‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’

No te vuelvas loca persiguiendo el futuro.
No podemos predecir, sólo podemos intentar prevenir

En el futuro, las máquinas se han rebelado contra los humanos. Una inteligencia artificial llamada Skynet, responsable de los sistemas de defensa, adquiere consciencia propia y desata un holocausto nuclear, entrando en guerra con los humanos a través de cyborgs denominados terminators. Para eliminar a la resistencia humana, Skynet envía al pasado a un modelo T-800, un terminator letal que debe asesinar a Sarah Connor, la madre del líder de los resistentes, antes de que éste nazca. Pero, a la vez, viaja también en el tiempo Kyle Reese, un soldado cuyo objetivo es proteger a Sarah e impedir que el terminator cumpla su misión.

Ésa es la trama de ‘Terminator’, una película dirigida por James Cameron que se convirtió en un sorprendente éxito a mediados de los 80, teniendo después cuatro secuelas y convirtiéndose en un estándar para cualquier historia de viajeros temporales que iban al pasado a intentar cambiar el futuro. La saga cinematográfica tuvo su momento más álgido con la segunda, ‘Terminator 2. El Juicio Final’, y las demás casi iban a rodándose más para que el estudio, FOX, retuviera los derechos de la franquicia.

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Con ese mismo objetivo, y con la idea de crear una continuidad entre la segunda película y la cuarta, ‘Terminator Salvation’, que debía estrenarse en 2009, el canal FOX estrenaba en 2007 ‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’, una serie que debía contar la huida de Sarah y su hijo John de las autoridades, para los que son fugitivos, y de los nuevos terminators enviados desde 2029 para matarlos. Sin embargo, también tienen una cyborg protectora, Cameron, con la que van viajando de ciudad en ciudad buscando no llamar la atención y poder sobrevivir hasta que John pueda evitar la rebelión de Skynet. O, directamente, su creación.

‘Las crónicas de Sarah Connor’ no tuvo, inicialmente, una acogida demasiado cálida de los fans de ‘Terminator’, a los que no les gustaba la elección de Lena Headey como protagonista

‘Las crónicas de Sarah Connor’ se estrenó en la peor temporada posible para ella, la de 2007/08, una temporada marcada por una larga huelga de guionistas que acortó más de lo normal las temporadas de muchas series y que las dejó sin episodios nuevos que emitir durante meses. También debutó en medio de cierta controversia por la elección de la actriz británica Lena Headey para dar vida a Sarah Connor, a la que los fans no consideraban lo suficientemente dura como para hacer honor al icónico retrato de Linda Hamilton. Headey optó por dar más matices al personaje, por mostrar a una mujer que tenía que reconciliar ser madre soltera de un adolescente (del que dependía el futuro de la humanidad) con su condición de fugitivos y de perseguidos por todo tipo de enemigos llegados de 2029, enemigos que eran casi indestructibles. Ah, y con un diagnóstico de leucemia.

Las aventuras de Sarah y John arrancan en 1999, cuando Cameron los lleva al futuro más  próximo, a 2007, para huir de los enviados de Skynet (saltándose también los eventos de la tercera película, pero es que la continuidad temporal nunca ha sido el fuerte de la saga). La serie tenía grandes escenas de acción, enemigos ocultos a los que no siempre era fácil distinguir y, en Cameron, hasta su propia historia de robot que va desarrollando emociones humanas.

Nombrada en homenaje al director de la película original, la cyborg estaba interpretada por Summer Glau, lo que era un contraste muy interesante con Arnold Schwarzenegger o Robert Patrick en ‘Terminator 2’. Cameron no sólo era la protectora de John, también empieza a aprender, a través de él, lo que es el sentido del humor, la amistad, el amor, e incluso tenía su propia historia pasada porque, al fin y al cabo, había sido el John Connor del futuro quien la había enviado a 1999 para proteger a su yo adolescente y a su madre.

‘Las crónicas de Sarah Connor’ no lo tuvo fácil para sobrevivir en un panorama televisivo en el que, a la huelga de guionistas, se unieron sus audiencias en declive y unos fans que han tardado algún tiempo en apreciarla de verdad. Ahora, suelen decir que las mejores historias en la saga creada por James Cameron son las dos primeras películas y la serie de televisión, que fue cancelada al final de una segunda temporada en la que empezaba a  perfilarse en el horizonte la guerra futura que había dado comienzo a todo.

El personaje

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Los seguidores de la serie siempre tuvieron mucho cariño a Cameron, pero Sarah Connor (Lena Headey) es el gran personaje de un título que, además, lleva su nombre. Esta Sarah ya no era la que Linda Hamiton interpretó en el cine porque había vivido la muerte de Kyle Reese y ya llevaba un tiempo huyendo de la amenaza del futuro. Sobre sus hombros recae una enorme responsabilidad, lo que hace que, a veces, veamos a una Sarah cansada y vulnerable, que sigue adelante sólo porque la protección de su hijo es su único objetivo, porque tiene un deber que cumplir. Además, el diagnóstico de leucemia que recibe nada más empezar la serie todavía añade una carga mayor sobre su conciencia, así que se dedica a preparar a John para ser el líder que la humanidad necesitará en el futuro, sabiendo que ella ya no estará allí para apoyarlo.

No deja de ser curioso que los fans de ‘Terminator’ no se mostraran demasiado convencidos inicialmente por Headey en el papel, porque el lado de mujer dura ha acabado definiendo buena parte de la carrera de la actriz después de ser Sarah Connor. Además de ser la villana de ‘Dredd’, el papel que la ha hecho famosa es el de Cersei Lannister en ‘Juego de tronos’, y nadie podrá acusar nunca a la reina de Poniente de ser frágil. La experiencia de Sarah Connor (y de la película ‘300’) ayudó a la actriz a dar un giro al tipo de personajes que interpretaba, y a insuflar nueva vida a una saga que, en el cine, parece estar ya bastante agotada.

El creador


Josh Friedman (1967) fue el guionista al que se le encargó crear ‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’ como una manera de recuperar un poco los temas de las dos primeras películas, descartando los excesos que empezaron a notarse en ‘Terminator 3. La rebelión de las máquinas’. Friedman era, principalmente, un hombre de cine que había escrito los guiones de la versión de Steven Spielberg de ‘La guerra de los mundos’ , un vehículo para Keanu Reeves llamado ‘Reacción en cadena’ y la cinta noir ‘La dalia negra’, y en la creación de ‘Las crónicas de Sarah Connor’ intentó mantenerse fiel a ‘Terminator’ y a su secuela más directa.

Sin embargo, él mismo reconocía, en una entrevista a la web Blastr, que “siempre sentí que ‘TSCC’ debía mucho a T1 y T2, e iba a hacer todo lo que pudiera para honrarlo. Con el tiempo, no obstante, te encuentras con una deuda al trabajo que estás haciendo, al material justo enfrente de ti”. Así que la serie se movió por sus propios caminos, se atrevió con algunas sorpresas que los fans no esperaban y tomó decisiones más atrevidas que sus hermanas mayores en el cine. Tras su cancelación, Friedman intentó crear otra serie, la adaptación del cómic de terror ‘Locke & Key’, que no fructificó, y lo acabó fichando James Cameron para que escribiera la segunda parte de ‘Avatar’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The demon hand’ (1×07)
  3. ‘What he beheld’ (1×09)
  4. ‘Automatic for the people’ (2×02)
  5. ‘Today is the day’ (2×18)

Ficha

Título original: ‘Terminator: The Sarah Connor Chronicles’
Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Año: 2008-09
Creador: Josh Friedman
Reparto: Lena Headey, Thomas Dekker, Summer Glau, Brian Austin Green, Garrett Dillahunt, Richard T. Jones
Temporadas/capítulos: 2 (31)
Otros: Basada en la saga de ‘Terminator’, creada por James Cameron

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‘Salto al infinito’

¿Y si pudieras encontrar nuevos mundos aquí,
en la Tierra? Donde todo es posible.
Mismo planeta, diferente dimensión”.

Los multiversos, las dimensiones paralelas, son un clásico de la ciencia ficción y, sobre todo, son un clásico en los cómics. Superhéroes como Flash los han exprimido hasta la última gota y más allá (la editorial DC tiene toda una serie de historietas ambientada en una Tierra paralela, ‘Tierra 2’), y en muchas space operas era habitual encontrarse un capítulo en el que los protagonistas se encontraban en un “mundo bizarro”, un reflejo distorsionado del suyo y que funcionaba de modo paralelo. ‘Mirror, mirror’, de ‘Star Trek’, fue uno de los primeros capítulos en mostrar una historia así en televisión, pero luego llegarían series enteras que permitían incluso el viaje entre diferentes dimensiones paralelas.

La serie que se animó más en serio a explorar esa posibilidad fue ‘Salto al infinito’, o ‘Sliders’, un título que, en realidad, aplicaba lo que solía hacerse con los viajes en el tiempo a los desplazamientos entre realidades paralelas. Hasta arrancaba con un científico construyendo una máquina que le permitía realizar esos viajes. En este caso, se trataba de un universitario que investigaba agujeros de gusano, figuras teóricas desarrolladas a partir de las ecuaciones de la teoría de la relatividad de Einstein, que permiten “doblar” el tejido del espacio-tiempo y, de ese modo, tender un puente (el puente de  Einstein-Rosen) entre dos puntos de ese continuo espacio-temporal. Así se podría viajar, teóricamente, de un extremo al otro del universo en apenas segundos si se encontrara, o se generara, el agujero de gusano adecuado. Y si se fuera capaz de mantenerlo abierto y estabilizado.

