‘Expediente X’

“La verdad está ahí fuera”.

El cine de los 70 todavía arroja una sombra muy alargada sobre el Hollywood actual. Su fuerte componente político y social estaba muy marcado por las protestas contra la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate, y reflejaba un malestar de la sociedad estadounidense con sus gobernantes que supo recoger Chris Carter para crear ‘Expediente X’. Él era un adolescente cuando Richard Nixon dimitió por aquel espionaje en las oficinas del partido demócrata, y la investigación que después reflejó ‘Todos los hombres del presidente’, más su afición por una serie de terror llamada ‘Kolchak, the night stalker’, cristalizaron en uno de los títulos de más éxito de los años 90, y uno de los más influyentes en la ficción televisiva posterior.

Superficialmente, ‘Expediente X’ era un policiaco con dos detectives investigando un caso nuevo cada semana. La diferencia era que los casos implicaban abducciones alienígenas, presencias sobrenaturales, monstruos legendarios y hasta experimentos clandestinos del gobierno. Y, además, había una historia serializada de fondo, una mitología, que iba desgranándose poco a poco y que resultaba muy personal para Fox Mulder, agente del FBI: la historia de qué había pasado con su hermana, de quien Mulder estaba convencido de que había sido abducida delante de él, cuando no era más que un niño.

Su obsesión por descubrir la verdad de lo que había ocurrido con ella, y su facilidad para creer en teorías conspiradoras y en fenómenos paranormales le ganan el apodo de “Mulder, el siniestro” y lo destierran a un despacho en el sótano. Allí lo encuentra la otra protagonista de la serie, Dana Scully. También es agente del FBI, pero tiene formación científica y sus jefes le asignan los expedientes X con un único cometido: informarles de las actividades de Mulder y, de paso, desacreditar su trabajo.

El cine político de los 70, el escándalo de Watergate y ‘Twin Peaks’ son dos de las grandes influencias de ‘Expediente X’

Ése es el punto de partida de una serie cuyo principal punto débil fue, paradójicamente, lo que le dio en su momento su toque diferenciador; la conspiración que Mulder intentaba desenmascarar, una conspiración que asumía que el gobierno de Estados Unidos estaba al tanto de las visitas alienígenas y que no sólo había creado una elaborada cortina de humo para ocultarlas, sino que también se dedicaba a eliminar a los que se acercaban demasiado a la Verdad, esa Verdad que los títulos de crédito de la serie afirmaban todas las semanas que estaba “ahí fuera”.

La mitología de ‘Expediente X’ bebía de esa desconfianza hacia el gobierno que la sociedad estadounidense aún arrastraba del escándalo Watergate y mezclaba allí leyendas urbanas y viejas historias de miedo. Las alusiones a películas clásicas de terror eran muy habituales (hubo todo un episodio en la quinta temporada que homenajeaba ‘Frankenstein’, de James Whale, y la película ‘Máscara’, con Cher), y Chris Carter y sus colaboradores empezaron también a experimentar con casos más humorísticos, con “monstruos” que no elegían lo que eran, y que sólo querían que los dejaran en paz, y fueron construyendo la serie, cada vez más, alrededor de la química y la dinámica establecida desde el principio entre Mulder y Scully, interpretados por dos desconocidos entonces como David Duchovny y Gillian Anderson. Carter se había propuesto inicialmente que la relación entre ambos agentes del FBI fuera puramente profesional, pero la sensación de que estaban solos contra esa conspiración, y de que eran las únicas personas en las que podían confiar, terminó por hacerla evolucionar hacia algo más personal y, al final, hasta romántico.

‘Expediente X’ tuvo la suerte de que, en 1993, FOX era una cadena casi recién nacida cuyo único éxito real era ‘Los Simpson’, por lo que estaba dispuesta a ser paciente con ella y con sus bajas audiencias en la primera temporada. La oscuridad de sus capítulos (si se rodaban de noche, era más fácil disimular que había poco dinero para efectos especiales) y la mezcla de elementos de ‘Kolchak’, ‘Twin Peaks’ y ‘El silencio de los corderos’ tardó en calar entre el público, que empezó a descubrir la serie en su repetición en verano. Su pico de popularidad llegaría entre la cuarta y la sexta temporadas, con película estrenada en cines incluida, y para entonces también dio pie a bastantes otras series que intentaban copiar lo que la hacía distinta, pero que se quedaban en la presencia de alienígenas y en las conspiraciones al más alto nivel, y no duraban demasiado en antena.

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Además, la creación de Chris Carter fue una gran cantera de guionistas y creadores de nueva series. Quienes escribían los capítulos eran animados a pensar en términos visuales y cinematográficos y a visitar el plató para ver cómo ese guión se transformaba en realidad, lo que era un entrenamiento de primera mano para que, después, gente como Vince Gilligan creara ‘Breaking Bad’, James Morgan y Glen Wong se animaran con la muy breve ‘Space: Above and Beyond’, Howard Gordon y Alex Gansa produjeran después ’24’ (el primero) y ‘Homeland’, Tara Butters y Michele Fazekas, editoras de guión, dieran luego el salto a la creación de sus propios proyectos con ‘Reaper’ (también supervisaron ‘Agent Carter’)…

La influencia de ‘Expediente X’ acabó notándose más allá de esa mezcla de componentes serializados con el caso (o monstruo) de la semana, de los toques de humor autoparódico, de la atracción (casi más intelectual que física) entre Mulder y Scully o de los homenajes a clásicos de la ciencia ficción y el terror. Aunque el revival de 2016 y la segunda película, de 2008, no recuperaran del todo la antigua magia (que se fue diluyendo a partir de la sexta temporada), el cóctel que hacía posible ‘Expediente X’ continúa sin ser igualado.

El personaje

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Aunque fuera la “cruzada” de Fox Mulder (David Duchovny), ‘Expediente X’ estaba contada desde el punto de vista de Dana Scully (Gillian Anderson). Su formación científica la había hecho ser elegida, inicialmente, para espiar a Mulder y desacreditar su trabajo, o eso esperaban los jefes del FBI. Para la serie, resultaba un truco muy útil para que todas las historias de abducciones extraterrestres, fantasmas, monstruos y experimentos secretos del gobierno se presentaran desde el punto de vista del escéptico. Así, las discusiones entre Mulder y Scully sobre la realidad de lo que estaban investigando daban a la serie una pátina diferente de cualquier otro título que girara alrededor de lo paranormal y la “conspiranoia”.

