‘Ghost in the Shell: Stand Alone Complex’

“Gente basada en lo analógico como tú,
da igual cuántos componentes digitales añadáis mediante cyberización
o prótesis, vuestro Fantasma nunca será dañado”.

En 1999, el cine comercial de Hollywood se revolucionaba por culpa de una única película, ‘Matrix’, escrita y dirigida por las hermanas Wachowski. Aquella cinta presentaba a un protagonista, Neo, que descubría que el mundo en el que vivía no era más que una simulación para esconder el mundo postapocalíptico real, y que estaba muy influida por, entre otras cosas, ‘Ghost in the shell’, un anime de 1995 que parecía ir un paso más allá de lo que ‘Blade Runner’ y el cyberpunk de William Gibson habían llegado.

Aquella ‘Ghost in the shell’, que trasladaba al cine un manga de Masamune Shirow, presentaba un Japón futurista en el que casi toda la población había sustituido partes de su cuerpo por prótesis cibernéticas, en las que había tanto cyborgs artificiales como seres humanos que se habían transformado poco a poco en uno de ellos, y donde era habitual el “hacking de mentes” y la presencia de un “fantasma en el caparazón”, de una entidad que pudiera pasarse de un cuerpo a otro manteniendo los recuerdos y la personalidad originales. En la película, un terrorista se dedicaba a perseguir ese elusivo fantasma mientras, a su vez, era perseguido por la Sección 9 y la mayor Motoko Kusanagi, una cyborg más compleja de lo que puede parecer a simple vista.

‘Ghost in the shell’ se convirtió en el gran éxito del anime fuera de las fronteras de Japón, junto con ‘Akira’. Eran historias futuristas que no se quedaban sólo en el aspecto de acción, o de thriller, o en la especulación sobre los avances tecnológicos, sino que introducían conceptos filosóficos, políticos y sociales que, en el caso de la primera, se trasladaron a una de sus continuaciones en televisión, ‘Ghost in the shell: Stand Alone Complex’.

Seguir el rastro de todas las temporadas, las OVAs (películas producidas para su lanzamiento directo en DVD) o los spin-off de los animes puede ser bastante complicado, y el universo creado alrededor del manga original de Shirow no es ninguna excepción, pero uno de los mejores ejemplos de ese universo es esta serie, que tuvo dos temporadas emitidas entre 2002 y 2005 y que recuperaba a la Sección 9, a la mayor Kusanagi y esos temas más políticos y sociales. Esta Sección 9 es una división especial de la policía, dedicada a investigar crímenes cibernéticos, que a lo largo de esas dos entregas resuelve tanto casos sueltos como intenta cazar a un terrorista llamado el Hombre que Ríe, alguien que actúa contra los estamentos más altos de la policía y que es un consumado hacker. Mantiene su identidad astutamente oculta entre la multitud de desencantados con el sistema y ataca tan de improviso como vuelve después a la oscuridad. Es el objetivo de la sección durante toda la primera temporada, y en su creación se nota la influencia de un grupo terrorista real que actuó en Japón, el Fantasma de las 21 Caras. Este grupo se dedicó a extorsionar, entre 1984 y 1985, a los directivos de las empresas de dulces Glico y Morinaga, rompiendo la sensación de los japoneses de que su país era seguro. Actuó durante 17 meses, enviando cartas a las periódicos con avisos de que había envenenado caramelos de ambas empresas y pidiendo dinero para cesar sus actividades. Y tal como había empezado a actuar, el grupo desapareció sin dejar rastro.

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‘Ghost in the shell: Stand Alone Complex’ utiliza esa trama del Hombre que Ríe para ir trazando lentamente un tapiz bastante más amplio de fondo, y que no se termina de ver del todo hasta su segunda temporada, apodada ‘2nd Gig’. El equipo de la mayor Kusanagi se las tiene que ver a menudo con maniobras políticas oscuras, que apuntan a tramas de corrupción y manipulación de la sociedad bastante perturbadoras. Al mismo tiempo, hay historias más centradas en esa “cyberización” progresiva de los humanos y en la obsesión de algunos hackers por ser capaces de “entrar” en la mente, en el “fantasma” de otras personas, y dominarlas por completo. Y los miembros de la Sección 9 tiene que enfrentarse, al mismo tiempo, a sus propios errores del pasado, que suelen regresar para meterlos en nuevos problemas.

La trama del Hombre que Ríe presenta temas de fondo sobre corrupción, maniobras clandestinas políticas y cuestiones éticas sobre cyborgs

Hay unos personajes que, además, representan esa manera en la que la serie va haciendo evolucionar sus temas de fondo, que son los Tachikomas. Éstos gigantescos robots con forma de tanque con patas asisten a la mayor y a su equipo en las diferentes misiones, pues están armados y poseen, por ejemplo, la capacidad de hacerse invisibles. Son, en realidad, inteligencias artificiales atrapadas dentro de esos corpachones metálicos, diseñadas para actuar todas en equipo. Sin embargo, conforme los Tachikomas trabajan más con la Sección 9, empiezan a desarrollar personalidades individuales y a evolucionar cada uno por su cuenta. Arrancan un poco como el alivio cómico, como los “niños” de la Sección, pero llegan a tener sesudas conversaciones filosóficas sobre su toma de autoconsciencia progresiva y presentan otro lado de las historias sobre los robots que se rebelan.

‘Ghost in the Shell: Stand Alone Complex’ tiene acción, sí, componentes de misterio y Kusanagi es igual de interesante que en la película inicial, pero puede profundizar más en los temas que trataba aquella. La manera en la que alterna capítulos autoconclusivos con otros que avanzan la trama serializada puede frustrar un poco a los espectadores menos pacientes, pero no hay que tener prisa. Sus responsables saben lo que están haciendo.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Jungle cruise’ (1×10)
  2. ‘Lost heritage’ (1×18)
  3. ‘Stand Alone Complex’ (1×26)
  4. ‘Poker face’ (2×14)
  5. ‘Martial Law’ (2×23)

El personaje

motoko

La mayor Motoko Kusanagi bien puede ser el personaje más irónico que ha dejado la saga ‘Ghost in the shell’. Al poseer un cuerpo completamente cyberizado, está casi más cerca de una superheroína, con una gran fuerza física, la capacidad de camuflarse con el entorno de tal manera, que parece ser invisible, y una notable capacidad para entrar en las redes de información que unen las mentes de otros cyborgs y otras personas para buscar pistas que le ayuden a resolver los casos. En el paso de la película a la serie, sin embargo, Kusanagi tardó en encontrar su camino y una caracterización más profunda de la que había tenido en la película.

Su historia se cuenta en un episodio en la segunda temporada, aunque se dejan caer algunos detalles en la primera, y ayuda a que los espectadores entiendan su entrega a la Sección 9. A lo largo de los diferentes animes y secuelas que ha habido de la historia original, el retrato de Kusanagi ha ido cambiando, pero lo que se ha solido mantener es el hecho de que lleva siendo una cyborg durante casi toda su vida y, por lo tanto, a veces busca recordar algunas emociones humanas por su cuenta y riesgo. También es muy celebre su exiguo vestuario, especialmente su desnudez cuando opta por utilizar el camuflaje de invisibilidad.

El creador


Masamune Shirow es el creador del manga original en el que se basa todo el universo en cine y televisión de ‘Ghost in the Shell’, pero el responsable de ‘Stand Alone Complex’ es Kenji Kamiyama, un reputado director y guionista de animes que empezó como artista de fondos en ‘Akira’ o, curiosamente, ‘Patoaventuras’. ‘Ghost in the shell: SAC’ fue su primer gran proyecto como director y se encargó también, en 2006, de una secuela, ‘Solid State Society’. En esos proyectos, ha intentado mantenerse fiel al material de Shirow, aportando más humanidad a las historias. Su última gran serie, hasta el momento, es ‘Eden of the East’, de 2009, que arranca con un ataque con misiles, sin víctimas, y va contando la historia de una chica que vuelve de una estancia de intercambio en Estados Unidos, un joven que ha perdido la memoria y un grupo que afirma trabajar para salvar Japón.

FICHA

Título original: “Kôkaku Kidôtai: Stand Alone Complex”
Cadena/nacionalidad: Sky PerfecTV-Animax/Japón
Creador: Kenji Kamiyama
Año: 2002-05
Temporadas/capítulos: 2 (52)
Otros: Basada en el manga ‘Ghost in the shell’, de Masamune Shirow

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‘Juego de tronos’

“Cuando juegas al juego de tronos, o ganas o mueres.
No hay punto intermedio”.

Entre 1455 y 1487, los Lancaster y los York se disputaron el trono de Inglaterra en lo que se denominó la Guerra de las Dos Rosas. Los diferentes señores feudales se adhirieron a una u otra causa dependiendo de las alianzas (por matrimonio o por uso de la tierra) que tuvieran con cada una de las familias, mientras sus súbditos no tuvieron la opción de elegir. Los intentos de unos y otros por acabar por completo con el enemigo (cualquier miembro vivo de la otra familia podía representar una amenaza en las reclamaciones por el trono) inspiraron al ex guionista de televisión y escritor George R.R. Martin a crear ‘Canción de Hielo y Fuego’, una saga de literatura fantástica que, sin embargo, disimulaba inicialmente sus historias de dragones y un gran Mal que llega del Norte bajo una pátina de aventuras de corte medieval.

Pero esas aventuras tampoco se parecían a lo que se solía publicar en el género en la década de los 90, cuando apareció por primera vez ‘Juego de tronos’, el primer volumen de la saga. Había sexo explícito, violencia indiscriminada y brutal, maniobras por el poder despiadadas y unos personajes entre los que no podía identificarse al héroe tradicional llamado a poner orden en el caos. De hecho, lo más parecido a esa figura que había en ‘Canción de Hielo y Fuego’ moría antes de que acabara el primer libro.

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El gran éxito en el cine de la trilogía de ‘El Señor de los Anillos’ había reavivado el interés por la fantasía, subgénero de espada y brujería, en Hollywood, y las novelas de Martin eran un material demasiado jugoso como para dejarlo escapar. Sin embargo, ningún proyecto de película convencía a Martin, hasta que llegaron la cadena HBO y los guionistas David Benioff y D.B. Weiss con la idea de transformar ‘Canción de Hielo y Fuego’ en una serie en la que, además, no habría cortapisas en el reflejo de ese mundo salvaje que se regía por un único mandamiento: ganar o morir.