Quinn Mallory, el protagonista de la serie, logra abrir un agujero de gusano por casualidad, mientras investiga la generación de antimateria, y sin saberlo, ese agujero lo transporta a una Tierra paralela. Desde ese momento, y con la colaboración de su profesor y otros amigos, Mallory se esfuerza por regresar a su dimensión, pero las cosas no son tan sencillas. Porque sólo disponen de un tiempo limitado de estancia en esos mundos paralelos; los “portales” de acceso se abren sólo por un tiempo determinado y, si no los atraviesan en ese momento, tienen que esperar casi 30 años a que vuelvan a darse las circunstancias para que aparezcan. Y, además, todas esas dimensiones, a veces, son difíciles de distinguir de la “original”, la primera de la que partió Mallory inicialmente. ‘Salto al infinito’ seguía, al menos en las primeras temporadas, la tendencia más clásica en las historias de multiversos, que es que son ligeramente diferentes entre sí porque sus habitantes tomaron distintas decisiones en cada uno de ellos.

‘Salto al infinito’ partía de la teoría de que la toma de cada dimensión paralela era sólo ligeramente diferente de la “original” de Quinn Mallory

Quinn pudo besar o no a su mejor amiga, Wade. En una dimensión lo hizo; en otra, no, y esos genera, a su vez, otros cambios. Para la serie, la frase del poeta Paul Éluard, “hay otros mundos, pero están en éste”, es cierta de una manera muy literal, y todos ellos son versiones ligeramente distintas unos de otros.

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‘Salto al infinito’ lidiaba a veces con tramas que entraban en el terreno de las ucronías, o las historias alternativas en las que John F. Kennedy no había sido asesinado, por ejemplo. Sin embargo, esa original manera de afrontar una serie así no duró demasiado. En la segunda temporada ya se introdujo una raza humanoide, los Kromagg, que utilizaban los vórtices entre dimensiones para conquistar otros mundos, y a partir de la tercera se descartó al personaje del profesor de Mallory y se buscó un tono más de acción, y con menos raíces en la ciencia ficción, reciclando tramas de películas de éxito en la época, como ‘Twister’ y ‘Parque Jurásico’, para intentar recolectar con la audiencia. Pero ésta ya no estaba interesada.

‘Salto al infinito’ viviría sus dos últimas temporadas en Syfy, pero era esencialmente otra serie diferente, una en la que sus protagonistas tenían que luchar contra una invasión de Kromaggs en su Tierra original. Lo que era la idea inicial sólo se mantuvo durante la primera temporada, mostrando una entretenida vuelta de tuerca las historias de viajes en el tiempo y de dimensiones alternativas.

El personaje

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Quinn Mallory (Jerry O’Connell) era el típico joven “cerebrito” que se utilizaba a mediados de los 90 para iniciar series de aventuras de este tipo. Se le presenta como un genio que se salta varios cursos en el instituto, lo que hace que los chicos más mayores se metan con él, y en la universidad se especializa en teoría de supercuerdas, lo que es algo no tan habitual para el protagonista de un título para el consumo masivo. Mallory es quien da pie a todas las peripecias que viven los personajes de la serie con su creación del vórtice que da paso a las diferentes dimensiones, pero a lo largo de la serie, su caracterización no se mantuvo demasiado coherente. En cierto momento al final de ‘Salto al infinito’, todos los personajes se llevaban fatal para generar un conflicto entre ellos que, teóricamente, tenía que crear drama y nuevas historias, pero que traicionaba lo que había sido la serie.

Curiosamente, su intérprete, Jerry O’Connell, ya se había hecho conocido a finales de los 80 por una comedia en la que su personaje era un adolescente que desarrollaba superpoderes, ‘Mi doble identidad’, y que le permitía continuar una carrera que ya había tenido en sus inicios un trabajo muy notable, la película ‘Cuenta conmigo’. En ‘Salto al infinito’, O’Connell llegaría a ser productor de sus últimas temporadas, y también se encargó de escribir y dirigir algunos episodios.

Los creadores


El dúo responsable de ‘Salto al infinito’ era Robert K. Weiss y Tracy Tormé, y su colaboración era particular por su diferente trayectoria en Hollywood. Weiss era más conocido por su trabajo como productor con “Z.A.Z”, o lo que es lo mismo, Jim Zucker, David Abrahams y Jerry Zucker, las mentes detrás de ‘Aterriza como puedas’, con los que hizo ‘Agárralo como puedas’ y sus secuelas. También colaboró con Lorne Michaels, creador de ‘Saturday Night Live’, en cintas como ‘Movida en el Roxbury’, y esta dedicación a la comedia no parecía apuntar a que sería el co-creador de un título de aventuras de ciencia ficción.

Pero Weiss, al mismo tiempo, está en el comité directivo de la Fundación X Prize, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a impulsar los avances tecnológicos mediante competiciones como el Ansari X Prize, que buscaba un vehículo que pudiera volar a 100 km. de altura, hasta el límite del espacio, y regresar a la Tierra. Su socio, Tormé, sí tenía más experiencia como guionista de ciencia ficción, pues había trabajado en ‘Odisea 5’, ‘Star Trek: La nueva generación’ y, después, en ‘Càrnivale’. Su relación con los ejecutivos de Fox durante la vida de ‘Salto al infinito’ no fue precisamente relajada. Una de sus principales quejas es que quería incluir, al final de cada episodio, algo que los uniera con el principio del siguiente (un truco que después utilizaría ‘Alias’), pero la cadena lo descartó porque le obligaba a emitir la serie en el orden previsto por Tormé, en lugar del que ella prefiriera.

Cinco episodios imprescindibles

  1. Piloto (1×01)
  2. ‘Into the mystic’ (2×01)
  3. ‘Post traumatic slide syndrome’ (2×08)
  4. ‘Double cross’ (3×02)
  5. ‘The Exodus’ (3×16)

Ficha

Título original: ‘Sliders’
Cadena/nacionalidad: Fox-Syfy/Estados Unidos
Año: 1995-2000
Creadores: Tracy Tormé y Robert K. Weiss
Reparto: Jerry O’Connell,  John Rhys-Davies, Sabrina Lloyd, Cleavant Derricks, Kari Wührer
Temporadas/capítulos: 5 (88)

‘Doctor Who’

Éste es quien soy aquí y ahora, ¿vale?
Todo lo que importa es aquí y ahora, y éste soy yo”.

Un loco con una caja azul. Así describe ‘Doctor Who’ a su protagonista principal, un alienígena que tiene dos corazones, ha vivido casi mil años porque tiene la capacidad de regenerarse en otro cuerpo y que viaja por todo el espacio y el tiempo gracias a su nave espacial, la TARDIS, que tiene la chocante forma de una cabina de teléfonos de la policía. ¿Parece una excentricidad de los ingleses?

En 1963, cuando la BBC empezó a emitir la serie, probablemente debía dar esa sensación. Fue creada para ocupar un hueco en los sábados por la tarde que quería llenarse con un programa infantil que pudiera ver toda la familia, y que aportara también un lado educativo. Así surgió la figura de un viejo profesor que se desplazaba por el tiempo como una excusa para enseñar historia del Reino Unido, que luego se convirtió en un alienígena, un Señor del Tiempo, que viajaba por todas partes acompañado de su nieta, que iba al colegio en la Tierra.

El programa de BBC ‘The Culture Show’ dedicó un especial al 50º aniversario de la serie, titulado ‘Me, you and Doctor Who’, en el que se detallaba el proceso de creación y puesta en pie de una serie en la que nadie, excepto los que estaban involucrados en ella, creía demasiado, y cuyo gran éxito casi desde su estreno fue toda una sorpresa. La mezcla de paseos por la historia pasada británica, de viajes a otros planetas y de encuentros con villanos tan despiadados y malvados como los daleks cuajó enseguida entre los niños, y de ahí a convertirse en toda una institución en la cultura británica había un trecho más corto del previsto.

Lo que en 1963 no era más que una serie infantil, está ya tan unida al acervo cultural británico como James Bond, Jane Austen o Harry Potter, si buscamos un ejemplo más moderno. Y había encontrado una estratagema realmente ingeniosa para asegurar su longevidad aunque su actor protagonista quisiera marcharse; el Doctor podía regenerarse cuando estaba cerca de la muerte. De este modo, hasta la actualidad, doce actores han interpretado a ese personaje (trece, si contamos a un Doctor “intermedio” al que daba vida John Hurt), de William Hartnell, que fue el primero, a Peter Capaldi, y también ha habido multitud de cambios en el puesto de productor ejecutivo. Cada nuevo Doctor (y cada nuevo responsable) imprime a la serie su propia personalidad, lo que favorece que, cada cierto tiempo, ‘Doctor Who’ se presente ante sus espectadores renovada y refrescada. No es como si fuera una serie diferente, pero sí que suele tener una energía diferente.

Tom Baker

‘Doctor Who’ ha pasado por muchas épocas, muchos altibajos de calidad y de audiencia, y su primera etapa (la clásica, como la conocen los whovians) se cerró en 1989 entre la indiferencia del público. La imagen que quedó de ella en el imaginario colectivo fue la de una serie con baratos efectos especiales y un tipo estrafalario corriendo de un lado para otro, y tuvo que llegar un intento de resurrección, fallido, en Estados Unidos y una nueva ola de ficción televisiva llegada desde el otro lado del Atlántico para que la BBC se animara a darle una segunda vida.

