‘Dollhouse’

“La mente humana es como Van Halen.   
Si quitas una parte y no haces más que sustituirla, se degenera”.

Dos años antes de que Joss Whedon facturara una de las películas más taquilleras de todos los tiempos (‘Los Vengadores’), no era más que un guionista que arrastraba un culto de fans gracias a sus trabajos en televisión. ‘Buffy, la cazavampiros’ había renovado el género de instituto, casi sin que nadie se diera cuenta, utilizando vampiros, demonios y monstruos variados como alegorías de todos los temores habituales cuando uno está dejando atrás la adolescencia y entrando en la edad adulta, y aunque sus siguientes series no tuvieron el mismo éxito (‘Angel’ aguantó cinco temporadas en antena, pero a ‘Firefly’ sólo le dio tiempo a emitir once de los catorce capítulos que tenía rodados cuando FOX la canceló), cualquier noticia sobre un nuevo proyecto suyo enseguida provocaba que internet echara humo.

En 2008, se anunciaba que Whedon volvía a televisión, después de un intento fallido por poner en pie una película sobre Wonder Woman, y que lo hacía en una serie al servicio de Eliza Dushku, una de las actrices que habían pasado por ‘Buffy’, y que tenía un contrato de desarrollo de nuevos proyectos con FOX. La serie se llamaría ‘Dollhouse’, casa de muñecas, y tendría una premisa bastante original, pero que era al mismo tiempo un potencial campo de minas.

Esa casa de muñecas del título hacía referencia a una empresa que proporcionaba todo tipo de servicios a los clientes que pudieran pagarlo, servicios que llevaban a cabo los empleados de la casa, a los que se implantaba toda una gama de habilidades y recuerdos (y una personalidad) para que pudieran completar la tarea asignada. Una vez la finalizaban, esa identidad era borrada de su “sistema” y los “muñecos” quedaban como una tabula rasa, listos para recibir una nueva “misión” y, por tanto, una nueva personalidad. Lo perturbador de todo esto es que los activos de la casa de muñecas no eran robots; eran personas.

El punto de partida ya hacía que ‘Dollhouse’ tuviera unas implicaciones muy inquietantes. En cada capítulo veíamos a Echo, la protagonista, asumir diferentes identidades y realizar diferentes trabajos para los clientes de la empresa, y al espectador le resultaba muy difícil no pensar que, para muchos de esos clientes, la casa de muñecas no era más que un servicio de prostitutas de lujo, uno en el que podían elegir hasta el último detalle qué tipo de chica querían que fuera su acompañante esa noche, o ese día, o ese fin de semana. Al emitirse en una cadena en abierto como FOX, ‘Dollhouse’ nunca se adentró por ese territorio, pero era inevitable que no planeara sobre todos los episodios como una oscura sombra.

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La serie sí mostraba cómo el “borrado” de la mente de los activos no era tan perfecto, cómo quedaban leves trazos de cada personalidad en ellos, y cómo terminaba provocando que algunos de ellos empezaran a “despertar”, a readquirir su sentido de la individualidad y la autoconsciencia, y eso acarreaba muchos problemas. De hecho, la idea que latía bajo cada capítulo era que esa tecnología de implante de personalidad en otras personas podía ser tremendamente peligrosa si caía en manos de gente con dinero, poder y pocos escrúpulos. Llevaba al extremo la idea de la rebelión de los robots, pero aplicando casi los mismos principios que llevaban a que las máquinas se alzaran contra sus maestros humanos a personas corrientes, personas que se habían visto en dificultades y habían acabado en manos de la casa de muñecas, que se había aprovechado de ellas y las explotaba en su propio beneficio como esclavos sin voluntad.

Había, por supuesto, un agente del FBI que empezaba a investigar la casa de muñecas, sin saber muy bien dónde se estaba metiendo, y antiguos “muñecos” cuyos cerebros no habían podido soportar tanta descarga y borrado de personalidades diferentes, y en la segunda temporada, la serie exploró, a través de flashforwards, cómo sería un futuro en el que esa tecnología fuera portátil y estuviera al alcance de cualquiera con los suficientes medios para hacerse con ella. El subtexto de ‘Dollhouse’ era aterrador, pero nunca se llegó a mostrar del todo. Jugaba con las teorías sobre el control mental, la hipnosis, sobre la capacidad de sugestión y sobre los mensajes subliminales, temas que habían estado muy de moda durante la Guerra Fría, y también utilizaba otro tema todavía más viejo; la opresión de los más desfavorecidos por parte de los poderosos, y cómo los oprimidos acaban tomando conciencia de su identidad y despiertan.

El personaje

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Echo podía ser la protagonista de ‘Dollhouse’, pero pocos personajes encapsulan tan bien lo que es la serie como Topher (Fran Kranz), el técnico responsable de “cargar” las nuevas identidades en los muñecos y de borrarlas cuando finalizan su misión, de tal manera que, mientras no estén activos, sean lo más parecido a tablas rasas ambulantes, y prisioneras en la casa. Topher representa, inicialmente, uno de los arquetipos más recurrentes en las series de Joss Whedon, el del experto en tecnología, el geek del grupo, que es un poco más excéntrico que los demás y que, al principio, tiene el rol del secundario gracioso que a todo el mundo cae simpático. Topher está contento con su trabajo en la casa, siempre buscando mejoras en su tecnología y solucionando cualquier problema que pueda haber con los muñecos, y su evolución a lo largo de la serie va pareja a las revelaciones sobre lo que hay detrás, realmente, de la casa de muñecas.

La historia de cómo Sierra acaba en la empresa, por ejemplo, es uno de los momentos más inquietantes de ‘Dollhouse’, uno que apunta la dirección en la que iba a moverse el futuro de ese mundo, y en el que  Topher toma consciencia de que, tal vez, lo que él ha estado haciendo no es tan “chulo” como pensaba. Las secuelas de los sucesivos borrados e implantes de personalidades son muy reales (hay otro personaje en la serie, la doctora Saunders, que lo prueba), y las implicaciones que esa tecnología tiene, si cae por completo en manos de hombres poderosos, terminan por transformar al personaje.

Los creadores

Joss Whedon era el impulsor de ‘Dollhouse’, pero como de él hablaremos bastante más adelante, fijémonos en dos de sus más estrechos colaboradores en esa serie, su hermano Jed (1975) y Maurissa Tancharoen (1975). Este matrimonio de guionistas es responsable, en la actualidad, de ‘Agents of SHIELD’, pero empezó a hacerse notar gracias a su participación en ‘Dr. Horrible’s Sing-Along Blog’, una serie web que Joss Whedon concibió y rodó durante la huelga de guionistas de la temporada 2007/08.

Los dos aportaron canciones, principalmente, a la historia de un aspirante a supervillano que se enamora de una chica a la que también pretende un arrogante superhéroe, y después tuvieron la oportunidad de probarse como guionistas de ‘Spartacus’. La serie de Starz contaba de nuevo la revuelta de Espartaco contra Roma con un estilo visual muy dramático, con sexo y violencia muy explícitos, y con el paso de las temporadas, bastantes críticos acabaron encontrándola mucho más interesante de lo que parecía en un principio.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Needs’ (1×08)
  2. ‘Epitaph One’ (1×13)
  3. ‘Belonging’ (2×04)
  4. ‘The Attic’ (2×10)
  5. ‘The Hollow Men’ (2×12)

Ficha

Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Creador: Joss Whedon
Año: 2009-10
Reparto: Eliza Dushku, Tahmoh Penikett, Olivia Williams, Fran Kranz, Dichen Lachmann, Enver Gojkaj
Temporadas/capítulos: 2 (26)

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‘Torchwood’

“¿No te preguntas a veces cuánto puedes sobrevivir
antes de volverte loco, o morir o perder a un ser querido?”

¿Y si hubiera una brecha espacio-temporal en la Tierra, y no sólo en la Tierra, sino bajo la bahía de Cardiff, y por ahí entraran todo tipo de alienígenas sedientos de sangre? ¿Quién se encargaría de protegernos de ellos? La respuesta es el Instituto Torchwood, una creación de la era moderna de ‘Doctor Who’ y que, inicialmente, fue creado por la reina Victoria justo para controlar al propio Doctor.

La serie introdujo esa organización en su segunda temporada, en la que ya era todo un éxito de audiencia en BBC y había vuelto a recuperar su posición como una verdadera institución cultural británica, al nivel pop de James Bond y Harry Potter. El Instituto tenía gran protagonismo en el tramo final de aquella temporada, en preparación para el spin off que Russell T. Davies estaba desarrollando, y ya dibujaba las líneas maestras detrás de su funcionamiento. Una de ellas era que los agentes de Torchwood tenían un alto riesgo de morir en cumplimiento del deber.

En realidad, la idea del spin off había surgido con dos episodios de la etapa de Christopher Eccleston como Doctor. Rose, su acompañante, y él habían viajado al Londres del blitz, o lo que es lo mismo, de los bombardeos constantes de la aviación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y habían conocido a un timador lleno de encanto, y capaz también de viajar en el tiempo, que se hacía llamar capitán Jack Harkness. La entrada de ese personaje en la serie, y la manera en la que John Barrowman, su intérprete, transmitía su personalidad juguetona y aventurera, flirteando no sólo con Rose, sino también con el Doctor, lo convirtió rápidamente en uno de los favoritos de los fans. Harkness siguió apareciendo aquí y allá en la primera temporada y, para cuando se emitió el último episodio, había presentado de sobra sus credenciales para protagonizar su propia serie.

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Ésta era ‘Torchwood’, un spin off con un tono más adulto que el familiar de ‘Doctor Who’, aunque al principio se confundió eso con más sexo y más sangre. En realidad, el tono venía marcado por la evolución que aquel último capítulo de la primera temporada de la serie madre había tenido en Harkness. El timador había decidido sacrificarse heroicamente por sus amigos, pero eso había generado una consecuencia imprevista: Jack era inmortal.

