas historias, pero que traicionaba lo que había sido la serie.

Curiosamente, su intérprete, Jerry O’Connell, ya se había hecho conocido a finales de los 80 por una comedia en la que su personaje era un adolescente que desarrollaba superpoderes, ‘Mi doble identidad’, y que le permitía continuar una carrera que ya había tenido en sus inicios un trabajo muy notable, la película ‘Cuenta conmigo’. En ‘Salto al infinito’, O’Connell llegaría a ser productor de sus últimas temporadas, y también se encargó de escribir y dirigir algunos episodios.

Los creadores


El dúo responsable de ‘Salto al infinito’ era Robert K. Weiss y Tracy Tormé, y su colaboración era particular por su diferente trayectoria en Hollywood. Weiss era más conocido por su trabajo como productor con “Z.A.Z”, o lo que es lo mismo, Jim Zucker, David Abrahams y Jerry Zucker, las mentes detrás de ‘Aterriza como puedas’, con los que hizo ‘Agárralo como puedas’ y sus secuelas. También colaboró con Lorne Michaels, creador de ‘Saturday Night Live’, en cintas como ‘Movida en el Roxbury’, y esta dedicación a la comedia no parecía apuntar a que sería el co-creador de un título de aventuras de ciencia ficción.

Pero Weiss, al mismo tiempo, está en el comité directivo de la Fundación X Prize, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a impulsar los avances tecnológicos mediante competiciones como el Ansari X Prize, que buscaba un vehículo que pudiera volar a 100 km. de altura, hasta el límite del espacio, y regresar a la Tierra. Su socio, Tormé, sí tenía más experiencia como guionista de ciencia ficción, pues había trabajado en ‘Odisea 5’, ‘Star Trek: La nueva generación’ y, después, en ‘Càrnivale’. Su relación con los ejecutivos de Fox durante la vida de ‘Salto al infinito’ no fue precisamente relajada. Una de sus principales quejas es que quería incluir, al final de cada episodio, algo que los uniera con el principio del siguiente (un truco que después utilizaría ‘Alias’), pero la cadena lo descartó porque le obligaba a emitir la serie en el orden previsto por Tormé, en lugar del que ella prefiriera.

Cinco episodios imprescindibles

  1. Piloto (1×01)
  2. ‘Into the mystic’ (2×01)
  3. ‘Post traumatic slide syndrome’ (2×08)
  4. ‘Double cross’ (3×02)
  5. ‘The Exodus’ (3×16)

Ficha

Título original: ‘Sliders’
Cadena/nacionalidad: Fox-Syfy/Estados Unidos
Año: 1995-2000
Creadores: Tracy Tormé y Robert K. Weiss
Reparto: Jerry O’Connell,  John Rhys-Davies, Sabrina Lloyd, Cleavant Derricks, Kari Wührer
Temporadas/capítulos: 5 (88)

‘Doctor Who’

Éste es quien soy aquí y ahora, ¿vale?
Todo lo que importa es aquí y ahora, y éste soy yo”.

Un loco con una caja azul. Así describe ‘Doctor Who’ a su protagonista principal, un alienígena que tiene dos corazones, ha vivido casi mil años porque tiene la capacidad de regenerarse en otro cuerpo y que viaja por todo el espacio y el tiempo gracias a su nave espacial, la TARDIS, que tiene la chocante forma de una cabina de teléfonos de la policía. ¿Parece una excentricidad de los ingleses?

En 1963, cuando la BBC empezó a emitir la serie, probablemente debía dar esa sensación. Fue creada para ocupar un hueco en los sábados por la tarde que quería llenarse con un programa infantil que pudiera ver toda la familia, y que aportara también un lado educativo. Así surgió la figura de un viejo profesor que se desplazaba por el tiempo como una excusa para enseñar historia del Reino Unido, que luego se convirtió en un alienígena, un Señor del Tiempo, que viajaba por todas partes acompañado de su nieta, que iba al colegio en la Tierra.

El programa de BBC ‘The Culture Show’ dedicó un especial al 50º aniversario de la serie, titulado ‘Me, you and Doctor Who’, en el que se detallaba el proceso de creación y puesta en pie de una serie en la que nadie, excepto los que estaban involucrados en ella, creía demasiado, y cuyo gran éxito casi desde su estreno fue toda una sorpresa. La mezcla de paseos por la historia pasada británica, de viajes a otros planetas y de encuentros con villanos tan despiadados y malvados como los daleks cuajó enseguida entre los niños, y de ahí a convertirse en toda una institución en la cultura británica había un trecho más corto del previsto.

Lo que en 1963 no era más que una serie infantil, está ya tan unida al acervo cultural británico como James Bond, Jane Austen o Harry Potter, si buscamos un ejemplo más moderno. Y había encontrado una estratagema realmente ingeniosa para asegurar su longevidad aunque su actor protagonista quisiera marcharse; el Doctor podía regenerarse cuando estaba cerca de la muerte. De este modo, hasta la actualidad, doce actores han interpretado a ese personaje (trece, si contamos a un Doctor “intermedio” al que daba vida John Hurt), de William Hartnell, que fue el primero, a Peter Capaldi, y también ha habido multitud de cambios en el puesto de productor ejecutivo. Cada nuevo Doctor (y cada nuevo responsable) imprime a la serie su propia personalidad, lo que favorece que, cada cierto tiempo, ‘Doctor Who’ se presente ante sus espectadores renovada y refrescada. No es como si fuera una serie diferente, pero sí que suele tener una energía diferente.

Tom Baker

‘Doctor Who’ ha pasado por muchas épocas, muchos altibajos de calidad y de audiencia, y su primera etapa (la clásica, como la conocen los whovians) se cerró en 1989 entre la indiferencia del público. La imagen que quedó de ella en el imaginario colectivo fue la de una serie con baratos efectos especiales y un tipo estrafalario corriendo de un lado para otro, y tuvo que llegar un intento de resurrección, fallido, en Estados Unidos y una nueva ola de ficción televisiva llegada desde el otro lado del Atlántico para que la BBC se animara a darle una segunda vida.

Desde 2005, ‘Doctor Who’ ha vivido un renacimiento todavía más exitoso que en sus inicios. Los dos productores ejecutivos que ha tenido, hasta el momento, en esta nueva época, Russell T. Davies y Steven Moffat, eran fans de la serie cuando eran niños y saben cómo enganchar a la audiencia para que lleve su experiencia viendo la serie a las redes sociales, pero también han mantenido unas características comunes que han hecho que los adultos puedan disfrutar de las aventuras del Doctor tanto como sus hijos. Ya no se fomenta tanto ese lado divulgativo con la historia británica, sino que se muestra una serie totalmente libre de prejuicios raciales, sexuales, sociales o morales.

Las “companion” son tan importantes en ‘Doctor Who’ como el propio Doctor; más en la época moderna de la serie

El centro de la historia se ha desplazado a las acompañantes, cuyos arcos son tan importantes como los del Doctor, y se ha apostado por introducir más tramas serializadas y misterios que tienen a los espectadores especulando durante horas en internet. ‘Doctor Who’ ha abrazado las nuevas formas actuales de narrar y de ver las series, y lo ha hecho manteniendo el mismo sentido de la aventura y la maravilla que Christopher Eccleston y Billie Piper desplegaron en el primer episodio de la nueva era.

El Doctor ha viajado por todo el espacio y el tiempo, ha luchado contra los peores villanos y ha ayudado a quienes lo han necesitado, y siempre acaba volviendo a la Tierra porque le admira la capacidad para la tolerancia, el amor y la solidaridad que tienen los humanos, aunque no siempre la pongan en práctica. Para el Doctor, todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero él tampoco es un héroe de una pieza. Puede ser implacable y cruel, pero también justo, divertido y maravilloso, y viajar a su lado expande hasta el infinito las existencias de sus acompañantes. También tiene consecuencias, y en su exploración es donde ‘Doctor Who’ ha demostrado que es una serie actual.

El personaje

diez

El Doctor es, desde luego, el gran personaje de la serie, aunque haya habido acompañantes memorables (como Sarah Jane, Jack Harkness, River Song o Rose) y también villanos muy destacables (como The Master). Pero es su héroe central el hallazgo de ‘Doctor Who’. Nadie sabe cuál es su verdadero nombre y no es fácil llegar a conocerlo. Siempre guarda un truco, un secreto, un as en la manga que no quiere que sepan ni sus acompañantes más queridas. Ellas, por cierto, juegan un importante papel en la serie, que es el de mantener al Doctor con los pies en el suelo, evitar que se crea un semidiós con la potestad de decidir sobre la vida y la muerte sólo porque tiene la capacidad de desplazarse en el tiempo y cambiar la historia. Aunque hay puntos fijos en el tiempo que ni él mismo puede alterar, pero es tema para tratar en otro sitio.