Desde 2005, ‘Doctor Who’ ha vivido un renacimiento todavía más exitoso que en sus inicios. Los dos productores ejecutivos que ha tenido, hasta el momento, en esta nueva época, Russell T. Davies y Steven Moffat, eran fans de la serie cuando eran niños y saben cómo enganchar a la audiencia para que lleve su experiencia viendo la serie a las redes sociales, pero también han mantenido unas características comunes que han hecho que los adultos puedan disfrutar de las aventuras del Doctor tanto como sus hijos. Ya no se fomenta tanto ese lado divulgativo con la historia británica, sino que se muestra una serie totalmente libre de prejuicios raciales, sexuales, sociales o morales.

Las “companion” son tan importantes en ‘Doctor Who’ como el propio Doctor; más en la época moderna de la serie

El centro de la historia se ha desplazado a las acompañantes, cuyos arcos son tan importantes como los del Doctor, y se ha apostado por introducir más tramas serializadas y misterios que tienen a los espectadores especulando durante horas en internet. ‘Doctor Who’ ha abrazado las nuevas formas actuales de narrar y de ver las series, y lo ha hecho manteniendo el mismo sentido de la aventura y la maravilla que Christopher Eccleston y Billie Piper desplegaron en el primer episodio de la nueva era.

El Doctor ha viajado por todo el espacio y el tiempo, ha luchado contra los peores villanos y ha ayudado a quienes lo han necesitado, y siempre acaba volviendo a la Tierra porque le admira la capacidad para la tolerancia, el amor y la solidaridad que tienen los humanos, aunque no siempre la pongan en práctica. Para el Doctor, todo el mundo merece una segunda oportunidad, pero él tampoco es un héroe de una pieza. Puede ser implacable y cruel, pero también justo, divertido y maravilloso, y viajar a su lado expande hasta el infinito las existencias de sus acompañantes. También tiene consecuencias, y en su exploración es donde ‘Doctor Who’ ha demostrado que es una serie actual.

El personaje

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El Doctor es, desde luego, el gran personaje de la serie, aunque haya habido acompañantes memorables (como Sarah Jane, Jack Harkness, River Song o Rose) y también villanos muy destacables (como The Master). Pero es su héroe central el hallazgo de ‘Doctor Who’. Nadie sabe cuál es su verdadero nombre y no es fácil llegar a conocerlo. Siempre guarda un truco, un secreto, un as en la manga que no quiere que sepan ni sus acompañantes más queridas. Ellas, por cierto, juegan un importante papel en la serie, que es el de mantener al Doctor con los pies en el suelo, evitar que se crea un semidiós con la potestad de decidir sobre la vida y la muerte sólo porque tiene la capacidad de desplazarse en el tiempo y cambiar la historia. Aunque hay puntos fijos en el tiempo que ni él mismo puede alterar, pero es tema para tratar en otro sitio.

La época moderna de la serie presenta a un Doctor al que le persigue el trauma de haber cometido un genocidio para acabar una guerra larga y terrible y, por tanto, ser el último de su civilización, pero es un Doctor que siempre busca la diversión en todo lo que hace. No quiere viajar solo en la TARDIS (con la que tiene una relación bastante especial), y siempre está buscando gente con la que compartir las maravillas y la aventura de sus viajes. Consigue que los espectadores más talluditos puedan sentirse niños de nuevo y que fantaseen con subirse a esa nave más grande por dentro que por fuera. Pero el Doctor también obliga a sus acompañantes a que valoren el presente y a que no den prácticamente nada por sentado. Se pueden aprender muchas cosas a su lado, aunque no estén exentas de cierto dolor. Así es la vida.

El creador

El responsable de volver a poner en marcha ‘Doctor Who’ en 2005 fue Russell T. Davies, un guionista que había escrito para varias series infantiles de BBC y, después, había creado para ella ‘Queer as folk’, una comedia sobre un grupo de amigos homosexuales que resultó un enorme éxito (con remake en Estados Unidos incluido). Davies es un gran fan de ‘Doctor Who’, hasta el punto de trufar aquella serie de referencias whovian y de dar la lata periódicamente a la cadena sobre la posibilidad de relanzar la marca.

Cuando finalmente lo consiguió, Davies quiso hacer homenajes y guiños a la época clásica, al mismo tiempo que escribía aventuras más entroncadas con las tendencias de la ficción televisiva de principios de 2000, con personajes femeninos más relevantes y héroes y villanos menos maniqueos. La influencia de Joss Whedon y ‘Buffy, cazavampiros’ en esos primeros momentos de la nueva ‘Doctor Who’ ha sido reconocida por el propio Davies en varias ocasiones. El guionista consiguió que la serie volviera a ser todo un éxito en la BBC, y también fomentó que ese éxito traspasara las fronteras del Reino Unido. La abandonó en 2010 como un fenómeno a escala mundial.

Cinco episodios imprescindibles*

*(de la era moderna)

  1. ‘Rose’ (1×01)
  2. ‘The girl in the fireplace’ (2×04)
  3. ‘Blink’ (3×10)
  4. ‘Vincent and the Doctor’ (5×10)
  5. ‘Listen’ (8×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 1963-89, 1998, 2005-
Creadores: Sydney Newman, C.E. Webber y Donald Wilson
Temporadas/capítulos: 26 (813), más una tv movie
Reparto: Christopher Ecclestone, David Tennant, Matt Smith, Peter Capaldi, Billie Piper, Freema Agyeman, Catherine Tate, Karen Gillan, Jenna Coleman
Otros: Tuvo dos spin-off, ‘Torchwood’ y ‘The Sarah Jane Adventures’, y un tercero en preparación, ‘Class’

‘Outlander’

Olvidas tu vida al cabo de un tiempo,
la vida que solías tener

Claire Randall es una veterana de la Segunda Guerra Mundial, una enfermera militar que, durante seis años, se acostumbra a ver cuerpos destrozados por balas, bombas y todo tipo de arma letal utilizada por el ejército alemán. Cuando finaliza la contienda, en 1946, Claire y su marido deciden tener la luna de miel que nunca pudieron disfrutar y se marchan a Escocia, a las Highlands.

Aquellas tierras tienen una historia sangrienta. Escocia fue un reino independiente hasta el siglo XIII, cuando el rey muere sin descendencia y Eduardo I de Inglaterra se posiciona como el pretendiente con mayores derechos a ese trono. Desde ese momento, las guerras contra los ingleses son continuas hasta en el siglo XVIII, cuando se unen ambos reinos mediante un tratado. El marido de Claire quiere buscar información sobre un antepasado suyo que sirvió en el ejército inglés durante aquellos años, y que se ganó una reputación de sanguinario y cruel entre los highlanders.

Pero allí también hay hueco para las leyendas y las historias mágicas, para lo que parecen cuentos sobre rituales celebrados de noche en círculos de piedras prehistóricos, círculos que aún albergan un gran poder. Claire descubrirá enseguida que ese poder es el de enviarla al pasado, a 1743, cuando en Escocia se fraguaba la rebelión jacobita que pretendía restaurar a un Estuardo en el trono de Inglaterra.

Outlander’ es, en realidad, más una serie de aventuras históricas que un título que de verdad se tome en serio el viaje en el tiempo. Éste es más una excusa para llevar a Claire al siglo XVIII, y a encontrarse allí con un highlander con el que vivirá su particular historia de amor, que un tema que la serie explore, pero el hecho de que su protagonista sea una mujer del siglo XX, que ha vivido una terrible guerra, atrapada en una época en la que los derechos de la mujer ni se planteaban, sí que ofrece un choque cultural que da pie a numerosas tramas y conflictos. Las supersticiones de los lugareños son difíciles de entender para ella, y sus conocimientos de lo que la Historia deparará a esa rebelión contra la Corona que están organizando los clanes (una dura derrota en la batalla de Culloden, en 1746) la sitúan en una posición muy delicada. Es una inglesa en medio de escoceses que se ven perseguidos y oprimidos por el ejército del rey Jorge II, y tiene que medir mucho sus palabras y sus actos si no quiere verse acusada de espía.

Aunque el viaje en el tiempo es el punto de partida de ‘Outlander’, no es después tan importante para el resto de la serie

La serie juega, así, con el truco del pez fuera del agua, de la persona que no encaja en un determinado escenario y que tiene que aprender con rapidez a integrarse. ‘Un yanqui en la corte del rey Arturo’, de Mark Twain, ya presenta una situación muy parecida a la de ‘Outlander’, sin el componente romántico; a Twain le interesa más la sátira social, pues su protagonista aparece en la Inglaterra del siglo VI llevando a cuestas sus conocimientos sobre la tecnología del siglo XIX y su protestantismo, una religión que no aparecería hasta el siglo XVI. Claire, por su parte, no quiere cambiar nada (al menos, al principio). Su único objetivo, inicialmente, es volver a su tiempo, pero cuando vea que eso no es tan sencillo, intentará adaptarse a su nueva vida en 1743.

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‘Outlander’ podría ser una evolución de las historias tradicionales de viajeros temporales. Si uno de ellos se queda atrapado en una época determinada, y tuviera que vivir en ella durante años, si no para siempre, ¿se integraría completamente en ese nuevo tiempo? ¿Mantendría algo que lo delataría como diferente? ¿Conseguiría que sus vecinos dejaran de observarlo con ciertas reticencias?