¿Cómo es una persona que sabe que no puede morir? ¿Que lo ha intentado incontables veces, sólo para regresar a la vida al poco tiempo? ¿Cómo puede afectar a Harkness darse cuenta no sólo de que es inmortal, sino que está atrapado en la Tierra en el siglo XIX y que no tiene los medios para viajar en el tiempo y buscar al Doctor? ‘Torchwood’ es más oscura porque su protagonista lleva siglos intentando dar con el Doctor para que le explique no sólo que le ha pasado, sino para que le ayude a solucionarlo. La inmortalidad no es un regalo para Jack. Sí, se aprovecha en ocasiones de ella para seguir con sus timos, pero es más una carga para él. Desconocer la causa de su incapacidad para morir tampoco ayuda, y todo eso influye en el Jack Harkness que se presenta ante el espectador en el arranque de ‘Torchwood’.

Éste sigue el clásico esquema de introducir a la audiencia en ese mundo a través de los ojos del nuevo integrante del grupo, en este caso, una policía llamada Gwen Cooper. Su llegada no sólo nos presenta al resto de personajes y el mundo en el que se mueven, sino que empieza a suscitar una cierta evolución en Harkness. Deja de estar desconectado de una vida que no puede abandonar y empieza a involucrarse más en ella.

‘Torchwood’, que recibe su nombre del anagrama con el que se enviaban las cintas de ‘Doctor Who’ del rodaje en Gales a Londres, para evitar filtraciones, va llevando a sus personajes por caminos emocionalmente muy complicados mientras presenta capítulos centrados en alienígenas que necesitan la energía del orgasmo para sobrevivir, viajeros del tiempo que se dedican también a las estafas, como Jack, parásitos de la memoria, personas atrapadas en un bucle temporal, hadas que no se parecen en nada a las de los cuentos… En todos esos episodios se nota la influencia de las series de Joss Whedon, sobre todo en las resoluciones emocionales de bastantes personajes, y de ‘Expediente X’, y se explora cómo ese trabajo tan extraordinario afecta a unos agentes que, hasta entonces, llevaban vidas bastante mundanas. El carácter especial de dicho trabajo se enfatiza en la voz en off que arranca todos los capítulos en las dos primeras temporadas, y que explica que ‘Torchwood’ está “fuera del gobierno, más allá de la policía” y que su labor es “armar a la raza humana contra el futuro”.

‘Torchwood’ tenía un tono un poo más oscuro y adulto porque su protagonista principal, el capitán Jack Harkness, era inmortal

Es una serie bastante irregular, algo que Chris Chibnall, su responsable en las dos primeras entregas, explicaba diciendo que “en cuanto a la gente que hacía la serie, y en cuanto a las notas que nos dio la BBC, eran ser atrevidos y diferentes, y peculiares y extraños, lo que hicimos mejor o peor y con mayor o menor éxito en diferentes episodios” con un tramo muy notable de episodios en la segunda temporada y en la tercera, que es esencialmente una miniserie en la que lo que queda del Instituto Torchwood se enfrenta a la nebulosa amenaza de unos extraterrestres que expone las hipocresías de los gobiernos. Esos cinco capítulos llevan a los personajes a extremos que resultan difíciles de mantener más allá, y prueba que ‘Torchwood’ siempre ha tenido mucha querencia por probar cosas nuevas y, valga la redundancia, extremas. La cuarta entrega, con su punto de partida de un mundo en el que, de la noche a la mañana, nadie muere, es un buen ejemplo de esa tendencia.

Su mejor caso, probablemente, sea el que explora qué ocurre cuando alguien desaparece en la brecha espacio-temporal bajo la bahía de Cardiff y, aunque regresa a casa, lo hace cambiado hasta el punto de ser irreconocible. ¿Cómo pueden sus seres queridos aceptarlo de vuelta, por mucho que quieran? En la exploración emocional de las consecuencias que tiene trabajar para Torchwood es donde la serie da lo mejor de sí misma. Ahí, y en la evolución de Gwen Cooper, especialmente en su relación con Jack, al que los fantasmas de todo lo que ha hecho en su larga vida nunca dejan en paz.

El personaje

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‘Torchwood’ se creó a mayor lucimiento de Jack Harkness y, especialmente, de su intérprete, John Barrowman. Hasta que participó en la primera temporada de ‘Doctor Who’, era un actor sobre todo de musicales del West End londinense, con alguna que otra aparición en películas del mismo género. Harkness lo propulsó al estrellato más geek gracias al lado sarcástico y vacilón del personaje, definido muchas veces como omnisexual. Jack, sin embargo, empieza la serie más taciturno que en ‘Doctor Who’. Era inevitable si había pasado siglos dándose cuenta de que era inmortal, pero sin saber por qué, y sin encontrar al Doctor, la única persona que puede ofrecerle alguna explicación.

Harkness es el líder del equipo de ‘Torchwood’ y, como tal, es el que siempre asume las decisiones más complicadas. A veces es demasiado impulsivo, y el peso de la carga de la inmortalidad es una de las razones por las que la primera temporada de la serie no termina de alcanzar el nivel que sí tendrá en la segunda y, sobre todo, en la tercera. No obstante, Jack es un gran personaje, lleno de contradicciones entre su reticencia a ser un héroe y su capacidad de sacrificio por quienes le importan, y que sí consigue recuperar gran parte de la chispa que tenía en su serie madre.

El creador

La idea de ‘Torchwood’ salió de la cabeza de Russell T. Davies, el responsable de la resurrección de ‘Doctor Who’, pero fue Chris Chibnall quien se encargó de supervisar más de cerca la serie. Chibnall es un veterano guionista, y fan de ‘Doctor Who’, que ya había escrito algún episodio para esa serie cuando empezó a trabajar en ‘Torchwood’. Después, se especializaría en títulos policiacos como ‘Law & order UK’ o ‘Broadchurch’, y él mismo reconoce que la primera temporada era una locura que estaba aún buscando su tono y su camino.

Chibnalll también experimentó un curioso fenómeno, y que es que, durante un par de años, ‘Torchwood’ fue mucho más popular en Estados Unidos que ‘Doctor Who’. La primera era emitida por BBC America, que podía promocionarla de un modo que Syfy no podía hacer con la segunda, y hasta se llegó a buscar un acuerdo de co-producción con Starz para ‘Miracle Day‘, la cuarta temporada. Las tornas cambiaron cuando la rama estadounidense de la cadena pública británica se hizo con los derechos de la serie madre. Chibnall, además, será el nuevo productor ejecutivo de ‘Doctor Who’ después de Steven Moffat.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Random shoes’ (1×09)
  2. ‘Out of time’ (1×10)
  3. ‘Adam’ (2×05)
  4. ‘Adrift’ (2×11)
  5. ‘Day four’ (3×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC-Starz/Reino Unido-Estados Unidos
Año: 2006-11
Creador: Russell T. Davies
Temporadas/capítulos: 4 (41)
Reparto: John Barrowman, Eve Myles, Naoko Mori, Burn Gorman, Gareth David-Lloyd
Otros: Spin off de ‘Doctor Who’.

‘Star Wars Rebels’

“Si todo lo que haces es luchar por tu propia vida,
entonces tu vida no vale nada”.

En 1999, George Lucas volvía al universo de ‘La guerra de las galaxias’ con la primera de una nueva trilogía de películas que debía contar la vida de Anakin Skywalker y cómo pasó de ser la gran esperanza para lograr el equilibrio en la Fuerza y en la Galaxia, a uno de los malos más icónicos, y trágicos, de la historia del cine. ‘La amenaza fantasma’, ‘El ataque de los clones’ y ‘La venganza de los Sith’ eran los últimos capítulos en una saga que había arrancado en 1977 y que se había extendido no sólo en dos secuelas (‘El Imperio contraataca’ y ‘El retorno del jedi’), sino a través de un vasto universo expandido de novelas, cómics, videojuegos y, por supuesto, series de televisión.

Las primeras producciones televisivas de ‘Star Wars’ fueron animaciones muy orientadas a los niños, y centradas en los ewoks y los droides (en concreto, en C3-PO y R2-D2), pero que duraron poco en antena a mediados de los 80, y tampoco dejaron una impresión demasiado duradera en sus espectadores. Cuando se estrenaron las precuelas, precedidas de un reestreno en cines de la trilogía original, remasterizada y con nuevas escenas añadidas, Lucas quiso recuperar también las series de su universo galáctico, que se encargarían de continuar la historia de las nuevas películas. En realidad, su idea era que la serie, con el título de ‘Clone Wars’, conectara los eventos de ‘El ataque de los clones’ con ‘La venganza de los Sith’. Terminó habiendo dos series, una creada por Genndy Tartakovski y la siguiente, llamada ‘The Clone Wars’, supervisada por Dave Filoni, un veterano guionista y productor de la animación estadounidense.

‘The Clone Wars’ sobrevivió seis temporadas en Cartoon Network, contando cómo Anakin Skywalker iba dejándose tentar por el Lado Oscuro y cómo eso repercutía en el nacimiento del Imperio y en los jedis a su alrededor. Sin embargo, a pesar de las buenas críticas y de los fieles fans que la seguían, la serie terminó cuando Disney compró Lucasfilm, y fue sustituida por otra que estuviera más cerca de las nuevas películas de ‘Star Wars’ que el estudio quería producir.

Así surgió ‘Star Wars Rebels’, una aventura mucho más cercana, en tono, a ‘Una nueva esperanza’ (el episodio IV) y que introducía a un nuevo grupo de personajes, varias décadas después de ‘La venganza de los Sith’, con la galaxia sometida ya al Imperio y con los jedis prácticamente exterminados. Es un punto de partida que permite que surja un clásico viaje del héroe como el que emprende Ezra, un chaval huérfano que sobrevive como puede hasta que se topa con la tripulación de la nave Ghost, un grupo heterogéneo que también tira de lo que encuentra a mano para salir adelante. En este caso, suele ser el transporte de contrabando entre diferentes planetas ocupados por el Imperio. Un cúmulo de circunstancias lleva a que Ezra termine viajando con Hera, Kanan, Zeb y el droide Chopper, y a que acabe descubriendo que está llamado a mucho más que a quedarse en su planeta natal de Lothal y dedicarse a robar fruta de los puestos callejeros.