La época moderna de la serie presenta a un Doctor al que le persigue el trauma de haber cometido un genocidio para acabar una guerra larga y terrible y, por tanto, ser el último de su civilización, pero es un Doctor que siempre busca la diversión en todo lo que hace. No quiere viajar solo en la TARDIS (con la que tiene una relación bastante especial), y siempre está buscando gente con la que compartir las maravillas y la aventura de sus viajes. Consigue que los espectadores más talluditos puedan sentirse niños de nuevo y que fantaseen con subirse a esa nave más grande por dentro que por fuera. Pero el Doctor también obliga a sus acompañantes a que valoren el presente y a que no den prácticamente nada por sentado. Se pueden aprender muchas cosas a su lado, aunque no estén exentas de cierto dolor. Así es la vida.

El creador

El responsable de volver a poner en marcha ‘Doctor Who’ en 2005 fue Russell T. Davies, un guionista que había escrito para varias series infantiles de BBC y, después, había creado para ella ‘Queer as folk’, una comedia sobre un grupo de amigos homosexuales que resultó un enorme éxito (con remake en Estados Unidos incluido). Davies es un gran fan de ‘Doctor Who’, hasta el punto de trufar aquella serie de referencias whovian y de dar la lata periódicamente a la cadena sobre la posibilidad de relanzar la marca.

Cuando finalmente lo consiguió, Davies quiso hacer homenajes y guiños a la época clásica, al mismo tiempo que escribía aventuras más entroncadas con las tendencias de la ficción televisiva de principios de 2000, con personajes femeninos más relevantes y héroes y villanos menos maniqueos. La influencia de Joss Whedon y ‘Buffy, cazavampiros’ en esos primeros momentos de la nueva ‘Doctor Who’ ha sido reconocida por el propio Davies en varias ocasiones. El guionista consiguió que la serie volviera a ser todo un éxito en la BBC, y también fomentó que ese éxito traspasara las fronteras del Reino Unido. La abandonó en 2010 como un fenómeno a escala mundial.

Cinco episodios imprescindibles*

*(de la era moderna)

  1. ‘Rose’ (1×01)
  2. ‘The girl in the fireplace’ (2×04)
  3. ‘Blink’ (3×10)
  4. ‘Vincent and the Doctor’ (5×10)
  5. ‘Listen’ (8×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 1963-89, 1998, 2005-
Creadores: Sydney Newman, C.E. Webber y Donald Wilson
Temporadas/capítulos: 26 (813), más una tv movie
Reparto: Christopher Ecclestone, David Tennant, Matt Smith, Peter Capaldi, Billie Piper, Freema Agyeman, Catherine Tate, Karen Gillan, Jenna Coleman
Otros: Tuvo dos spin-off, ‘Torchwood’ y ‘The Sarah Jane Adventures’, y un tercero en preparación, ‘Class’

‘Stargate SG-1’

“-Coronel, los Estados Unidos no se dedican 
a interferir en los asuntos de otras personas.
-¿Desde cuándo?

En 1994, el director Roland Emmerich estrenaba ‘Stargate’, una película de aventuras de ciencia ficción en la que el ejército de Estados Unidos ensamblaba un misterioso arco con varios símbolos jeroglíficos a su alrededor. Cuando estos símbolos se situaban en el orden correcto, el arco se activaba y se transformaba en una puerta que llevaba a un planeta dominado por una civilización derivada de los antiguos egipcios, y la misión de exploración que envían los militares, en la que participa un egiptólogo, acaba saliendo mal, por supuesto. Protagonizada por Kurt Russell y James Spader, la película fue un enorme éxito, así que no era de extrañar que, dos años más tarde, el canal Showtime decidiera aprovechar su tirón en televisión.

La cadena llevaba ya un par de años pasando de las comedias de producción propia de sus inicios, a mediados de los 80, a títulos de género como una nueva versión de ‘Más allá del límite’ o una serie sobre ‘Poltergeist’, y las aventuras del coronel Jack O’Neill, Daniel Jackson y la capitán Samantha Carter entraban de lleno en su estrategia. Para ello, confiaron en Brad Wright, guionista de las dos series comentadas anteriormente, para poner en marcha el que acabaría siendo el título de ciencia ficción más longevo de la televisión estadounidense.

Stargate SG-1’ sigue a un equipo del ejército que trabaja con aquella primera stargate. O’Neill y Jackson, con la colaboración de la capitán Carter, se adentran en la puerta para explorar los diferentes mundos a los que da acceso, simplemente cambiando el orden de los jeroglíficos del arco, y aunque los goa’uld reeditan su papel de villanos de la película, uno de ellos, Teal’c, acaba formando parte del grupo de O’Neill. Así, se forma un equipo que desarrolla algunas dinámicas muy similares a las de las tripulaciones de las series de ‘Star Trek’, especialmente con la adaptación de Teal’c a las costumbres de sus compañeros humanos, y en el que hay a menudo discusiones sobre si el lado científico y de exploración no debería ser más importante que el militar.

De hecho, el personaje de Samantha Carter, soldado y, al mismo tiempo, científico residente del equipo, fue ganando cada vez más importancia en la serie, y no pocos periodistas estadounidenses lo utilizaron en bastantes ocasiones como un ejemplo de personaje femenino que podía tener una influencia beneficiosa en las nuevas generaciones de chicas y en la posibilidad de que se dedicaran a carreras científicas. Por otro lado, Teal’c permitía también profundizar en la sensación de desplazamiento, de no pertenecer a ningún sitio que podía tener un personaje como él. Entre los humanos no despierta confianza porque pertenece a una raza que intenta exterminarlos, y entre los goa’uld es tachado de traidor, alguien que ya no merece ser considerado parte de ellos.

La dicotomía entre lo militar y lo científico, y civil, impulsó muchas tramas de ‘Stargate SG-1’

‘Stargate SG-1’ tuvo tiempo de evolucionar mucho en diez temporadas, repartidas además en dos cadenas diferentes (Syfy la rescató al final de la quinta entrega), y en esas dos etapas acabó superando a la película de Emmerich, sobre todo gracias a un humor muy autoconsciente. El personaje del coronel O’Neill, interpretado por un veterano de la televisión como Richard Dean “MacGyver” Anderson, era quien aportaba la mayoría de los chascarrillos y de los comentarios irónicos a costa, muchas veces, de la actuación del ejército en las misiones. Si la ‘Stargate’ original giraba con fuerza alrededor de O’Neil y Jackson, la serie se volvió un poco más coral al darle la misma relevancia a Teal’c y a Carter, lo que enriqueció bastante más las tramas. Y se creó una compleja y vasta mitología alrededor de los Antiguos, la civilización que había creado las puertas, cuyo funcionamiento probablemente estuviera basado en los agujeros de gusano, estructuras teóricas de la física moderna que tienen la capacidad de “doblar” el espacio-tiempo y, de ese modo, permitir el viaje entre dos puntos lejanos del universo.

Las aventuras sin demasiadas pretensiones del equipo de O’Neill calaron entre el público aficionado a la ciencia ficción y ‘Stargate SG-1’ acabó teniendo dos spin-off. El primero de ellos, ‘Stargate Atlantis’, se centraba en una base en el espacio, en la mítica Atlántida, construida por los Antiguos, y era un poco la ‘Star Trek: Espacio Profundo 9’ de la saga de las puertas estelares.

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En lugar de tener en la Tierra su centro de operaciones, los protagonistas de la nueva serie estaban destinados directamente al espacio, y en su tripulación se veía más de cerca la colaboración entre humanos y extraterrestres con la presencia de Ronon y Teyla. ‘Stargate Atlantis’ explotó más el lado humorístico y de diversión de su serie madre, y también creó unos villanos todavía más aterradores que los goa’uld, los Espectros. Entre ambas series se hicieron muy comunes los crossovers de personajes y las dos contribuyeron a construir un universo en el que tendría después cabida ‘Stargate Universe’, un intento de ficción un poco más seria, con un grupo de gente  atrapado por accidente en una antigua nave cuyo destino ignoran.

Las tres series estaban muy influidas por ‘Star Trek’ en la manera en la que los miembros de cada equipo stargate interactuaban con las civilizaciones alienígenas que se encontraban. La mitología de los Antiguos fue desarrollándose y profundizándose en las tres, y lo que se mantuvo también en ellas era la tensión entre los objetivos militares y los científicos, o meramente civiles. ‘Stargate Universe’, de hecho, basaba buena parte de sus tramas en ese conflicto, y en los otros dos títulos solía dar pie a diferentes discusiones sobre los beneficios de la exploración altruista, por el beneficio del conocimiento, y sin buscar la explotación por un lucro determinado.