Con una HBO necesitada de un gran éxito de público y crítica tras el final de ‘Los Soprano’, ‘Juego de tronos’ llevaba al espectador a Poniente, un mundo de aspecto medieval que estaba gobernado por quien se sentara en el Trono de Hierro. Las luchas por conseguirlo habían sido muy sangrientas y, en la última, se había exterminado a casi toda la familia del rey, los Targaryen. Sólo dos niños habían conseguido escapar, huyendo al exilio con la esperanza de, algún día, poder reclamar su derecho al trono. Mientras tanto, el poder se reparte entre la familia del nuevo rey, Robert Baratheon, y la de su esposa, los Lannister, cuyo poder reside también en su gran fortuna.

Al norte se encuentran los Stark, que ayudaron a Robert a derrocar a los Targaryen, y que viven cerca de un gran muro de hielo que separa todo el reino de una región inhóspita y helada en la que se dicen que viven unos malvados espíritus, los Otros (o los Caminantes Blancos), capaces de reanimar a los muertos, y de los que la leyenda afirma que regresarán a Poniente en cuanto llegue el Invierno. Esto es sólo el punto de partida de una producción que se podría describir como “serie-río”, una serie que maneja cientos de personajes, decenas de tramas que ocurren si simultáneamente y que tiene que contentar tanto a los lectores de los libros, como a los fans de la fantasía, como a los espectadores que, si no estuviera en HBO, no verían ‘Juego de tronos’ ni mediante el método Ludovico de ‘La naranja mecánica’.

‘Juego de tronos’ utiliza una ambientación pseudomedieval para atraer a un público que, de otro modo, no vería una serie de fantasía

Que ‘Juego de tronos’ haya tenido éxito en todos esos frentes, y que se haya convertido en un fenómeno a escala mundial, se debe a la experta manera en la que Benioff y Weiss han conseguido estructurar la expansiva narración de las novelas y han logrado dar su propia personalidad a la serie. Se mantiene la exploración de lo que la gente puede hacer por conseguir poder, y los recursos que le quedan a quienes se ven sometidos por él, y siempre han sido conscientes de que la serie tenía que evolucionar. La ‘Juego de tronos’ del principio de la sexta temporada se parece poco a la del primer capítulo, y no sólo por la cantidad de personajes que han muerto por el camino. Es una serie que ha ido aprendiendo sobre la marcha cuál era la mejor manera de contar su historia, cómo se podía adaptar y, después, contar cosas a las que los libros no han llegado aún de un modo que fuera fiel a la obra original de George R.R. Martin pero, al mismo tiempo, mantuviera la personalidad distintiva de ‘Juego de tronos’, y cómo podía sacarse todo el partido a sus actores, especialmente los “niños” Stark.

daenerys

El título de HBO también se ha visto en medio de una fuerte polémica por su tratamiento de la violencia, del sexo y, especialmente, de la violencia sexual contra las mujeres. Es un problema que, en parte, le llega heredado de las novelas, y que no siempre ha sabido manejar adecuadamente. Por otro lado, el mundo que presenta en brutal y está estructurado alrededor de los hombres, que son los que pueden acceder al poder y los que someten a las mujeres. ‘Juego de tronos’, sin embargo, va dando la vuelta a los clichés y a las acusaciones que se le hicieron desde el principio y va construyendo, poco a poco, personajes femeninos tan complejos y tan dispuestos a todo por labrarse su parcela de poder como los masculinos.

Su tesis es que los héroes tradicionales no sirven para manejarse en un lugar como Poniente, en el que no hay hueco para las visiones maniqueas del bien y el mal. Y quienes acaban erigiéndose como héroes son los que la sociedad aparta a un lado, los que no se tienen en cuenta en el reparto tradicional del poder. Daenerys Targaryen, la princesa en el exilio, resume una parte importante del leit motiv de ‘Juego de tronos’ al comentar una de las frases más repetidas en Poniente, “valar morghulis”: “Todos los hombres deben morir. Pero nosotras no somos hombres”.

El personaje

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Si hay alguien que represente mejor los temas de la serie de la importancia de tener poder, y de la relevancia que acaban tomando los personajes, a priori, en los márgenes de la historia, es Tyrion Lannister (Peter Dinklage). Es hijo de una de las familias más importantes de Poniente, pero su condición de enano lo convierte en el inadaptado, en el outsider. Su inteligencia le permite aprovechar su condición de la mejor manera posible, pero también tiene que soportar que su padre lo haga de menos y que nadie considere que puede ser tan buen heredero de los negocios de los Lannister como cualquier otro miembro de su familia.

Tyrion tiene un viaje en la serie lleno de altibajos, de disfrutar de la protección que le da la posición de su familia a convertirse en un fugitivo y encontrar un nuevo propósito en su vida, y siempre queda claro que, tal vez, puede ser la persona con más sentido y sensibilidad de todos los personajes, aunque no siempre lo parezca. Su sentido del humor  y su capacidad de supervivencia lo ha convertido, además, en uno de los personajes preferidos por los fans, y hasta el autor de los libros originales, George R.R. Martin, ha insinuado alguna que otra vez que es su alter ego en la historia.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Winter is coming’ (1×01)
  2. ‘Baelor’ (1×09)
  3. ‘Valar morghulis’ (2×10)
  4. ‘And now his watch is ended’ (3×04)
  5. ‘Hardhome’ (5×08)

Los creadores


David Benioff y D.B. Weiss nunca habían hecho televisión cuando decidieron ponerse a adaptar una saga de libros que su autor, George R.R. Martin, había escrito justo como respuesta a todas las constricciones que los productores habían puesto a su trabajo cuando era guionista de series. Ambos eran conocidos más por sus aportaciones al cine (‘La última noche’ y ‘Troya’ en el caso de Benioff, que era el más famoso de los dos), y para convencer a Martin de que les dejara convertir su saga en una serie, tuvieron que responder a varias preguntas que el escritor les hizo sobre algunos de los misterios de la historia, como quién era la madre de Jon Nieve.

Benioff y Weiss han reconocido en varias ocasiones que, en la primera temporada de ‘Juego de tronos’, estaban aprendiendo sobre la marcha y cometieron muchas equivocaciones. El primer piloto de la serie tuvo que volver a rodarse (hasta cambiando a algunos actores, como Jennifer Ehle y Tamzin Merchant, que eran las Catelyn Stark y Daenerys Targaryen originales) porque era un completo desastre, y en algunos capítulos de aquella primera temporada, el montaje inicial era demasiado corto. Eso les obligó a escribir algunas escenas que no estaban en los libros de Martin, pero que empezaron a marcar el camino que la serie seguiría después.

Ficha

Título original: ‘Game of thrones’
Cadena/nacionalidad: HBO/Estados Unidos
Año: 2011-18
Creadores: David Benioff y D.B. Weiss
Reparto: Sean Bean, Lena Headey, Peter Dinklage, Nikolaj Coster-Waldau, Kit Harington, Emilia Clarke
Temporadas/capítulos: 8 (73)
Otros: Basada en la saga de libros ‘Canción de Hielo y Fuego’, de George R.R. Martin

‘Real humans’

“Están vivos. Tienen conocimiento. 
Sueñan, crean y se equivocan, como nosotros. No son perfectos”.

En 1921, el dramaturgo checo Karel Capek estrenaba la obra de teatro ‘R.U.R.’, o lo que es lo mismo, ‘Rosumovi Univerzální Roboti’, que significa algo así como “los robots universales de Rosumov”. Era la primera vez que se utilizaba esa palabra, robot, y denominaba a unos seres artificiales, fabricados con materia sintética, pero orgánica, que estaban al servicio de los humanos. Era una evolución moderna e industrializada del monstruo de Frankenstein, que Mary Shelley había creado en 1818, y llevaba un paso más allá algunos de los temas que la novelista británica había introducido en su libro. Los robots de Capek podían pensar por sí mismos y no estaban esclavizados, al contrario; estaban contentos de trabajar para los humanos, hasta que dejaban de estarlo. Es el esquema básico que han seguido después multitud de historias que tratan de la relación entre humanos y robots, sobre todo si esos seres artificiales son androides con una apariencia humana tan perfecta, que hasta podría decirse que son más humanos que nosotros mismos, como se afirmaba en ‘Blade Runner’ sobre los replicantes.

Los replicantes son, tal vez, el paso evolutivo anterior a los hubots, los robots que presenta la serie sueca ‘Real humans’. Estos hubots también son muy parecidos a los humanos, aunque no pueden evitar cierta aura de máquina, de estar siguiendo una programación que los clasifica según la tarea en la que se requiera de su asistencia. Los hay preparados para hacer las tareas del hogar, para cuidar de ancianos, para trabajar como operarios en cadenas de montaje, como albañiles… Hasta existen modelos que permiten que sus dueños realicen con ellos otras actividades recreacionales menos públicas.

Los hubots se pueden comprar en tiendas que no se diferencian demasiado de un concesionario de coches y son el accesorio más popular entre las familias de clase media. Todo el mundo quiere tener uno, como si fueran el último modelo de iPad. Pero no todo el mundo está preparado para asumir esa invasión de una tecnología que puede significar la sustitución definitiva de los hombres por las máquinas. Quienes opinan de ese modo se agrupan alrededor de un partido político llamado Äkta Människor, humanos verdaderos, que es el título original de la serie, y su reticencia a aceptar esa tecnología no siempre va a ser relativamente pacífica. Del mismo modo que la integración de los hubots en la vida cotidiana de los suecos de a pie tampoco va a serlo. Porque, ¿quién les niega a los androides la capacidad de decidir por sí mismos lo mejor para ellos, de ser libres? ¿Y quién niega a los humanos la posibilidad de enamorarse de una máquina?

La vieja pregunta de “qué nos hace humanos” es el tema principal de ‘Real humans’ y sus hubots al servicio de una sociedad como la nuestra

Lars Lundström, el creador de la serie, afirmaba al diario inglés The Independent que, en parte, por ahí se le había ocurrido la idea de ‘Real Humans’. Si todos tuviéramos sirvientes robóticos con los que pudiéramos tener sexo, ¿qué consecuencia tendría en nosotros? “Me fascinaba lo que eso podría hacer a las relaciones humanas. ¿Las estropearía o sería útil?”, apuntaba Lundström al periódico, y es una cuestión que está muy presente en la serie desde el principio. De hecho, cuando arranca el primer capítulo, asistimos a la huida de un grupo de hubots, liderada por un joven activista humano que está enamorado de una de las androides. Pretenden llevar una vida independiente, al mismo tiempo que vemos hasta qué punto ha abrazado la ciudadanía esta nueva tecnología.