Scully, además, es la que acaba teniendo el viaje personal, y emocional, más importante. Sus convicciones se van poniendo a prueba por todo lo que va viviendo junto a Mulder, y aunque es cierto que, en las últimas temporadas, su evolución acaba traicionando un poco la esencia inicial de “Expediente X”, la exploración de sus dudas y de su decisión firme de dejar atrás un trabajo que no le ha traído más que dolor aportan interés, sobre todo, a la miniserie con la que el título de FOX regresó a la programación a principios de 2016. Y tampoco hay que desestimar la importancia que Scully tuvo en fomentar el interés de jóvenes generaciones de chicas por la ciencia y las carreras técnicas (STEM, por sus siglas en inglés: Science, Technology, Engineering, Mathematics).

El creador

Chris Carter era periodista especializado en surf antes de empezar a trabajar como guionista en televisión, algo que consiguió mediante encuentros casi fortuitos con diferentes ejecutivos como Peter Roth, que cuando entró a trabajar en FOX, a principios de los 90, fichó a Carter para que desarrollara contenido para la cadena, entonces casi recién nacida. Lo primero que le propuso fue ‘Expediente X’, que tuvo un comienzo complicado en la cadena porque sus ejecutivos no terminaban de estar del todo convencidos ni de la serie ni de que su protagonista femenina fuera Gillian Anderson, y no una actriz más espectacular físicamente.

Esa serie es el único éxito verdadero de Carter. Mientras todavía estaba en antena, creó un spin-off, ‘The Lone Gunmen’, centrado en los Pistoleros Solitarios que ayudan a Mulder de vez en cuando, una serie sobre un ex agente del FBI con visiones de asesinos en serie (‘Millennium’) y otra sobre un grupo de personas atrapadas en un entorno de realidad virtual (‘Harsh Ream’). Sólo ‘Millennium’ tuvo cierto éxito, emitiendo tres temporadas. También presentó un piloto apocalíptico para Amazon, ‘The After’, que fue cancelado aunque la plataforma había dado luz verde a una primera temporada.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Squeeze’ (1×03)
  2. ‘Anasazi’ (2×25)
  3. ‘Clyde Bruckman’s final repose’ (3×04)
  4. ‘Home’ (4×02)
  5. ‘Bad blood’ (5×12)

Ficha

Título original: ‘The X Files’
Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Año: 1993-2002, 2016
Creador:  Chris Carter
Reparto: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, William B. Davis, Nicholas Lea, Sheila Larkin
Temporadas/capítulos: 9 (202), más una miniserie y dos películas

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‘BrainDead’

“No hay mil maneras diferentes de conseguir lo que queremos,
sólo hay una manera: la nuestra”

En octubre de 2013, el gobierno federal de Estados Unidos cerró durante quince días. Y no lo hizo de forma metafórica, sino muy literal. El fracaso a la hora de encontrar una solución de compromiso entre republicanos, con mayoría en el Congreso, y demócratas (que tenían al presidente, Barack Obama) que permitiera aprobar los presupuestos para el año fiscal 2014 llevó a que todas las instituciones que dependen de Washington DC cerraran sus puertas hasta que hubiera una ley que las dotara de financiación para el año siguiente.

No era la primera vez que pasaba; el cierre de 1996 duró 21 días y sus consecuencias, sobre todo en el despido de trabajadores federales, fueron importantes, pero el espectáculo que el Congreso dio en 2013 era diferente. En el partido republicano había ascendido una nueva rama, el Tea Party, más radicalizada y con cierto gusto por las declaraciones altisonantes, y al contar con la mayoría en el Congreso, el partido parecía ejecutar algunas acciones sólo para causar todos los problemas que pudiera a la presidencia de Obama. En medio de toda esta situación, los guionistas Robert y Michelle King empezaron a pensar que parecía que los políticos sólo estaban utilizando la mitad de sus cerebros. “Parecía existir esta especie de pensamiento mágico sobre la ira”, explicaba Robert King en una entrevista en Entertainment Weekly, “que si estás lo suficientemente enfadado, conseguirás lo que quieres políticamente”.

Si los Ted Cruz y compañía parecían estar completamente locos, como si alguien les hubiera sorbido el cerebro, ¿por qué no hacer una serie en la que realmente les devoran el cerebro a los políticos de Washington?

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Así nació ‘BrainDead’, una serie veraniega de CBS que contaba la invasión de unos bichos extraterrestres de la Tierra a través de un primer paso fácil, los congresistas. Utilizando los famosos cerezos de Washington y sus flores, los alienígenas (con forma de hormigas) se introducen en la cabeza de sus “huéspedes” humanos, devoran sus cerebros y pasan a suplantar su personalidad. Las personas invadidas se vuelven más extremistas en sus posiciones políticas, pasan a ser muy ordenadas y pulcras, a seguir una alimentación sana basada en batidos verdes y a adorar la canción ‘You might think’, de The Cars. En medio de todo eso llega Laurel, hermana del senador demócrata Luke Healey, que empieza a trabajar para él para conseguir el dinero necesario para financiar su documental sobre música coral polinesia. Su punto de vista externo al funcionamiento del Capitolio le permite darse cuenta enseguida de que algo huele a podrido en Washington DC.

‘BrainDead’ utiliza una invasión alienígena para satirizar la gran polarización actual de la política y de la sociedad estadounidenses

La serie es, en realidad, una sátira política, más que una historia de ciencia ficción, pero la sombra de ‘La invasión de los ultracuerpos’ está muy presente en ella. Los humanos dominados por los extraterrestres pueden actuar a veces de forma robótica y quedarse mirando a los protagonistas de una manera similar a cómo lo hacían las personas suplantadas de aquella película, y la manera en la que Laurel y sus dos principales colaboradores, la doctora Rochelle Daudier y Gustav Triplett, un seguidor de todo tipo de conspiranoias, van descubriendo qué está pasando está más anclada en el mundo real, como si dijéramos. ‘BrainDead’ cuenta una historia muy loca, y es muy consciente de ello, pero mantiene siempre cierto tono de mundanalidad. Su realidad puede estar ligeramente exagerada, pero también es la nuestra, de algún modo.

La invasión extraterrestre es la excusa para que la serie pueda hacer un comentario sobre la polarización a la que ha evolucionado la política estadounidense, y su sociedad. La retórica del “estás conmigo o contra mí”, de atacar al rival con las acusaciones más sucias y absurdas, sin pensar en las consecuencias que puedan tener, es el objetivo principal de la sátira. El gobierno de un país requiere de negociaciones y compromisos entre partes de la sociedad que pueden estar enfrentadas. ¿Qué pasa cuando algunas de esas partes se dedican a sabotear ese proceso?