No es que Ezra sea una nueva versión de Luke Skywalker, pero sí que encaja en el mismo arquetipo que él; el del joven normal y corriente que descubre que tiene un poder extraordinario, y que debe decidir qué hace con ese poder. ¿Lo utiliza para ayudar a la gente? ¿O se lo guarda para sí mismo? Las dudas de Ezra son similares a las de la tripulación de la Ghost cuando se encuentran con lo que acabará siendo la Alianza Rebelde. ¿Prefieren seguir trampeando y viviendo sólo para ellos, o se unen a la lucha contra un Imperio que cada vez extiende y fortalece más su yugo sobre la galaxia?

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‘Star Wars Rebels’ no sólo recupera el tono de aventuras de la trilogía original de ‘Star Wars’, sino que gira alrededor de asuntos muy clásicos en ese universo, desde el dilema entre buscar sólo la propia supervivencia o entregarse a un bien común, a algo mayor que una sola persona, a la necesidad de contar con una comunidad en la que apoyarse en tiempos difíciles. Al fin y al cabo, la serie está ambientada en una época oscura para la galaxia, con los jedis aniquilados. Todo lo que queda de ellos son templos olvidados y abandonados y Kanan, que nunca llegó a completar su entrenamiento antes de que entrara en vigor la Orden 66 que les dio fin.

Esa melancolía y esa oscuridad se asoman de vez en cuando a ‘Star Wars Rebels’, que no deja de estar dirigida a un público infantil-juvenil y, como tal, opta por ir presentando a sus personajes con diferentes misiones que cumplir en cada capítulo. Pero la presencia de los Inquisidores, del agente Callus, y la sombra constante de Darth Vader dan a la serie un toque, de vez en cuando, un poco más inquietante. ‘Star Wars Rebels’, como ocurría también con ‘The Clone Wars’, se va volviendo un poquito más seria con el paso de los episodios. Aunque veamos cómo los rebeldes consiguen pequeñas victorias contra el Imperio, también sabemos que, hasta ‘El retorno del jedi’, éste no es derrotado, por lo que los protagonistas de la serie tienen por delante momentos todavía más difíciles por superar.

Y para que se note que forma parte de un universo expandido y unificado con las películas, por la serie se pasean personajes clásicos tanto de éstas como de la anterior serie animada de ‘Star Wars’, de Chewbacca o Lando Calrissian a algunos participantes de las Guerras Clon. ‘Star Wars Rebels’ es una space opera de aventuras muy consciente de cuál es su público, pero también que un parte muy importante de la saga es la lucha interior entre el Lado Oscuro de la Fuerza y el de la Luz.

El personaje

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El protagonista de ‘Star Wars Rebels’ puede ser Ezra, pero el personaje que va adquiriendo más importancia con el paso de los episodios es Kanan (Freddie Prinze Jr.), el aprendiz de jedi que no pudo completar su formación porque el naciente Imperio acabó con todos sus maestros. Kanan acepta a regañadientes que Ezra se una a su equipo, y también se resiste a dejarse convencer por Hera, la piloto de su nave, para que se integren más a fondo en la Alianza Rebelde, para que dejen de ser pequeños contrabandistas siempre perseguidos por el Imperio, y pasen a luchar contra él de una manera más directa. En Kanan se ve el miedo a asumir quién es, a darse cuenta de que es un jedi y de que no puede esconderse de su destino, que no puede mantenerse al margen de lo que está pasando a su alrededor.

El viaje iniciático de Ezra es también el de Kanan hacia convertirse en ese líder que se resistía a ser. Para él, dar ese paso implica, de algún modo, revivir el pasado, retomar un camino que se truncó de forma violenta, pero es lo que debe hacer. Kanan va mostrando una gran capacidad de sacrificio y de comprensión del curso de acción a seguir en cada momento, aunque también puede ser terco y negarse a asumir algunas cosas que tiene delante de sus narices. Y resulta curioso que ‘Star Wars Rebels’ presente desde el principio, y de una manera muy sutil, que entre Kanan y Hera hay una relación que va más allá del liderazgo de su grupo, o de la confianza que pueden tener uno en el otro. De momento, es la única relación romántica de la serie, pero no queda explícita ni se trata como algo especial.

Los creadores

‘Star Wars Rebels’ tiene tres creadores, Simon Kinberg, Carrie Beck y Dave Filoni, pero es Filoni quien la supervisa. Este guionista y director es todo un veterano de la animación de Lucasfilm, pues también trabajó anteriormente en ‘The Clone Wars’, y empezó a formarse un nombre en una de la series animadas de más éxito en los últimos tiempos, ‘Avatar: The last airbender’. Filoni colaboró muy de cerca con George Lucas en la creación de aquella primera serie, y siempre se ha mantenido fiel al espíritu de las primeras películas de la saga.

En cuanto a los otros dos creadores, Simon Kinberg es un veterano guionista de Hollywood, responsable entre otras de las películas de ‘X-Men’ dirigidas por Bryan Singer, mientras Carrie Beck es una productora involucrada, sobre todo, con los títulos de animación de Lucasfilm y, en concreto, los situados en el universo de ‘Star Wars’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Call to action’ (1×12)
  2. ‘Fire across the galaxy’ (1×14)
  3. ‘The siege of Lothal’ (2×01)
  4. ‘The future of the Force’ (2×09)
  5. ‘Twilight of the apprentice’ (2×20)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Disney XD/Estados Unidos
Año: 2014-
Creadores: Dave Filoni, Simon Kinberg y Carrie Beck
Reparto (voces): Freddie Prinze Jr., Taylor Gray, Vanessa Marshall, Steve Blum, Tiya Sicar, David Oyelowo
Temporadas/capítulos: 2 (25)
Otros: Basada en el universo de ‘Star Wars’, de George Lucas

‘Perdidos’

¿Por qué quieres marcharte de la isla?
¿A qué quieres volver tan desesperadamente?

En la televisión de los últimos años, hay pocos fenómenos que estén a la altura de lo que fue ‘Perdidos’. La historia de los supervivientes de un accidente de avión, aislados en una isla misteriosa, desató toda una histeria por internet de teorías sobre lo que estaba pasando allí, de análisis fotograma a fotograma de los capítulos en busca de pistas, de entrevistas a sus guionistas para que explicaran la revelación del último episodio emitido, de fans quejándose sin parar por Twitter cuando vieron el final de la serie y decidieron que no les había gustado. En parte, la culpa de este gran interés por las series la tiene este título que, junto con ‘Mujeres desesperadas’, dio un vuelco a la complicada situación en la que estaba el canal ABC en el otoño de 2004, y cambió definitivamente la manera en la que se veía y se comentaba la ficción televisiva.

Nada de eso estaba en las mentes de los ejecutivos del canal, desesperados por conseguir un éxito que los sacara de la última posición en audiencias. Tal vez por eso, acabó fructificando una idea de hacer un ‘Supervivientes’ con guión, una idea que, a priori, era una completa locura (y que cristalizó en el piloto más caro producido hasta aquel momento), pero que acabó funcionando mejor de lo que nadie habría soñado nunca.

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Desde luego, bastante mejor de lo que se imaginaba Lloyd Braun, el ejecutivo de ABC al que se le ocurrió el concepto de la serie durante unas vacaciones familiares en Hawai, y mientras veía en televisión la película ‘Náufrago’: “Y entonces, la idea de ‘Supervivientes’ apareció en mi cabeza. No sé por qué. Y lo uní todo. ¿Y si había un avión que se estrelló y una docena de personas sobrevivieron, y ninguno se conocía? Tu pasado sería casi irrelevante. Podrías reinventar quién eres. Tendrías que pensar, ¿cómo sobrevives?” Como contó en el libro ‘The revolution was televised‘, de Alan Sepinwall, A Braun le habían encargado ese verano, como al resto de directivos de canal, que pensara algo nuevo para la programación de la siguiente temporada, algo que sacara a ABC del último puesto en las audiencias. Y esa fue su idea.

La premisa de ‘Perdidos’ era sencilla. El vuelo Oceanic 815 de Sydney a Los Ángeles se estrella en una isla perdida en medio de ninguna parte, y los supervivientes se dan cuenta enseguida de que hay algo extraño, y potencialmente muy peligroso, en ella. Desde el primer capítulo, los personajes tienen ya encontronazos con un oso polar y con un misterioso “monstruo” al que oyen rugir (o algo así) por la noche, y del que ven cómo sacude los árboles de la selva cuando se mueve.

¿Dónde están? ¿Qué secretos guarda esa isla? ¿Y están realmente solos en ella? Esas tres preguntas impulsaron la trama durante buena parte de las seis temporadas que ‘Perdidos’ estuvo en antena, pero si la serie aguantó tanto, y enganchó con tanta rapidez a los espectadores, era también porque el mayor misterio de todos eran sus personajes. Cuando arranca el primer capítulo, no sabemos quiénes son ni de dónde provienen; eso se va desvelando poco a poco, en flashbacks de su pasado que iban ayudándonos a comprender sus acciones en la isla, y que se convirtieron en un recurso narrativo muy repetido en series posteriores (hasta en algunas tan alejadas de ‘Perdidos’, a priori, como ‘Orange is the new black’).

Pero sólo con una isla misteriosa no basta para considerar a una serie dentro de la ciencia ficción, y menos aún en el subgénero de los viajes en el tiempo. La idea original de Lloyd Braun fue refinada por J.J. Abrams y Damon Lindelof, que escribieron el guión del episodio piloto y establecieron la “biblia” de la serie: cuáles iban a ser los grandes enigmas, qué iba a pasar en la primera temporada, qué temas se iban a tocar. El propio Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de ir revelando despacio no sólo el pasado de sus personajes, sino los elementos del género que estaban presentes en la serie. En la isla, por ejemplo, aparecen de improviso barcos naufragados hace siglos, o extrañas estatuas cuya presencia allí es, cuanto menos, desconcertante. Y esto sin mencionar de nuevo que los supervivientes se topan en el primer capítulo con un oso polar. En una isla tropical.

El componente de desplazamiento temporal se va introduciendo poco a poco desde la tercera temporada, cuando se descubre que la isla tiene una intensa actividad electromagnética y se empieza a descubrir que, realmente, los náufragos del vuelo Oceanic 815 no sólo no están solos allí, sino que no son los primeros en haberse encontrado atrapados en sus selvas y sus playas.