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La exploración de qué nos hace humanos es parte importante de la serie, como lo es de cualquier título que pretenda tratar con un mínimo de seriedad el tema de los androides de apariencia humana, y que trabajan integrados entre ellos. Los replicantes no tardaron demasiado en darse cuenta de que los recuerdos que les habían implantado no eran suyos, y de que era injusto que tuvieran una vida media de dos o tres años. Si eran casi indistinguibles de los humanos, ¿por qué tenían que ser inferiores a ellos, ser tratados como máquinas sin libre albedrío ni personalidad propia? ‘Real Humans’  explora todo esto mostrando cómo se adaptan dos familias a tener hubots en casa, y a través de una ambientación que podría ser perfectamente la de ahora mismo. La serie no está situada en un futuro lejano, de espacios inmaculados y llenos de tecnología, sino en el ahora más inmediato; como mucho, tiene lugar en la sociedad de dentro de diez años, una sociedad en la que podrían haber evolucionado los robots desarrollados en la actualidad por compañías como Honda o Toyota.

Porque las máquinas están muy presentes en nuestras vidas cotidianas, pero todavía tienen el aspecto de máquinas. Hay brazos robóticos que montan coches o realizan delicadas operaciones médicas, y hay robots de apariencia más o menos humanoide (o más similares a Rocketeer) que trabajan en la Estación Espacial Internacional, y cada vez más facetas de nuestra existencia están entregadas a algún tipo de robot.

De hecho, ya hay algunos ejemplos de androides que podrían pasar por modelos iniciales de los hubots de ‘Real Humans’, como los fabricados por el profesor Hiroshi Ishiguro, del Laboratorio de Robótica Inteligente de la universidad de Osaka (Japón). Sus robots, como el modelo Actroid, tienen apariencia humana y son capaces de reproducir algunos movimientos faciales, y uno de ellos, el Geminoide, es una réplica bastante fiel del propio Ishiguro. Los vídeos que hay de ese modelo pueden hacernos creer que estamos ante uno de los androides de ‘Real Humans’, y que no falta mucho para que empiece a desarrollar una consciencia de su propia individualidad, y a cuestionarse el sentido de su existencia. Y entonces, ¿quién será capaz de distinguir a los verdaderos humanos?

El personaje

anita

En ‘Real humans’ son tan importantes los humanos que utilizan hubots para su vida cotidiana como los robots que empiezan a adquirir consciencia propia, o los que ya son entes independientes y buscan huir del yugo, y de la desconfianza, de los humanos. Hay un personaje que funciona un poco como puente entre todos esos mundos distintos, que es Anita (Lisette Pagler). O Mimi, que era su nombre cuando era una hubot libre que estaba en la clandestinidad. En el primer capítulo, es atrapada y puesta de nuevo en funcionamiento como robot de servicio, con su memoria formateada. Acaba en casa de una familia convencional donde la madre no está muy convencida de que tener un hubot sea necesario, y donde el padre comienza a tener curiosidad por qué otras cosas puede hacer Anita con las actualizaciones de software disponibles.

El lento proceso de Anita recordando quién es en realidad, y todas las consideraciones éticas y morales que despierta la manera en la que esa familia la utiliza, son un eje importante de la primera temporada de la serie. También lo es porque sus compañeros liberados la buscan, especialmente Leo, un humano que se une a su causa y que está enamorado de ella, y eso ofrece otro punto de conflicto importante. El conocimiento que tiene el espectador de lo que Anita había logrado antes de volver a ser un electrodoméstico consigue que gran parte de las interacciones que la familia tiene con ella acaben siendo bastante perturbadoras.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×05
  3. 1×10
  4. 2×02
  5. 2×10

El creador


Lars Lundström llevaba años pensando en la idea detrás de ‘Real humans’, mientras trabajaba como guionista en bastantes series de la televisión sueca. Su especialidad eran los policíacos, hasta escribiendo para la adaptación escandinava de las investigaciones del inspector Wallander, de Henning Mankell, pero su consagración ha sido esta serie de ciencia ficción en la que intentaba explorar, desde todos los ángulos, cómo sería realmente tener unos asistentes robóticos en casa que fueran capaces de hacer prácticamente lo mismo que hacemos los humanos, y que además se parecieran enormemente a nosotros.

Lundström quería que los hubots fueran una tecnología neutra, que no es ni buena ni mala, sino que depende de lo que sus usuarios hagan con ella. Quería escapar de lo que, a su juicio, es el tratamiento más común en las historias de robots que viven entre los humanos: “Muchas historias de robots han sido en blanco y negro, los humanices son presentados como una amenaza que tiene que superarse. Eso me parece aburrido”.

Ficha

Título original: Äkta människor
Creador: Lars Lundström
Cadena/nacionalidad: SVT/Suecia
Año de emisión: 2012-14
Reparto: Lisette Pagler, Pia Halvorsen, Johan Paulsen, Natalie Minnevik, Josephine Alhanko
Temporadas: 2 (20 capítulos)
Otros: Tiene un remake de AMC y Channel 4 titulado ‘Humans’

‘Expediente X’

“La verdad está ahí fuera”.

El cine de los 70 todavía arroja una sombra muy alargada sobre el Hollywood actual. Su fuerte componente político y social estaba muy marcado por las protestas contra la guerra de Vietnam y el escándalo Watergate, y reflejaba un malestar de la sociedad estadounidense con sus gobernantes que supo recoger Chris Carter para crear ‘Expediente X’. Él era un adolescente cuando Richard Nixon dimitió por aquel espionaje en las oficinas del partido demócrata, y la investigación que después reflejó ‘Todos los hombres del presidente’, más su afición por una serie de terror llamada ‘Kolchak, the night stalker’, cristalizaron en uno de los títulos de más éxito de los años 90, y uno de los más influyentes en la ficción televisiva posterior.

Superficialmente, ‘Expediente X’ era un policiaco con dos detectives investigando un caso nuevo cada semana. La diferencia era que los casos implicaban abducciones alienígenas, presencias sobrenaturales, monstruos legendarios y hasta experimentos clandestinos del gobierno. Y, además, había una historia serializada de fondo, una mitología, que iba desgranándose poco a poco y que resultaba muy personal para Fox Mulder, agente del FBI: la historia de qué había pasado con su hermana, de quien Mulder estaba convencido de que había sido abducida delante de él, cuando no era más que un niño.

Su obsesión por descubrir la verdad de lo que había ocurrido con ella, y su facilidad para creer en teorías conspiradoras y en fenómenos paranormales le ganan el apodo de “Mulder, el siniestro” y lo destierran a un despacho en el sótano. Allí lo encuentra la otra protagonista de la serie, Dana Scully. También es agente del FBI, pero tiene formación científica y sus jefes le asignan los expedientes X con un único cometido: informarles de las actividades de Mulder y, de paso, desacreditar su trabajo.

El cine político de los 70, el escándalo de Watergate y ‘Twin Peaks’ son dos de las grandes influencias de ‘Expediente X’

Ése es el punto de partida de una serie cuyo principal punto débil fue, paradójicamente, lo que le dio en su momento su toque diferenciador; la conspiración que Mulder intentaba desenmascarar, una conspiración que asumía que el gobierno de Estados Unidos estaba al tanto de las visitas alienígenas y que no sólo había creado una elaborada cortina de humo para ocultarlas, sino que también se dedicaba a eliminar a los que se acercaban demasiado a la Verdad, esa Verdad que los títulos de crédito de la serie afirmaban todas las semanas que estaba “ahí fuera”.

La mitología de ‘Expediente X’ bebía de esa desconfianza hacia el gobierno que la sociedad estadounidense aún arrastraba del escándalo Watergate y mezclaba allí leyendas urbanas y viejas historias de miedo. Las alusiones a películas clásicas de terror eran muy habituales (hubo todo un episodio en la quinta temporada que homenajeaba ‘Frankenstein’, de James Whale, y la película ‘Máscara’, con Cher), y Chris Carter y sus colaboradores empezaron también a experimentar con casos más humorísticos, con “monstruos” que no elegían lo que eran, y que sólo querían que los dejaran en paz, y fueron construyendo la serie, cada vez más, alrededor de la química y la dinámica establecida desde el principio entre Mulder y Scully, interpretados por dos desconocidos entonces como David Duchovny y Gillian Anderson. Carter se había propuesto inicialmente que la relación entre ambos agentes del FBI fuera puramente profesional, pero la sensación de que estaban solos contra esa conspiración, y de que eran las únicas personas en las que podían confiar, terminó por hacerla evolucionar hacia algo más personal y, al final, hasta romántico.

‘Expediente X’ tuvo la suerte de que, en 1993, FOX era una cadena casi recién nacida cuyo único éxito real era ‘Los Simpson’, por lo que estaba dispuesta a ser paciente con ella y con sus bajas audiencias en la primera temporada. La oscuridad de sus capítulos (si se rodaban de noche, era más fácil disimular que había poco dinero para efectos especiales) y la mezcla de elementos de ‘Kolchak’, ‘Twin Peaks’ y ‘El silencio de los corderos’ tardó en calar entre el público, que empezó a descubrir la serie en su repetición en verano. Su pico de popularidad llegaría entre la cuarta y la sexta temporadas, con película estrenada en cines incluida, y para entonces también dio pie a bastantes otras series que intentaban copiar lo que la hacía distinta, pero que se quedaban en la presencia de alienígenas y en las conspiraciones al más alto nivel, y no duraban demasiado en antena.

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Además, la creación de Chris Carter fue una gran cantera de guionistas y creadores de nueva series. Quienes escribían los capítulos eran animados a pensar en términos visuales y cinematográficos y a visitar el plató para ver cómo ese guión se transformaba en realidad, lo que era un entrenamiento de primera mano para que, después, gente como Vince Gilligan creara ‘Breaking Bad’, James Morgan y Glen Wong se animaran con la muy breve ‘Space: Above and Beyond’, Howard Gordon y Alex Gansa produjeran después ’24’ (el primero) y ‘Homeland’, Tara Butters y Michele Fazekas, editoras de guión, dieran luego el salto a la creación de sus propios proyectos con ‘Reaper’ (también supervisaron ‘Agent Carter’)…

La influencia de ‘Expediente X’ acabó notándose más allá de esa mezcla de componentes serializados con el caso (o monstruo) de la semana, de los toques de humor autoparódico, de la atracción (casi más intelectual que física) entre Mulder y Scully o de los homenajes a clásicos de la ciencia ficción y el terror. Aunque el revival de 2016 y la segunda película, de 2008, no recuperaran del todo la antigua magia (que se fue diluyendo a partir de la sexta temporada), el cóctel que hacía posible ‘Expediente X’ continúa sin ser igualado.