Cuando ‘Stargate SG-1’ finalizó, en 2007, lo hizo por el deseo de Syfy de buscar un público más amplio a través de series menos espaciales, y que tuvieran más elementos fantásticos y más humor, un giro que se ejemplificó en títulos como ‘Warehouse 13’ o ‘Eureka’. La época de las space operas parecía haber quedado atrás.

El personaje

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Uno de los personajes creados específicamente para la serie, la capitán Samantha Carter (Amanda Tapping), es el que ha terminado encarnando mejor la personalidad propia de ‘Stargate SG-1’ frente a la película original de Roland Emmerich. Carter representa el enlace entre los dos mundos enfrentados, al principio, en la serie: el militar de O’Neill y el científico de Jackson. Es astrofísica, estudiosa de las stargate y, al mismo tiempo, piloto de combate, y eso le permite tener una visión más amplia de las misiones que llevan a cabo, y de la importancia de las puertas estelares.

Tanto Richard Dean Anderson (O’Neill) como Michael Shanks (Jackson) terminaron dejando la serie, pero Tapping no sólo se mantuvo en ella, sino que su personaje se convirtió en el nexo de unión entre los tres títulos de la franquicia. Su experiencia con las puertas y sus conocimientos científicos le daban siempre un mayor ascendente sobre el resto de personajes. Y lo interesante es que, aunque era evidente en la serie que Carter y O’Neill estaban enamorados el uno del otro, su relación nunca fue un aspecto definitorio del personaje.

Los creadores

Los dos responsables de ‘Stargate SG-1’ eran Brad Wright (1961) y Jonathan Glassner. El segundo se marchó tras la tercera temporada, mientras el primero continuó también supervisando ‘Atlantis’ y ‘Universe’. Ambos habían trabajado antes en ‘Más allá del límite’ y Wright ya tenía experiencia en series que adaptaban películas con la de ‘Los inmortales’. El éxito de ‘SG-1’ le dio las llaves, junto con el guionista Robert C. Cooper, de una de las franquicias televisivas más longevas en Estados Unidos, que hasta llegó a expandirse en dos películas producidas directamente para el mercado de DVD, ‘Ark of Truth’ y ‘Continuum’.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘There but for the grace of God’ (1×19)
  2. ‘Window of opportunity’ (4×06)
  3. ‘Abyss’ (6×06)
  4. ‘Heroes’ (7×17)
  5. ‘200’ (10×06)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Showtime-Syfy/Estados Unidos
Año: 1997-2007
Creadores: Brad Wright y Jonathan Glassner
Temporadas/capítulos: 10 (215), más dos tv movies
Otros: Basada en la película ‘Stargate’, de Roland Emmerich. Tuvo dos spin off, ‘Stargate Atlantis’ y ‘Stargate Universe’

‘Outlander’

Olvidas tu vida al cabo de un tiempo,
la vida que solías tener

Claire Randall es una veterana de la Segunda Guerra Mundial, una enfermera militar que, durante seis años, se acostumbra a ver cuerpos destrozados por balas, bombas y todo tipo de arma letal utilizada por el ejército alemán. Cuando finaliza la contienda, en 1946, Claire y su marido deciden tener la luna de miel que nunca pudieron disfrutar y se marchan a Escocia, a las Highlands.

Aquellas tierras tienen una historia sangrienta. Escocia fue un reino independiente hasta el siglo XIII, cuando el rey muere sin descendencia y Eduardo I de Inglaterra se posiciona como el pretendiente con mayores derechos a ese trono. Desde ese momento, las guerras contra los ingleses son continuas hasta en el siglo XVIII, cuando se unen ambos reinos mediante un tratado. El marido de Claire quiere buscar información sobre un antepasado suyo que sirvió en el ejército inglés durante aquellos años, y que se ganó una reputación de sanguinario y cruel entre los highlanders.

Pero allí también hay hueco para las leyendas y las historias mágicas, para lo que parecen cuentos sobre rituales celebrados de noche en círculos de piedras prehistóricos, círculos que aún albergan un gran poder. Claire descubrirá enseguida que ese poder es el de enviarla al pasado, a 1743, cuando en Escocia se fraguaba la rebelión jacobita que pretendía restaurar a un Estuardo en el trono de Inglaterra.

Outlander’ es, en realidad, más una serie de aventuras históricas que un título que de verdad se tome en serio el viaje en el tiempo. Éste es más una excusa para llevar a Claire al siglo XVIII, y a encontrarse allí con un highlander con el que vivirá su particular historia de amor, que un tema que la serie explore, pero el hecho de que su protagonista sea una mujer del siglo XX, que ha vivido una terrible guerra, atrapada en una época en la que los derechos de la mujer ni se planteaban, sí que ofrece un choque cultural que da pie a numerosas tramas y conflictos. Las supersticiones de los lugareños son difíciles de entender para ella, y sus conocimientos de lo que la Historia deparará a esa rebelión contra la Corona que están organizando los clanes (una dura derrota en la batalla de Culloden, en 1746) la sitúan en una posición muy delicada. Es una inglesa en medio de escoceses que se ven perseguidos y oprimidos por el ejército del rey Jorge II, y tiene que medir mucho sus palabras y sus actos si no quiere verse acusada de espía.

Aunque el viaje en el tiempo es el punto de partida de ‘Outlander’, no es después tan importante para el resto de la serie

La serie juega, así, con el truco del pez fuera del agua, de la persona que no encaja en un determinado escenario y que tiene que aprender con rapidez a integrarse. ‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’, de Mark Twain, ya presenta una situación muy parecida a la de ‘Outlander’, sin el componente romántico; a Twain le interesa más la sátira social, pues su protagonista aparece en la Inglaterra del siglo VI llevando a cuestas sus conocimientos sobre la tecnología del siglo XIX y su protestantismo, una religión que no aparecería hasta el siglo XVI. Claire, por su parte, no quiere cambiar nada (al menos, al principio). Su único objetivo, inicialmente, es volver a su tiempo, pero cuando vea que eso no es tan sencillo, intentará adaptarse a su nueva vida en 1743.

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‘Outlander’ podría ser una evolución de las historias tradicionales de viajeros temporales. Si uno de ellos se queda atrapado en una época determinada, y tuviera que vivir en ella durante años, si no para siempre, ¿se integraría completamente en ese nuevo tiempo? ¿Mantendría algo que lo delataría como diferente? ¿Conseguiría que sus vecinos dejaran de observarlo con ciertas reticencias?

La visión de una determinada época histórica a través de los ojos de un viajero del futuro puede darle un tono diferente a una serie. Claire está asistiendo al declive del estilo de vida de los clanes de highlanders, algo de lo que ellos, lógicamente, no son conscientes. Y aunque utilice en ocasiones su experiencia de 1945, como en su faceta de sanadora, se dedica a intentar integrarse. El tirón entre su tiempo y su nueva situación se representan con esos dos hombres que forman parte de su vida, su marido y Jaime Fraser; cada uno está en una época diferente, ejemplifican modos de vida diferentes y, de algún modo, ponen a Claire ante la dicotomía de elegir quién quiere ser. La guerra ha marcado los últimos seis años de su vida. ¿Quién es ella lejos de los hospitales de campaña?

El personaje

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Claire Randall (Caitriona Balfe) es la gran protagonista de ‘Outlander’ y, por tanto, el personaje en el que se pone más atención y cuidado en su evolución. Los secundarios y, sobre todo, Jaime Fraser (Sam Heughan) también van ganando importancia con el paso de los capítulos, pero es a través de los ojos de Claire, y de su voz en off, como el espectador percibe todas las nuevas situaciones en las que se va encontrando. Ella es una mujer muy moderna, muy del siglo XX y, en algunos campos, hasta es más del siglo XXI; se corresponde más con los personajes femeninos que van protagonizando las series desde los últimos cinco años, aproximadamente. Claire y su marido Frank se alistan ambos durante la Segunda Guerra Mundial, pero es ella la que se va al frente, por ejemplo, mientras su esposo se queda en la retaguardia, en Inteligencia.

Es cabezota, le gusta beber quizás un poco de más, no es religiosa y sabe llevar el mando en amplias facetas de su vida, incluidas las más íntimas. Una mujer así lo tiene complicado para sobrevivir en una época en la que los hombres tenían tanta ascendencia sobre sus esposas y sus hijas como el siglo XVIII, y ahí está, en gran parte, el conflicto sobre el que se construye ‘Outlander’. Claire es inteligente, aunque a veces tienda a decir cosas que no debe, y es esa inteligencia la que más la define como personaje. Es la heroína de una historia clásica de aventuras y, como tal, ella tiene que labrarse su propio destino.