La visión de una determinada época histórica a través de los ojos de un viajero del futuro puede darle un tono diferente a una serie. Claire está asistiendo al declive del estilo de vida de los clanes de highlanders, algo de lo que ellos, lógicamente, no son conscientes. Y aunque utilice en ocasiones su experiencia de 1945, como en su faceta de sanadora, se dedica a intentar integrarse. El tirón entre su tiempo y su nueva situación se representan con esos dos hombres que forman parte de su vida, su marido y Jaime Fraser; cada uno está en una época diferente, ejemplifican modos de vida diferentes y, de algún modo, ponen a Claire ante la dicotomía de elegir quién quiere ser. La guerra ha marcado los últimos seis años de su vida. ¿Quién es ella lejos de los hospitales de campaña?

El personaje

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Claire Randall (Caitriona Balfe) es la gran protagonista de ‘Outlander’ y, por tanto, el personaje en el que se pone más atención y cuidado en su evolución. Los secundarios y, sobre todo, Jaime Fraser (Sam Heughan) también van ganando importancia con el paso de los capítulos, pero es a través de los ojos de Claire, y de su voz en off, como el espectador percibe todas las nuevas situaciones en las que se va encontrando. Ella es una mujer muy moderna, muy del siglo XX y, en algunos campos, hasta es más del siglo XXI; se corresponde más con los personajes femeninos que van protagonizando las series desde los últimos cinco años, aproximadamente. Claire y su marido Frank se alistan ambos durante la Segunda Guerra Mundial, pero es ella la que se va al frente, por ejemplo, mientras su esposo se queda en la retaguardia, en Inteligencia.

Es cabezota, le gusta beber quizás un poco de más, no es religiosa y sabe llevar el mando en amplias facetas de su vida, incluidas las más íntimas. Una mujer así lo tiene complicado para sobrevivir en una época en la que los hombres tenían tanta ascendencia sobre sus esposas y sus hijas como el siglo XVIII, y ahí está, en gran parte, el conflicto sobre el que se construye ‘Outlander’. Claire es inteligente, aunque a veces tienda a decir cosas que no debe, y es esa inteligencia la que más la define como personaje. Es la heroína de una historia clásica de aventuras y, como tal, ella tiene que labrarse su propio destino.

La creadora

El guionista Ronald D. Moore es el responsable de la serie (hablamos de él en el capítulo dedicado a ‘Battlestar Galactica’), pero ‘Outlander’ es una adaptación de una saga de libros de la estadounidense Diana Gabaldón, que empezó escribiendo artículos sobre software y ordenadores a mediados de los 80, luego se pasó a la divulgación científica y después, a los best-sellers de corte histórico por culpa de un capítulo de la era clásica de ‘Doctor Who’ en el que el acompañante del Doctor era Jamie McCrimmond, un joven escocés del siglo XVIII.

A partir de ahí, Gabaldón fue creando una contrapartida femenina, e inglesa, para todos los highlanders, pero no era capaz de mantener al personaje en la época. Su protagonista no paraba de hacer comentarios sarcásticos y modernos sobre esos hombres, y así entró el último elemento de su ‘Forastera’; el viaje en el tiempo. Curiosamente, aunque Gabaldón ha escrito casi una decena de libros sobre Claire Randall y sus descendientes, inicialmente no estaba muy claro que fueran a tener éxito. Ante la mezcla de géneros en su novela, su editor le propuso publicarla, en lugar de como ciencia ficción, como novela romántica, que tenía mayor potencial de ventas. Fue todo un acierto.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Sassenach’ (1×01)
  2. ‘The Garrison commander’ (1×06)
  3. ‘The wedding’ (1×07)
  4. ‘Through a glass, darkly’ (2×01)
  5. ‘Faith’ (2×07)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Starz/Estados Unidos
Año: 2014-
Creador: Ronald D. Moore
Reparto: Caitriona Balfe, Sam Heughan, Tobias Menzes, Duncan Lacroix, Graham McTavish, Lotte Verbeek
Temporadas/capítulos: 2 (29)
Otros: Basada en la saga de libros ‘Forastera’, de Diana Gabaldón

‘El Ministerio del Tiempo’

“- Las normas del ministerio son estrictas.
– Estrictas son las personas.
Las normas son palabras escritas en un papel”.

Viajar al pasado para evitar que se cambie la Historia. Es una de las excusas más viejas para dar inicio a una historia de desplazamientos temporales. Algún tipo con aviesas intenciones se hace con un aparato que le permite viajar al pasado y cambiar desde allí el futuro en su propio beneficio, y los héroes del relato tienen que impedírselo. Por ejemplo, digamos que el villano pretende salvar a Hitler de su muerte en el búnker al final de la Segunda Guerra Mundial. Es algo que no se puede permitir. Como dicen en el primer episodio de ‘El ministerio del tiempo’, la Historia puede no ser la mejor, pero es la única que tenemos.

A principios de los 80, el escritor Tim Powers publicó ‘Las puertas de Anubis’. En aquel libro existían unas puertas que permitían viajar al pasado, y se organiza una expedición de prueba de un erudito del poeta Samuel Taylor Coleridge a 1810, para asistir a una charla suya. Pero, como no podía ser menos, las cosas no suceden como estaba previsto y el protagonista se queda atrapado en el siglo XIX. La influencia de esa novela se nota en ‘El ministerio del tiempo’, en la que el gobierno español tiene un ministerio secreto que vela por la integridad de las puertas del tiempo, descubiertas por un rabino judío en el siglo XV, y que permiten trasladarse a cualquier punto de la Historia de España.

Para evitar que alguien las utilice con el fin de alterar dicha historia, el ministerio recluta a personas de diferentes épocas que tienen que cruzar las puertas para mantener el discurrir del tiempo recogido en los libros. Así es como se forma la patrulla protagonista de la serie, integrada por Julián, un enfermero del SAMUR de 2015 que no ha conseguido superar la muerte de su mujer; Alonso, un soldado de los Tercios de Flandes que está a punto de ser ajusticiado en el siglo XVII, y Amelia, una de las primeras mujeres en ir a la universidad en el siglo XIX. Los tres tienen que impedir que mercenarios del más diverso pelaje cambien la Historia por dinero, o por otros motivos más inconfesables, pero también se darán cuenta de que el trabajo en el ministerio no es tan sencillo.

‘El ministerio del tiempo’ es, en realidad, una serie de aventuras. Se mueve por la Historia de España mostrando a los espectadores aspectos que, a lo mejor, no son demasiado conocidos (como la visita de Himmler al monasterio de Montserrat buscando el Santo Grial, en 1940), y pone a sus protagonistas ante el reto de derrotar a enemigos con unos principios no demasiado diferentes de los que ellos pueden tener. El viaje en el tiempo es el mecanismo que permite que ocurran esas aventuras y, sobre todo, que pone a Julián, Alonso y Amelia ante la tentación de intentar cambiar aspectos de sus propias vidas que no salieron demasiado bien. Para Julián, por ejemplo, es toda una tortura saber que tiene al alcance de la mano la posibilidad de impedir la muerte de su mujer, pero que no debe hacerlo. ¿O sí debería intentarlo? Al fin y al cabo, ¿quién se lo impide?

El sentido del deber de sus personajes, los grandes sacrificios que asumen por su trabajo, es uno de los aspectos más destacados de una serie en la que se mezclan casi sin esfuerzo el lado más divulgativo con la acción, los toques de humor y, sobre todo, el sentido de la maravilla. Para Amelia y Alonso, cualquier avance del siglo XX (y no digamos ya del XXI) es casi cosa de magia, algo increíble y especial que hay que disfrutar al máximo. Y la posibilidad de conocer a sus ídolos literarios, por ejemplo, otra oportunidad que hay que aprovechar.

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‘El ministerio del tiempo’ entremezcla esas misiones, esos contrastes culturales entre diferentes épocas, esas referencias pop a ‘Terminator’, ‘Regreso al futuro’ o ‘Curro Jiménez’, con la evolución emocional de todos sus personajes, y aprovecha los viajes al pasado para tomar prestada una página del libro de estilo de ‘Doctor Who’ (otra serie de la que los hermanos Olivares se declaraban grandes seguidores), y dar a cada episodio un tono diferente. Puede haber capítulos más orientados a la comedia, otros en la línea de las historias de grandes robos, otros pueden ser episodios bélicos o irse más por el lado de la comedia romántica y el enredo, y en todos se utiliza con gran tino a los personajes históricos. La serie ha redescubierto para la audiencia a gente como Lope de Vega, Velázquez, Lorca o el Cid, nombres de los que se ofrece un retrato más o menos fiel a lo que los historiadores cuentan sobre ellos, pero pasado por el tamiz de las aventuras de cada capítulo.

‘El Ministerio del Tiempo’ utiliza anécdotas poco conocidas de la Historia de España para armar las misiones y las aventuras de su patrulla

Y esas aventuras pueden ser tanto muy ambiciosas como un poco más pequeñas. Pueden ir desde impedir que Hitler acepte la propuesta de Franco de que España entre en la Segunda Guerra Mundial a liberar a unos soldados españoles presos por las tropas napoleónicas porque entre ellos hay un antepasado de Adolfo Suárez. En todas ellas, Julián, Alonso, Amelia y el resto de personajes tienen que enfrentarse también a sus propios problemas, a sus propios conflictos. El Ministerio los recluta porque en sus épocas están desarraigados y les da una constante, un lugar que pueden considerar su refugio y un grupo de personas que acaban convirtiéndose en familia. Y esos sentimientos sin resolver se aprecian siempre por debajo de la búsqueda del entretenimiento de la audiencia.