El personaje

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Aunque fuera la “cruzada” de Fox Mulder (David Duchovny), ‘Expediente X’ estaba contada desde el punto de vista de Dana Scully (Gillian Anderson). Su formación científica la había hecho ser elegida, inicialmente, para espiar a Mulder y desacreditar su trabajo, o eso esperaban los jefes del FBI. Para la serie, resultaba un truco muy útil para que todas las historias de abducciones extraterrestres, fantasmas, monstruos y experimentos secretos del gobierno se presentaran desde el punto de vista del escéptico. Así, las discusiones entre Mulder y Scully sobre la realidad de lo que estaban investigando daban a la serie una pátina diferente de cualquier otro título que girara alrededor de lo paranormal y la “conspiranoia”.

Scully, además, es la que acaba teniendo el viaje personal, y emocional, más importante. Sus convicciones se van poniendo a prueba por todo lo que va viviendo junto a Mulder, y aunque es cierto que, en las últimas temporadas, su evolución acaba traicionando un poco la esencia inicial de “Expediente X”, la exploración de sus dudas y de su decisión firme de dejar atrás un trabajo que no le ha traído más que dolor aportan interés, sobre todo, a la miniserie con la que el título de FOX regresó a la programación a principios de 2016. Y tampoco hay que desestimar la importancia que Scully tuvo en fomentar el interés de jóvenes generaciones de chicas por la ciencia y las carreras técnicas (STEM, por sus siglas en inglés: Science, Technology, Engineering, Mathematics).

El creador

Chris Carter era periodista especializado en surf antes de empezar a trabajar como guionista en televisión, algo que consiguió mediante encuentros casi fortuitos con diferentes ejecutivos como Peter Roth, que cuando entró a trabajar en FOX, a principios de los 90, fichó a Carter para que desarrollara contenido para la cadena, entonces casi recién nacida. Lo primero que le propuso fue ‘Expediente X’, que tuvo un comienzo complicado en la cadena porque sus ejecutivos no terminaban de estar del todo convencidos ni de la serie ni de que su protagonista femenina fuera Gillian Anderson, y no una actriz más espectacular físicamente.

Esa serie es el único éxito verdadero de Carter. Mientras todavía estaba en antena, creó un spin-off, ‘The Lone Gunmen’, centrado en los Pistoleros Solitarios que ayudan a Mulder de vez en cuando, una serie sobre un ex agente del FBI con visiones de asesinos en serie (‘Millennium’) y otra sobre un grupo de personas atrapadas en un entorno de realidad virtual (‘Harsh Ream’). Sólo ‘Millennium’ tuvo cierto éxito, emitiendo tres temporadas. También presentó un piloto apocalíptico para Amazon, ‘The After’, que fue cancelado aunque la plataforma había dado luz verde a una primera temporada.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Squeeze’ (1×03)
  2. ‘Anasazi’ (2×25)
  3. ‘Clyde Bruckman’s final repose’ (3×04)
  4. ‘Home’ (4×02)
  5. ‘Bad blood’ (5×12)

Ficha

Título original: ‘The X Files’
Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Año: 1993-2002, 2016
Creador:  Chris Carter
Reparto: David Duchovny, Gillian Anderson, Mitch Pileggi, William B. Davis, Nicholas Lea, Sheila Larkin
Temporadas/capítulos: 9 (202), más una miniserie y dos películas

‘Gravity Falls’

La realidad es sólo una ilusión
y el universo, un holograma”.

¿Cuántas obras de ficción han surgido de la nostalgia por los veranos largos y despreocupados de la infancia? ¿Por esos sueños de aventuras y esos amigos que hacíamos en nuestro lugar de vacaciones? ¿Por esa promesa de romper la rutina del colegio adentrándonos en lugares fuera de nuestro alcance el resto del año? ‘Gravity Falls’ es una de esas obras.

Su creador, Alex Hirsch, era un veinteañero con poca experiencia en televisión que decidió meter en una serie todas las cosas que le gustaban cuando era un niño y darles el pegamento de su relación real con su hermana gemela. De su afición por ‘Expediente X’ y su pretensión de hacer una ‘Twin Peaks’ mezclada con ‘Los Simpson’ nació ‘Gravity Falls’, la historia de un épico verano de Dipper y Mabel en el pueblo de su tío abuelo Stan, que tiene una tienda de curiosidades esotéricas llamada Mystery Shack como fachada de todas las estafas y estratagemas que está siempre ideando para ganar dinero sin dar, realmente, un palo al agua.

Los dos gemelos Pines tienen 12 años y, por casualidad, se encuentran un misterioso diario que detalla todas las cosas extrañas que ocurren en el pueblo. Hay monstruos de todo tipo, lugares mágicos y un villano interdimensional que busca todas las maneras posibles de dominar el mundo, y los únicos que pueden detenerlo son Dipper, Mabel, Stan, Soos, dependiente de la tienda con un intelecto no demasiado brillante, y Wendy, una adolescente sarcástica por la que Dipper enseguida se queda colgado. El niño se obsesiona con averiguar quién es el autor de ese diario (diarios, en realidad), y mientras investiga su identidad, va viviendo las aventuras más peculiares, divertidas e increíbles, muchas con un claro aroma al cine y la televisión fantásticos de los 80 y principios de los 90.

No hay límite para todo lo que puede ocurrir en ‘Gravity Falls’. La principal amenaza, que va presentándose poco a poco, es un apocalipsis interdimensional, pero ya resulta sumamente entretenido conocer al resto de habitantes del pueblo, tan excéntricos como algunos de los personajes que poblaban Twin Peaks, o a algunos de esos monstruos, extraídos directamente de la cultura popular. Hay zombies, big foot, brujas, búnkeres inquietantes y hasta agentes del gobierno que aparecen, de vez en cuando, para investigar el pueblo, y la serie se toma en serio la construcción de su mitología y de su trama serializada. Los fans se podían dedicar horas a buscar pistas que explicaran algunos de los enigmas del pueblo, y ‘Gravity Falls’ no se guardaba las respuestas demasiado tiempo. Su segunda y última entrega, por ejemplo, se dedica a resolver todas las dudas posibles.

MABEL, DIPPER

Sin embargo, donde la serie destaca especialmente es en la construcción de sus dos protagonistas. Hirsch reconocía en una entrevista en Collider que había trasladado allí su propia relación infantil con su hermana gemela, señalando que “tengo una hermana gemela de verdad, y yo era ese niño neurótico que llevaba 16 cámaras desechables a todas partes, y mi hermana realmente vestía jerséis estrafalarios y cada semana le gustaba un chico diferente, de forma ridícula. La principal relación de la serie es mía al 100%, de mi propia infancia”. El contraste entre Mabel, de personalidad más relajada y siempre dispuesta a pasárselo bien en cualquier situación, y la tendencia a preocuparse constantemente de Dipper deja algunos de los mejores momentos de ‘Gravity Falls’, especialmente en su apartado más cómico.

‘Gravity Falls’ logra integrar a la perfección el humor con las aventuras de misterio que le gustan a Dipper

Ahí también resulta clave su plantel de secundarios, liderado por Stan. Es un estafador de poca monta que se aprovecha de la fama del pueblo en cuanto a eventos misteriosos para vender los fraudes más descarados en su tienda, y arranca la serie sin estar muy seguro de querer tener a sus sobrinos nietos por allí. Los diversos planes de Stan para ganar dinero, a cada cual más chapucero, casi siempre se entrometen en la investigación de Dipper de los enigmas de Gravity Falls, y son acogidos con entusiasmo por una Mabel que le ve el lado positivo a todo.

Además de él, tenemos también a Soos, un chico no demasiado avispado que se presta a ayudar en todo, y a Wendy, que abre para los gemelos Pines una ventana al mundo de los adolescentes. Wendy es la chica cool que resulta, inevitablemente, muy atractiva para un niño a las puertas de la pubertad, pero su retrato también va evolucionando hacia algo más tridimensional. Cuando este quinteto se lanza en equipo a resolver algún problema, la serie suele alcanzar sus mejores cotas.

stan

La afortunada mezcla del humor y las aventuras de misterio ayudaron a que la serie no sólo fuera un éxito entre su público objetivo en Disney Channel, sino también entre adultos con ganas de sentirse un poco niños de nuevo, y que captaban algunas de las referencias más meta de sus capítulos. Eso le permitió contar con un reparto impresionante para que pusieran voz a algunos de sus personajes, y la intención de Hirsch de que la serie sólo durara dos temporadas aún elevó más su estatus de título de culto entre sus espectadores de más edad. Aparte de que la mitología de fondo de la serie está tan trabajada como podría estarlo la de títulos como ‘Perdidos’, por ejemplo, y la introducción de dimensiones alternativas y viajes en el tiempo permite que se pueda jugar con muchos más aspectos de su universo.

‘Gravity Falls’ cuenta un único verano, una época en la que Dipper y Mabel no sólo viven todo tipo de aventuras, sino en la que crecen y empiezan a dejar atrás su infancia. El trauma que tiene la segunda cuando se da cuenta de que está a punto de convertirse en una adolescente es muy significativo de todo lo que hacía bien la serie. Eso, y que su final aprovecha que en animación hay pocos límites a la imaginación para echar un pulso, en cuanto a épica y escala, a cualquier película de acción actual. Al fin y al cabo, es toda la dimensión espacio-temporal de Gravity Falls lo que está en peligro.

El personaje

dipper

Dipper Pines (Jason Ritter) es el protagonista principal de ‘Gravity Falls’. Es un niño un poco neurótico que, al principio, no está demasiado convencido de que pasar el verano con su excéntrico tío abuelo Stan vaya a ser una buena idea, pero al darse cuenta de que en ese pueblo pasan cosas inexplicables, pasa a obsesionarse con averiguar por qué. Su investigación de todos esos misterios, y de la identidad del autor de unos diarios que los recogen todos, es lo que impulsa la trama de la serie en su mayor parte.