La creadora

El guionista Ronald D. Moore es el responsable de la serie (hablamos de él en el capítulo dedicado a ‘Battlestar Galactica’), pero ‘Outlander’ es una adaptación de una saga de libros de la estadounidense Diana Gabaldón, que empezó escribiendo artículos sobre software y ordenadores a mediados de los 80, luego se pasó a la divulgación científica y después, a los best-sellers de corte histórico por culpa de un capítulo de la era clásica de ‘Doctor Who’ en el que el acompañante del Doctor era Jamie McCrimmond, un joven escocés del siglo XVIII.

A partir de ahí, Gabaldón fue creando una contrapartida femenina, e inglesa, para todos los highlanders, pero no era capaz de mantener al personaje en la época. Su protagonista no paraba de hacer comentarios sarcásticos y modernos sobre esos hombres, y así entró el último elemento de su ‘Forastera’; el viaje en el tiempo. Curiosamente, aunque Gabaldón ha escrito casi una decena de libros sobre Claire Randall y sus descendientes, inicialmente no estaba muy claro que fueran a tener éxito. Ante la mezcla de géneros en su novela, su editor le propuso publicarla, en lugar de como ciencia ficción, como novela romántica, que tenía mayor potencial de ventas. Fue todo un acierto.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Sassenach’ (1×01)
  2. ‘The Garrison commander’ (1×06)
  3. ‘The wedding’ (1×07)
  4. ‘Through a glass, darkly’ (2×01)
  5. ‘Faith’ (2×07)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Starz/Estados Unidos
Año: 2014-
Creador: Ronald D. Moore
Reparto: Caitriona Balfe, Sam Heughan, Tobias Menzes, Duncan Lacroix, Graham McTavish, Lotte Verbeek
Temporadas/capítulos: 2 (29)
Otros: Basada en la saga de libros ‘Forastera’, de Diana Gabaldón

‘El Ministerio del Tiempo’

“- Las normas del ministerio son estrictas.
– Estrictas son las personas.
Las normas son palabras escritas en un papel”.

Viajar al pasado para evitar que se cambie la Historia. Es una de las excusas más viejas para dar inicio a una historia de desplazamientos temporales. Algún tipo con aviesas intenciones se hace con un aparato que le permite viajar al pasado y cambiar desde allí el futuro en su propio beneficio, y los héroes del relato tienen que impedírselo. Por ejemplo, digamos que el villano pretende salvar a Hitler de su muerte en el búnker al final de la Segunda Guerra Mundial. Es algo que no se puede permitir. Como dicen en el primer episodio de ‘El ministerio del tiempo’, la Historia puede no ser la mejor, pero es la única que tenemos.

A principios de los 80, el escritor Tim Powers publicó ‘Las puertas de Anubis’. En aquel libro existían unas puertas que permitían viajar al pasado, y se organiza una expedición de prueba de un erudito del poeta Samuel Taylor Coleridge a 1810, para asistir a una charla suya. Pero, como no podía ser menos, las cosas no suceden como estaba previsto y el protagonista se queda atrapado en el siglo XIX. La influencia de esa novela se nota en ‘El ministerio del tiempo’, en la que el gobierno español tiene un ministerio secreto que vela por la integridad de las puertas del tiempo, descubiertas por un rabino judío en el siglo XV, y que permiten trasladarse a cualquier punto de la Historia de España.

Para evitar que alguien las utilice con el fin de alterar dicha historia, el ministerio recluta a personas de diferentes épocas que tienen que cruzar las puertas para mantener el discurrir del tiempo recogido en los libros. Así es como se forma la patrulla protagonista de la serie, integrada por Julián, un enfermero del SAMUR de 2015 que no ha conseguido superar la muerte de su mujer; Alonso, un soldado de los Tercios de Flandes que está a punto de ser ajusticiado en el siglo XVII, y Amelia, una de las primeras mujeres en ir a la universidad en el siglo XIX. Los tres tienen que impedir que mercenarios del más diverso pelaje cambien la Historia por dinero, o por otros motivos más inconfesables, pero también se darán cuenta de que el trabajo en el ministerio no es tan sencillo.

‘El ministerio del tiempo’ es, en realidad, una serie de aventuras. Se mueve por la Historia de España mostrando a los espectadores aspectos que, a lo mejor, no son demasiado conocidos (como la visita de Himmler al monasterio de Montserrat buscando el Santo Grial, en 1940), y pone a sus protagonistas ante el reto de derrotar a enemigos con unos principios no demasiado diferentes de los que ellos pueden tener. El viaje en el tiempo es el mecanismo que permite que ocurran esas aventuras y, sobre todo, que pone a Julián, Alonso y Amelia ante la tentación de intentar cambiar aspectos de sus propias vidas que no salieron demasiado bien. Para Julián, por ejemplo, es toda una tortura saber que tiene al alcance de la mano la posibilidad de impedir la muerte de su mujer, pero que no debe hacerlo. ¿O sí debería intentarlo? Al fin y al cabo, ¿quién se lo impide?

El sentido del deber de sus personajes, los grandes sacrificios que asumen por su trabajo, es uno de los aspectos más destacados de una serie en la que se mezclan casi sin esfuerzo el lado más divulgativo con la acción, los toques de humor y, sobre todo, el sentido de la maravilla. Para Amelia y Alonso, cualquier avance del siglo XX (y no digamos ya del XXI) es casi cosa de magia, algo increíble y especial que hay que disfrutar al máximo. Y la posibilidad de conocer a sus ídolos literarios, por ejemplo, otra oportunidad que hay que aprovechar.

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‘El ministerio del tiempo’ entremezcla esas misiones, esos contrastes culturales entre diferentes épocas, esas referencias pop a ‘Terminator’, ‘Regreso al futuro’ o ‘Curro Jiménez’, con la evolución emocional de todos sus personajes, y aprovecha los viajes al pasado para tomar prestada una página del libro de estilo de ‘Doctor Who’ (otra serie de la que los hermanos Olivares se declaraban grandes seguidores), y dar a cada episodio un tono diferente. Puede haber capítulos más orientados a la comedia, otros en la línea de las historias de grandes robos, otros pueden ser episodios bélicos o irse más por el lado de la comedia romántica y el enredo, y en todos se utiliza con gran tino a los personajes históricos. La serie ha redescubierto para la audiencia a gente como Lope de Vega, Velázquez, Lorca o el Cid, nombres de los que se ofrece un retrato más o menos fiel a lo que los historiadores cuentan sobre ellos, pero pasado por el tamiz de las aventuras de cada capítulo.

‘El Ministerio del Tiempo’ utiliza anécdotas poco conocidas de la Historia de España para armar las misiones y las aventuras de su patrulla

Y esas aventuras pueden ser tanto muy ambiciosas como un poco más pequeñas. Pueden ir desde impedir que Hitler acepte la propuesta de Franco de que España entre en la Segunda Guerra Mundial a liberar a unos soldados españoles presos por las tropas napoleónicas porque entre ellos hay un antepasado de Adolfo Suárez. En todas ellas, Julián, Alonso, Amelia y el resto de personajes tienen que enfrentarse también a sus propios problemas, a sus propios conflictos. El Ministerio los recluta porque en sus épocas están desarraigados y les da una constante, un lugar que pueden considerar su refugio y un grupo de personas que acaban convirtiéndose en familia. Y esos sentimientos sin resolver se aprecian siempre por debajo de la búsqueda del entretenimiento de la audiencia.

Esa sensación de diversión que transmiten las misiones, aunque tengan unas consecuencias emocionales que los personajes no preveían al principio, es lo que más destaca en ‘El ministerio del tiempo’. Eso y la idea de que no hay que confiar ciegamente en las instituciones. Al fin y al cabo, se mantienen en marcha gracias a las personas que trabajan en ellas, y son esas personas las que determinan si son justas, malvadas o un completo desastre.

El personaje

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De los tres protagonistas principales, la que va situándose poco a poco en el centro emocional de la serie es Amelia Foch (Aura Garrido). Arranca ‘El ministerio de tiempo’ como hija de una familia bien de Barcelona a finales del siglo XIX, y siendo una de las primeras mujeres en ir a la universidad en España. Sin embargo, su intelecto y su reticencia a quedarse atrapada en el rol que la sociedad de la época reservaba a las jóvenes de su posición la lleva a chocar constantemente con el estamento universitario y hasta con sus padres, y ahí es donde entra en juego el Ministerio. Amelia es reclutada por sus conocimientos históricos y su capacidad para ser la líder de la nueva patrulla, pero todavía tiene mucho que aprender en el plano emocional.