Esa sensación de diversión que transmiten las misiones, aunque tengan unas consecuencias emocionales que los personajes no preveían al principio, es lo que más destaca en ‘El ministerio del tiempo’. Eso y la idea de que no hay que confiar ciegamente en las instituciones. Al fin y al cabo, se mantienen en marcha gracias a las personas que trabajan en ellas, y son esas personas las que determinan si son justas, malvadas o un completo desastre.

El personaje

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De los tres protagonistas principales, la que va situándose poco a poco en el centro emocional de la serie es Amelia Foch (Aura Garrido). Arranca ‘El ministerio de tiempo’ como hija de una familia bien de Barcelona a finales del siglo XIX, y siendo una de las primeras mujeres en ir a la universidad en España. Sin embargo, su intelecto y su reticencia a quedarse atrapada en el rol que la sociedad de la época reservaba a las jóvenes de su posición la lleva a chocar constantemente con el estamento universitario y hasta con sus padres, y ahí es donde entra en juego el Ministerio. Amelia es reclutada por sus conocimientos históricos y su capacidad para ser la líder de la nueva patrulla, pero todavía tiene mucho que aprender en el plano emocional.

Amelia representa una parte de los riesgos que ese trabajo salvaguardando la Historia puede acarrear. No es tanto el precio personal que paga Irene Larra, por ejemplo, sino la losa de saber cuál va a ser tu futuro, tu destino. Ese descubrimiento, motivado por su irrefrenable curiosidad, marca al personaje durante las dos temporadas emitidas hasta ahora de la serie, y colorea su relación con Julián, sobre todo. Amelia puede ser un poco Hermione Granger, pero su tumulto interno la separa de esa sombra. Con el paso de los episodios va adquiriendo más seguridad en sí misma y va dándose cuenta de que ese conocimiento del futuro no puede atenazarla tanto. Su futuro no está escrito.

Los creadores

Pablo y Javier Olivares son dos guionistas muy veteranos de la televisión española. Juntos o por separado, pasaron por series tan emblemáticas como ‘Los Serrano’, ‘Los hombres de Paco’ y, en TV3, participaron en algunos de los títulos de más éxito reciente en Cataluña, como ‘Ventdelplá’. En 2011 pusieron en marcha para TVE dos series de corte histórico, ‘Isabel’, sobre cómo Isabel de Castilla se convirtió en reina de España, y ‘Víctor Ros’, una adaptación de unos libros de Jerónimo Tristante sobre un detective en el Madrid de finales del siglo XIX.

Ese mayor interés en explorar la historia de España, más su afición por la ciencia ficción y las aventuras clásicas, les llevó a crear ‘El ministerio del tiempo’, una serie cuya emisión, a principios de 2015, desató un fenómeno en internet inaudito hasta entonces para una serie española. Por desgracia, Pablo Olivares no pudo ver el éxito de su criatura; falleció de ELA antes de que se terminara de rodar el primer episodio.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘El tiempo es el que es’ (1×01)
  2. ‘Cómo se reescribe el tiempo’ (1×03)
  3. ‘Cualquier tiempo pasado’ (1×05)
  4. ‘Tiempo de leyenda’ (2×01)
  5. ‘Cambio de tiempo’ (2×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: TVE/España
Año: 2015-
Creadores: Pablo y Javier Olivares
Reparto: Rodolfo Sancho, Aura Garrido, Nacho Fresneda, Cayetana Guillén-Cuervo, Jaime Blanch, Juan Gea, Natalia Millán
Temporadas/capítulos: 2 (21)

‘Perdidos’

¿Por qué quieres marcharte de la isla?
¿A qué quieres volver tan desesperadamente?

En la televisión de los últimos años, hay pocos fenómenos que estén a la altura de lo que fue ‘Perdidos’. La historia de los supervivientes de un accidente de avión, aislados en una isla misteriosa, desató toda una histeria por internet de teorías sobre lo que estaba pasando allí, de análisis fotograma a fotograma de los capítulos en busca de pistas, de entrevistas a sus guionistas para que explicaran la revelación del último episodio emitido, de fans quejándose sin parar por Twitter cuando vieron el final de la serie y decidieron que no les había gustado. En parte, la culpa de este gran interés por las series la tiene este título que, junto con ‘Mujeres desesperadas’, dio un vuelco a la complicada situación en la que estaba el canal ABC en el otoño de 2004, y cambió definitivamente la manera en la que se veía y se comentaba la ficción televisiva.

Nada de eso estaba en las mentes de los ejecutivos del canal, desesperados por conseguir un éxito que los sacara de la última posición en audiencias. Tal vez por eso, acabó fructificando una idea de hacer un ‘Supervivientes’ con guión, una idea que, a priori, era una completa locura (y que cristalizó en el piloto más caro producido hasta aquel momento), pero que acabó funcionando mejor de lo que nadie habría soñado nunca.

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Desde luego, bastante mejor de lo que se imaginaba Lloyd Braun, el ejecutivo de ABC al que se le ocurrió el concepto de la serie durante unas vacaciones familiares en Hawai, y mientras veía en televisión la película ‘Náufrago’: “Y entonces, la idea de ‘Supervivientes’ apareció en mi cabeza. No sé por qué. Y lo uní todo. ¿Y si había un avión que se estrelló y una docena de personas sobrevivieron, y ninguno se conocía? Tu pasado sería casi irrelevante. Podrías reinventar quién eres. Tendrías que pensar, ¿cómo sobrevives?” Como contó en el libro ‘The revolution was televised‘, de Alan Sepinwall, A Braun le habían encargado ese verano, como al resto de directivos de canal, que pensara algo nuevo para la programación de la siguiente temporada, algo que sacara a ABC del último puesto en las audiencias. Y esa fue su idea.

La premisa de ‘Perdidos’ era sencilla. El vuelo Oceanic 815 de Sydney a Los Ángeles se estrella en una isla perdida en medio de ninguna parte, y los supervivientes se dan cuenta enseguida de que hay algo extraño, y potencialmente muy peligroso, en ella. Desde el primer capítulo, los personajes tienen ya encontronazos con un oso polar y con un misterioso “monstruo” al que oyen rugir (o algo así) por la noche, y del que ven cómo sacude los árboles de la selva cuando se mueve.

¿Dónde están? ¿Qué secretos guarda esa isla? ¿Y están realmente solos en ella? Esas tres preguntas impulsaron la trama durante buena parte de las seis temporadas que ‘Perdidos’ estuvo en antena, pero si la serie aguantó tanto, y enganchó con tanta rapidez a los espectadores, era también porque el mayor misterio de todos eran sus personajes. Cuando arranca el primer capítulo, no sabemos quiénes son ni de dónde provienen; eso se va desvelando poco a poco, en flashbacks de su pasado que iban ayudándonos a comprender sus acciones en la isla, y que se convirtieron en un recurso narrativo muy repetido en series posteriores (hasta en algunas tan alejadas de ‘Perdidos’, a priori, como ‘Orange is the new black’).

Pero sólo con una isla misteriosa no basta para considerar a una serie dentro de la ciencia ficción, y menos aún en el subgénero de los viajes en el tiempo. La idea original de Lloyd Braun fue refinada por J.J. Abrams y Damon Lindelof, que escribieron el guión del episodio piloto y establecieron la “biblia” de la serie: cuáles iban a ser los grandes enigmas, qué iba a pasar en la primera temporada, qué temas se iban a tocar. El propio Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de ir revelando despacio no sólo el pasado de sus personajes, sino los elementos del género que estaban presentes en la serie. En la isla, por ejemplo, aparecen de improviso barcos naufragados hace siglos, o extrañas estatuas cuya presencia allí es, cuanto menos, desconcertante. Y esto sin mencionar de nuevo que los supervivientes se topan en el primer capítulo con un oso polar. En una isla tropical.

El componente de desplazamiento temporal se va introduciendo poco a poco desde la tercera temporada, cuando se descubre que la isla tiene una intensa actividad electromagnética y se empieza a descubrir que, realmente, los náufragos del vuelo Oceanic 815 no sólo no están solos allí, sino que no son los primeros en haberse encontrado atrapados en sus selvas y sus playas.

La clave de ‘Perdidos’ estaba, más que en los misterios de la isla, en los de sus propios personajes

No obstante, aunque los fans de ‘Perdidos’ (los losties) dedicaron horas, días y semanas a buscar significados ocultos detrás de los nombres de algunos personajes (extraídos de filósofos como Locke o Rousseau y de científicos como Faraday o Hawking) o de los libros que Sawyer leía en la playa (de repente, en Estados Unidos se hizo muy popular ‘La invención de Morel’, de Adolfo Bioy Casares), eran los personajes donde estaba el verdadero quid de la cuestión. Sus intentos por salir de la isla y regresar a unas vidas que, en realidad, no marchaban como les habría gustado que fueran, los ponían ante la tesitura de otorgarse a sí mismos una oportunidad de volver a empezar, de cambiar, de ser quiénes de verdad querían ser. O quiénes estaban llamados a ser.