Es fundamental la relación que tiene con su hermana gemela Mabel, sobre todo porque parte de la moraleja de ‘Gravity Falls’ es que tiene que aceptar que, conforme se hagan mayores, esa relación no se va a mantener igual y que es muy posible que se distancien mucho. Los peajes emocionales que se pagan al dejar de ser un niño forman parte del retrato no sólo de Dipper, sino de los dos gemelos Pines en conjunto, y le da otra capa a lo que, si no, sería un héroe juvenil un poco más habitual. Porque Dipper se lanza a resolver misterios y a luchar contra los malos (ya sean el pequeño y déspota Gideon o Bill Cifra) con el mismo arrojo con el que lo haría el héroe de otra historia de pugna entre el Bien y el Mal, pero conservando su lado de joven un poco estirado para otras cosas. Dipper y Mabel se complementan perfectamente, y por eso ‘Gravity Falls’ es, en realidad, una serie sobre su relación fraternal y cómo pueden mantenerla cuando dejen atrás la infancia.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Tourist trapped’ (1×01)
  2. ‘Dreamscaperers’ (1×19)
  3. ‘Into the bunker’ (2×03)
  4. ‘Not what he seems’ (2×11)
  5. ‘Dipper & Mabel vs the Future’ (2×17)

El creador


Alex Hirsch (1985) pertenece a una generación de renovadores de las series animadas infantiles en Estados Unidos que está liderada por Pendleton Ward, creador de ‘Hora de aventuras’, con el que coincidió mientras trabajaba en su primera serie, ‘Las maravillosas desventuras de Flapjack’. Hirsch estudó en CalArts, el prestigioso Instituto de las Artes de California de donde habían salido los animadores que resucitaron Disney en los 80 y los 90, y antes de crear ‘Gravity Falls’ para esa compañía pasó por el otro gran canal de animación en Estados Unidos, Cartoon Network, conocido por probar series con conceptos peculiares o tonos muy diferentes de lo habitual.

Hirsch concibió su serie como una oda a sus propias experiencias de infancia en sus vacaciones de verano en Oregón, en una cabaña en el bosque sin televisión y en la que su principal pasatiempo era dejar volar su imaginación. Entre esos recuerdos y su afición por el misterio cuando era un niño, creó ‘Gravity Falls’ sin haber cumplido aún los 30, otra nota en común con esos renovadores de los dibujos animados para niños en canales tan establecidos como el propio Disney Channel, Cartoon Network o hasta Nickelodeon.

Ficha

Cadena/nacionalidad: Disney Channel/Estados Unidos
Año: 2012-16
Creador: Alex Hirsch
Reparto (voces): Alex Hirsch, Jason Ritter, Kristen Schaal, Linda Cardellini
Temporadas/capítulos: 2 (40)

‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’

No te vuelvas loca persiguiendo el futuro.
No podemos predecir, sólo podemos intentar prevenir

En el futuro, las máquinas se han rebelado contra los humanos. Una inteligencia artificial llamada Skynet, responsable de los sistemas de defensa, adquiere consciencia propia y desata un holocausto nuclear, entrando en guerra con los humanos a través de cyborgs denominados terminators. Para eliminar a la resistencia humana, Skynet envía al pasado a un modelo T-800, un terminator letal que debe asesinar a Sarah Connor, la madre del líder de los resistentes, antes de que éste nazca. Pero, a la vez, viaja también en el tiempo Kyle Reese, un soldado cuyo objetivo es proteger a Sarah e impedir que el terminator cumpla su misión.

Ésa es la trama de ‘Terminator’, una película dirigida por James Cameron que se convirtió en un sorprendente éxito a mediados de los 80, teniendo después cuatro secuelas y convirtiéndose en un estándar para cualquier historia de viajeros temporales que iban al pasado a intentar cambiar el futuro. La saga cinematográfica tuvo su momento más álgido con la segunda, ‘Terminator 2. El Juicio Final’, y las demás casi iban a rodándose más para que el estudio, FOX, retuviera los derechos de la franquicia.

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Con ese mismo objetivo, y con la idea de crear una continuidad entre la segunda película y la cuarta, ‘Terminator Salvation’, que debía estrenarse en 2009, el canal FOX estrenaba en 2007 ‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’, una serie que debía contar la huida de Sarah y su hijo John de las autoridades, para los que son fugitivos, y de los nuevos terminators enviados desde 2029 para matarlos. Sin embargo, también tienen una cyborg protectora, Cameron, con la que van viajando de ciudad en ciudad buscando no llamar la atención y poder sobrevivir hasta que John pueda evitar la rebelión de Skynet. O, directamente, su creación.

‘Las crónicas de Sarah Connor’ no tuvo, inicialmente, una acogida demasiado cálida de los fans de ‘Terminator’, a los que no les gustaba la elección de Lena Headey como protagonista

‘Las crónicas de Sarah Connor’ se estrenó en la peor temporada posible para ella, la de 2007/08, una temporada marcada por una larga huelga de guionistas que acortó más de lo normal las temporadas de muchas series y que las dejó sin episodios nuevos que emitir durante meses. También debutó en medio de cierta controversia por la elección de la actriz británica Lena Headey para dar vida a Sarah Connor, a la que los fans no consideraban lo suficientemente dura como para hacer honor al icónico retrato de Linda Hamilton. Headey optó por dar más matices al personaje, por mostrar a una mujer que tenía que reconciliar ser madre soltera de un adolescente (del que dependía el futuro de la humanidad) con su condición de fugitivos y de perseguidos por todo tipo de enemigos llegados de 2029, enemigos que eran casi indestructibles. Ah, y con un diagnóstico de leucemia.

Las aventuras de Sarah y John arrancan en 1999, cuando Cameron los lleva al futuro más  próximo, a 2007, para huir de los enviados de Skynet (saltándose también los eventos de la tercera película, pero es que la continuidad temporal nunca ha sido el fuerte de la saga). La serie tenía grandes escenas de acción, enemigos ocultos a los que no siempre era fácil distinguir y, en Cameron, hasta su propia historia de robot que va desarrollando emociones humanas.

Nombrada en homenaje al director de la película original, la cyborg estaba interpretada por Summer Glau, lo que era un contraste muy interesante con Arnold Schwarzenegger o Robert Patrick en ‘Terminator 2’. Cameron no sólo era la protectora de John, también empieza a aprender, a través de él, lo que es el sentido del humor, la amistad, el amor, e incluso tenía su propia historia pasada porque, al fin y al cabo, había sido el John Connor del futuro quien la había enviado a 1999 para proteger a su yo adolescente y a su madre.

‘Las crónicas de Sarah Connor’ no lo tuvo fácil para sobrevivir en un panorama televisivo en el que, a la huelga de guionistas, se unieron sus audiencias en declive y unos fans que han tardado algún tiempo en apreciarla de verdad. Ahora, suelen decir que las mejores historias en la saga creada por James Cameron son las dos primeras películas y la serie de televisión, que fue cancelada al final de una segunda temporada en la que empezaba a  perfilarse en el horizonte la guerra futura que había dado comienzo a todo.

El personaje

sarahconnor

Los seguidores de la serie siempre tuvieron mucho cariño a Cameron, pero Sarah Connor (Lena Headey) es el gran personaje de un título que, además, lleva su nombre. Esta Sarah ya no era la que Linda Hamiton interpretó en el cine porque había vivido la muerte de Kyle Reese y ya llevaba un tiempo huyendo de la amenaza del futuro. Sobre sus hombros recae una enorme responsabilidad, lo que hace que, a veces, veamos a una Sarah cansada y vulnerable, que sigue adelante sólo porque la protección de su hijo es su único objetivo, porque tiene un deber que cumplir. Además, el diagnóstico de leucemia que recibe nada más empezar la serie todavía añade una carga mayor sobre su conciencia, así que se dedica a preparar a John para ser el líder que la humanidad necesitará en el futuro, sabiendo que ella ya no estará allí para apoyarlo.

No deja de ser curioso que los fans de ‘Terminator’ no se mostraran demasiado convencidos inicialmente por Headey en el papel, porque el lado de mujer dura ha acabado definiendo buena parte de la carrera de la actriz después de ser Sarah Connor. Además de ser la villana de ‘Dredd’, el papel que la ha hecho famosa es el de Cersei Lannister en ‘Juego de tronos’, y nadie podrá acusar nunca a la reina de Poniente de ser frágil. La experiencia de Sarah Connor (y de la película ‘300’) ayudó a la actriz a dar un giro al tipo de personajes que interpretaba, y a insuflar nueva vida a una saga que, en el cine, parece estar ya bastante agotada.

El creador


Josh Friedman (1967) fue el guionista al que se le encargó crear ‘Terminator: Las crónicas de Sarah Connor’ como una manera de recuperar un poco los temas de las dos primeras películas, descartando los excesos que empezaron a notarse en ‘Terminator 3. La rebelión de las máquinas’. Friedman era, principalmente, un hombre de cine que había escrito los guiones de la versión de Steven Spielberg de ‘La guerra de los mundos’ , un vehículo para Keanu Reeves llamado ‘Reacción en cadena’ y la cinta noir ‘La dalia negra’, y en la creación de ‘Las crónicas de Sarah Connor’ intentó mantenerse fiel a ‘Terminator’ y a su secuela más directa.

Sin embargo, él mismo reconocía, en una entrevista a la web Blastr, que “siempre sentí que ‘TSCC’ debía mucho a T1 y T2, e iba a hacer todo lo que pudiera para honrarlo. Con el tiempo, no obstante, te encuentras con una deuda al trabajo que estás haciendo, al material justo enfrente de ti”. Así que la serie se movió por sus propios caminos, se atrevió con algunas sorpresas que los fans no esperaban y tomó decisiones más atrevidas que sus hermanas mayores en el cine. Tras su cancelación, Friedman intentó crear otra serie, la adaptación del cómic de terror ‘Locke & Key’, que no fructificó, y lo acabó fichando James Cameron para que escribiera la segunda parte de ‘Avatar’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The demon hand’ (1×07)
  3. ‘What he beheld’ (1×09)
  4. ‘Automatic for the people’ (2×02)
  5. ‘Today is the day’ (2×18)

Ficha

Título original: ‘Terminator: The Sarah Connor Chronicles’
Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Año: 2008-09
Creador: Josh Friedman
Reparto: Lena Headey, Thomas Dekker, Summer Glau, Brian Austin Green, Garrett Dillahunt, Richard T. Jones
Temporadas/capítulos: 2 (31)
Otros: Basada en la saga de ‘Terminator’, creada por James Cameron

‘Survivors’

“Vamos a tener que empezar de cero otra vez.
Vamos a tener que reaprender las habilidades que 
habíamos olvidado”.

La gripe española de 1918 fue una de las peores epidemias que ha sufrido la humanidad en la época moderna. La combinación de las terribles condiciones en las que luchaban los soldados en la Primera Guerra Mundial, atrapados durante meses en trincheras llenas de barro, de la conexión más rápida entre distintas partes de Europa que ofrecía el ferrocarril y de los insalubres barrios donde vivía una buena parte de la población de las ciudades llevó a que 50 millones de personas sucumbieran en un año a un virus que, en la actualidad, sigue cobrándose algunas vidas todos los inviernos, debilitando los sistemas inmunes de personas ya muy enfermas y débiles.