La clave de ‘Perdidos’ estaba, más que en los misterios de la isla, en los de sus propios personajes

No obstante, aunque los fans de ‘Perdidos’ (los losties) dedicaron horas, días y semanas a buscar significados ocultos detrás de los nombres de algunos personajes (extraídos de filósofos como Locke o Rousseau y de científicos como Faraday o Hawking) o de los libros que Sawyer leía en la playa (de repente, en Estados Unidos se hizo muy popular ‘La invención de Morel’, de Adolfo Bioy Casares), eran los personajes donde estaba el verdadero quid de la cuestión. Sus intentos por salir de la isla y regresar a unas vidas que, en realidad, no marchaban como les habría gustado que fueran, los ponían ante la tesitura de otorgarse a sí mismos una oportunidad de volver a empezar, de cambiar, de ser quiénes de verdad querían ser. O quiénes estaban llamados a ser.

‘Perdidos’ es más una historia de redención que de aventuras a través del espacio-tiempo (que también), y su tema quedaba ya muy claro desde uno de los primeros episodios, titulado, además, ‘Tabula rasa’: “Todos morimos hace tres días. Deberíamos ser capaces de empezar de nuevo”.

El personaje

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No es fácil quedarse con uno solo de la multitud de personajes que habitó ‘Perdidos’. Sin embargo, ya que la serie está incluida en el apartado de viajes en el tiempo, ese personaje bien puede ser Desmond Hume (Michael Ian Cusick), un tipo que llega a la isla por accidente, por probar al padre de la mujer que ama que es digno de ella, y que acaba estando separado del tiempo. Su arco en la cuarta temporada es uno de los más célebres de ‘Perdidos’, y también el que se mete más a fondo en el tema de los saltos temporales. Desmond ya no tiene ningún agarre en el continuo espacio-temporal, tiene la capacidad de ir a cualquier punto de su historia, pero esa libertad de movimientos tiene un coste físico que puede terminar pagando con su vida. La única manera de salvarse es encontrar un “ancla” en su cronología, una constante que le permita saber siempre dónde, cuándo está.

La historia de Desmond está inspirada no sólo por ‘La mujer del viajero en el tiempo’, de Audrey Niffenegger, sino también por el libro más conocido de Kurt Vonnegut, ‘Matadero Cinco’. Su protagonista, Billy Pilgrim, es un soldado estadounidense que también se separa de sus ataduras temporales durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto durante el bombardeo aliado de Dresde, y que va revisitando diferentes momentos de su vida. En las últimas temporadas de ‘Perdidos’, el viaje en el tiempo adquiere más importancia para la trama porque ayuda a explicar, en parte, la verdadera naturaleza de la isla, pero también fue una de las razones por las que una amplia representación del público fue abandonando la serie. Que enseñara finalmente sus cartas de ciencia ficción no terminaba de encajar con un fenómeno para la audiencia más masiva.

Los creadores

La historia de cómo se puso en marcha ‘Perdidos’ daría para otra serie. Inicialmente, la idea original la tuvo Lloy Braun, ejecutivo de ABC cuyo puesto de trabajo dependía de proponer alguna nueva serie que pudiera cambiar el rumbo que llevaba la cadena en audiencias, y que le encargó la primera escritura de esa idea a Jeffrey Lieber. Braun acabó siendo despedido antes de que se emitiera el piloto, pero tuvo tiempo de encargarle una revisión del proyecto a J.J. Abrams, que ya había desarrollado para el canal un éxito como la serie de espías ‘Alias’.

Abrams buscó, a su vez, la ayuda de otro guionista, Damon Lindelof, con el que amplió el embrión de idea de Lieber (‘Supervivientes’ + ‘Náufrago’) y con el que escribió el piloto, buscó a los actores, lo rodó y lo dejó listo para su emisión en sólo dos meses, un tiempo récord. Para el resto de la serie, Lindelof contaría con la colaboración de Carlton Cuse, veterano guionista y productor que había trabajado en ‘Las aventuras de Brisco County’ y para el que Lindelof había escrito en ‘Nash Bridges’, una serie policiaca con Don Johnson. Los dos, sin darse cuenta, casi “inventaron” también la era en la que el showrunner de las series es tan famoso, o más, que sus actores.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The other 48 days’ (2×07)
  3. ‘The man behind the curtain’ (3×20)
  4. ‘The constant’ (4×05)
  5. ‘Whatever happened, happened’ (5×11)

Ficha

Título original: ‘Lost’
Cadena/nacionalidad: ABC/Estados Unidos
Año: 2004-10
Creadores: J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber
Reparto: Matthew Fox, Evangeline Lilly, Josh Holloway, Yunjin Kim, Naveen Andrews, Dominic Monaghan, Terry O’Quinn
Temporadas/capítulos: 6 (121)

‘Xena, la princesa guerrera’

“La primera vez que empuñas una espada, 
te conviertes en un objetivo. 
Y en cuanto matas, todo cambia. Todo”.

En la década de los 90 era habitual desarrollar series directamente para su emisión sindicada, es decir, para que se vieran en las redes de afiliadas locales a las grandes cadenas en abierto o en los canales de cable básico. Así se puso en marcha ‘Star Trek. La nueva generación’, por ejemplo, y así se desarrolló todo un universo paralelo de aventuras que adaptaba o, mejor, se divertía y remezclaba historias de la mitología griega,  convirtiéndolas en historias de fantasía épica sin ningún complejo ni sentido del ridículo. La productora de Sam Raimi y el guionista Robert Tapert crearon así ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, serie de la que saldría uno de los personajes femeninos más influyentes de la televisión reciente: Xena, la princesa guerrera.

Xena era una villana en la serie de Hércules, una guerrera despiadada que, cuando pasó a protagonizar su propia historia, se dedicó a expiar sus antiguos pecados, a buscar la redención por todas las cosas terribles que había hecho antes. Y sin tomarse a sí misma demasiado en serio. O, más concretamente, la serie nunca lo hizo, porque para Xena sí que era importante esa búsqueda de la redención, que intentaba lograr ayudando a la gente que lo necesitara. En ese aspecto, era lo más parecido a un caballero andante que las producciones de Sam Raimi podían imaginar.

Xena, la princesa guerrera’ era una serie de aventuras protagonizada por una heroína formidable, una variación de la figura del “guerrero justo” sobre la que se han construido muchos mitos de la narrativa occidental, y en la que se mezclaban después aspectos de filosofías orientales, de religiones como el hinduismo y de, por supuesto, los mitos clásicos de Grecia y Roma. En un ensayo sobre las mujeres guerreras televisivas para la universidad de Syracuse, Frances Early y Kathleen Kennedy apuntaban que ese guerrero justo es “el ciudadano responsable cuya voluntad para derramar sangre en aras del bien común le da privilegios para tener control sobre sí mismo y sobre los demás”.

Es el héroe más tradicional y clásico, y Xena venía a revolucionar esa figura simplemente por ser una mujer. Y porque su camino vital era de expiación. Es lo que ha hecho que la serie sea una favorita a la hora de los estudios universitarios de la representación de los roles de género en la ficción, un estatus académico que parecería improbable si nos asomamos a sus capítulos.

xena-gabrielle

Un sentido de la diversión y del pastiche es el que impregna todas las aventuras de Xena, su acompañante Gabrielle y el bufón Joxer. No hay ningún rigor histórico en ellas, sino que sus responsables buscan el entretenimiento y mantener a su protagonista en constante evolución. No se les caen los anillos por presentar a Ares, dios de la guerra, como un arrogante tipo vestido todo de cuero, por ejemplo, y tampoco les preocupa lo más mínimo que entre Xena y Gabrielle se vaya creando un subtexto lésbico que es otra de las razones por la que la serie ha sido mucho más analizada y estudiada de lo que nadie se imaginaría inicialmente.

Y lo más curioso de todo es que parte de la culpa de su éxito, que es el enorme carisma de Lucy Lawless como Xena, llegó casi de casualidad, porque la actriz contratada originalmente para el papel, Vanesa Angel, no pudo viajar a Nueva Zelanda a tiempo para el inicio del rodaje.

Xena no puede entenderse sin el protagonismo de Lucy Lawless, lanzada a la fama gracias a ese papel

El protagonismo de Lawless es indisociable de la serie. No sólo les permitía conseguir escenas de lucha convincentes, sino que encajaba bien en el tono humorístico y casi paródico de muchas aventuras y, por otro lado, no desentonaba en las historias con mayor carga emocional. Sin la actriz, quizás ‘Xena, la princesa guerrera’ no habría llegado a ser el gran éxito que fue a mediados de la década de los 90, y tal vez esa heroína amazona no habría resultado tan influyente en la ficción posterior. Ella puede deberse a pioneras como Wonder Woman o la mujer biónica, pero buena parte de las protagonistas de acción posteriores en televisión le deben casi todo a Xena.

El personaje

Xena

Evidentemente, no se puede hablar de ‘Xena, la princesa guerrera’ y no destacar a su gran protagonista, Xena (Lucy Lawless), guerrera amazona que dedica toda la serie a expiar los actos terribles que cometió durante su paso por ‘Hércules: Sus viajes legendarios’. Para ello, viaja por todo el mundo ayudando a gente que se encuentre aterrorizada por algún villano, o que esté en peligro. Xena es muy consciente de que no es una buena persona y de que tiene que ser responsable de sus acciones pasadas, que es justo lo que acaba convirtiéndola en una heroína mucho más moderna y menos de una pieza de lo que era habitual en los héroes masculinos de la época.

La versatilidad de Lawless en el papel (que estudió canto), y su gran dinámica con Renee O’Connor (Gabrielle), permitió a los guionistas utilizar capítulos musicales para explorar las dudas y tormentos emocionales de sus personajes, extraer comedia de algunos de los clichés más utilizados en el género de espada y brujería y, por supuesto, explorar más en profundidad la relación de amistad (bordeando siempre lo romántico) entre sus dos protagonistas femeninas. La fructífera vida post-serie que el personaje ha tenido en cómics y libros prueba su condición más que como objeto de culto, como todo un fenómeno pop. Lucy Lawless ha descrito varias veces ‘Xena, la princesa guerrera’ como “una serie tontorrona para gente inteligente”.