‘Perdidos’ es más una historia de redención que de aventuras a través del espacio-tiempo (que también), y su tema quedaba ya muy claro desde uno de los primeros episodios, titulado, además, ‘Tabula rasa’: “Todos morimos hace tres días. Deberíamos ser capaces de empezar de nuevo”.

El personaje

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No es fácil quedarse con uno solo de la multitud de personajes que habitó ‘Perdidos’. Sin embargo, ya que la serie está incluida en el apartado de viajes en el tiempo, ese personaje bien puede ser Desmond Hume (Michael Ian Cusick), un tipo que llega a la isla por accidente, por probar al padre de la mujer que ama que es digno de ella, y que acaba estando separado del tiempo. Su arco en la cuarta temporada es uno de los más célebres de ‘Perdidos’, y también el que se mete más a fondo en el tema de los saltos temporales. Desmond ya no tiene ningún agarre en el continuo espacio-temporal, tiene la capacidad de ir a cualquier punto de su historia, pero esa libertad de movimientos tiene un coste físico que puede terminar pagando con su vida. La única manera de salvarse es encontrar un “ancla” en su cronología, una constante que le permita saber siempre dónde, cuándo está.

La historia de Desmond está inspirada no sólo por ‘La mujer del viajero en el tiempo’, de Audrey Niffenegger, sino también por el libro más conocido de Kurt Vonnegut, ‘Matadero Cinco’. Su protagonista, Billy Pilgrim, es un soldado estadounidense que también se separa de sus ataduras temporales durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto durante el bombardeo aliado de Dresde, y que va revisitando diferentes momentos de su vida. En las últimas temporadas de ‘Perdidos’, el viaje en el tiempo adquiere más importancia para la trama porque ayuda a explicar, en parte, la verdadera naturaleza de la isla, pero también fue una de las razones por las que una amplia representación del público fue abandonando la serie. Que enseñara finalmente sus cartas de ciencia ficción no terminaba de encajar con un fenómeno para la audiencia más masiva.

Los creadores

La historia de cómo se puso en marcha ‘Perdidos’ daría para otra serie. Inicialmente, la idea original la tuvo Lloy Braun, ejecutivo de ABC cuyo puesto de trabajo dependía de proponer alguna nueva serie que pudiera cambiar el rumbo que llevaba la cadena en audiencias, y que le encargó la primera escritura de esa idea a Jeffrey Lieber. Braun acabó siendo despedido antes de que se emitiera el piloto, pero tuvo tiempo de encargarle una revisión del proyecto a J.J. Abrams, que ya había desarrollado para el canal un éxito como la serie de espías ‘Alias’.

Abrams buscó, a su vez, la ayuda de otro guionista, Damon Lindelof, con el que amplió el embrión de idea de Lieber (‘Supervivientes’ + ‘Náufrago’) y con el que escribió el piloto, buscó a los actores, lo rodó y lo dejó listo para su emisión en sólo dos meses, un tiempo récord. Para el resto de la serie, Lindelof contaría con la colaboración de Carlton Cuse, veterano guionista y productor que había trabajado en ‘Las aventuras de Brisco County’ y para el que Lindelof había escrito en ‘Nash Bridges’, una serie policiaca con Don Johnson. Los dos, sin darse cuenta, casi “inventaron” también la era en la que el showrunner de las series es tan famoso, o más, que sus actores.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The other 48 days’ (2×07)
  3. ‘The man behind the curtain’ (3×20)
  4. ‘The constant’ (4×05)
  5. ‘Whatever happened, happened’ (5×11)

Ficha

Título original: ‘Lost’
Cadena/nacionalidad: ABC/Estados Unidos
Año: 2004-10
Creadores: J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber
Reparto: Matthew Fox, Evangeline Lilly, Josh Holloway, Yunjin Kim, Naveen Andrews, Dominic Monaghan, Terry O’Quinn
Temporadas/capítulos: 6 (121)

‘A través del tiempo’

No es como si te hubieras perdido
en un centro comercial. 
Estás perdido en el tiempo”.

Los viajes en el tiempo no tienen por qué dar pie a historias muy dramáticas, casi a vida a muerte, en las que si no se cambia el pasado, el futuro depara un terrible cataclismo. También pueden ser el punto de partida para aventuras más ligeras, llenas de humor y, de paso, con cierto fin divulgativo, y no, no siempre es una cadena pública europea quien se encarga de producir una serie así. A principios de los 90, fue NBC, en Estados Unidos, la que incluyó en su parrilla ‘A través del tiempo’, un título para toda la familia que utilizaba un ingenioso mecanismo para hacer viajar a su protagonista por diferentes épocas de la historia reciente norteamericana: se metía en el cuerpo de una persona determinada a la que debía ayudar.

Así de sencillo. El doctor Sam Beckett había estado investigando sobre la posibilidad de saltar atrás en el tiempo y había construido un experimento cuántico, un acelerador de partículas que, para su desgracia, había salido mal. O, en realidad, deberíamos decir que había salido demasiado bien. Beckett se despierta de repente en 1956, en el cuerpo de un piloto militar de pruebas llamado Tom Stratton, y tiene que averiguar rápidamente por qué está ahí, qué le está pasando y cómo puede regresar a casa.

Con este arranque, la serie se aseguraba una historia diferente en cada episodio, podía jugar con diferentes géneros en cada uno y hasta podía hacer distintos comentarios sociales, dependiendo de qué personalidad adoptara Sam en sus saltos. En ese aspecto, era un poco como la ‘Doctor Who’ estadounidense, pero con un protagonista muy humano y que, además, no posee ninguna nave espacial.

En sus viajes, al doctor Beckett lo ayuda Al, un amigo de su tiempo al que ve en forma de holograma, y que en teoría debería darle pistas de lo que se supone que debe hacer en cada uno de sus saltos, pero que casi pasa más tiempo haciendo chistes a su costa y ligando con todas las mujeres guapas que pasan por su lado. La dinámica entre Scott Bakula y Dean Stockwell, los dos protagonistas principales de ‘A través del tiempo’, constituía el centro de todo; Sam y Al eran amigos, aunque a veces el segundo pareciera ir un poco a lo suyo, y sus interacciones aportaban gran parte del humor que destilaba la serie, que era bastante. Incluso cuando se metía en tramas más serias, nunca se perdía de vista la oportunidad de colar alguna broma.

Porque ‘A través del tiempo’ llevó a su protagonista a algunos momentos bastante cruciales de la historia de Estados Unidos. Sam llegó a estar en el cuerpo de Lee Harvey Oswald días antes de que asesinara de John F. Kennedy, fue un hombre negro que sufrió en sus carnes el racismo en el segregado sur del país en la década de los 50, una joven violada por el hijo del alcalde de su pueblo en 1980 y hasta uno de los chimpancés utilizados como cobayas en las primeras pruebas de naves tripuladas del programa espacial de la NASA.

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Tener a Sam en todas esas situaciones, y ver a Scott Bakula en ellas (aunque el resto de personajes vean a la persona cuya cuerpo ha adoptado), permitía a la serie trasladar al público reflexiones sobre la intolerancia, los prejuicios y la discriminación por raza o sexo, y era una manera muy efectiva de que la audiencia se identificara con esos personajes, de que se preguntara qué harían ellos si estuvieran en su misma situación.

‘A través del tiempo’ aguantó en antena cinco temporadas, después de una breve primera entrega, de sólo nueve capítulos, estrenada en primavera como un pequeño experimento de NBC. El público joven la abrazó casi enseguida, y sus fans fueron de los primeros en agruparse en la naciente internet para compartir información y para comentar los capítulos de la serie a través de listas de correo y de los primeros foros. Sin embargo, eso no era suficiente para que las aventuras de Sam Beckett se alargaran tanto como las del Doctor en la BBC. La cadena le dio carpetazo en su quinto año, y los guionistas se sacaron de la manga un final agridulce, más en la línea emocional de lo que la serie siempre había contado, aunque enganchara al público gracias a la gran dinámica cómica de Bakula y Stockwell.

El personaje

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Es muy probable que Scott Bakula nunca haya vuelto a interpretar a otro personaje que le permitiera lucirse tanto como Sam Beckett en sus saltos en el tiempo. Podía interpretar a mujeres en entornos muy sexistas, a niños, a personas que atravesaban difíciles situaciones personales, hasta podía cantar y bailar. Sam desplegaba siempre una gran empatía por las personas en cuyos cuerpos entraba, y a las que ayudaba a cambiar algo en sus vidas que les permitía ser mejores o, simplemente, sobrevivir. Ésa era la idea de todos sus viajes al pasado; ayudar a quienes más lo necesitaran, ya fueran universitarios, cantantes de club nocturno o viejos chóferes de adineradas señoras del sur. A Sam le costaba un poco aclimatarse a sus personalidades y sus vidas, pero luego siempre hacía todo lo posible por echarles una mano, y no sólo porque era la única manera que tenía de saltar a otra época y, con un poco de suerte, volver a casa.

Beckett, además, es un protagonista no demasiado habitual en las series de entretenimiento masivo estadounidenses porque es un científico en un campo tan esotérico, para la mayoría del público, como la física cuántica. Su capacidad de adoptar las personalidades de otras personas mimetizándose en sus cuerpos podría explicarse por el teletransporte cuántico, que es más o menos la misma teoría detrás de la manera en la que la tripulación de la nave Enterprise, en ‘Star Trek’, se desplazaba a los planetas que visitaban. Aunque ‘A través del tiempo’ diera más importancia al lado humano de sus historias, su punto de partida en la ciencia la hacía también destacar.