‘BrainDead’ no es un tratado serio sobre lo que está mal en la política norteamericana; como decimos, es una comedia, a veces muy loca, sobre una invasión alienígena, y también tiene rasgos de comedia romántica con la relación entre Laurel Healy y el asistente del senador Wheatus, Gareth. Ambos están en polos opuestos del extremo político, pero su atracción es uno de los principales motores de la serie, uno que pone un toque de emociones un poco más “normales”. Son dos personas razonables que se ven lanzadas a una situación completamente irracional, y que se dan cuenta de que es irracional. ‘BrainDead’ parece decirnos que los problemas llegan cuando todo el mundo actúa como si toda esa locura fuera normal.

La serie, de todos modos, nunca se toma a sí misma demasiado en serio. La idea es demostrar lo ridícula que es la radicalización impulsada por los alienígenas, y por eso se permite, por ejemplo, empezar todos los episodios con un “previously on” cantado, que resume lo que se ha visto hasta el momento en la serie, y que es a su vez otro chiste metarreferencial más. Pero sí que trata con seriedad las emociones de sus protagonistas, sobre todo en lo que respecta a la relación de Laurel con su padre o en su sensación de no estar haciendo lo que debería con su vida.

Las acciones de las hormigas llegadas desde el espacio exterior obligan también a plantearse esas preguntas, y la lucha contra ellas se va desarrollando poco a poco (‘BrainDead’ sabe que, incluso dentro de su mundo, cualquier persona descartaría la idea de la invasión extraterrestre como una locura) porque lo más importante de la serie es la construcción y evolución de sus personajes frente a esa situación. El don que desplegaba ‘The good wife’, la anterior serie del matrimonio King, para presentar y hacer interesantes enseguida a sus personajes se mantiene en ‘BrainDead’, que pasó demasiado desapercibida en su emisión en Estados Unidos, quizás por lo diferente de su propuesta.

El personaje

The Path to War Part One: The Gathering Political Storm

Red Wheatus (Tony Shalhoub) es el personaje que mejor encarna la tesis sobre la que gira ‘BrainDead’. Inicialmente, no es más que un senador republicano por el estado de Maryland que lleva demasiado tiempo en Washington y es un borracho perezoso. Sin embargo, en cuanto los insectos alienígenas lo infectan, se convierte en un ‘halcón’ capaz de decir las mayores salvajadas y de sabotear constantemente los esfuerzos del senador Healy por aprobar algún tipo de ley. Wheatus, además, trabaja en secreto para preparar esa invasión inminente de los extraterrestres, y tiene que conseguir que sus exabruptos y sus maniobras para mantener Washington siempre en un estado constante de guerra fría distraigan la atención de lo que realmente está poniendo en marcha.

Wheatus es una exageración de los republicanos del Tea Party y, en general, de los políticos que han hecho gala de ser muy “directos” en sus declaraciones, lo que se traduce en descalificar al contrario y en soltar con gran convicción medias verdades (o, directamente, mentiras) sin pararse a pensar en las consecuencias que eso puede tener en el electorado. Lo que muestra ‘BrainDead’ es a unos congresistas sólo preocupados por mantener su parcela de poder, o ampliarla, por demostrar que sus rivales son unos inútiles o por derrotarlos en una votación, da igual que se esté decidiendo ir a la guerra con Siria o cerrar las ayudas federales para los veteranos. En ese clima, las acciones de los alienígenas a través de Wheatus pueden triunfar sin que nadie piense que está pasando algo raro.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The insanity principle: How extremism in politics is threatening democracy in the 21st century’ (1×01)
  2. ‘Back to work: A behind-the-scenes look at Congress and how it gets things done (and often doesn’t) (1×05)
  3. ‘Notes toward a post-Reagan theory of party alliance, tribalism and loyalty: Past as prologue’ (1×06)
  4. ‘The path to war part one: The gathering political storm” (1×08)
  5. ‘Six points on new the Congressional budget: The false dichotomy of austerity vs expansionary politics’ (1×11)

Los creadores


El matrimonio de Robert y Michelle King se hizo conocido en la televisión estadounidense con ‘The Good Wife’, una serie sobre la mujer del fiscal del distrito de Chicago que, después de que éste vaya a la cárcel por un escándalo de corrupción y prostitución, tiene que volver a trabajar como abogada para poder mantener a sus hijos. La serie tenía el envoltorio de un drama legal en el que la política, y la evolución de su personaje central, ocupaba un lugar muy relevante en su trama.

Cuando esta serie terminó, los King se animaron a probar suerte en la sátira de ciencia ficción con ‘BrainDead’, que nació a partir del cierre del gobierno federal de 2013, y cómo los políticos de Washington cada vez parecen comportarse de una manera más extraña, como si los alienígenas realmente los hubieran suplantado. Los King, antes de hacerse famosos con ‘The Good Wife’, habían tenido una carrera en Hollywood bastante ecléctica. Robert ha escrito de los guiones de películas como ‘La isla de las cabezas cortadas’, ‘Límite vertical’ o ‘El laberinto rojo’, y el primer proyecto conjunto con Michelle fue, curiosamente, otra serie de abogados, ‘Proyecto Justicia’, que sólo duró una temporada.

Ficha

Cadena/nacionalidad: CBS/Estados Unidos
Año: 2016
Creadores: Robert y Michelle King
Reparto: Mary Elizabeth Winstead, Aaron Tveit, Danny Pino, Tony Shalhoub, Nikki M. James, Johnny Ray Gill
Temporadas/capítulos: 1 (13)

‘Torchwood’

“¿No te preguntas a veces cuánto puedes sobrevivir
antes de volverte loco, o morir o perder a un ser querido?”

¿Y si hubiera una brecha espacio-temporal en la Tierra, y no sólo en la Tierra, sino bajo la bahía de Cardiff, y por ahí entraran todo tipo de alienígenas sedientos de sangre? ¿Quién se encargaría de protegernos de ellos? La respuesta es el Instituto Torchwood, una creación de la era moderna de ‘Doctor Who’ y que, inicialmente, fue creado por la reina Victoria justo para controlar al propio Doctor.

La serie introdujo esa organización en su segunda temporada, en la que ya era todo un éxito de audiencia en BBC y había vuelto a recuperar su posición como una verdadera institución cultural británica, al nivel pop de James Bond y Harry Potter. El Instituto tenía gran protagonismo en el tramo final de aquella temporada, en preparación para el spin off que Russell T. Davies estaba desarrollando, y ya dibujaba las líneas maestras detrás de su funcionamiento. Una de ellas era que los agentes de Torchwood tenían un alto riesgo de morir en cumplimiento del deber.