Los creadores

Los responsables de ‘Xena, la princesa guerrera’ eran John Schulian y Robert Tapert, que ya había participado en ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, y que era un viejo conocido de Sam Raimi, al que le produjo ‘Terroríficamente muertos’ y con el que ha seguido colaborando después en casi todos sus proyectos, incluida la serie ‘Ash vs Evil Dead’. Tapert desarrolló la serie ante el éxito de la serie de Hércules y la petición de los ejecutivos de continuar ese éxito con un spin-off.

Xena era el personaje que tenía más potencial para tener su propia serie, aunque el propio Tapert pensaba en su momento que podía ser complicado vender una ficción de aventuras con una guerrera en su centro. Pronto se vio que estaba equivocado. Sin embargo, el verdadero creador del personaje era un veterano guionista televisivo como John Schulian, que había escrito el capítulo de ‘Hércules’ en el que Xena hacía su primera aparición.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Destiny’ (2×12)
  2. ‘The debt’ (3×06)
  3. ‘The bitter suite’ (3×12)
  4. ‘The ides of march (4×21)
  5. ‘The haunting of Amphipolis’ (6×02)

Ficha

Título original: ‘Xena, Warrior Princess’
Cadena/nacionalidad: Sindicación/Nueva Zelanda-Estados Unidos
Año: 1995-2001
Creadores: John Schulian y Robert Talpert
Reparto: Lucy Lawless, Renee O’Connor, Ted Raimi, Kevin Tod Smith, Hudson Leick, Bruce Campbell
Temporadas/capítulos: 6 (134)
Otros: Spin-off de ‘Hércules: Sus viajes legendarios’
Dónde verla: Editada en DVD

‘Alien Nación’

“Son antinaturales. Ya se han llevado demasiados empleos,
¡nuestros empleos! Si los dejamos entrar ahora,
habrá mil más la semana que viene”.

En 1986, la Administración Reagan firmaba la Ley de Reforma del Control de la Inmigración, que legalizaba la situación irregular de tres millones de inmigrantes que llevaban en Estados Unidos desde antes del 1 de enero de 1982. Dos años más tarde, se estrenaba una película que encajaba en la moda de las buddy movies de la época, o lo que es lo mismo, de la pareja de policías con personalidades contrapuestas, dando un giro un poco extremo al subgénero. En lugar de tener un detective serio y profesional y otro alocado que siempre se salta las reglas, ‘Alien Nación’ contaba con un policía humano y otro, extraterrestre.

La película, y la serie que estrenó Fox un año después, mostraba unos Estados Unidos en los que se había integrado una raza de alienígenas que había llegado en una enorme nave espacial, con 250.000 tripulantes. Huían de la esclavitud de su planeta natal, y en cuanto aterrizan en la Tierra, el presidente Reagan les daba amnistía total y les garantizaba un camino más fácil para obtener la ciudadanía estadounidense.

‘Alien Nación’ es una historia de inmigrantes que deben enfrentarse a los prejuicios y recelos de la comunidad que los acoge

Pero todo esto es más sencillo de decir que de hacer, y tres años más tarde, aunque parece que los extraterrestres están realmente integrados en la sociedad norteamericana, en realidad sufren discriminaciones de todo tipo y su población se ve seriamente afectada por una nueva y potente droga. Los dos protagonistas de la serie, los detectives Matthew Sikes y Francisco, el alienígena, van descubriendo no sólo el submundo criminal de la sociedad de los extraterrestres, sino también quienes son los Amos que crearon su raza para esclavizarla, y hasta donde pueden llegar los Puristas, una organización humana que considera que los Recién Llegados están arrebatándoles sus trabajos y son una amenaza para su forma de vida.

Los paralelismos sociales estaban muy claros en la serie, algo que conecta los trabajos de Rockne S. O’Bannon, guionista de la película, y Kenneth Johnson, responsable de la puesta en marcha de la serie, que sólo duró una temporada. O’Bannon, sin embargo, quería que esas alegorías sociales y el comentario sobre dos culturas diferentes que aprenden a respetarse, se viera a través de la relación de sus dos protagonistas. “Para mí, (lo importante) era enfatizar el aspecto de la hermandad de policías contradictorios, y enraizarlo de esa manera”, afirmaba el guionista. Para Johnson, el lado social también era muy importante, aunque los fans consideraban que, a veces, los paralelismos con la situación de los inmigrantes en Estados Unidos y, sobre todo, de la “guerra contra la droga” lanzada por el presidente Reagan a mediados de los 80 eran demasiado obvios.

Era exactamente lo que se buscaba. La excusa de toda una raza alienígena que llega a la Tierra, y que intenta integrarse sin perder sus costumbres, y sin dejarse amilanar por los grupos xenófobos que quieren expulsarla, es un vehículo perfecto para hacer analogías sociales que, de otro modo, quizás no resultarían tan efectivas.

aliennacion

Para Johnson, de hecho, esa posibilidad es lo que más le atrajo del proyecto. Sikes, el policía humano, era el violento e impulsivo, y el que tenía que hacer más esfuerzo por superar su educación conservadora para aceptar a su compañero. Francisco entraba en el arquetipo del detective más reflexivo, y es a través de él como se va profundizando en la cultura de los extraterrestres y los problemas a los que tienen que enfrentarse para adaptarse a su nueva vida en la Tierra. Algunos se resisten a ello, por ejemplo, y aunque la serie fue cancelada en 1990, las revueltas raciales de principios de esa década (como la motivada por la muerte de Rodney King a manos de varios policías de Los Ángeles) mostraban que la serie había estado muy acertada en sus alegorías sobre la situación social de un país en el que aún se miraba con recelo a sus minorías étnicas.

 

Los temas de ‘Alien Nación’ pueden encontrarse explorados de nuevo en títulos mucho más recientes. Películas como ‘District 9’ y series juveniles como ‘Star Crossed’ han explorado los mismos temas (en el caso de la segunda, disfrazada de una historia de amor a lo ‘Romeo y Julieta’), y otras como ‘Almost human’ han utilizado el mismo concepto que ‘Alien Nación’, pero emparejando a un policía humano y a otro robótico. Era una serie sobre la tolerancia y la aceptación del otro, disfrazada de policiaco de ciencia ficción, y aunque no fuera una de las mejores producciones de los 80, sí mostraba el potencial del género para el comentario social.

El personaje

francisco

George Francisco (Eric Pierpoint) era el personaje que ‘Alien Nación’ utilizaba para adentrar al espectador en la cultura y las costumbres de los extraterrestres. Y también para mostrar las dificultades intrínsecas a empezar de nuevo en un planeta (o país) totalmente extraño, con tradiciones que resultan tan alienígenas para los Recién Llegados como su cabeza calva y alargada lo es para los humanos. Francisco mantiene aún parte de la capacidad de sorpresa ante algunas costumbres terrícolas, mientras la lucha de su hijo por no integrarse en la Tierra, hasta negándose a aprender inglés, cuenta la otra cara de esos especiales inmigrantes.

A través de él, también, la serie aprovecha para explorar con mayor detalle la diferente biología de los alienígenas, en los que el macho comparte el embarazo con la hembra, por ejemplo. Como es lógico, igualmente es el personaje en el que ‘Alien Nación’ refleja más las tensiones raciales de ese Los Ángeles mestizo que, sin embargo, se resiste a darse cuenta de que lo es. El propio Johnson afirmaba que “Fox pensaba que tenía ‘Arma letal’ con alienígenas, y yo dije, ‘no, no, no’. Sería mucho más interesante hacer ‘En el calor de la noche’ y mostrar los prejuicios raciales, y la discriminación y el choque de culturas”.

El creador

Después de Kenneth Johnson (del que ya hablamos al comentar ‘V‘), fue Diane Frolov la guionista que más capítulos escribió de ‘Alien Nación’, varios de ellos con su marido, Andrew Schneider. Frolov es un caso de guionista que pasa por algunos de los títulos más destacables de los últimos años en televisión, sin que nunca se haga del todo famosa. Participó también en ‘Doctor en Alaska’ y en ‘V’, y sus trabajos más reconocibles actualmente bien pueden ser ‘Los Soprano’ (que creó David Chase, showrunner de la serie anterior durante sus dos últimas temporadas) y ‘Boardwalk Empire’, siempre al lado de su marido.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The night of the screams’ (1×06)
  2. ‘Three to tango’ (1×08)
  3. ‘Chains of love’ (1×10)
  4. ‘Green eyes’ (1×21)

Ficha

Título original: ‘Alien Nation’
Cadena/nacionalidad: Fox/Estados Unidos
Creador: Kenneth Johnson
Año: 1989-90
Reparto: Gary Graham, Eric Pierpoint, Michelle Scarabelli, Lauren Woodland, Sean Six
Temporadas/capítulos: 1 (22), más cinco tv movies
Otros: Basada en la película ‘Alien Nación’, de Graham Baker

‘Los 100’

Quiénes somos y quiénes tenemos que ser para sobrevivir 
son dos cosas muy diferentes

En la imaginación de los autores de ciencia ficción, el mundo se ha acabado muchas veces. Una epidemia letal, un impacto de meteorito, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático o el apocalipsis preferido en la década de 1980, el holocausto nuclear, han destruido el planeta tal y como lo conocemos en incontables libros, películas y series, y lo que vemos después es cómo los supervivientes de aquel cataclismo se adaptan a ese nuevo mundo. En el caso de ‘Los 100’, los que logran sobrevivir a una guerra nuclear no se quedan en la superficie para averiguarlo; escapan a una gran estación orbital en la que se refugian esperando que, en algún momento, el efecto de la radiación no sea tan nocivo y les permita regresar.

En ese siglo que la humanidad ha permanecido en el espacio ha nacido toda una nueva generación que nunca ha pisado la Tierra, y cuyo mundo se reduce a unos módulos metálicos en los que hay que racionar los alimentos y donde todo se recicla, y hay un estricto control de la natalidad para no sobrepoblar la estación y, por tanto, preservar lo máximo posible el sistema de soporte vital.

‘Los 100’ es una clásica historia post-apocalíptica de supervivencia a toda costa

Pero éste tiene, inevitablemente, una fecha de caducidad, y 97 años después de que huyeran de la superficie del planeta, es más que probable que no les quede más remedio que regresar si no quieren morir en el espacio. Para comprobar si la Tierra vuelve a ser habitable, se envía a cien jóvenes delincuentes, encerrados por delitos que pueden ir desde el robo al gasto irresponsable de provisiones, con la misión de que informen al Arca si la humanidad puede volver a la superficie. Por supuesto, las cosas se torcerán desde el mismo momento en el que los adolescentes pongan un pie en esa nueva Tierra post-apocalíptica.