El creador

Donald P. Bellisario (1935) es uno de los productores más prolíficos de la televisión norteamericana de los últimos 30 años.  De su máquina de escribir salió, por ejemplo, ‘Magnum’, la serie sobre el detective privado en Hawai que convirtió en una estrella a Tom Selleck y que le dio a Bellisario el suficiente crédito con NBC para presentarles ‘A través del tiempo’. Ex marine y ex ejecutivo de una agencia de publicidad, sus creaciones buscan todas llegar al mayor público posible. Casi siempre se encuadran en las aventuras (como ‘Los cuentos del Mono de Oro’) o en las historias de policías, aunque sus mayores éxitos, en realidad estén protagonizados por abogados militares (‘JAG’) y por investigadores de la Marina (‘NCIS’ y sus spin-off).

En el caso de ‘A través del tiempo’, Bellisario se inspiró en parte en ‘El cielo puede esperar’, en el que un fallecido antes de tiempo regresa a la Tierra, en el cuerpo de otro hombre, para ayudarle a reconducir su vida. La película de 1978, dirigida por Warren Beatty, adaptaba una obra de teatro y había tenido mucho éxito en su momento, así que el guionista la vio como una excusa para presentar a la cadena una serie de antología. Con cada salto en el tiempo, y en otro cuerpo, se podía contar una historia distinta, en un género diferente.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Genesis’ (1×01)
  2. ‘The color of truth’ (1×07)
  3. ‘Jimmy’ (2×08)
  4. ‘The leap home’ (3×01)
  5. ‘Killin’ time’ (5×05)

Ficha

Título original: ‘Quantum leap’
Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1989-93
Creador: Donald P. Bellisario
Reparto: Scott Bakula, Dean Stockwell, Deborah Pratt
Temporadas/capítulos: 5 (97)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Continuum’

“¿Cómo sabes que el futuro no ha cambiado ya?”

Estamos en 2077, en un mundo en el que los gobiernos se declararon en bancarrota y tuvieron que ser rescatados financieramente por las grandes multinacionales. De resultas, estas empresas son ahora el nuevo gobierno a través del Congreso Corporativo, e implantan prácticamente un estado policial para mantener su status quo. La situación de opresión social lleva a que aparezca una organización terrorista, Liber8, que quiere acabar con ese gobierno de las corporaciones y volver a una sociedad más justa. Sus miembros vuelan el edificio de una de esas grandes empresas, son detenidos y condenados a muerte. Pero durante su ejecución, algo sale mal. En lugar de morir, los miembros de Liber8 viajan al pasado, a 2012, para intentar cambiar la historia y evitar que las corporaciones tomen el poder. En su plan, sin embargo, no se incluye que viaje con ellos Kiera Cameron, una agente de policía del futuro que se ve atrapada en el pasado y que, si quiere regresar a casa, tiene que impedir que Liber8 tenga éxito en sus planes.

Con ese punto de partida, ‘Continuum’ puede tocar varios palos al mismo tiempo. Es un procedimental policiaco en el que Cameron, para mantener su identidad secreta, trabaja con la policía de Vancouver resolviendo casos relacionados con Liber8, que enseguida hacen notar su presencia. Al mismo tiempo, es una historia de ciencia ficción sobre viajeros temporales que no saben si sus acciones realmente tendrán un efecto sobre el futuro, y también está muy enraizada en la crisis económica y bursátil de 2008, los rescates de los gobiernos a bancos y aseguradoras que se vieron afectados por ella y los movimientos ciudadanos como Occupy en Norteamérica, que protestaban ante el trato de favor que recibía ese 1% de ciudadanos ricos y de empresas que, en realidad, dominan todo el sistema desde las bambalinas.

‘Continuum’ aúna los viajes en el tiempo con el comentario social sobre la crisis económica y la privatización de servicios públicos

Simon Barry, su creador, ha apuntado que, en realidad, ‘Continuum’ nació de su interés por vender a las cadenas estadounidenses una idea de ciencia ficción en un envoltorio de serie policial de “caso de la semana”, una fórmula que fuera de más fácil “digestión”. Sin embargo, antes de poder presentarla a ninguna, el canal canadiense Showcase, especializado en títulos de género, se la quedó, y Barry tuvo campo libre para meterse a explorar de lleno las implicaciones sociales y, sobre todo, temporales de las peripecias de Liber8 y Kiera Cameron.

Unos quieren cambiar el futuro; la otra lucha por mantenerlo igual, aunque sea una época de desigualdades y opresión, porque es la única manera de que pueda regresar al lado de su marido y su hijo. Pero ‘Continuum’ es, en gran parte, la historia de la evolución de Cameron. A través de diversos flashforwards, vamos teniendo una ventana a cómo es ese 2077 del que proceden todos los personajes, y se va aclarando si podemos de verdad estar del lado de la agente Cameron o de los terroristas de Liber8. Ella misma va abriendo los ojos a la posibilidad de que, tal vez, esté apoyando a los villanos de la historia, aunque Liber8 aplique unos métodos violentos con los que tampoco está de acuerdo.

Y, al mismo tiempo, entra en contacto con las versiones más jóvenes de algunas de las personas que dominarán el mundo en su futuro, como Alec Sadler. En 2012 sólo es un veinteañero que tiene un completo laboratorio informático en el granero de la casa de su madre, pero en 2077 es todo un magnate multimillonario y muy influyente, el principal objetivo de las acciones de Liber8. Y también alguien que puede saber bastante más de lo que parece del viaje al pasado de Keira.

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‘Continuum’ va complicando su manejo de diferentes líneas temporales y de distintas facciones luchando por el control del futuro según va avanzando en sus temporadas. Lo que arranca como un policiaco muy dependiente de la fórmula va explorando cuestiones como la posibilidad de que exista el destino (y que éste esté predeterminado), la influencia en el continuo temporal por el mero hecho de haberse desplazado al pasado, la cada vez mayor implicación de las empresas privadas en aspectos antes competencia del estado como las fuerzas del orden o las convicciones personales de alguien que creía tener la razón y se da cuenta de que, tal vez, siempre ha estado equivocado.

La serie, además, forma parte de esa tendencia de los últimos años de situar en su centro a una protagonista femenina que, aunque muchas veces podría ser la heroína de la historia, es bastante más complicada. Keira Cameron cree saber perfectamente lo que está bien y lo que está mal y, además, en sus investigaciones cuenta con la ayuda de un traje que le permite, entre otras cosas, hacerse invisible, y de un chip, instalado en su cerebro, que graba todo lo que ve y le facilita los análisis de las escenas del crimen o la detección de si un sospechoso está mintiendo. Es otro ejemplo más de ese intrusismo de la tecnología y las corporaciones en la vida privada de los ciudadanos de 2077, aunque ella no se dé cuenta. Todavía.

El personaje

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En ‘Continuum’ hay unos cuantos personajes con evoluciones interesantes a lo largo de la serie. Está Matthew Kellogg, miembro de Liber8 que decide aprovechar sus conocimientos del futuro para enriquecerse en el presente, y también tenemos a Alec Sadler, que sabe quién va a ser en 2077 e intenta evitarlo, aunque sospeche que su camino vital ya está trazado ante sí. Pero es su protagonista, Kiera Cameron (Rachel Nichols), la que al final representa mejor lo que es ‘Continuum’. Para empezar, no está muy claro que su viaje al pasado fuera realmente un accidente, y si no lo fue, ¿con qué objetivo fue enviada a 2012? Y si debe evitar que ese futuro gobernado por las multinacionales tenga lugar, ¿quiere eso decir que nunca tendrá una familia?

Las mejoras tecnológicas de las que se sirve Cameron (su traje, su chip o su pistola “desplegable”) la acercan a veces al terreno de los superhéroes porque, en ocasiones, parece invencible, pero no lo es. La gracia del personaje son sus dudas sobre si está haciendo lo correcto, sus dificultades iniciales para integrarse en un tiempo bastante diferente del suyo y, sobre todo, su relación con el joven Alec Sadler (Erik Knudsen). A veces resulta frustrante que, pese a todo lo que ve en su trabajo como policía, siga aferrada a la idea de que tiene que evitar que 2077 cambie, en especial cuando el propio Alec dice más de una vez que nadie sabe nada sobre viajes en el tiempo. Es imposible saber si de verdad se ha ejercido alguna influencia en el futuro, y tampoco se puede saber con certeza si esos viajeros temporales pueden regresar a su época. ‘Continuum’ es una serie en la que sus personajes tienen pocas cosas seguras, y en la que el relativismo es parte muy importante de su trama.

El creador

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Simon Barry (1966) nunca había creado una serie de ciencia ficción hasta ahora. Su experiencia como guionista se encuadraba en la película ‘El arte de la guerra’, un thriller de acción con Wesley Snipes, y en trabajos más orientados hacia el policiaco y los dramas criminales. Sin embargo, Barry siempre ha sido fan del género, y empezó a pensar en cómo sería un futuro en el que las empresas tecnológicas, que están adquiriendo cada vez más relevancia, fueran las dominantes en el mundo. Añadió a eso la crisis financiera de 2008 y los movimientos sociales que surgieron entonces, y acabó surgiendo ‘Continuum’.