Amelia representa una parte de los riesgos que ese trabajo salvaguardando la Historia puede acarrear. No es tanto el precio personal que paga Irene Larra, por ejemplo, sino la losa de saber cuál va a ser tu futuro, tu destino. Ese descubrimiento, motivado por su irrefrenable curiosidad, marca al personaje durante las dos temporadas emitidas hasta ahora de la serie, y colorea su relación con Julián, sobre todo. Amelia puede ser un poco Hermione Granger, pero su tumulto interno la separa de esa sombra. Con el paso de los episodios va adquiriendo más seguridad en sí misma y va dándose cuenta de que ese conocimiento del futuro no puede atenazarla tanto. Su futuro no está escrito.

Los creadores

Pablo y Javier Olivares son dos guionistas muy veteranos de la televisión española. Juntos o por separado, pasaron por series tan emblemáticas como ‘Los Serrano’, ‘Los hombres de Paco’ y, en TV3, participaron en algunos de los títulos de más éxito reciente en Cataluña, como ‘Ventdelplá’. En 2011 pusieron en marcha para TVE dos series de corte histórico, ‘Isabel’, sobre cómo Isabel de Castilla se convirtió en reina de España, y ‘Víctor Ros’, una adaptación de unos libros de Jerónimo Tristante sobre un detective en el Madrid de finales del siglo XIX.

Ese mayor interés en explorar la historia de España, más su afición por la ciencia ficción y las aventuras clásicas, les llevó a crear ‘El ministerio del tiempo’, una serie cuya emisión, a principios de 2015, desató un fenómeno en internet inaudito hasta entonces para una serie española. Por desgracia, Pablo Olivares no pudo ver el éxito de su criatura; falleció de ELA antes de que se terminara de rodar el primer episodio.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘El tiempo es el que es’ (1×01)
  2. ‘Cómo se reescribe el tiempo’ (1×03)
  3. ‘Cualquier tiempo pasado’ (1×05)
  4. ‘Tiempo de leyenda’ (2×01)
  5. ‘Cambio de tiempo’ (2×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: TVE/España
Año: 2015-
Creadores: Pablo y Javier Olivares
Reparto: Rodolfo Sancho, Aura Garrido, Nacho Fresneda, Cayetana Guillén-Cuervo, Jaime Blanch, Juan Gea, Natalia Millán
Temporadas/capítulos: 2 (21)

‘Steven Universe’

“Soy un miembro de las Gemas de Cristal. 
Luchamos contra monstruos 
y protegemos a la humanidad, y esas cosas”

Steven es un niño de unos diez años que vive en un pueblo costero del este de Estados Unidos. Perdió a su madre el día de su nacimiento y tampoco ve tanto a su padre, que tiene un lavadero de coches y que, en su juventud, soñaba con ser una estrella del rock. Steven se ha criado con tres amigas de su madre, tres entes que, en realidad, son Gemas, seres extraterrestres con nombres de piedras preciosas y que, cuando la madre de Steven abandonó su forma corpórea para que él pudiera existir, prometieron protegerlo, cuidarlo y, además, proteger la Tierra de cualquier amenaza que llegara de fuera.

Es un punto de partida bastante particular para una serie de animación orientada a un público infantil, ¿no? Teniendo en cuenta que su creadora, Rebecca Sugar, y parte de su equipo creativo proviene de ‘Hora de aventuras’, una de las series animadas más originales de los últimos tiempos, ya no resulta tan sorprendente que ‘Steven Universe’ sea como es, pero sí es digna de mención la evolución paso a paso que ha tenido la serie.

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Porque cuando arranca la historia, sólo sabemos que Steven es mitad humano, mitad Gema, que tiene ciertos poderes que no ha podido utilizar aún y que las otras tres Gemas, Perla, Amatista y Granate, intentan protegerlo todo lo que pueden de los peligros a los que ellas se enfrentan y, al final, de su propio pasado “familiar”. Enseguida nos familiarizamos con el resto de habitantes de Beach City y con esa vida normal que Steven lleva allí, hasta que va aprendiendo quién era en realidad su madre y de lo que él es capaz.

Es una clásica historia de maduración del héroe y de asunción de su papel en una historia mucho mayor, pero contada con pegadizas canciones, en cómodos episodios de 11 minutos y con una gran influencia en su estilo de dibujo de los animes y los videojuegos. Y que aprovecha que su audiencia va creciendo con la serie, y con Steven, para ir profundizando poco a poco en su vasta mitología y en sus mensajes de amor y tolerancia.

La propia Rebecca Sugar afirma que “siempre planeamos que el mundo fuera abriéndose en frente de Steven porque toda la serie tiene que ser una metáfora del paso de la infancia a la edad adulta y, de repente, cómo entiendes lo que está pasando a tu alrededor”. Así que, según Steven va aprendiendo a manejar sus poderes y va dejando atrás su niñez con su relación con su amiga Connie o su entusiasmo por ayudar a las Gemas en sus misiones, descubre también quiénes son de verdad sus tres “madres” y qué se proponía el resto de su congéneres. De hecho, para ser una serie de animación de Cartoon Network, la progresiva apuesta por la serialización de ‘Steven Universe’ (propiciada también por la programación de sus episodios en tandas diarias que duran una semana, para tomarse después un descanso) es toda una novedad en el género, una novedad que es lo que le ha ganado también seguidores mucho más adultos y grandes elogios entre la crítica.

Los colores brillantes con los que está retratada la serie y la emoción de Steven por asumir su destino, por decirlo de alguna manera, ayudan a contar, en realidad, una historia un poco más seria de individuos que tienen que marcharse de su hogar porque allí se salen de las normas establecidas, y que encuentran en la Tierra una familia adoptiva que haría cualquier cosa por ellos. Conforme descubrimos el pasado de Granate, el origen de Amatista o la relación de Perla con Rosa Cuarzo, la madre de Steven, la serie adopta matices bastante más adultos y se va permitiendo comentarios sobre la identidad de género y la importancia del consentimiento en las relaciones amorosas que son los que le han ganado un puesto entre los títulos más comentados por cierta crítica estadounidense.

La mitología detrás de ‘Steven Universe’ se va desvelando poco a poco, al mismo tiempo que su protagonista la va descubriendo

‘Steven Universe’  es una muestra de algunas cosas muy interesantes que está haciendo la animación infantil-juvenil estadounidense en la primera mitad de esta década. Los dibujos animados tratan con respeto y cierta seriedad temas que series de acción real no se atreven a tocar, como hace la creación de Rebecca Sugar con la fluidez en la identidad de género o con los sentimientos sin resolver entre las Gemas, que adoptan a Steven cuando nace, y su padre, que se lo entrega a sabiendas de que no podrá verlo todo lo que le gustaría. Todo esto se cuenta a través de unos personajes muy bien definidos y que logran ser entrañables enseguida, ya sea una villana siempre frustrada porque nadie es capaz de hacer las cosas bien o el lado más vulnerable de Perla, siempre obsesionada por seguir las normas.

Que los personajes con capacidades mágicas (con superpoderes, directamente) se presenten con forma femenina, menos Steven, es otra de las notas más definitorias de la serie, y lo que le permite escapar de las caracterizaciones habituales en animación de que este título se crea para los chicos y éste, para las chicas (divisiones que se establecen para poder vender luego merchandising de la misma manera).

Sin embargo ‘Steven Universe’ se resiste a ser categorizada. Uno de los mejores ejemplos de lo que la hace diferente es una de sus clásicas canciones, en la que Steven canta “todo lo que quiero ser es una mujer gigante”. ¿Quiénes somos nosotros para negarle su deseo?

El personaje

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Steven es el protagonista de ‘Steven Universe’ y el personaje cuya evolución vamos siguiendo en todos los episodios, pero quien mejor representa lo que es la serie es Granate (Estelle). Esta Gema se presenta desde el principio como la más calmada de las tres, la que posee una presencia física más imponente y la que suele tomar las decisiones más complicadas. No habla demasiado y no suele expresar sus sentimientos, pero enseguida queda claro que haría cualquier cosa por Steven.  Y que hay algo más en ella, algo que no conseguimos averiguar de primeras, pero que le da cierta aura de misterio.