‘Los 100’ muestra un planeta en el que la radiación ha afectado de diferentes maneras a sus habitantes: los animales tienen mutaciones extrañas, los bosques se han adueñado de las ciudades desiertas y las personas que sobrevivieron a las bombas, y que se quedaron en la superficie, se han agrupado en tribus con sus propias normas, dejando de lado casi todos los avances tecnológicos de la época de la guerra. Los que vuelven del espacio tienen que aprender rápidamente a adaptarse a ese nuevo entorno si quieren sobrevivir, porque precisamente eso, la supervivencia, es el tema principal de la serie.

Toda buena historia post-apocalíptica gira en torno a ello: hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para seguir con vida, cómo evolucionaríamos en un medio ambiente hostil, cómo intentaríamos reconstruir una sociedad y qué haríamos para protegerla. ¿Abogaríamos por la violencia, o buscaríamos un contrato social, una manera de llegar a acuerdos y pactos para poder vivir en cierta paz? Estas preguntas se exploran en ‘Los 100’ a través de sus personajes adolescentes y, especialmente, de su gran protagonista, Clarke Griffin, una joven que debe aprender a marchas forzadas lo que implica ser la líder de su grupo.

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En Clarke se personifican todas las decisiones imposibles que los supervivientes tienen que tomar no sólo en la Tierra, sino también en el Arca, donde el bien de la mayoría es siempre el objetivo que motiva algunas de las acciones, a priori, más difíciles de justificar, aquellas en las que las series suelen dar vuelta atrás antes de que se vuelvan demasiado serias. ‘Los 100’ siempre las explora hasta sus últimas consecuencias, que es la razón por la que ha conseguido dar el salto de “jóvenes guapos viviendo aventuras en un bosque” a un título bastante valiente con los caminos por los que lleva a sus personajes.

La ciencia ficción juvenil (o young adult, como se la identifica más habitualmente en la actualidad) puede dar obras que realmente estén reflejando aspectos de nuestra sociedad que, de otro modo, sería un poco más complicado explorar. Si ‘Los juegos del hambre’ trata asuntos como las consecuencias de la conversión de las guerras modernas en espectáculos televisivos o la cultura de los reality shows, ‘Los 100’ se pregunta si, en esa nueva sociedad post-apocalíptica, dejaríamos de lado algunos de nuestros prejuicios y crearíamos algo más justo. ¿Seríamos capaces de hacerlo o, como decían en ‘Battlestar Galactica’, todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez?

El personaje

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El gran hallazgo de ‘Los 100’ es su protagonista, Clarke Griffin (Eliza Taylor), una adolescente que se ve obligada a asumir una posición de mando si quiere que sus compañeros sobrevivan a la estancia en la superficie de la Tierra. Clarke sigue el esquema del líder reticente, el que no se ve como jefe de todo su grupo, pero al que no le queda más remedio que hacerlo, que tomar las decisiones difíciles para que todos tengan una oportunidad de continuar con vida. En ese aspecto, sigue la tendencia de las protagonistas jóvenes y fuertes de la ciencia ficción juvenil de los últimos tiempos, personificadas en Katniss Everdeen, de ‘Los juegos de hambre’. Al igual que ella, a Clarke también le pesan las consecuencias de las cosas que tiene que hacer, pero no duda a la hora de llevarlas a cabo.

La evolución de Clarke a lo largo de la serie también ha puesto sobre la mesa otros temas poco tratados en la televisión norteamericana, como su bisexualidad, que nadie cuestiona y que no se presenta como un rasgo definitorio de su carácter. Y junto con ella, sería justo recordar otro de los hallazgos de ‘Los 100’, Lexa (Alycia Debnam-Carey), la comandante de los terrícolas. Ella representa a alguien endurecido por el mundo en el que vive y por la enorme responsabilidad que lleva sobre sus hombros, y es un espejo en el que Clarke puede mirarse y decidir si quiere seguir ese camino solitario, y de hermetismo emocional, o si prefiere buscar otra manera de ser una líder.

El creador

Aunque esté basada en un libro de Kass Morgan, la adaptación que hace Jason Rothenberg, su responsable, es bastante libre, por lo que puede decirse que es el creador de la serie. Rothenberg tenía poca experiencia como guionista de televisión hasta este proyecto. Su anterior serie, también para The CW, se titulaba ‘Body Politic’ y seguía a varios jóvenes trabajadores del Capitolio y de otras instituciones del gobierno de Estados Unidos, pero no pasó del episodio piloto.

‘Los 100’ es, por tanto, su gran carta de presentación en Hollywood, una en la que él mismo confiesa que tiene las mismas miras que ‘El Señor de los Anillos’ y ‘Juego de tronos’, en cuanto a amplitud del mundo que presenta, y a su voluntad por seguir hasta el final tramas que pueden derivar en lugares más oscuros de lo habitual para un título considerado, a priori, juvenil. Rothenberg también se ha visto en medio de agrias polémicas con los fans en las redes sociales, algo que ya entra en el contrato de los showrunners actuales.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Twilight’s last gleaming’ (1×05)
  2. ‘I am become Death’ (1×10)
  3. ‘Spacewalker’ (2×08)
  4. ‘Blood must have blood’ (2×15)
  5. ‘Thirteen’ (3×07)

Ficha

Título original: ‘The 100’
Cadena/nacionalidad: The CW/Estados Unidos
Creador: Jason Rothenberg
Año: 2014-
Reparto: Eliza Taylor, Paige Turco, Henry Ian Cusick, Isaiah Washington, Marie Avgeropoulos, Richard Harmon
Temporadas/capítulos: 3 (45)
Otros: Basada en una saga de libros de Kass Morgan
Dónde verla: Syfy España, Netflix

‘Orphan Black’

– Hay nueve como tú.
– ¡No! Sólo hay una como yo.”

¿Quién es esa mujer tan parecida a Sarah que acaba de tirarse al tren delante de ella? ¿De dónde ha salido? ¿Y por qué, de repente, hay otras tres mujeres que también son idénticas físicamente a ella? ¿Quién es Sarah en realidad? Estas preguntas son el principio de un misterio, y también el arranque de ‘Orphan Black’, una de las series más sorprendentes de los últimos años. Fue de las primeras producidas específicamente para BBC America, la filial estadounidense de la cadena pública británica, y también una de las más inesperadas porque no entraba en los planes de nadie que, de repente, alguien decidiera hacer en serio una serie de misterio sobre clones. Y no sólo sobre clones, sino sobre clones femeninos, lo que abría el programa a la exploración de temas que la televisión no suele tratar habitualmente.

Pero el inicio de todo es muy sencillo; Sarah se baja en la estación, y ve a otra mujer igual que ella tirarse al tren. Es la imagen con la que empezaron a trabajar el guionista Graeme Manson y el director John Fawcett cuando aún eran estudiantes de cine, y que intentaron desarrollar como película en 2007. Sin embargo, no conseguían dar con el final apropiado y acabaron dándose cuenta de que, en realidad, podría ser una buena idea para una serie de televisión.

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En 2009, cuando Fawcett y Manson comenzaron a ponerla en pie, el panorama de las cadenas que estaban adentrándose en la ficción de producción propia se había ampliado con la entrada en liza de AMC, y nadie quería quedarse atrás en cuanto a ampliar su parrilla con programas high concept y con potencial para tener al público discutiendo en las redes sociales qué estaba pasando ahí. En BBC America, desde luego, habían comenzado a tomarse en serio dicha ampliación con la “recuperación” de la nueva época de ‘Doctor Who’, cuyas primeras cuatro temporadas se emitieron en Estados Unidos en Syfy, y pretendían acompañar el estreno de la quinta (en la que se estrenaban Steven Moffat como productor ejecutivo y Matt Smith como el Doctor) no sólo con una gran campaña publicitaria, sino también con nuevos programas que dejaran claro que tenían algo más en su catálogo que las series que les pasara su cadena madre desde Londres. Ahí entra en juego ‘Orphan Black’, un título de ciencia ficción sobre clonación humana, protagonizado por una actriz completamente desconocida (Tatiana Maslany, toda una revelación) y sin más gancho que su premisa y su punto de partida. ¿Sería suficiente?

El tiempo ha demostrado que lo era. El paulatino descubrimiento de Sarah de que ella, en realidad, es una clon, que hay varios otros clones como ella repartidos por todo el mundo y que todas forman parte de un experimento del que no sabían nada, va confiriendo a ‘Orphan Black’ no sólo de un gran impulso para la trama, mientras Sarah investiga su pasado, sino de muchos temas éticos y filosóficos que se mantienen siempre al fondo. Que sus protagonistas sean mujeres, y que haya una gran corporación acechándolas, presenta una exploración de asuntos feministas que resultan sorprendentes en un panorama de ficción “de prestigio” aún dominado por los antihéroes, pero que precisamente se pueden tocar en un título de ciencia ficción que, en teoría, sólo busca entretener al espectador con un misterio lo suficientemente enrevesado y algunos toques de humor y acción.

‘Orphan Black’ parte de la asunción de que, durante mucho tiempo, las mujeres sólo tenían relevancia por su biología, así que las experiencias de Sarah, Alison y Cosima exploran la propiedad del cuerpo femenino, su entidad como personas independientemente de sus orientaciones sexuales, situaciones socioeconómicas, su forma de vestir o su perfil genético, su capacidad de tomar decisiones por sí mismas… Además, la serie es todo un tratado encubierto sobre el viejo dilema de biólogos, psicológos y genetistas entre naturaleza y sociedad, entre lo innato y lo aprendido. ¿Es Sarah como es porque se crió en un ambiente diferente al de Cosima, aunque genéticamente ambas sean iguales? ¿O algunas de sus diferencias están a un nivel genético que los científicos no pueden manipular, y que evoluciona por su cuenta? Entre las persecuciones, las revelaciones y las escenas de clones haciéndose pasar por otros clones, ‘Orphan Black’ propone al espectador una reflexión sobre ética, biología, psicología y moral que no es fácil de encontrar igual en otras series consideradas “de calidad”. Y su propuesta no está tan lejos de lo que es científicamente posible.