En realidad, la idea del spin off había surgido con dos episodios de la etapa de Christopher Eccleston como Doctor. Rose, su acompañante, y él habían viajado al Londres del blitz, o lo que es lo mismo, de los bombardeos constantes de la aviación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y habían conocido a un timador lleno de encanto, y capaz también de viajar en el tiempo, que se hacía llamar capitán Jack Harkness. La entrada de ese personaje en la serie, y la manera en la que John Barrowman, su intérprete, transmitía su personalidad juguetona y aventurera, flirteando no sólo con Rose, sino también con el Doctor, lo convirtió rápidamente en uno de los favoritos de los fans. Harkness siguió apareciendo aquí y allá en la primera temporada y, para cuando se emitió el último episodio, había presentado de sobra sus credenciales para protagonizar su propia serie.

torchwood

Ésta era ‘Torchwood’, un spin off con un tono más adulto que el familiar de ‘Doctor Who’, aunque al principio se confundió eso con más sexo y más sangre. En realidad, el tono venía marcado por la evolución que aquel último capítulo de la primera temporada de la serie madre había tenido en Harkness. El timador había decidido sacrificarse heroicamente por sus amigos, pero eso había generado una consecuencia imprevista: Jack era inmortal.

¿Cómo es una persona que sabe que no puede morir? ¿Que lo ha intentado incontables veces, sólo para regresar a la vida al poco tiempo? ¿Cómo puede afectar a Harkness darse cuenta no sólo de que es inmortal, sino que está atrapado en la Tierra en el siglo XIX y que no tiene los medios para viajar en el tiempo y buscar al Doctor? ‘Torchwood’ es más oscura porque su protagonista lleva siglos intentando dar con el Doctor para que le explique no sólo que le ha pasado, sino para que le ayude a solucionarlo. La inmortalidad no es un regalo para Jack. Sí, se aprovecha en ocasiones de ella para seguir con sus timos, pero es más una carga para él. Desconocer la causa de su incapacidad para morir tampoco ayuda, y todo eso influye en el Jack Harkness que se presenta ante el espectador en el arranque de ‘Torchwood’.

Éste sigue el clásico esquema de introducir a la audiencia en ese mundo a través de los ojos del nuevo integrante del grupo, en este caso, una policía llamada Gwen Cooper. Su llegada no sólo nos presenta al resto de personajes y el mundo en el que se mueven, sino que empieza a suscitar una cierta evolución en Harkness. Deja de estar desconectado de una vida que no puede abandonar y empieza a involucrarse más en ella.

‘Torchwood’, que recibe su nombre del anagrama con el que se enviaban las cintas de ‘Doctor Who’ del rodaje en Gales a Londres, para evitar filtraciones, va llevando a sus personajes por caminos emocionalmente muy complicados mientras presenta capítulos centrados en alienígenas que necesitan la energía del orgasmo para sobrevivir, viajeros del tiempo que se dedican también a las estafas, como Jack, parásitos de la memoria, personas atrapadas en un bucle temporal, hadas que no se parecen en nada a las de los cuentos… En todos esos episodios se nota la influencia de las series de Joss Whedon, sobre todo en las resoluciones emocionales de bastantes personajes, y de ‘Expediente X’, y se explora cómo ese trabajo tan extraordinario afecta a unos agentes que, hasta entonces, llevaban vidas bastante mundanas. El carácter especial de dicho trabajo se enfatiza en la voz en off que arranca todos los capítulos en las dos primeras temporadas, y que explica que ‘Torchwood’ está “fuera del gobierno, más allá de la policía” y que su labor es “armar a la raza humana contra el futuro”.

‘Torchwood’ tenía un tono un poo más oscuro y adulto porque su protagonista principal, el capitán Jack Harkness, era inmortal

Es una serie bastante irregular, algo que Chris Chibnall, su responsable en las dos primeras entregas, explicaba diciendo que “en cuanto a la gente que hacía la serie, y en cuanto a las notas que nos dio la BBC, eran ser atrevidos y diferentes, y peculiares y extraños, lo que hicimos mejor o peor y con mayor o menor éxito en diferentes episodios” con un tramo muy notable de episodios en la segunda temporada y en la tercera, que es esencialmente una miniserie en la que lo que queda del Instituto Torchwood se enfrenta a la nebulosa amenaza de unos extraterrestres que expone las hipocresías de los gobiernos. Esos cinco capítulos llevan a los personajes a extremos que resultan difíciles de mantener más allá, y prueba que ‘Torchwood’ siempre ha tenido mucha querencia por probar cosas nuevas y, valga la redundancia, extremas. La cuarta entrega, con su punto de partida de un mundo en el que, de la noche a la mañana, nadie muere, es un buen ejemplo de esa tendencia.

Su mejor caso, probablemente, sea el que explora qué ocurre cuando alguien desaparece en la brecha espacio-temporal bajo la bahía de Cardiff y, aunque regresa a casa, lo hace cambiado hasta el punto de ser irreconocible. ¿Cómo pueden sus seres queridos aceptarlo de vuelta, por mucho que quieran? En la exploración emocional de las consecuencias que tiene trabajar para Torchwood es donde la serie da lo mejor de sí misma. Ahí, y en la evolución de Gwen Cooper, especialmente en su relación con Jack, al que los fantasmas de todo lo que ha hecho en su larga vida nunca dejan en paz.

El personaje

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‘Torchwood’ se creó a mayor lucimiento de Jack Harkness y, especialmente, de su intérprete, John Barrowman. Hasta que participó en la primera temporada de ‘Doctor Who’, era un actor sobre todo de musicales del West End londinense, con alguna que otra aparición en películas del mismo género. Harkness lo propulsó al estrellato más geek gracias al lado sarcástico y vacilón del personaje, definido muchas veces como omnisexual. Jack, sin embargo, empieza la serie más taciturno que en ‘Doctor Who’. Era inevitable si había pasado siglos dándose cuenta de que era inmortal, pero sin saber por qué, y sin encontrar al Doctor, la única persona que puede ofrecerle alguna explicación.

Harkness es el líder del equipo de ‘Torchwood’ y, como tal, es el que siempre asume las decisiones más complicadas. A veces es demasiado impulsivo, y el peso de la carga de la inmortalidad es una de las razones por las que la primera temporada de la serie no termina de alcanzar el nivel que sí tendrá en la segunda y, sobre todo, en la tercera. No obstante, Jack es un gran personaje, lleno de contradicciones entre su reticencia a ser un héroe y su capacidad de sacrificio por quienes le importan, y que sí consigue recuperar gran parte de la chispa que tenía en su serie madre.