El virus de la gripe, además, tiene la capacidad de mutar en cada temporada, razón por la que vacunarse una sola vez de él no protege en los años siguientes, y los científicos siempre han temido que, con su alto factor de contagio, si alguna de esas cepas se desarrollara en los animales y saltara a los humanos, la epidemia sería muy difícil de contener en el nuevo mundo hiperconectado actual, en el que un vuelo de cinco horas podría llevar a una persona enferma de gripe de Madrid a Moscú.

La movilidad cada vez más sencilla y rápida por todos los confines del globo aumenta el viejo temor a la plaga, a la pandemia, a la enfermedad que sea lo suficientemente potente y resistente como para acabar exterminando a una parte importante de la población mundial. El castigo bíblico nunca se pasa de moda.

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Lo que va variando es la epidemia concreta que acaba con la humanidad. La elevada mortalidad de la peste negra en la Edad Media puede considerarse todavía el “estándar” cuando la ciencia ficción se adentra en historias de pandemias, pero cada época ha tenido una enfermedad que concentraba los miedos del común de los mortales. En los años 80 pudo ser el sida y, casi veinte años después, el ébola, pero la gripe siempre ha tenido un hueco especial en al arsenal de armas biológicas utilizadas por los autores de ciencia ficción. Se contagia por el aire con gran facilidad y rapidez, y cualquier mínima tos puede activar todas las alarmas y los comportamientos más extremos. Y no hay más que imaginar una pandemia de gripe aún más fuerte que la de 1919 para crear un título post-apocalíptico como ‘Survivors’.

Originalmente, ese mundo arrasado por la gripe fue imaginado por Terry Nation, veterano guionista y novelista británico (responsable también del nacimiento de los daleks de ‘Doctor Who’), en la década de 1970, pero para cuando la BBC quiso hacer una lectura contemporánea, probablemente no imaginaba que sería mucho más relevante de lo esperado. Esta nueva ‘Survivors’ nos lleva a un Reino Unido actual, en el que lo que empieza como un serio caso de contagio masivo de gripe, acaba transformándose en una epidemia que acaba con la vida de buena parte de la población. Sólo quedan unos pocos supervivientes, gente que nunca llegó a infectarse, y que ahora tiene que encontrar la manera de seguir con sus vidas.

‘Survivors’ explora la cuestión más clásica en todas las historias post-apocalípticas: ¿qué tipo de sociedad se quiere crear? ¿Se aboga por un nuevo sistema, o se vuelve a caer en los vicios de siempre? En condiciones de supervivencia, ¿es el hombre bondadoso o, como creía Thomas Hobbes, por naturaleza, el hombre es un lobo para la hombre? La plaga de gripe es algo que ya ha quedado atrás para los supervivientes (esto no es una historia de zombies), y a ellos sólo les preocupa encontrar comida, agua, un techo donde guarecerse, y protegerse de quienes intenten quitarles algunas de esas cosas.

‘Survivors’ fue víctima de su propia premisa; la gripe aviar de 2009 retrasó su segunda temporada casi un año

Es cierto que hay, muy al fondo, una trama sobre unos científicos que buscan una manera de comprender qué ha pasado (o que pueden tener otros objetivos), y que una de las protagonistas cae enferma de gripe al principio de la serie y consigue recuperarse, pero ‘Survivors’ tampoco tuvo demasiado tiempo de explorar el mundo que había creado. Poco después de su emisión, en 2009, se desató la alarma por la gripe aviar, se generaron todo tipo de protocolos de actuación para evitar un contagio masivo a nivel global, los gobiernos compraron millones de vacunas a los laboratorios farmacéuticos y, al cabo de un año, aproximadamente, la tan temida pandemia no llegó a producirse. La BBC, sin embargo, no se atrevió a estrenar la segunda temporada de ‘Survivors’ en medio de aquel clima. La retrasó durante casi un año. Una serie que no era más que ciencia ficción, de repente se había convertido en la representación de los peores temores de la población. No se podía alimentar aún más la hoguera de la paranoia.

Por cierto, la gripe española de 1918 se llamó así porque fueron los periódicos españoles los primeros en informar de la epidemia.

El personaje

Survivors (2008) - Episode 1

La principal protagonista de ‘Survivors’ en Abby Grant (Julie Graham), una mujer que lleva una vida normal y corriente cuando se desata la pandemia de gripe, pero que tiene algo que la convierte en una persona muy valiosa; es la única que se contagió de la enfermedad y, aun así, logró recuperarse y sobrevivir. Eso hace que Abby sea el foco de la trama de conspiración empresarial que aparece con más relevancia en la segunda temporada, y a través de ella, los espectadores van averiguando qué causó la epidemia y qué objetivos buscan esos científicos que, al principio, no son más que misteriosas presencias esporádicas.

Abby es, también, la líder del pequeño grupo de supervivientes que centra ‘Survivors’. Ella sólo quiere, inicialmente, buscar a su hijo Peter, desaparecido en los primeros momentos de la pandemia, pero acaba ejerciendo también como la brújula moral de la serie, la persona que intenta mantener a los supervivientes dentro de los límites de la civilización, aunque ésta se haya derrumbado a su alrededor. Abby tenía sus principios muy claros, y que ese nuevo mundo los vaya poniendo a prueba era parte, igualmente, de la serie.

El creador


Adrian Hodges (1957) es más conocido por haber creador la serie fantástica ‘Primeval’, en la que un grupo de científicos se dedica a investigar la aparición, por todo el Reino Unido, de criaturas prehistóricas. A finales de la década de 2000, era una de las series más populares de BBC, así que no era extraño que, cuando la cadena quiso revivir la vieja serie de Terry Nation, acudiera a él para ponerla en marcha. Hodges es un guionista muy veterano, que ha trabajado en televisión como en el cine (en ‘Mi semana con Marilyn’, por ejemplo), y en los últimos años se ha encargado de ‘The musketeers’, una nueva adaptación de las novelas de Alejandro Dumas, también para BBC.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×06
  3. 2×03
  4. 2×05
  5. 2×06

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Creador: Adrian Hodges
Año: 2008, 2010
Reparto: Julie Graham, Paterson Joseph, Max Beesley, Zoë Tapper, Phillip Rhys, Nikki Amuka-Bird
Temporadas/capítulos: 2 (12)
Otros: Remake de una serie de 1975 creada por Terry Nation, basada en un libro suyo

‘Salto al infinito’

¿Y si pudieras encontrar nuevos mundos aquí,
en la Tierra? Donde todo es posible.
Mismo planeta, diferente dimensión”.

Los multiversos, las dimensiones paralelas, son un clásico de la ciencia ficción y, sobre todo, son un clásico en los cómics. Superhéroes como Flash los han exprimido hasta la última gota y más allá (la editorial DC tiene toda una serie de historietas ambientada en una Tierra paralela, ‘Tierra 2’), y en muchas space operas era habitual encontrarse un capítulo en el que los protagonistas se encontraban en un “mundo bizarro”, un reflejo distorsionado del suyo y que funcionaba de modo paralelo. ‘Mirror, mirror’, de ‘Star Trek’, fue uno de los primeros capítulos en mostrar una historia así en televisión, pero luego llegarían series enteras que permitían incluso el viaje entre diferentes dimensiones paralelas.

La serie que se animó más en serio a explorar esa posibilidad fue ‘Salto al infinito’, o ‘Sliders’, un título que, en realidad, aplicaba lo que solía hacerse con los viajes en el tiempo a los desplazamientos entre realidades paralelas. Hasta arrancaba con un científico construyendo una máquina que le permitía realizar esos viajes. En este caso, se trataba de un universitario que investigaba agujeros de gusano, figuras teóricas desarrolladas a partir de las ecuaciones de la teoría de la relatividad de Einstein, que permiten “doblar” el tejido del espacio-tiempo y, de ese modo, tender un puente (el puente de  Einstein-Rosen) entre dos puntos de ese continuo espacio-temporal. Así se podría viajar, teóricamente, de un extremo al otro del universo en apenas segundos si se encontrara, o se generara, el agujero de gusano adecuado. Y si se fuera capaz de mantenerlo abierto y estabilizado.

Quinn Mallory, el protagonista de la serie, logra abrir un agujero de gusano por casualidad, mientras investiga la generación de antimateria, y sin saberlo, ese agujero lo transporta a una Tierra paralela. Desde ese momento, y con la colaboración de su profesor y otros amigos, Mallory se esfuerza por regresar a su dimensión, pero las cosas no son tan sencillas. Porque sólo disponen de un tiempo limitado de estancia en esos mundos paralelos; los “portales” de acceso se abren sólo por un tiempo determinado y, si no los atraviesan en ese momento, tienen que esperar casi 30 años a que vuelvan a darse las circunstancias para que aparezcan. Y, además, todas esas dimensiones, a veces, son difíciles de distinguir de la “original”, la primera de la que partió Mallory inicialmente. ‘Salto al infinito’ seguía, al menos en las primeras temporadas, la tendencia más clásica en las historias de multiversos, que es que son ligeramente diferentes entre sí porque sus habitantes tomaron distintas decisiones en cada uno de ellos.

‘Salto al infinito’ partía de la teoría de que la toma de cada dimensión paralela era sólo ligeramente diferente de la “original” de Quinn Mallory

Quinn pudo besar o no a su mejor amiga, Wade. En una dimensión lo hizo; en otra, no, y esos genera, a su vez, otros cambios. Para la serie, la frase del poeta Paul Éluard, “hay otros mundos, pero están en éste”, es cierta de una manera muy literal, y todos ellos son versiones ligeramente distintas unos de otros.

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‘Salto al infinito’ lidiaba a veces con tramas que entraban en el terreno de las ucronías, o las historias alternativas en las que John F. Kennedy no había sido asesinado, por ejemplo. Sin embargo, esa original manera de afrontar una serie así no duró demasiado. En la segunda temporada ya se introdujo una raza humanoide, los Kromagg, que utilizaban los vórtices entre dimensiones para conquistar otros mundos, y a partir de la tercera se descartó al personaje del profesor de Mallory y se buscó un tono más de acción, y con menos raíces en la ciencia ficción, reciclando tramas de películas de éxito en la época, como ‘Twister’ y ‘Parque Jurásico’, para intentar recolectar con la audiencia. Pero ésta ya no estaba interesada.