Desde 2009, de hecho, los tribunales estadounidenses estuvieron estudiando la legalidad de varias patentes sobre clonación de células, en este caso, animales. El Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo, responsable de la clonación de la oveja Dolly en 2003, pretendía patentar no sólo el método por el que habían conseguido aquella hazaña científica, sino al propio animal, algo que la corte federal de Estados Unidos denegó en 2014. El año anterior, el Tribunal Supremo de ese mismo país había fallado en contra de la posibilidad de que se patentaran secuencias aisladas de ADN humano.

Es una cuestión a la que también se enfrentan Sarah y sus hermanas en ‘Orphan Black’. Si alguien las “creó” en un laboratorio, ¿son de su propiedad? ¿Son equiparables a las centrifugadoras, los microscopios electrónicos o las fórmulas que esos científicos utilizan para trabajar? ¿Quiere eso decir que son menos que personas completas? Son cuestiones bastante complejas para lo que, en la superficie, no es más que una serie sobre una huérfana de vida difícil que intenta averiguar de dónde viene realmente. Pero es que Sarah, Alison, Cosima, Helena o Rachel son complejas.

El personaje

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Aunque ‘Orphan Black’ cuente el camino de todas sus mujeres protagonistas por tomar las riendas de sus vidas, lejos de las ataduras de la corporación que las vigila, es Sarah Manning (Tatiana Maslany) la que centra buena parte de las tramas. Al fin y al cabo, la serie empieza con su descubrimiento de la existencia de Beth Childs, esa mujer idéntica a ella que se tira al tren ante sus ojos. Sarah intenta rehacer su vida, quiere recuperar a su hija y ser para ella una buena madre, pero sólo podrá conseguirlo si resuelve el misterio sobre su propia procedencia y sobre las fuerzas que se la disputan como si fuera un trofeo de caza. La independencia de Sarah y su lado más rebelde, como quien dice, son sus principales armas en esta lucha en la que ella ha logrado pasar desapercibida hasta el momento, pero en la que ya no puede mantenerse al margen por más tiempo.

La relación que Sarah va forjando con los otros clones es uno de los puntos fuertes del personaje, pues todas la ven, de algún modo, como la hermana mayor. Pueden recurrir a ella cuando están en problemas, confiando en que los resolverá, y de algún modo se convierte en el centro de esa hermandad que se forma entre todas. Sarah tiene sus propios asuntos que resolver con su madre adoptiva y con su propia hija, y hasta consigo misma, pero tiene que madurar y crecer rápido. ‘Orphan Black’ también es un poco la historia de su toma de conciencia, de su realización de que es una adulta con responsabilidades.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Variations under domestication’ (1×06)
  2. ‘Unconscious selection’ (1×09)
  3. ‘Knowledge of Causes, and Secret Motion of Things’ (2×07)
  4. ‘By means which have never been tried’ (2×10)
  5. ‘Certain agony of the battlefield’ (3×06)

Los creadores

Graeme Manson y John Fawcett se conocieron en el Canadian Film Centre y desarrollaron carreras separadas que, sin embargo, terminaban girando de algún modo alrededor del fantástico y la ciencia ficción. Manson, por ejemplo, escribió el guión de ‘Cube’, la primera película de Vincenzo Natali, y Fawcett dirigió ‘Ginger snaps’, una cinta de culto sobre unas adolescentes que se transforman en hombres lobo, o mujeres lobo, en realidad.

Los dos han afirmado que, incluso mientras estaban dedicados a otros trabajos que, en teoría, no tenían nada que ver con el género, siempre estaban pensando en ‘Orphan Black’, y que es una idea que surgió de su interés por trabajar juntos. La asesora científica de la serie, por cierto, es una amiga de Manson cuyo nombre es Cosima Herter, especialista sobre todo en historia de la ciencia.

FICHA

Cadena/nacionalidad: BBC America-Space/Canadá
Año de emisión: 2013-
Creadores: Graeme Manson y John Fawcett
Reparto: Tatiana Maslany, Maria Doyle Kennedy, Jordan Gavaris, Dylan Bruce, Evelyn Brochu, Kristian Bruun
Temporadas: 4 (40 capítulos)
Dónde verla: Netflix España

‘A través del tiempo’

No es como si te hubieras perdido
en un centro comercial. 
Estás perdido en el tiempo”.

Los viajes en el tiempo no tienen por qué dar pie a historias muy dramáticas, casi a vida a muerte, en las que si no se cambia el pasado, el futuro depara un terrible cataclismo. También pueden ser el punto de partida para aventuras más ligeras, llenas de humor y, de paso, con cierto fin divulgativo, y no, no siempre es una cadena pública europea quien se encarga de producir una serie así. A principios de los 90, fue NBC, en Estados Unidos, la que incluyó en su parrilla ‘A través del tiempo’, un título para toda la familia que utilizaba un ingenioso mecanismo para hacer viajar a su protagonista por diferentes épocas de la historia reciente norteamericana: se metía en el cuerpo de una persona determinada a la que debía ayudar.

Así de sencillo. El doctor Sam Beckett había estado investigando sobre la posibilidad de saltar atrás en el tiempo y había construido un experimento cuántico, un acelerador de partículas que, para su desgracia, había salido mal. O, en realidad, deberíamos decir que había salido demasiado bien. Beckett se despierta de repente en 1956, en el cuerpo de un piloto militar de pruebas llamado Tom Stratton, y tiene que averiguar rápidamente por qué está ahí, qué le está pasando y cómo puede regresar a casa.

Con este arranque, la serie se aseguraba una historia diferente en cada episodio, podía jugar con diferentes géneros en cada uno y hasta podía hacer distintos comentarios sociales, dependiendo de qué personalidad adoptara Sam en sus saltos. En ese aspecto, era un poco como la ‘Doctor Who’ estadounidense, pero con un protagonista muy humano y que, además, no posee ninguna nave espacial.

En sus viajes, al doctor Beckett lo ayuda Al, un amigo de su tiempo al que ve en forma de holograma, y que en teoría debería darle pistas de lo que se supone que debe hacer en cada uno de sus saltos, pero que casi pasa más tiempo haciendo chistes a su costa y ligando con todas las mujeres guapas que pasan por su lado. La dinámica entre Scott Bakula y Dean Stockwell, los dos protagonistas principales de ‘A través del tiempo’, constituía el centro de todo; Sam y Al eran amigos, aunque a veces el segundo pareciera ir un poco a lo suyo, y sus interacciones aportaban gran parte del humor que destilaba la serie, que era bastante. Incluso cuando se metía en tramas más serias, nunca se perdía de vista la oportunidad de colar alguna broma.

Porque ‘A través del tiempo’ llevó a su protagonista a algunos momentos bastante cruciales de la historia de Estados Unidos. Sam llegó a estar en el cuerpo de Lee Harvey Oswald días antes de que asesinara de John F. Kennedy, fue un hombre negro que sufrió en sus carnes el racismo en el segregado sur del país en la década de los 50, una joven violada por el hijo del alcalde de su pueblo en 1980 y hasta uno de los chimpancés utilizados como cobayas en las primeras pruebas de naves tripuladas del programa espacial de la NASA.

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Tener a Sam en todas esas situaciones, y ver a Scott Bakula en ellas (aunque el resto de personajes vean a la persona cuya cuerpo ha adoptado), permitía a la serie trasladar al público reflexiones sobre la intolerancia, los prejuicios y la discriminación por raza o sexo, y era una manera muy efectiva de que la audiencia se identificara con esos personajes, de que se preguntara qué harían ellos si estuvieran en su misma situación.

‘A través del tiempo’ aguantó en antena cinco temporadas, después de una breve primera entrega, de sólo nueve capítulos, estrenada en primavera como un pequeño experimento de NBC. El público joven la abrazó casi enseguida, y sus fans fueron de los primeros en agruparse en la naciente internet para compartir información y para comentar los capítulos de la serie a través de listas de correo y de los primeros foros. Sin embargo, eso no era suficiente para que las aventuras de Sam Beckett se alargaran tanto como las del Doctor en la BBC. La cadena le dio carpetazo en su quinto año, y los guionistas se sacaron de la manga un final agridulce, más en la línea emocional de lo que la serie siempre había contado, aunque enganchara al público gracias a la gran dinámica cómica de Bakula y Stockwell.

El personaje

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Es muy probable que Scott Bakula nunca haya vuelto a interpretar a otro personaje que le permitiera lucirse tanto como Sam Beckett en sus saltos en el tiempo. Podía interpretar a mujeres en entornos muy sexistas, a niños, a personas que atravesaban difíciles situaciones personales, hasta podía cantar y bailar. Sam desplegaba siempre una gran empatía por las personas en cuyos cuerpos entraba, y a las que ayudaba a cambiar algo en sus vidas que les permitía ser mejores o, simplemente, sobrevivir. Ésa era la idea de todos sus viajes al pasado; ayudar a quienes más lo necesitaran, ya fueran universitarios, cantantes de club nocturno o viejos chóferes de adineradas señoras del sur. A Sam le costaba un poco aclimatarse a sus personalidades y sus vidas, pero luego siempre hacía todo lo posible por echarles una mano, y no sólo porque era la única manera que tenía de saltar a otra época y, con un poco de suerte, volver a casa.

Beckett, además, es un protagonista no demasiado habitual en las series de entretenimiento masivo estadounidenses porque es un científico en un campo tan esotérico, para la mayoría del público, como la física cuántica. Su capacidad de adoptar las personalidades de otras personas mimetizándose en sus cuerpos podría explicarse por el teletransporte cuántico, que es más o menos la misma teoría detrás de la manera en la que la tripulación de la nave Enterprise, en ‘Star Trek’, se desplazaba a los planetas que visitaban. Aunque ‘A través del tiempo’ diera más importancia al lado humano de sus historias, su punto de partida en la ciencia la hacía también destacar.