El creador

La idea de ‘Torchwood’ salió de la cabeza de Russell T. Davies, el responsable de la resurrección de ‘Doctor Who’, pero fue Chris Chibnall quien se encargó de supervisar más de cerca la serie. Chibnall es un veterano guionista, y fan de ‘Doctor Who’, que ya había escrito algún episodio para esa serie cuando empezó a trabajar en ‘Torchwood’. Después, se especializaría en títulos policiacos como ‘Law & order UK’ o ‘Broadchurch’, y él mismo reconoce que la primera temporada era una locura que estaba aún buscando su tono y su camino.

Chibnalll también experimentó un curioso fenómeno, y que es que, durante un par de años, ‘Torchwood’ fue mucho más popular en Estados Unidos que ‘Doctor Who’. La primera era emitida por BBC America, que podía promocionarla de un modo que Syfy no podía hacer con la segunda, y hasta se llegó a buscar un acuerdo de co-producción con Starz para ‘Miracle Day‘, la cuarta temporada. Las tornas cambiaron cuando la rama estadounidense de la cadena pública británica se hizo con los derechos de la serie madre. Chibnall, además, será el nuevo productor ejecutivo de ‘Doctor Who’ después de Steven Moffat.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Random shoes’ (1×09)
  2. ‘Out of time’ (1×10)
  3. ‘Adam’ (2×05)
  4. ‘Adrift’ (2×11)
  5. ‘Day four’ (3×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC-Starz/Reino Unido-Estados Unidos
Año: 2006-11
Creador: Russell T. Davies
Temporadas/capítulos: 4 (41)
Reparto: John Barrowman, Eve Myles, Naoko Mori, Burn Gorman, Gareth David-Lloyd
Otros: Spin off de ‘Doctor Who’.

‘Alien Nación’

“Son antinaturales. Ya se han llevado demasiados empleos,
¡nuestros empleos! Si los dejamos entrar ahora,
habrá mil más la semana que viene”.

En 1986, la Administración Reagan firmaba la Ley de Reforma del Control de la Inmigración, que legalizaba la situación irregular de tres millones de inmigrantes que llevaban en Estados Unidos desde antes del 1 de enero de 1982. Dos años más tarde, se estrenaba una película que encajaba en la moda de las buddy movies de la época, o lo que es lo mismo, de la pareja de policías con personalidades contrapuestas, dando un giro un poco extremo al subgénero. En lugar de tener un detective serio y profesional y otro alocado que siempre se salta las reglas, ‘Alien Nación’ contaba con un policía humano y otro, extraterrestre.

La película, y la serie que estrenó Fox un año después, mostraba unos Estados Unidos en los que se había integrado una raza de alienígenas que había llegado en una enorme nave espacial, con 250.000 tripulantes. Huían de la esclavitud de su planeta natal, y en cuanto aterrizan en la Tierra, el presidente Reagan les daba amnistía total y les garantizaba un camino más fácil para obtener la ciudadanía estadounidense.

‘Alien Nación’ es una historia de inmigrantes que deben enfrentarse a los prejuicios y recelos de la comunidad que los acoge

Pero todo esto es más sencillo de decir que de hacer, y tres años más tarde, aunque parece que los extraterrestres están realmente integrados en la sociedad norteamericana, en realidad sufren discriminaciones de todo tipo y su población se ve seriamente afectada por una nueva y potente droga. Los dos protagonistas de la serie, los detectives Matthew Sikes y Francisco, el alienígena, van descubriendo no sólo el submundo criminal de la sociedad de los extraterrestres, sino también quienes son los Amos que crearon su raza para esclavizarla, y hasta donde pueden llegar los Puristas, una organización humana que considera que los Recién Llegados están arrebatándoles sus trabajos y son una amenaza para su forma de vida.

Los paralelismos sociales estaban muy claros en la serie, algo que conecta los trabajos de Rockne S. O’Bannon, guionista de la película, y Kenneth Johnson, responsable de la puesta en marcha de la serie, que sólo duró una temporada. O’Bannon, sin embargo, quería que esas alegorías sociales y el comentario sobre dos culturas diferentes que aprenden a respetarse, se viera a través de la relación de sus dos protagonistas. “Para mí, (lo importante) era enfatizar el aspecto de la hermandad de policías contradictorios, y enraizarlo de esa manera”, afirmaba el guionista. Para Johnson, el lado social también era muy importante, aunque los fans consideraban que, a veces, los paralelismos con la situación de los inmigrantes en Estados Unidos y, sobre todo, de la “guerra contra la droga” lanzada por el presidente Reagan a mediados de los 80 eran demasiado obvios.

Era exactamente lo que se buscaba. La excusa de toda una raza alienígena que llega a la Tierra, y que intenta integrarse sin perder sus costumbres, y sin dejarse amilanar por los grupos xenófobos que quieren expulsarla, es un vehículo perfecto para hacer analogías sociales que, de otro modo, quizás no resultarían tan efectivas.

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Para Johnson, de hecho, esa posibilidad es lo que más le atrajo del proyecto. Sikes, el policía humano, era el violento e impulsivo, y el que tenía que hacer más esfuerzo por superar su educación conservadora para aceptar a su compañero. Francisco entraba en el arquetipo del detective más reflexivo, y es a través de él como se va profundizando en la cultura de los extraterrestres y los problemas a los que tienen que enfrentarse para adaptarse a su nueva vida en la Tierra. Algunos se resisten a ello, por ejemplo, y aunque la serie fue cancelada en 1990, las revueltas raciales de principios de esa década (como la motivada por la muerte de Rodney King a manos de varios policías de Los Ángeles) mostraban que la serie había estado muy acertada en sus alegorías sobre la situación social de un país en el que aún se miraba con recelo a sus minorías étnicas.

 

Los temas de ‘Alien Nación’ pueden encontrarse explorados de nuevo en títulos mucho más recientes. Películas como ‘District 9’ y series juveniles como ‘Star Crossed’ han explorado los mismos temas (en el caso de la segunda, disfrazada de una historia de amor a lo ‘Romeo y Julieta’), y otras como ‘Almost human’ han utilizado el mismo concepto que ‘Alien Nación’, pero emparejando a un policía humano y a otro robótico. Era una serie sobre la tolerancia y la aceptación del otro, disfrazada de policiaco de ciencia ficción, y aunque no fuera una de las mejores producciones de los 80, sí mostraba el potencial del género para el comentario social.