‘Salto al infinito’ viviría sus dos últimas temporadas en Syfy, pero era esencialmente otra serie diferente, una en la que sus protagonistas tenían que luchar contra una invasión de Kromaggs en su Tierra original. Lo que era la idea inicial sólo se mantuvo durante la primera temporada, mostrando una entretenida vuelta de tuerca las historias de viajes en el tiempo y de dimensiones alternativas.

El personaje

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Quinn Mallory (Jerry O’Connell) era el típico joven “cerebrito” que se utilizaba a mediados de los 90 para iniciar series de aventuras de este tipo. Se le presenta como un genio que se salta varios cursos en el instituto, lo que hace que los chicos más mayores se metan con él, y en la universidad se especializa en teoría de supercuerdas, lo que es algo no tan habitual para el protagonista de un título para el consumo masivo. Mallory es quien da pie a todas las peripecias que viven los personajes de la serie con su creación del vórtice que da paso a las diferentes dimensiones, pero a lo largo de la serie, su caracterización no se mantuvo demasiado coherente. En cierto momento al final de ‘Salto al infinito’, todos los personajes se llevaban fatal para generar un conflicto entre ellos que, teóricamente, tenía que crear drama y nuevas historias, pero que traicionaba lo que había sido la serie.

Curiosamente, su intérprete, Jerry O’Connell, ya se había hecho conocido a finales de los 80 por una comedia en la que su personaje era un adolescente que desarrollaba superpoderes, ‘Mi doble identidad’, y que le permitía continuar una carrera que ya había tenido en sus inicios un trabajo muy notable, la película ‘Cuenta conmigo’. En ‘Salto al infinito’, O’Connell llegaría a ser productor de sus últimas temporadas, y también se encargó de escribir y dirigir algunos episodios.

Los creadores


El dúo responsable de ‘Salto al infinito’ era Robert K. Weiss y Tracy Tormé, y su colaboración era particular por su diferente trayectoria en Hollywood. Weiss era más conocido por su trabajo como productor con “Z.A.Z”, o lo que es lo mismo, Jim Zucker, David Abrahams y Jerry Zucker, las mentes detrás de ‘Aterriza como puedas’, con los que hizo ‘Agárralo como puedas’ y sus secuelas. También colaboró con Lorne Michaels, creador de ‘Saturday Night Live’, en cintas como ‘Movida en el Roxbury’, y esta dedicación a la comedia no parecía apuntar a que sería el co-creador de un título de aventuras de ciencia ficción.

Pero Weiss, al mismo tiempo, está en el comité directivo de la Fundación X Prize, una organización sin ánimo de lucro que se dedica a impulsar los avances tecnológicos mediante competiciones como el Ansari X Prize, que buscaba un vehículo que pudiera volar a 100 km. de altura, hasta el límite del espacio, y regresar a la Tierra. Su socio, Tormé, sí tenía más experiencia como guionista de ciencia ficción, pues había trabajado en ‘Odisea 5’, ‘Star Trek: La nueva generación’ y, después, en ‘Càrnivale’. Su relación con los ejecutivos de Fox durante la vida de ‘Salto al infinito’ no fue precisamente relajada. Una de sus principales quejas es que quería incluir, al final de cada episodio, algo que los uniera con el principio del siguiente (un truco que después utilizaría ‘Alias’), pero la cadena lo descartó porque le obligaba a emitir la serie en el orden previsto por Tormé, en lugar del que ella prefiriera.

Cinco episodios imprescindibles

  1. Piloto (1×01)
  2. ‘Into the mystic’ (2×01)
  3. ‘Post traumatic slide syndrome’ (2×08)
  4. ‘Double cross’ (3×02)
  5. ‘The Exodus’ (3×16)

Ficha

Título original: ‘Sliders’
Cadena/nacionalidad: Fox-Syfy/Estados Unidos
Año: 1995-2000
Creadores: Tracy Tormé y Robert K. Weiss
Reparto: Jerry O’Connell,  John Rhys-Davies, Sabrina Lloyd, Cleavant Derricks, Kari Wührer
Temporadas/capítulos: 5 (88)

‘Espacio: 1999’

“Tengo una fe increíble en el espíritu humano”.

Una de las teorías más comunes sobre el origen de la Luna apunta a que, durante la etapa de formación de la Tierra, ésta sufrió el impacto de un gran objeto de tamaño planetario, y que los escombros desperdigados por el choque en la órbita del planeta, terminaron formando la Luna. El satélite juega un papel fundamental en la supervivencia de la vida en la Tierra, pues ayuda a mantener estable su eje de rotación y hace las veces de escudo contra asteroides que puedan llevar un rumbo de colisión contra el planeta. Su cara oculta, la que nunca podemos ver desde la superficie del planeta, luce las cicatrices que lo demuestran. ¿Pero y si uno de esos objetos fuera lo suficientemente grande como para que un impacto contra la Luna la sacara de su órbita y la enviara a vagar por el espacio? ¿Y si en el satélite hubiera una base humana a la que no le queda más remedio que intentar sobrevivir en esas circunstancias, porque ya no pueden regresar a casa?

El matrimonio Gerry y Sylvia Anderson dio inicio así a ‘Espacio: 1999’, una de sus series más reconocidas y uno de los títulos ciencia ficción con un punto de partida más original. Pero es que los Anderson no eran unos creadores corrientes. Su nombre está indisolublemente asociado a la Supermarionation, una técnica de animación stop-motion de marionetas que permitía unos movimientos mucho más reales y fluidos, y que facilitaba que pudieran crearse series tan espectaculares en su momento como ‘Thunderbirds are go’.

Ese título, que seguía a cinco hermanos que se dedicaban al rescate de personas en peligro en los sitios más insospechados y arriesgados, había sido inspirado por un accidente en una mina de la Alemania occidental en 1963, y es la obra por la que Anderson es más recordado. Pero él no se quedó en la ficción infantil. La alternó con producciones de acción real de lo más variado, una de las cuales trataba los intentos de detener una invasión alienígena (‘UFO’). Sin embargo, la que para muchos sería su mejor serie, y la más cara de la televisión británica hasta ese momento, nacería en 1975 de las ideas para una segunda temporada de ‘UFO’ que nunca llegó a producirse.

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‘Espacio: 1999’ se situaba en ese año y en una base lunar llamada Alpha, un lugar dedicado a la investigación científica. Sin embargo, la Luna estaba siendo utilizada por los humanos como un “cementerio” de residuos nucleares, y una explosión en él, causada por la acumulación de radiación electromagnética, expulsa al satélite de su órbita y lo envía vagando por la galaxia. De este modo, la Luna se convierte en una nave espacial que lleva a los tripulantes de la base Alpha a cruzarse con razas alienígenas y a descubrir rincones del universo que no esperaban. Eso era lo más diferente de la serie, porque las aventuras que corrían sus protagonistas eran las clásicas de las space operas, encontrándose por ejemplo con sociedades distópicas que ponían a prueba los principios científicos y pacíficos de los responsables de la base.

De hecho, ‘Espacio: 1999’ arrancaba inicialmente con el propósito de mostrar cómo John Koenig, comandante de la base, y el resto de tripulación respondía ante los diferentes dilemas éticos que se le presentaban. El primer episodio, por ejemplo, ya lo ponía ante la tesitura de continuar con un lanzamiento desde la base lunar de una nave tripulada al planeta Meta, que se creía habitado, aunque varios miembros del personal de Alpha habían caído enfermos de una misteriosa dolencia cerebral, que había causado la muerte de varios de ellos.

La influencia de ‘2001. Una odisea del espacio’ en ‘Espacio: 1999’ se notaba, sobre todo, en el diseño de sus naves y sus trajes espaciales

Durante la primera temporada, si los espectadores suspendían su incredulidad sobre la posibilidad de que una explosión como la que se veía en la serie pudiera desviar a la Luna de su órbita, se encontraban ante un título que quería encajar en una rama de la ciencia ficción un poco más intelectual y menos pulp y de aventuras sin más. La influencia de ‘2001. Una odisea del espacio’ estaba muy clara en el diseño de producción de la base y de las naves. Curiosamente, los responsables de sus efectos especiales (hechos utilizando miniaturas y trucos fotográficos clásicos del género), como Brian Johnson y su equipo, trabajarían después en películas como ‘Alien, el octavo pasajero’ o ‘ El Imperio contraataca’.

La serie se benefició, además, del protagonismo de Martin Landau y Barbara Bain, que venían de la muy exitosa ‘Misión imposible’. Landau no daba el típico perfil de capitán de una nave espacial visto hasta entonces, ni siquiera en ‘Star Trek’, y ambos aportaban cierto aire de prestigio. ‘Espacio: 1999’ empleó igualmente en su primera temporada dos trucos al inicio de cada episodio por los que es bastante recordada. Solía abrir sus capítulos con lo que se denomina un cold open, una secuencia que ejerce de prólogo de lo que vamos a ver, y que se sitúa antes de los títulos de crédito, y en esos créditos se incluía, al final, un breve y rápido montaje con imágenes de lo que estaba por venir más adelante. Aquella primera temporada tuvo un éxito relativo que, sin embargo, permitió el rodaje de una segunda que sí sería la última, especialmente porque se hicieron algunos cambios en los personajes y en las tramas que no consiguieron atraer una audiencia mayor. Además, Gerry y Sylvia Anderson se habían divorciado antes del rodaje de la segunda temporada, y los nuevos colaboradores no aportaban lo mismo.

La renovación por un segundo año, además, llegó casi de un modo inesperado y, en un intento por atraer de nuevo la atención de los espectadores, las tramas viraron hacia aventuras espaciales más típicas, se descartó cualquier atisbo de mención de que la Luna podía haber sido enviada en su periplo a través de la galaxia por una fuerza desconocida, y hasta se sustituyó a buena parte del reparto por otros personajes, como una alienígena que podía cambiar de forma, llamada Maya. Nada de eso fue suficiente para mantener ‘Espacio: 1999’ en antena durante demasiado tiempo.

La primera temporada, no obstante, es un interesante intento de hacer una space opera un poco más seria de lo habitual, que pusiera a sus personajes ante decisiones morales complicadas. Además, despliega unos notables valores de producción (fue la serie más cara producida por la televisión británica hasta ese momento), y su empleo de maquetas, interfaces de ordenadores y efectos especiales también rayaba a buen nivel. En Estados Unidos, se emitió en sindicación con cierto retraso con respecto al Reino Unido y sólo porque, precisamente, el éxito de las repeticiones de ‘Star Trek’ animó a algunas de esas cadenas regionales a probar suerte con otra serie de aventuras en el espacio. Pero nunca terminó de conectar con el público.