Barry también ha afirmado en más de una ocasión que quería hacer una historia de ciencia ficción lo más pura y dura que pudiera, y en la que los viajes en el tiempo se exploraran más de lo habitual, y también se preocupó de hacer que sus personajes, que arrancan la serie en posiciones muy determinadas sobre lo que es correcto y lo que no (y sobre si tienen razón o están equivocados) fueran adentrándose en terrenos más llenos de grises éticos, que llegara un punto en el que dejaran de estar tan seguros de lo que debían hacer.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘A stitch in time’ (1×01)
  2. ‘Time’s up’ (1×06)
  3. ‘Second skin’ (2×04)
  4. ‘Second truths’ (2×06)
  5. ‘Waning minute’ (3×07)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Showcase/Canadá
Año: 2012-15
Creador: Simon Barry
Reparto: Rachel Nichols, Erik Knudsen, Victor Webster, Luvia Petersen, Roger Cross, Stephen Lobo
Temporadas/capítulos: 4 (42)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Life on Mars’

¿Estoy loco, en coma o he viajado al pasado?

The Sweeney’ era una serie policiaca británica de los 70 que seguía a un par de agentes de una división especializada en robos con violencia en Londres. Sus protagonistas utilizaban métodos expeditivos para atrapar a criminales todavía más violentos que ellos, y su alto ritmo y el retrato realista que hacía de las calles londinenses modernizó el género en la televisión británica.

Casi 30 años más tarde, en 1998, tres guionistas bastante versados en dicho género como Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham se reunieron para pensar nuevas ideas para una serie. La gran revolución televisiva lanzada por HBO aún no se había puesto en marcha y los tres escritores, aunque tenían como objetivo pensar nuevos conceptos, no hacían más que hablar de lo mucho que les había gustado en su momento aquella serie policiaca de los 70. Una pregunta, entonces, empezó a sobrevolar su charla: ¿cómo reaccionaría un policía de las series actuales, con toda la tecnología de ‘CSI’, si apareciera de repente en ‘The Sweeney’?

Un policiaco parecía una apuesta segura para la BBC, pero el toque de ciencia ficción del detective que viaja al pasado era un riesgo demasiado grande para la televisión británica de finales de los 90. Hay que recordar que, por ejemplo, aún faltaban siete años para que la cadena pública recuperara ‘Doctor Who’. “Entonces, los canales no estaban cómodos con algo así, algo que no estaba ambientado en el mundo real y que tenía un elemento de fantasía”, apuntó en una entrevista en la revista SFX Tony Jordan, por lo que el proyecto de ‘Life on Mars’ se quedó en el limbo.

En 2006, sin embargo, el mercado estaba ya más preparado para una serie así. En Estados Unidos hacía poco que se había estrenado ‘Perdidos’, con su mezcla de géneros y sus toques de misterio y ciencia ficción en medio de un drama de personajes, y su enorme éxito, y un cambio en la directiva de ficción de BBC, propició que el viejo proyecto de Jordan, Graham y Pharoah tuviera la oportunidad de ver la luz.

Así nació ‘Life on Mars’, una de las series más exitosas e influyentes de los últimos años en el Reino Unido. El título de la BBC era un policiaco, sí, pero con un punto de partida high concept, como dirían allí. Sam Tyler es un policía de Manchester, en 2006, que es atropellado por un coche mientras investiga un caso. Cuando se despierta, lo hace en el mismo sitio, y suena la misma canción que tenía puesta en su coche, ‘Life on Mars’, de David Bowie, pero su entorno ha cambiado radicalmente. Está todavía en Manchester, pero en 1973.

¿Cómo ha ocurrido eso? ¿Y cómo puede Sam averiguar qué le está pasando y volver a casa? Las respuestas a esas preguntas son las que impulsan las dos cortas temporadas de ‘Life on Mars’. Sam tiene extrañas visiones y sueños que parecen indicarle si está en coma, loco o de verdad ha viajado en el tiempo, como repite en los títulos de crédito, pero no le resulta tan fácil seguir sus pistas porque, en su día a día, sigue trabajando como policía, pero al lado de un tipo tan de los 70 y tan troglodita para sus principios del siglo XXI como Gene Hunt. En la comisaría se fuma constantemente, hay pocas agentes femeninas y, las que hay, son tratadas como si no valieran para nada por sus compañeros, y los métodos para interrogar a un sospechoso pueden incluir una grabadora, sí, pero no tanto para grabar la conversación como para asestarle un golpe en la cabeza con ella al detenido. La lenta asunción de Sam de dónde (cuándo) se encuentra y sus intentos por trasladar algunos de sus conocimientos de 2006 a ese grupo de brutos se convertirán en el centro de la serie, además de la amistad que va forjándose entre Tyler y Gene Hunt.

El propósito de Pharoah, Jordan y Graham con ‘Life on Mars’ era hacer un policiaco de los 70, y es lo que consiguen, pero el detalle de que Sam ha viajado de algún modo al pasado no se descarta. El choque cultural que esa circunstancia le provoca se explota muchas veces con efectos cómicos, y permite que la serie tome cierta distancia de todos las cosas que hacen Hunt y sus compinches. Las peripecias de los policías son, casi siempre, ligeras y divertidas, y cuando hay algún caso de verdad serio, lo más habitual es que esté relacionado con el pasado de Sam, o pueda ayudarle a averiguar qué le está pasando.

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Con sólo 16 episodios, no da tiempo a que el concepto inicial de ‘Life on Mars’ se agote, pero la serie no da una solución definitiva a su conflicto. Ésta no llegaría hasta ‘Ashes to ashes’, un spin off centrado en Gene Hunt y que trasladaba la acción al Londres de 1981, donde “aterrizaba” una policía a la que habían disparado en 2008. Alex Drake también se esforzaba por resolver el misterio de lo que había pasado, y al hacerlo, se aclaraba el destino de Tyler.

El éxito de ‘Life on Mars’ asentó el ascendente en la ficción británica de la productora Kudos, responsable de la serie de espías ‘Spooks’ y de los timadores de ‘Hustle’, y que revitalizó las series del Reino Unido en la primera mitad de los 2000. La mezcla de viajes en el tiempo e historia de policías de ‘Life on Mars’ estaba lograda de una manera muy original, transmitiendo una atmósfera muy personal y con un grupo de personajes muy bien dibujado e interpretado. El dúo que formaron Sam Tyler y Gene Hunt está entre los mejores pares de detectives de las series británicas, y el fenómeno de audiencia que fueron sus aventuras animó a las cadenas a probar suerte con títulos que se salían un poco de las ficciones tradicionales en las islas.

La fórmula, sin embargo, no es fácil de replicar. ‘Life on Mars’ tuvo tres remakes (uno en Estados Unidos, otro en España y un tercero en Rusia) y ninguno tuvo demasiado éxito. No bastaba con sustituir David Bowie por Nacha Pop y Pink Floyd, o Manchester por Nueva York, para llevarse a Sam Tyler a sus propios terrenos.

El personaje

genehunt

Aunque el protagonista de la serie es Sam Tyler (John Simm), es Gene Hunt (Philip Glenister) quien termina siendo el personaje más fácilmente reconocible de ‘Life on Mars’. Hunt es la traslación de los policías de las series de los 70, el tipo que confía más en sus instintos que en los análisis forenses de pruebas y para el que, si detiene a alguien acusado de haber cometido un delito, tiene que ser el culpable por lo civil o por lo criminal. Sus métodos pasados de moda son la principal fuente de conflicto entre Tyler y Hunt cuando empiezan a trabajar juntos, pero poco a poco vamos conociendo mejor a ‘Gene Genie’, como se hace llamar, y resulta inevitable darse cuenta de por qué el público británico lo adoraba.

El carisma que Glenister imprimía al personaje, más los tremendos one liners que los guionistas le daban, hacía que Hunt fuera muy divertido y que se terminara convirtiendo en el mejor amigo de Sam en 1973. También el resto de policías del departamento van recibiendo más matices en su retrato, y ‘Life on Mars’ consigue montar un argumento bastante convincente para que Tyler se replantee su idea inicial de volver a casa a toda costa. El éxito de Hunt hizo que él fuera el gran protagonista de la secuela, ‘Ashes to ashes’, y no Alex Drake (Keeley Hawes), la policía que viaja al pasado en aquella serie. Ésta, de hecho, aguantó más en antena que su ‘Life on Mars’, tres temporadas.

Los creadores

Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham son tres guionistas muy veteranos de la ficción británica. Los tres habían coincidido en otras series producidas por Kudos, como ‘Hustle’, razón por la que la productora los encerró, básicamente, en un hotel durante un fin de semana para que idearan nuevos proyectos de series. De aquel fin de semana salió ‘Life on Mars’, donde aprovecharon su experiencia escribiendo para ‘EastEnders’, ‘Testigo mudo’ o la serie médica ‘Casualty’ para hacer las historias que más les gustaban. Los tres serían responsables después de ‘Ashes to ashes’, y algunos de ellos han seguido colaborando más tarde. Graham y Pharoah crearon la serie de aventuras arqueológicas ‘Bonekickers’, pero lo más normal es que se hayan dedicado a poner en marcha nuevos proyectos en solitario.

Cinco episodios imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×04
  3. 2×05
  4. 2×07
  5. 2×08

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 2006-07
Creadores: Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham
Temporadas/capítulos: 2 (16)
Reparto: John Simm, Philip Glenister, Liz White, Dean Andrews, Marshall Lancaster, Tony Marshall
Otros: Tuvo un spin off, ‘Ashes to ashes’, y remakes en Estados Unidos, España y Rusia.
Dónde verla: Editada en DVD