El personaje

francisco

George Francisco (Eric Pierpoint) era el personaje que ‘Alien Nación’ utilizaba para adentrar al espectador en la cultura y las costumbres de los extraterrestres. Y también para mostrar las dificultades intrínsecas a empezar de nuevo en un planeta (o país) totalmente extraño, con tradiciones que resultan tan alienígenas para los Recién Llegados como su cabeza calva y alargada lo es para los humanos. Francisco mantiene aún parte de la capacidad de sorpresa ante algunas costumbres terrícolas, mientras la lucha de su hijo por no integrarse en la Tierra, hasta negándose a aprender inglés, cuenta la otra cara de esos especiales inmigrantes.

A través de él, también, la serie aprovecha para explorar con mayor detalle la diferente biología de los alienígenas, en los que el macho comparte el embarazo con la hembra, por ejemplo. Como es lógico, igualmente es el personaje en el que ‘Alien Nación’ refleja más las tensiones raciales de ese Los Ángeles mestizo que, sin embargo, se resiste a darse cuenta de que lo es. El propio Johnson afirmaba que “Fox pensaba que tenía ‘Arma letal’ con alienígenas, y yo dije, ‘no, no, no’. Sería mucho más interesante hacer ‘En el calor de la noche’ y mostrar los prejuicios raciales, y la discriminación y el choque de culturas”.

El creador

Después de Kenneth Johnson (del que ya hablamos al comentar ‘V‘), fue Diane Frolov la guionista que más capítulos escribió de ‘Alien Nación’, varios de ellos con su marido, Andrew Schneider. Frolov es un caso de guionista que pasa por algunos de los títulos más destacables de los últimos años en televisión, sin que nunca se haga del todo famosa. Participó también en ‘Doctor en Alaska’ y en ‘V’, y sus trabajos más reconocibles actualmente bien pueden ser ‘Los Soprano’ (que creó David Chase, showrunner de la serie anterior durante sus dos últimas temporadas) y ‘Boardwalk Empire’, siempre al lado de su marido.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The night of the screams’ (1×06)
  2. ‘Three to tango’ (1×08)
  3. ‘Chains of love’ (1×10)
  4. ‘Green eyes’ (1×21)

Ficha

Título original: ‘Alien Nation’
Cadena/nacionalidad: Fox/Estados Unidos
Creador: Kenneth Johnson
Año: 1989-90
Reparto: Gary Graham, Eric Pierpoint, Michelle Scarabelli, Lauren Woodland, Sean Six
Temporadas/capítulos: 1 (22), más cinco tv movies
Otros: Basada en la película ‘Alien Nación’, de Graham Baker

‘V’

Eres tan libre como la correa con la que te atan.
Tira lo suficientemente fuerte, y te ahorcarán con ella”.

La década de los años 80 fue especialmente fructífera para las distopías totalitarias. La conjunción de un momento especialmente tenso en la Guerra Fría con la aparición de gobiernos de derechas muy conservadores en Estados Unidos y el Reino Unido (más las dictaduras militares que todavía estaban en el poder en bastantes países de Sudamérica y el gobierno del apartheid en Sudáfrica), pareció impulsar la imaginación de los guionistas televisivos hacia alegorías de planetas ocupados por extraterrestres que gobernaban con mano de hierro.

Una de esas alegorías fue ‘V’, una serie que, en realidad, es una colección de dos miniseries y una temporada convencional de 19 episodios, y que NBC le compró al guionista Kenneth Johnson en un intento desesperado de conseguir un éxito. Johnson era un veterano de la ciencia ficción televisiva, responsable de ‘El hombre de los seis millones de dólares’ y ‘La mujer biónica’, e insufló en su creación unos cuantos dejà vú  muy claros hacia momentos históricos en los que también había una nación que se expandía por el mundo buscando el dominio y la opresión total del resto de pueblos. Porque ‘V’ contaba una invasión extraterrestre, algo muy clásico desde ‘La guerra de los mundos’, de H.G. Wells, y le daba un tono político y de resistencia que la hizo destacar enseguida entre la ciencia ficción de principios de los 80.

Los visitantes llegan a la Tierra en enormes platillos volantes que recuerdan a los del cine del género en los 50, y afirman estar en el planeta en son de paz, sólo para pedir ayuda a los humanos para obtener minerales y sustancias químicas que puedan salvar su propio mundo. A cambio de esa colaboración, los visitantes prometen compartir con los terrícolas su tecnología, más avanzada que la terrestre, y en el proceso, van ganando cada vez mayor influencia y poder sobre los gobernantes del mundo.

Pronto, empieza a haber restricciones para acceder a esos inventos de los visitantes y los miembros más críticos de la sociedad empiezan a ser vigilados muy estrechamente y a desaparecer. Algunos de ellos comienzan a comportarse de forma muy extraña, como si no fueran ellos mismos, y mientras el yugo de los alienígenas se va estrechando sobre la Tierra, surgen también focos de resistencia, humanos que quieren saber la verdad de lo que está pasando y pretenden luchar contra el régimen totalitario impuesto por los visitantes.

Los Visitantes de ‘V’ eran una clara alegoría de la Segunda Guerra Mundial y los gobiernos totalitarios de la historia

La miniserie con la que arranca ‘V’, de dos episodios, es un ejercicio de ciencia ficción política que tuvo un enorme éxito. Su creador, Kenneth Johnson, confesaba en una entrevista con el diario Los Angeles Times que se había basado, en gran medida, en la Segunda Guerra Mundial y en las acciones de los nazis en ella, pero que era, en realidad, una historia sobre el poder: “gente sin escrúpulos que tiene poder, aquellos que les hacen la pelota y la gente corriente que arriesga sus vidas para pelear contra el abuso de poder”.

vposters

La opresión de quienes literalmente son diferentes de los visitantes (que en realidad son seres reptilianos disfrazados de humanos), los experimentos que se hacen con ellos, el lado dictatorial de Diana, su líder y una de las villanas más icónicas que dejó la televisión de los 80, y el impulso de resistencia del grupo humano de Donovan fueron rasgos que convirtieron ‘V’ en un fenómeno. Alcanzó tales dimensiones, que NBC quiso continuarla más allá de la miniserie original, pero Johnson ya no participó en esas secuelas. ‘V. The final battle’ tuvo tres episodios en 1984 y, ese mismo año, se estrenó también una serie ya de estructura más convencional que perdió gran parte de lo que había hecho especial a la historia en un principio. Las críticas de la época se quejaban de que ‘V’ se había convertido en ‘Dinastía’ con lagartos, y la saga no fue más allá.