Cuando la serie introduce el concepto de la fusión, la unión armoniosa de dos Gemas para formar una más grande y poderosa, entendemos qué es Granate, que encarna a la perfección el mensaje de amor y respeto de la serie. Granate está formada por dos Gemas, Rubí y Zafiro, que deciden mantenerse fusionadas porque se quieren y no soportan estar una lejos de la otra, incluso aunque a veces discutan y no se pongan de acuerdo. La manera en la que Steven acepta la verdadera naturaleza de Granate representa perfectamente lo que ‘Steven Universe’ quiere contar sobre las relaciones con otras personas.

La creadora

Rebecca Sugar (1987) es la primera mujer que crea en solitario una serie para Cartoon Network, uno de los canales de animación más importantes de Estados Unidos. Se dio a conocer en el que fue también su primer trabajo en Hollywood, como guionista y responsable de las canciones de ‘Hora de aventuras’, una peculiar serie sobre un mundo postapocalíptico en el que se mueven un niño y su perro mágico. Las canciones de Sugar mezclan el folk, las sintonías de videojuegos y ayudan a que el público comprenda mucho mejor a los personajes, y fueron su principal carta de presentación con ‘Steven Universe’.

Esa serie está creada basada en gran parte en su infancia con su hermano y en su amor por la fantasía, la ciencia ficción y cómo esas historias formaban una parte importante de sus vidas. También cree que esas historias pueden ayudar a formar al público, a normalizar aspectos de la realidad que, a lo mejor, no pueden ver de otra manera, como una relación entre dos personajes del mismo sexo o la capacidad de los personajes femeninos de ser las heroínas de sus propias historias.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Giant woman’  (1×12)
  2. ‘Jailbreak’ (1×49)
  3. ‘Sworn to the sword’ (2×09)
  4. ‘The answer’ (2×25)
  5. ‘Gem drill’ (3×02)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Cartoon Network-Estados Unidos
Año: 2013-
Creadora: Rebecca Sugar
Reparto (voces): Zach Collison, Estelle, Deedee Magno, Michaela Dietz
Temporadas/capítulos: 3 (86)

‘Perdidos’

¿Por qué quieres marcharte de la isla?
¿A qué quieres volver tan desesperadamente?

En la televisión de los últimos años, hay pocos fenómenos que estén a la altura de lo que fue ‘Perdidos’. La historia de los supervivientes de un accidente de avión, aislados en una isla misteriosa, desató toda una histeria por internet de teorías sobre lo que estaba pasando allí, de análisis fotograma a fotograma de los capítulos en busca de pistas, de entrevistas a sus guionistas para que explicaran la revelación del último episodio emitido, de fans quejándose sin parar por Twitter cuando vieron el final de la serie y decidieron que no les había gustado. En parte, la culpa de este gran interés por las series la tiene este título que, junto con ‘Mujeres desesperadas’, dio un vuelco a la complicada situación en la que estaba el canal ABC en el otoño de 2004, y cambió definitivamente la manera en la que se veía y se comentaba la ficción televisiva.

Nada de eso estaba en las mentes de los ejecutivos del canal, desesperados por conseguir un éxito que los sacara de la última posición en audiencias. Tal vez por eso, acabó fructificando una idea de hacer un ‘Supervivientes’ con guión, una idea que, a priori, era una completa locura (y que cristalizó en el piloto más caro producido hasta aquel momento), pero que acabó funcionando mejor de lo que nadie habría soñado nunca.

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Desde luego, bastante mejor de lo que se imaginaba Lloyd Braun, el ejecutivo de ABC al que se le ocurrió el concepto de la serie durante unas vacaciones familiares en Hawai, y mientras veía en televisión la película ‘Náufrago’: “Y entonces, la idea de ‘Supervivientes’ apareció en mi cabeza. No sé por qué. Y lo uní todo. ¿Y si había un avión que se estrelló y una docena de personas sobrevivieron, y ninguno se conocía? Tu pasado sería casi irrelevante. Podrías reinventar quién eres. Tendrías que pensar, ¿cómo sobrevives?” Como contó en el libro ‘The revolution was televised‘, de Alan Sepinwall, A Braun le habían encargado ese verano, como al resto de directivos de canal, que pensara algo nuevo para la programación de la siguiente temporada, algo que sacara a ABC del último puesto en las audiencias. Y esa fue su idea.

La premisa de ‘Perdidos’ era sencilla. El vuelo Oceanic 815 de Sydney a Los Ángeles se estrella en una isla perdida en medio de ninguna parte, y los supervivientes se dan cuenta enseguida de que hay algo extraño, y potencialmente muy peligroso, en ella. Desde el primer capítulo, los personajes tienen ya encontronazos con un oso polar y con un misterioso “monstruo” al que oyen rugir (o algo así) por la noche, y del que ven cómo sacude los árboles de la selva cuando se mueve.

¿Dónde están? ¿Qué secretos guarda esa isla? ¿Y están realmente solos en ella? Esas tres preguntas impulsaron la trama durante buena parte de las seis temporadas que ‘Perdidos’ estuvo en antena, pero si la serie aguantó tanto, y enganchó con tanta rapidez a los espectadores, era también porque el mayor misterio de todos eran sus personajes. Cuando arranca el primer capítulo, no sabemos quiénes son ni de dónde provienen; eso se va desvelando poco a poco, en flashbacks de su pasado que iban ayudándonos a comprender sus acciones en la isla, y que se convirtieron en un recurso narrativo muy repetido en series posteriores (hasta en algunas tan alejadas de ‘Perdidos’, a priori, como ‘Orange is the new black’).

Pero sólo con una isla misteriosa no basta para considerar a una serie dentro de la ciencia ficción, y menos aún en el subgénero de los viajes en el tiempo. La idea original de Lloyd Braun fue refinada por J.J. Abrams y Damon Lindelof, que escribieron el guión del episodio piloto y establecieron la “biblia” de la serie: cuáles iban a ser los grandes enigmas, qué iba a pasar en la primera temporada, qué temas se iban a tocar. El propio Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de ir revelando despacio no sólo el pasado de sus personajes, sino los elementos del género que estaban presentes en la serie. En la isla, por ejemplo, aparecen de improviso barcos naufragados hace siglos, o extrañas estatuas cuya presencia allí es, cuanto menos, desconcertante. Y esto sin mencionar de nuevo que los supervivientes se topan en el primer capítulo con un oso polar. En una isla tropical.

El componente de desplazamiento temporal se va introduciendo poco a poco desde la tercera temporada, cuando se descubre que la isla tiene una intensa actividad electromagnética y se empieza a descubrir que, realmente, los náufragos del vuelo Oceanic 815 no sólo no están solos allí, sino que no son los primeros en haberse encontrado atrapados en sus selvas y sus playas.

La clave de ‘Perdidos’ estaba, más que en los misterios de la isla, en los de sus propios personajes

No obstante, aunque los fans de ‘Perdidos’ (los losties) dedicaron horas, días y semanas a buscar significados ocultos detrás de los nombres de algunos personajes (extraídos de filósofos como Locke o Rousseau y de científicos como Faraday o Hawking) o de los libros que Sawyer leía en la playa (de repente, en Estados Unidos se hizo muy popular ‘La invención de Morel’, de Adolfo Bioy Casares), eran los personajes donde estaba el verdadero quid de la cuestión. Sus intentos por salir de la isla y regresar a unas vidas que, en realidad, no marchaban como les habría gustado que fueran, los ponían ante la tesitura de otorgarse a sí mismos una oportunidad de volver a empezar, de cambiar, de ser quiénes de verdad querían ser. O quiénes estaban llamados a ser.

‘Perdidos’ es más una historia de redención que de aventuras a través del espacio-tiempo (que también), y su tema quedaba ya muy claro desde uno de los primeros episodios, titulado, además, ‘Tabula rasa’: “Todos morimos hace tres días. Deberíamos ser capaces de empezar de nuevo”.

El personaje

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No es fácil quedarse con uno solo de la multitud de personajes que habitó ‘Perdidos’. Sin embargo, ya que la serie está incluida en el apartado de viajes en el tiempo, ese personaje bien puede ser Desmond Hume (Michael Ian Cusick), un tipo que llega a la isla por accidente, por probar al padre de la mujer que ama que es digno de ella, y que acaba estando separado del tiempo. Su arco en la cuarta temporada es uno de los más célebres de ‘Perdidos’, y también el que se mete más a fondo en el tema de los saltos temporales. Desmond ya no tiene ningún agarre en el continuo espacio-temporal, tiene la capacidad de ir a cualquier punto de su historia, pero esa libertad de movimientos tiene un coste físico que puede terminar pagando con su vida. La única manera de salvarse es encontrar un “ancla” en su cronología, una constante que le permita saber siempre dónde, cuándo está.