El creador

Donald P. Bellisario (1935) es uno de los productores más prolíficos de la televisión norteamericana de los últimos 30 años.  De su máquina de escribir salió, por ejemplo, ‘Magnum’, la serie sobre el detective privado en Hawai que convirtió en una estrella a Tom Selleck y que le dio a Bellisario el suficiente crédito con NBC para presentarles ‘A través del tiempo’. Ex marine y ex ejecutivo de una agencia de publicidad, sus creaciones buscan todas llegar al mayor público posible. Casi siempre se encuadran en las aventuras (como ‘Los cuentos del Mono de Oro’) o en las historias de policías, aunque sus mayores éxitos, en realidad estén protagonizados por abogados militares (‘JAG’) y por investigadores de la Marina (‘NCIS’ y sus spin-off).

En el caso de ‘A través del tiempo’, Bellisario se inspiró en parte en ‘El cielo puede esperar’, en el que un fallecido antes de tiempo regresa a la Tierra, en el cuerpo de otro hombre, para ayudarle a reconducir su vida. La película de 1978, dirigida por Warren Beatty, adaptaba una obra de teatro y había tenido mucho éxito en su momento, así que el guionista la vio como una excusa para presentar a la cadena una serie de antología. Con cada salto en el tiempo, y en otro cuerpo, se podía contar una historia distinta, en un género diferente.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Genesis’ (1×01)
  2. ‘The color of truth’ (1×07)
  3. ‘Jimmy’ (2×08)
  4. ‘The leap home’ (3×01)
  5. ‘Killin’ time’ (5×05)

Ficha

Título original: ‘Quantum leap’
Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1989-93
Creador: Donald P. Bellisario
Reparto: Scott Bakula, Dean Stockwell, Deborah Pratt
Temporadas/capítulos: 5 (97)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Futurama’

Estamos en posición sobre Spheron One.
Éste es el momento para el que 
entrenamos toda la tarde de ayer.

Para muchos guionistas de comedia, ‘Los Simpson’ ha arruinado cualquier posibilidad de encontrar chistes originales. La venerable serie animada de Fox lleva más de 20 años en antena, y de sus irreverentes y satíricos inicios ha terminado siendo toda una institución de la animación mundial, pasando de dirigirse a adultos a acabar convertida en pasto de merchandising variado para niños.

Aunque no lo parezca, esta comedia de dibujos animados no sólo ha hecho crítica de la sociedad estadounidense en todas sus vertientes posibles, sino que ha aprovechado sus especiales de Halloween, los ‘Treehouse of Horror’, para convertirlos en una especie de ‘La dimensión desconocida’ anual donde sus guionistas pueden parodiar no sólo historias de terror, sino temas clásicos de la ciencia ficción. El célebre ‘Homer al cubo’, que lleva al personaje a un entorno tridimensional, o frases como “Lisa, en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica”, delataban el gusto por la ciencia, y por la ciencia ficción, de algunos de sus guionistas, pero ese lado friki no podía expresarse con libertad en ‘Los Simpson’.

El éxito de esa serie llevó a que Fox pidiera a Matt Groening, a mediados de los 90, que pensara otro título animado que la acompañara en la noche de los domingos, y Groening y otro colaborador suyo, David X. Cohen, tuvieron la idea de ‘Futurama’, una serie en la que un personaje con tan pocas luces como Homer viajaba por accidente al futuro. ¿Cómo reaccionaría alguien así en un entorno que le parecería sacado de ‘Blade Runner’, como mínimo? Fieles a la concepción de su serie madre, Groening y Cohen no llevaron a Philip J. Fry a ningún sitio glamouroso ni espectacular, si no que lo pusieron a trabajar en una empresa de transportes intergalácticos en una Nueva Nueva York con coches voladores, sí, pero igual de desastrosa que la actual. El siglo XXXI no es tan diferente, en cuanto a mezquindades y egoísmos humanos, del XX o el XXI.

El trabajo en Planet Express le permite a Fry viajar a los confines más insospechados de la galaxia y encontrarse en medio de tramas muy clásicas de la ciencia ficción, que se parodian aprovechando que la serie hace comedia con lo que sería el subgénero del mundo del mañana, que se dedica a especular cómo habrán influido los avances tecnológicos en la sociedad. De hecho, ‘Futurama’ debe su nombre a un pabellón que se dedicaba a exactamente eso, a mostrar cómo podía ser el mundo del mañana, de la Exposición Universal de Nueva York de 1939.

‘Futurama’ parodia todas las tramas clásicas de las series de ciencia ficción, poniendo en su centro a un tipo tan simple como Fry

La serie, por tanto, sigue un poco esa idea, pero como ya hemos apuntado, aunque las grandes personalidades puedan sobrevivir durante siglos sólo con la cabeza en una urna especial (uno de los gags recurrentes más reconocibles), los humanos no son tan diferentes a los actuales. En ‘Futurama’ encontramos a un profesor loco como Farnsworth, a un supuesto héroe clásico del género que, en realidad, es un incompetente como Zapp Brannigan, a una experimentada piloto, Leela, que acaba siendo un poco el interés amoroso de Fry, a un alienígena como el doctor Zoidberg que, aunque afirme ser un gran experto en muchas cosas, en realidad no tiene ni idea de nada, y a un robot autónomo que es, tal vez, el personaje más famoso de ‘Futurama’, Bender, y que es totalmente diferente de los androides habituales en las space operas.

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Los capítulos de esta serie son comedia animada, pero están también repletos de parodias y homenajes a la ciencia ficción, y de chistes que sólo podían escribir físicos y matemáticos como los que formaban su equipo de guionistas. Uno de ellos, Ken Keeler (doctor en matemáticas), creó y demostró matemáticamente un algoritmo para resolver una situación de cambios de cuerpos entre varios personajes en un capítulo de la sexta temporada, ‘The prisoner of Benda’. A ese algoritmo se le conoce como el teorema de Keeler, o teorema de ‘Futurama’, y se utiliza en las universidades para explicar determinados aspectos del álgebra básica.

‘Futurama’ añade el humor y la sátira más geek al comentario social de ‘Los Simpson’, y tal vez por eso tuvo una emisión muy accidentada en Fox y terminó más como título de culto que como fenómeno de masas. Sus cuatro primeras temporadas en abierto son guardadas como un tesoro por los fans, que aunque recibieron con los brazos abiertos la resurrección de Comedy Central, cinco años después de su finalización, primero con cuatro tv movies y, después, con tres temporadas regulares, consideran que ya no eran exactamente lo mismo.

Lo único cierto es que ha habido pocas series que se hayan tomado tan en serio y, al mismo tiempo, hayan hecho tantos chistes a costa de la ciencia ficción más hardcore, también de la más pulp, y que hayan introducido todo tipo de teorías científicas sólo para entregar veinte minutos semanales de diversión al espectador. Viendo ‘Futurama’, se aprecia que quienes hacen la sátira conocen perfectamente de lo que están hablando, y que sólo puede producirse algo así si se es muy fan del género. Uno de sus guionistas, Patrick M. Verrone, afirmaba en un artículo para la web Slate que “éramos fácilmente los guionistas de dibujos animados más sobrecualificados de la historia (…), pero no fuimos lo suficientemente listos como para averiguar cómo evitar la cancelación (tres veces)”.

El personaje

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Si hay un personaje intrínsecamente unido a ‘Futurama’, ése es Bender Bending Rodriguez (John DiMaggio), el robot del grupo. Debe su nombre a John Bender, el “chico malo” y delincuente juvenil de la película ‘El club de los cinco’, de John Hughes, y mantiene algunas de sus características. Es malhablado, egocéntrico, alcohólico (porque, si no bebe constantemente, sus baterías no se recargan), con mal genio, y en un principio fue programado para trabajar en cabinas automáticas que ayudan a la gente a suicidarse, aunque después pasa a ser el cocinero del Planet Express. Es el mejor amigo de Fry, y da por completo la vuelta al arquetipo del androide al servicio de los humanos que suele presentarse en las series de ciencia ficción. Por supuesto, con semejante comportamiento, y con su talento para las frases ingeniosas, Bender se convirtió rápidamente en el personaje favorito de muchos fans, amenazando en bastantes ocasiones con “comerse” la serie si los guionistas no lo controlaban un poco.

Bender representa, en parte, lo que hacía a ‘Futurama’ diferente. Sus tendencias anti sociales y sus ínfulas ocasionales de dominación mundial ya se adelantaron al lado más bestia de las series de otro guionista que es un gran aficionado a la ciencia y a la ciencia ficción, Seth McFarlane, que llegó a producir una continuación de ‘Cosmos’, la serie documental de Carl Sagan. El robot del Planet Express ha sido imitado y convertido en el mismo objeto de mercadotecnia que Bart Simpson, pero la diferencia es que si Bender fuera real, probablemente ninguno querríamos tenerlo cerca.

Los creadores

Aunque el que figure como creador de ‘Futurama’ sea Matt Groening (1954), dibujante y guionista que empezó a llamar la atención con la tira diaria ‘Life in hell’, no puede hablarse de la serie sin mencionar a David X. Cohen (1966), graduado en física e informática por la Universidad de Harvard, y que ayudó a Groening a poner en pie la serie. Cohen era el guionista jefe y el showrunner de ‘Futurama’, y era el que se aseguraba de que, si había algún gag con referencias científicas, éstas fueran correctas.

Llegó a la serie escribiendo primero para ‘Beavis y Butthead’ y, después, para ‘Los Simpson’, donde Groening contactó con él para el arranque de ‘Futurama’. Éste ha sido descrito por los dos como muy complicado, porque no conseguían entenderse con los ejecutivos de Fox. Éstos querían supervisar casi todos los detalles de la serie y Groening se negaba, buscando la misma libertad que tenía con ‘Los Simpson’. La consiguió finalmente, pero hay quien se pregunta si eso no terminó jugando en su contra para sobrevivir durante más tiempo en esa cadena.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Hell is other robots’ (1×09)
  2. ‘The luck of the Fryrish’ (3×10)
  3. ‘Roswell that ends well’ (4×01)
  4. ‘Jurassic bark’ (5×02)
  5. ‘The prisoner of Benda’ (6×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Fox-Comedy Central/Estados Unidos
Año: 1999-2003, 2008-13
Creador: Matt Groening
Reparto: Billy West, Katey Sagal, John DiMaggio, Tress MacNeille, Phil Lamarr, Lauren Tom
Temporadas/capítulos: 7 (140)
Dónde verla: Editada en DVD