Otra cadena diferente, ABC, intentó resucitar ‘V’ en 2009, con unos visitantes que ofrecían sanidad gratuita y universal en pleno debate en Estados Unidos sobre el Obamacare, el plan de sanidad público de Barack Obama, pero tampoco consiguió recuperar la chispa y la urgencia de la miniserie original. El tinte político que tenían aquellas dos primeras entregas, que se ajustaba enormemente a las tensiones mundiales presentes en la época, se fue diluyendo en las secuelas y en el remake y, por lo tanto, ‘V’ ya no era ‘V’.

Lo que sí es destacable es la campaña de promoción que se utilizó para el estreno de la serie, en el otoño de 1984. Adelantándose al marketing viral de la actualidad, se llenaron las estaciones de tren y metro estadounidenses de carteles con un hombre con gafas de sol, sonriente, y el lema “los visitantes son nuestros amigos”. Unos días después, sobre esos mismos carteles aparecía pintada una gran V roja, sin que se especificara que esa V hacía referencia a una serie de televisión.

El personaje

diana

En toda serie de aventuras es imprescindible un buen villano que dé la medida de los héroes. Si, además, hay implicadas tramas de espionaje y agentes infiltrados, dicho villano tiene que ser especialmente calculador y malvado para que la victoria final de los protagonistas sea más satisfactoria. ‘V’ no lo dejaba todo tan claro, pero es evidente que su personaje más recordado es, precisamente, su villana, la líder de los visitantes, Diana (Jane Badler). El momento en el que se come una rata, y queda al descubierto para el espectador su naturaleza de reptil alienígena, es uno de los más icónicos de la televisión de la década de los 80.

Aquellos años, además, estaban repletos de grandes villanas. Las soap operas de prime time utilizaban a malas como Alexis Carrington o Angela Channing para darle chispa a sus tramas, pero Diana las superaba porque no tenía ningún asomo de redención, o un pasado difícil que explicara por qué era así. Ella, como jefa de los visitantes, tenía como única misión esclavizar a la humanidad y aplastar a la resistencia contra su invasión, y se dedicaba a ello entregándose en cuerpo y alma. Con una antagonista así, los protagonistas tenían que esforzarse más por evitar sus estratagemas y por derrotarla, y eso contribuía a darle a la serie una urgencia que es cierto que se fue diluyendo con rapidez conforme pasaban los episodios.

El creador

Cuando Kenneth Johnson creó ‘V’, ya era un reputado guionista que había puesto en pie, con éxito, ‘El hombre de los seis millones de dólares’ y su spin off, ‘La mujer biónica’, pero para su siguiente serie quiso, en un principio, hacer un ejercicio de ucronía más anclada en la realidad al explorar los temas de la novela ‘It can’t happen here‘, sobre la posibilidad que surgiera un estado fascista en Estados Unidos. Sin embargo, Brandon Tartikoff, presidente de NBC, se enteró del proyecto y le pidió a Johnson que lo convirtiera en lo que luego fue ‘V’.

La serie representaría un récord por la rapidez con la que se puso en marcha. Desde que la NBC le compró la idea, necesitada de un éxito como fuera, y todo estaba listo para el rodaje de un piloto pasaron dos semanas y media, cuando el tiempo normal habría sido tres meses. Johnson afirmaba que se había inspirado en la Segunda Guerra Mundial, la guerra de independencia estadounidense, Espartaco y el apartheid, que estaba entonces en Sudáfrica atravesando una de sus peores épocas, y la primera miniserie resultó realmente un impresionante éxito para NBC. Johnson, sin embargo, ya no estuvo involucrado en sus continuaciones.

Cinco episodios imprescindibles

  1. Parte 1 (1983)
  2. Parte 2 (1983)
  3. ‘Liberation Day’ (1×01)
  4. ‘Visitor’s choice’ (1×06)
  5. ‘The conversion’ (1×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1983-85
Creador: Kenneth Johnson
Reparto: Jane Badler, Michael Durrell, Faye Grant, Marc Singer
Temporadas/capítulos: 1 (19), más dos miniseries
Otros: Tuvo un remake en 2009.

‘Defiance’

Vivir juntos, morir juntos, funciona cuando tienes 
que seguir luchando. Es una mierda en la vida real

La construcción de mundos es uno de los aspectos más destacados de la ciencia ficción. Para que los personajes y sus aventuras sean creíbles, el mundo en el que se mueven tiene que serlo también. Ha de tener unas normas que tengan lógica interna, debe apreciarse como un universo en el que sus habitantes viven, trabajan, matan, conspiran, sueñan. Si para los personajes es real, es el único mundo que conocen, los espectadores deben poder darse cuenta de ello. Entre las series de género recientes, pocas han tenido un trabajo de construcción de mundo tan extenso como ‘Defiance’, una serie que llevaba el tema del contacto alienígena hasta sus últimas consecuencias.

Estamos en 2046, décadas después de que varias razas extraterrestres llegaran a la Tierra y estallaran las que se conocen como las Guerras Pálidas, enfrentamientos entre los humanos y esos alienígenas (llamados colectivamente los Votan) que dejaron, principalmente, un planeta terraformado por los extraterrestres. De resultas, el clima, la fauna y la flora terrestres cambiaron radicalmente, y también lo hizo el modo de vida de sus habitantes.

En la época en la que arranca la serie, humanos y Votan conviven pacíficamente (o más o menos pacíficamente) bajo el gobierno de la República de la Tierra, y gran parte del planeta se ha convertido en lo más parecido al Salvaje Oeste que podría haber en el siglo XXI. A una de esas ciudades, Defiance (la antigua St. Louis), llegan un ex combatiente humano y su hija adoptiva, una alienígena, que se ganan la vida vendiendo componentes de las naves espaciales Votan abandonadas que, de vez en cuando, caen a la superficie desde la órbita de la Tierra. Su estancia en Defiance va a ser sólo temporal, pero los esfuerzos de la ciudad por mantenerse independiente de la República de la Tierra, y las maniobras de algunos Votan por controlar lo que se esconde en sus minas, los llevan a quedarse.