La historia de Desmond está inspirada no sólo por ‘La mujer del viajero en el tiempo’, de Audrey Niffenegger, sino también por el libro más conocido de Kurt Vonnegut, ‘Matadero Cinco’. Su protagonista, Billy Pilgrim, es un soldado estadounidense que también se separa de sus ataduras temporales durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto durante el bombardeo aliado de Dresde, y que va revisitando diferentes momentos de su vida. En las últimas temporadas de ‘Perdidos’, el viaje en el tiempo adquiere más importancia para la trama porque ayuda a explicar, en parte, la verdadera naturaleza de la isla, pero también fue una de las razones por las que una amplia representación del público fue abandonando la serie. Que enseñara finalmente sus cartas de ciencia ficción no terminaba de encajar con un fenómeno para la audiencia más masiva.

Los creadores

La historia de cómo se puso en marcha ‘Perdidos’ daría para otra serie. Inicialmente, la idea original la tuvo Lloy Braun, ejecutivo de ABC cuyo puesto de trabajo dependía de proponer alguna nueva serie que pudiera cambiar el rumbo que llevaba la cadena en audiencias, y que le encargó la primera escritura de esa idea a Jeffrey Lieber. Braun acabó siendo despedido antes de que se emitiera el piloto, pero tuvo tiempo de encargarle una revisión del proyecto a J.J. Abrams, que ya había desarrollado para el canal un éxito como la serie de espías ‘Alias’.

Abrams buscó, a su vez, la ayuda de otro guionista, Damon Lindelof, con el que amplió el embrión de idea de Lieber (‘Supervivientes’ + ‘Náufrago’) y con el que escribió el piloto, buscó a los actores, lo rodó y lo dejó listo para su emisión en sólo dos meses, un tiempo récord. Para el resto de la serie, Lindelof contaría con la colaboración de Carlton Cuse, veterano guionista y productor que había trabajado en ‘Las aventuras de Brisco County’ y para el que Lindelof había escrito en ‘Nash Bridges’, una serie policiaca con Don Johnson. Los dos, sin darse cuenta, casi “inventaron” también la era en la que el showrunner de las series es tan famoso, o más, que sus actores.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The other 48 days’ (2×07)
  3. ‘The man behind the curtain’ (3×20)
  4. ‘The constant’ (4×05)
  5. ‘Whatever happened, happened’ (5×11)

Ficha

Título original: ‘Lost’
Cadena/nacionalidad: ABC/Estados Unidos
Año: 2004-10
Creadores: J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber
Reparto: Matthew Fox, Evangeline Lilly, Josh Holloway, Yunjin Kim, Naveen Andrews, Dominic Monaghan, Terry O’Quinn
Temporadas/capítulos: 6 (121)

‘Xena, la princesa guerrera’

“La primera vez que empuñas una espada, 
te conviertes en un objetivo. 
Y en cuanto matas, todo cambia. Todo”.

En la década de los 90 era habitual desarrollar series directamente para su emisión sindicada, es decir, para que se vieran en las redes de afiliadas locales a las grandes cadenas en abierto o en los canales de cable básico. Así se puso en marcha ‘Star Trek. La nueva generación’, por ejemplo, y así se desarrolló todo un universo paralelo de aventuras que adaptaba o, mejor, se divertía y remezclaba historias de la mitología griega,  convirtiéndolas en historias de fantasía épica sin ningún complejo ni sentido del ridículo. La productora de Sam Raimi y el guionista Robert Tapert crearon así ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, serie de la que saldría uno de los personajes femeninos más influyentes de la televisión reciente: Xena, la princesa guerrera.

Xena era una villana en la serie de Hércules, una guerrera despiadada que, cuando pasó a protagonizar su propia historia, se dedicó a expiar sus antiguos pecados, a buscar la redención por todas las cosas terribles que había hecho antes. Y sin tomarse a sí misma demasiado en serio. O, más concretamente, la serie nunca lo hizo, porque para Xena sí que era importante esa búsqueda de la redención, que intentaba lograr ayudando a la gente que lo necesitara. En ese aspecto, era lo más parecido a un caballero andante que las producciones de Sam Raimi podían imaginar.

Xena, la princesa guerrera’ era una serie de aventuras protagonizada por una heroína formidable, una variación de la figura del “guerrero justo” sobre la que se han construido muchos mitos de la narrativa occidental, y en la que se mezclaban después aspectos de filosofías orientales, de religiones como el hinduismo y de, por supuesto, los mitos clásicos de Grecia y Roma. En un ensayo sobre las mujeres guerreras televisivas para la universidad de Syracuse, Frances Early y Kathleen Kennedy apuntaban que ese guerrero justo es “el ciudadano responsable cuya voluntad para derramar sangre en aras del bien común le da privilegios para tener control sobre sí mismo y sobre los demás”.

Es el héroe más tradicional y clásico, y Xena venía a revolucionar esa figura simplemente por ser una mujer. Y porque su camino vital era de expiación. Es lo que ha hecho que la serie sea una favorita a la hora de los estudios universitarios de la representación de los roles de género en la ficción, un estatus académico que parecería improbable si nos asomamos a sus capítulos.

xena-gabrielle

Un sentido de la diversión y del pastiche es el que impregna todas las aventuras de Xena, su acompañante Gabrielle y el bufón Joxer. No hay ningún rigor histórico en ellas, sino que sus responsables buscan el entretenimiento y mantener a su protagonista en constante evolución. No se les caen los anillos por presentar a Ares, dios de la guerra, como un arrogante tipo vestido todo de cuero, por ejemplo, y tampoco les preocupa lo más mínimo que entre Xena y Gabrielle se vaya creando un subtexto lésbico que es otra de las razones por la que la serie ha sido mucho más analizada y estudiada de lo que nadie se imaginaría inicialmente.

Y lo más curioso de todo es que parte de la culpa de su éxito, que es el enorme carisma de Lucy Lawless como Xena, llegó casi de casualidad, porque la actriz contratada originalmente para el papel, Vanesa Angel, no pudo viajar a Nueva Zelanda a tiempo para el inicio del rodaje.

Xena no puede entenderse sin el protagonismo de Lucy Lawless, lanzada a la fama gracias a ese papel

El protagonismo de Lawless es indisociable de la serie. No sólo les permitía conseguir escenas de lucha convincentes, sino que encajaba bien en el tono humorístico y casi paródico de muchas aventuras y, por otro lado, no desentonaba en las historias con mayor carga emocional. Sin la actriz, quizás ‘Xena, la princesa guerrera’ no habría llegado a ser el gran éxito que fue a mediados de la década de los 90, y tal vez esa heroína amazona no habría resultado tan influyente en la ficción posterior. Ella puede deberse a pioneras como Wonder Woman o la mujer biónica, pero buena parte de las protagonistas de acción posteriores en televisión le deben casi todo a Xena.

El personaje

Xena

Evidentemente, no se puede hablar de ‘Xena, la princesa guerrera’ y no destacar a su gran protagonista, Xena (Lucy Lawless), guerrera amazona que dedica toda la serie a expiar los actos terribles que cometió durante su paso por ‘Hércules: Sus viajes legendarios’. Para ello, viaja por todo el mundo ayudando a gente que se encuentre aterrorizada por algún villano, o que esté en peligro. Xena es muy consciente de que no es una buena persona y de que tiene que ser responsable de sus acciones pasadas, que es justo lo que acaba convirtiéndola en una heroína mucho más moderna y menos de una pieza de lo que era habitual en los héroes masculinos de la época.

La versatilidad de Lawless en el papel (que estudió canto), y su gran dinámica con Renee O’Connor (Gabrielle), permitió a los guionistas utilizar capítulos musicales para explorar las dudas y tormentos emocionales de sus personajes, extraer comedia de algunos de los clichés más utilizados en el género de espada y brujería y, por supuesto, explorar más en profundidad la relación de amistad (bordeando siempre lo romántico) entre sus dos protagonistas femeninas. La fructífera vida post-serie que el personaje ha tenido en cómics y libros prueba su condición más que como objeto de culto, como todo un fenómeno pop. Lucy Lawless ha descrito varias veces ‘Xena, la princesa guerrera’ como “una serie tontorrona para gente inteligente”.

Los creadores

Los responsables de ‘Xena, la princesa guerrera’ eran John Schulian y Robert Tapert, que ya había participado en ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, y que era un viejo conocido de Sam Raimi, al que le produjo ‘Terroríficamente muertos’ y con el que ha seguido colaborando después en casi todos sus proyectos, incluida la serie ‘Ash vs Evil Dead’. Tapert desarrolló la serie ante el éxito de la serie de Hércules y la petición de los ejecutivos de continuar ese éxito con un spin-off.