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Defiance’ es, en realidad, un western. Kevin Murphy, su co-creador, explicaba en la revista Sci Fi Now que la serie seguía los ideales del escritor Robert Heinlein al apuntar que “era el gran creyente en iconoclastas desaliñados, individualistas y patrióticos que eran todos malhumorados libertarios y que recelaban de la religión organizada, el gobierno, el ejército y la gente que tenía el control. Eran leales a sus hombres y a sus vecinos, creían en cuidar de la gente en su vecindario. Eso está en el espíritu de Defiance”. Pero esos ideales son también los de las historias del Oeste. El individualismo y el concepto de hacerse a sí mismo que se veía en un título como ‘Deadwood’ está presente en los personajes de ‘Defiance’, muchos de los cuales llegan a la ciudad para reinventarse y empezar de cero. Una de sus alienígenas más interesantes, Stahma Tarr, ve la Tierra como la gran oportunidad para escapar de la sociedad patriarcal de su raza, los castithan, y tener el poder y la autonomía que en su planeta nunca le habrían reconocido.

‘Defiance’ muestra una Tierra en la que están obligados a convivir los humanos con varias razas alienígenas que, básicamente, los colonizaron

La convivencia de las rígidas costumbres y la contenida apariencia de los castithan, el lado más hippie de los irathient o los inquietantes secretos escondidos bajo el sarcasmo de los indogene con unos humanos que sólo buscan ganarse la vida de la mejor manera posible es una gran fuente de conflictos para la serie. Si se sustituyen todas esas razas alienígenas por colonos blancos, indios y esclavos negros, se obtiene el esquema básico de un western con un gran potencial para el comentario social. Y ‘Defiance’ intenta varias veces ese comentario, ya sea a través de la respuesta de la ciudad a una enfermedad de la que parecen ser portadores los irathient, a las consecuencias psicológicas que las Guerras Pálidas tuvieron en quienes las lucharon. La serie procura no quedarse en la mera traslación de las tramas típicas de las space operas a un entorno de western, y a veces logra presentar situaciones interesantes de convivencia y resquemores entre las diferentes razas que habitan la zona.

Lo más destacado es el cuidado con el que se crean las especies extraterrestres, cada una con su propio lenguaje, sus costumbres y su estilismo, que responde a la manera en la que ven el mundo. Los irathient a veces caen demasiado en el lado de los nativos americanos, pero las misteriosas, e inquietantes, actividades de los indogene durante la guerra, y su distanciamiento emocional y psicológico del resto de razas, son uno de los puntos más interesantes y, al mismo tiempo, menos explorado por la serie.

‘Defiance’ va profundizando en su mundo y complicando las cosas para sus protagonistas poco a poco, conforme van transcurriendo los capítulos. Hay un lado místico y legendario referido a lo que oculta la antigua ciudad de St. Louis, enterrada en las minas, que va adquiriendo mayor relevancia en la serie, pero que no es lo más destacado de ella. Es justo la construcción de ese universo en el que los humanos ya no son la única raza inteligente y dominante en la Tierra, y en el que se ven obligados a asumir esa nueva posición, donde la serie termina aportando algo diferente al género.

En lo que este título de Syfy sí fue pionero fue en su estrategia transmedia. Su debut coincidió con la puesta en marcha de un MMORPG, un juego online multijugador, y una y otro se retroalimentaban en sus tramas. Se buscaba ofrecer a quienes vieran la serie, y jugaran al videojuego, una experiencia completa dentro del mundo de ‘Defiance’, que por esa razón tenía que estar pensado hasta el más mínimo detalle. Los personajes del MMORPG se movían por otras partes de ese universo, pero protagonizaban, por ejemplo, historias que se mencionaban en la serie, o permitían vistazos a lugares de los que Nolan hablaba y que, en ocasiones, acababan apareciendo en televisión.

Fue una manera distinta de representar también el cambio de rumbo de Syfy, que había confiado en los procedimentales fantásticos para relanzar su marca y dejar atrás su vieja denominación de Sci Fi Channel, y que con ‘Defiance’ volvía a las historias más de ciencia ficción y a las space operas. Aunque ésta en concreto, cancelada en la tercera temporada, no fuera todo lo longeva que les habría gustado.

El personaje

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El protagonista nominal de ‘Defiance’ es Nolan (Grant Bowler), el ex soldado que acaba como sheriff de la ciudad, pero la mejor creación de la serie, probablemente, sea Stahma Tarr (Jaime Murray). Es una mujer castithan perteneciente a sus clases altas y cuyo marido quiere controlar todo el crimen organizado del lugar, ya sean apuestas, bares de mala muerte o negocios de extorsión a cambio de protección. Datak Tarr (Tony Curran) parece, al principio, el gran villano de la serie, pero poco a poco vamos comprobando que el verdadero cerebro es Stahma, que maniobra como si fuera Lady Macbeth alrededor de su marido.

La cultura castithan fuerza a la mujer a una posición sumisa, algo contra lo que ella lucha sutilmente al principio, y de manera más abierta después, maniobrando para quedarse con los negocios de su marido y obligarlo a que la reconozca como una socia de igual a igual. Los Tarr terminan siendo los personajes con un trayecto vital más interesante de todos, pues pasan de disfrutar de cierta posición de poder a acabar peleando por sobrevivir. La Tierra les ofrece una oportunidad de reinvención, y de redención, que ‘Defiance’ desarrolla casi hasta sus últimas consecuencias.

El creador

Kevin Murphy, co-creador de “Defiance” junto a Rockne S. O’Bannon (que aportó buena parte de las ideas iniciales) y Michael Taylor, y showrunner de la serie, tiene una heterogénea carrera a sus espaldas, una en la que no parece que un western de ciencia ficción como éste fuera a ser un proyecto para él. Pero no era la primera vez que había trabajado en el género. Participó en ‘Caprica’, el spin off precuela de ‘Battlestar Galactica’ centrado en el origen de los cylones a través de la rivalidad entre dos familias, los Adama y los Greyson, aunque es cierto que otros créditos televisivos suyos incluyen ‘Mujeres desesperadas’ y ‘Hellcats’, un título juvenil de animadoras. Donde Murphy es también conocido es en Broadway. Se encargó de escribir el musical satírico ‘Reefer Madness’ y de la música de la adaptación al teatro de ‘Una rubia muy legal’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The serpent’s egg’ (1×06)
  2. ‘The cord and the ax’ (2×03)
  3. ‘Doll parts’ (2×11)
  4. ‘My name is Datak Tarr and I have come to kill you’ (3×08)
  5. ‘Upon the march we fittest die’ (3×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Syfy/Estados Unidos
Año: 2013-15
Creadores: Rockne S. O’Bannon, Kevin Murphy y Michael Taylor
Temporadas/capítulos: 3 (38)
Reparto: Grant Bowler, Stephanie Leonidas, Jaime Murray, Tony Curran, Julie Benz, Jesse Rath, Graham Greene
Otros: Desarrollada en conjunción con un videojuego MMORPG
Dónde verla: Las dos primeras temporadas están editadas en DVD