Xena era el personaje que tenía más potencial para tener su propia serie, aunque el propio Tapert pensaba en su momento que podía ser complicado vender una ficción de aventuras con una guerrera en su centro. Pronto se vio que estaba equivocado. Sin embargo, el verdadero creador del personaje era un veterano guionista televisivo como John Schulian, que había escrito el capítulo de ‘Hércules’ en el que Xena hacía su primera aparición.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Destiny’ (2×12)
  2. ‘The debt’ (3×06)
  3. ‘The bitter suite’ (3×12)
  4. ‘The ides of march (4×21)
  5. ‘The haunting of Amphipolis’ (6×02)

Ficha

Título original: ‘Xena, Warrior Princess’
Cadena/nacionalidad: Sindicación/Nueva Zelanda-Estados Unidos
Año: 1995-2001
Creadores: John Schulian y Robert Talpert
Reparto: Lucy Lawless, Renee O’Connor, Ted Raimi, Kevin Tod Smith, Hudson Leick, Bruce Campbell
Temporadas/capítulos: 6 (134)
Otros: Spin-off de ‘Hércules: Sus viajes legendarios’
Dónde verla: Editada en DVD

‘A través del tiempo’

No es como si te hubieras perdido
en un centro comercial. 
Estás perdido en el tiempo”.

Los viajes en el tiempo no tienen por qué dar pie a historias muy dramáticas, casi a vida a muerte, en las que si no se cambia el pasado, el futuro depara un terrible cataclismo. También pueden ser el punto de partida para aventuras más ligeras, llenas de humor y, de paso, con cierto fin divulgativo, y no, no siempre es una cadena pública europea quien se encarga de producir una serie así. A principios de los 90, fue NBC, en Estados Unidos, la que incluyó en su parrilla ‘A través del tiempo’, un título para toda la familia que utilizaba un ingenioso mecanismo para hacer viajar a su protagonista por diferentes épocas de la historia reciente norteamericana: se metía en el cuerpo de una persona determinada a la que debía ayudar.

Así de sencillo. El doctor Sam Beckett había estado investigando sobre la posibilidad de saltar atrás en el tiempo y había construido un experimento cuántico, un acelerador de partículas que, para su desgracia, había salido mal. O, en realidad, deberíamos decir que había salido demasiado bien. Beckett se despierta de repente en 1956, en el cuerpo de un piloto militar de pruebas llamado Tom Stratton, y tiene que averiguar rápidamente por qué está ahí, qué le está pasando y cómo puede regresar a casa.

Con este arranque, la serie se aseguraba una historia diferente en cada episodio, podía jugar con diferentes géneros en cada uno y hasta podía hacer distintos comentarios sociales, dependiendo de qué personalidad adoptara Sam en sus saltos. En ese aspecto, era un poco como la ‘Doctor Who’ estadounidense, pero con un protagonista muy humano y que, además, no posee ninguna nave espacial.

En sus viajes, al doctor Beckett lo ayuda Al, un amigo de su tiempo al que ve en forma de holograma, y que en teoría debería darle pistas de lo que se supone que debe hacer en cada uno de sus saltos, pero que casi pasa más tiempo haciendo chistes a su costa y ligando con todas las mujeres guapas que pasan por su lado. La dinámica entre Scott Bakula y Dean Stockwell, los dos protagonistas principales de ‘A través del tiempo’, constituía el centro de todo; Sam y Al eran amigos, aunque a veces el segundo pareciera ir un poco a lo suyo, y sus interacciones aportaban gran parte del humor que destilaba la serie, que era bastante. Incluso cuando se metía en tramas más serias, nunca se perdía de vista la oportunidad de colar alguna broma.

Porque ‘A través del tiempo’ llevó a su protagonista a algunos momentos bastante cruciales de la historia de Estados Unidos. Sam llegó a estar en el cuerpo de Lee Harvey Oswald días antes de que asesinara de John F. Kennedy, fue un hombre negro que sufrió en sus carnes el racismo en el segregado sur del país en la década de los 50, una joven violada por el hijo del alcalde de su pueblo en 1980 y hasta uno de los chimpancés utilizados como cobayas en las primeras pruebas de naves tripuladas del programa espacial de la NASA.

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Tener a Sam en todas esas situaciones, y ver a Scott Bakula en ellas (aunque el resto de personajes vean a la persona cuya cuerpo ha adoptado), permitía a la serie trasladar al público reflexiones sobre la intolerancia, los prejuicios y la discriminación por raza o sexo, y era una manera muy efectiva de que la audiencia se identificara con esos personajes, de que se preguntara qué harían ellos si estuvieran en su misma situación.

‘A través del tiempo’ aguantó en antena cinco temporadas, después de una breve primera entrega, de sólo nueve capítulos, estrenada en primavera como un pequeño experimento de NBC. El público joven la abrazó casi enseguida, y sus fans fueron de los primeros en agruparse en la naciente internet para compartir información y para comentar los capítulos de la serie a través de listas de correo y de los primeros foros. Sin embargo, eso no era suficiente para que las aventuras de Sam Beckett se alargaran tanto como las del Doctor en la BBC. La cadena le dio carpetazo en su quinto año, y los guionistas se sacaron de la manga un final agridulce, más en la línea emocional de lo que la serie siempre había contado, aunque enganchara al público gracias a la gran dinámica cómica de Bakula y Stockwell.

El personaje

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Es muy probable que Scott Bakula nunca haya vuelto a interpretar a otro personaje que le permitiera lucirse tanto como Sam Beckett en sus saltos en el tiempo. Podía interpretar a mujeres en entornos muy sexistas, a niños, a personas que atravesaban difíciles situaciones personales, hasta podía cantar y bailar. Sam desplegaba siempre una gran empatía por las personas en cuyos cuerpos entraba, y a las que ayudaba a cambiar algo en sus vidas que les permitía ser mejores o, simplemente, sobrevivir. Ésa era la idea de todos sus viajes al pasado; ayudar a quienes más lo necesitaran, ya fueran universitarios, cantantes de club nocturno o viejos chóferes de adineradas señoras del sur. A Sam le costaba un poco aclimatarse a sus personalidades y sus vidas, pero luego siempre hacía todo lo posible por echarles una mano, y no sólo porque era la única manera que tenía de saltar a otra época y, con un poco de suerte, volver a casa.

Beckett, además, es un protagonista no demasiado habitual en las series de entretenimiento masivo estadounidenses porque es un científico en un campo tan esotérico, para la mayoría del público, como la física cuántica. Su capacidad de adoptar las personalidades de otras personas mimetizándose en sus cuerpos podría explicarse por el teletransporte cuántico, que es más o menos la misma teoría detrás de la manera en la que la tripulación de la nave Enterprise, en ‘Star Trek’, se desplazaba a los planetas que visitaban. Aunque ‘A través del tiempo’ diera más importancia al lado humano de sus historias, su punto de partida en la ciencia la hacía también destacar.

El creador

Donald P. Bellisario (1935) es uno de los productores más prolíficos de la televisión norteamericana de los últimos 30 años.  De su máquina de escribir salió, por ejemplo, ‘Magnum’, la serie sobre el detective privado en Hawai que convirtió en una estrella a Tom Selleck y que le dio a Bellisario el suficiente crédito con NBC para presentarles ‘A través del tiempo’. Ex marine y ex ejecutivo de una agencia de publicidad, sus creaciones buscan todas llegar al mayor público posible. Casi siempre se encuadran en las aventuras (como ‘Los cuentos del Mono de Oro’) o en las historias de policías, aunque sus mayores éxitos, en realidad estén protagonizados por abogados militares (‘JAG’) y por investigadores de la Marina (‘NCIS’ y sus spin-off).

En el caso de ‘A través del tiempo’, Bellisario se inspiró en parte en ‘El cielo puede esperar’, en el que un fallecido antes de tiempo regresa a la Tierra, en el cuerpo de otro hombre, para ayudarle a reconducir su vida. La película de 1978, dirigida por Warren Beatty, adaptaba una obra de teatro y había tenido mucho éxito en su momento, así que el guionista la vio como una excusa para presentar a la cadena una serie de antología. Con cada salto en el tiempo, y en otro cuerpo, se podía contar una historia distinta, en un género diferente.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Genesis’ (1×01)
  2. ‘The color of truth’ (1×07)
  3. ‘Jimmy’ (2×08)
  4. ‘The leap home’ (3×01)
  5. ‘Killin’ time’ (5×05)

Ficha

Título original: ‘Quantum leap’
Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1989-93
Creador: Donald P. Bellisario
Reparto: Scott Bakula, Dean Stockwell, Deborah Pratt
Temporadas/capítulos: 5 (97)
Dónde verla: Editada en DVD