El personaje

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Parte del tono de ‘Espacio: 1999’, y de los objetivos que los Anderson se habían marcado inicialmente, están encapsulados en el comandante John Koenig (Martin Landau), que llega a la base lunar Alpha para asegurar el lanzamiento de una nave tripulada a ese planeta recién descubierto, y que acaba siendo responsable de la supervivencia de todas las personas que viven en la Luna, cuando ésta acaba “liberada” de la órbita que la une a la Tierra. El dilema que se le presenta nada más poner un pie en el recinto ya dice mucho de cómo era la serie: tiene que enviar esa nave, prioritaria para las autoridades terrestres, en cuanto tenga ocasión, o detiene el lanzamiento para averiguar qué está haciendo enfermar, y morir, a los tripulantes.

Koenig no seguía el arquetipo de personajes como James T. Kirk, más carismático y más dado a involucrarse de lleno en situaciones de riesgo. No eludía sus responsabilidades en ese aspecto, pero era más distante y más serio. Los escasos momentos en los que perdía la compostura eran importantes justo por lo raros que eran. La serie giraba en torno a él, la doctora Helena Russell (Barbara Bain) y el profesor Victor Bergman (Barry Morse), y los tres tenían que decidir el curso de acción en cada momento. Era un personaje que se ajustaba perfectamente a la imagen que proyectaba Martin Landau, que podía ser similar a la que transmitía también Leonard Nimoy en ‘Star Trek’.

Los creadores

El matrimonio formado por Gerry y Sylvia Anderson es toda una institución en la televisión británica y, especialmente, en el género de la ciencia ficción. Los trabajos por los que son más recordados, las series juveniles de marionetas como ‘Thunderbirds’, eran precisamente los que menos interesaban a Gerry Anderson, que había empezado a trabajar en ellos porque no podía conseguir otros puestos. Su sueño siempre fue crear programas de televisión de acción real, algo que acabaría logrando con ‘UFO’ y ‘Espacio: 1999’, beneficiándose de su buena relación con Lew Grade, jefe de ITV en los 60 y los 70.

El propio Anderson afirmaba, en unas declaraciones recogidas por The Telegraph, que no tenía más que decirle a Grade que tenía un nuevo proyecto en mente para que lo apoyara: “‘¿Puedes ver esa bombilla ahí arriba?’ Yo dije, ‘sí’. Y él respondió, ‘Gerry, si quieres hacer una serie de televisión sobre esa bombilla, te apoyaré’”. En el éxito de Gerry resultaba fundamental su segunda esposa, Sylvia, que ponía voces a algunas de las marionetas (como Lady Penélope en ‘Thunderbirds’), y cuyo divorcio significó el final de su edad dorada de series. ‘Espacio: 1999’ fue el último programa que crearon y produjeron juntos.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Breakaway’ (1×01)
  2. ‘Black sun’ (1×03)
  3. ‘Another time, another place (1×06)
  4. ‘Earthbound’ (1×14)
  5. ‘The bringer of wonders’ (2×18)

FICHA

Título original: ‘Space: 1999’
Cadena/nacionalidad: ITV/Reino Unido
Año: 1975-77
Creadores: Gerry y Sylvia Anderson
Reparto: Marton Landau, Barbara Bain, Zienia Merton, Barry Morse, Nick Tate, Prentiss Hancock
Temporadas/capítulos: 2 (48)

‘BrainDead’

“No hay mil maneras diferentes de conseguir lo que queremos,
sólo hay una manera: la nuestra”

En octubre de 2013, el gobierno federal de Estados Unidos cerró durante quince días. Y no lo hizo de forma metafórica, sino muy literal. El fracaso a la hora de encontrar una solución de compromiso entre republicanos, con mayoría en el Congreso, y demócratas (que tenían al presidente, Barack Obama) que permitiera aprobar los presupuestos para el año fiscal 2014 llevó a que todas las instituciones que dependen de Washington DC cerraran sus puertas hasta que hubiera una ley que las dotara de financiación para el año siguiente.

No era la primera vez que pasaba; el cierre de 1996 duró 21 días y sus consecuencias, sobre todo en el despido de trabajadores federales, fueron importantes, pero el espectáculo que el Congreso dio en 2013 era diferente. En el partido republicano había ascendido una nueva rama, el Tea Party, más radicalizada y con cierto gusto por las declaraciones altisonantes, y al contar con la mayoría en el Congreso, el partido parecía ejecutar algunas acciones sólo para causar todos los problemas que pudiera a la presidencia de Obama. En medio de toda esta situación, los guionistas Robert y Michelle King empezaron a pensar que parecía que los políticos sólo estaban utilizando la mitad de sus cerebros. “Parecía existir esta especie de pensamiento mágico sobre la ira”, explicaba Robert King en una entrevista en Entertainment Weekly, “que si estás lo suficientemente enfadado, conseguirás lo que quieres políticamente”.

Si los Ted Cruz y compañía parecían estar completamente locos, como si alguien les hubiera sorbido el cerebro, ¿por qué no hacer una serie en la que realmente les devoran el cerebro a los políticos de Washington?

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Así nació ‘BrainDead’, una serie veraniega de CBS que contaba la invasión de unos bichos extraterrestres de la Tierra a través de un primer paso fácil, los congresistas. Utilizando los famosos cerezos de Washington y sus flores, los alienígenas (con forma de hormigas) se introducen en la cabeza de sus “huéspedes” humanos, devoran sus cerebros y pasan a suplantar su personalidad. Las personas invadidas se vuelven más extremistas en sus posiciones políticas, pasan a ser muy ordenadas y pulcras, a seguir una alimentación sana basada en batidos verdes y a adorar la canción ‘You might think’, de The Cars. En medio de todo eso llega Laurel, hermana del senador demócrata Luke Healey, que empieza a trabajar para él para conseguir el dinero necesario para financiar su documental sobre música coral polinesia. Su punto de vista externo al funcionamiento del Capitolio le permite darse cuenta enseguida de que algo huele a podrido en Washington DC.

‘BrainDead’ utiliza una invasión alienígena para satirizar la gran polarización actual de la política y de la sociedad estadounidenses

La serie es, en realidad, una sátira política, más que una historia de ciencia ficción, pero la sombra de ‘La invasión de los ultracuerpos’ está muy presente en ella. Los humanos dominados por los extraterrestres pueden actuar a veces de forma robótica y quedarse mirando a los protagonistas de una manera similar a cómo lo hacían las personas suplantadas de aquella película, y la manera en la que Laurel y sus dos principales colaboradores, la doctora Rochelle Daudier y Gustav Triplett, un seguidor de todo tipo de conspiranoias, van descubriendo qué está pasando está más anclada en el mundo real, como si dijéramos. ‘BrainDead’ cuenta una historia muy loca, y es muy consciente de ello, pero mantiene siempre cierto tono de mundanalidad. Su realidad puede estar ligeramente exagerada, pero también es la nuestra, de algún modo.

La invasión extraterrestre es la excusa para que la serie pueda hacer un comentario sobre la polarización a la que ha evolucionado la política estadounidense, y su sociedad. La retórica del “estás conmigo o contra mí”, de atacar al rival con las acusaciones más sucias y absurdas, sin pensar en las consecuencias que puedan tener, es el objetivo principal de la sátira. El gobierno de un país requiere de negociaciones y compromisos entre partes de la sociedad que pueden estar enfrentadas. ¿Qué pasa cuando algunas de esas partes se dedican a sabotear ese proceso?

‘BrainDead’ no es un tratado serio sobre lo que está mal en la política norteamericana; como decimos, es una comedia, a veces muy loca, sobre una invasión alienígena, y también tiene rasgos de comedia romántica con la relación entre Laurel Healy y el asistente del senador Wheatus, Gareth. Ambos están en polos opuestos del extremo político, pero su atracción es uno de los principales motores de la serie, uno que pone un toque de emociones un poco más “normales”. Son dos personas razonables que se ven lanzadas a una situación completamente irracional, y que se dan cuenta de que es irracional. ‘BrainDead’ parece decirnos que los problemas llegan cuando todo el mundo actúa como si toda esa locura fuera normal.

La serie, de todos modos, nunca se toma a sí misma demasiado en serio. La idea es demostrar lo ridícula que es la radicalización impulsada por los alienígenas, y por eso se permite, por ejemplo, empezar todos los episodios con un “previously on” cantado, que resume lo que se ha visto hasta el momento en la serie, y que es a su vez otro chiste metarreferencial más. Pero sí que trata con seriedad las emociones de sus protagonistas, sobre todo en lo que respecta a la relación de Laurel con su padre o en su sensación de no estar haciendo lo que debería con su vida.

Las acciones de las hormigas llegadas desde el espacio exterior obligan también a plantearse esas preguntas, y la lucha contra ellas se va desarrollando poco a poco (‘BrainDead’ sabe que, incluso dentro de su mundo, cualquier persona descartaría la idea de la invasión extraterrestre como una locura) porque lo más importante de la serie es la construcción y evolución de sus personajes frente a esa situación. El don que desplegaba ‘The good wife’, la anterior serie del matrimonio King, para presentar y hacer interesantes enseguida a sus personajes se mantiene en ‘BrainDead’, que pasó demasiado desapercibida en su emisión en Estados Unidos, quizás por lo diferente de su propuesta.

El personaje

The Path to War Part One: The Gathering Political Storm

Red Wheatus (Tony Shalhoub) es el personaje que mejor encarna la tesis sobre la que gira ‘BrainDead’. Inicialmente, no es más que un senador republicano por el estado de Maryland que lleva demasiado tiempo en Washington y es un borracho perezoso. Sin embargo, en cuanto los insectos alienígenas lo infectan, se convierte en un ‘halcón’ capaz de decir las mayores salvajadas y de sabotear constantemente los esfuerzos del senador Healy por aprobar algún tipo de ley. Wheatus, además, trabaja en secreto para preparar esa invasión inminente de los extraterrestres, y tiene que conseguir que sus exabruptos y sus maniobras para mantener Washington siempre en un estado constante de guerra fría distraigan la atención de lo que realmente está poniendo en marcha.

Wheatus es una exageración de los republicanos del Tea Party y, en general, de los políticos que han hecho gala de ser muy “directos” en sus declaraciones, lo que se traduce en descalificar al contrario y en soltar con gran convicción medias verdades (o, directamente, mentiras) sin pararse a pensar en las consecuencias que eso puede tener en el electorado. Lo que muestra ‘BrainDead’ es a unos congresistas sólo preocupados por mantener su parcela de poder, o ampliarla, por demostrar que sus rivales son unos inútiles o por derrotarlos en una votación, da igual que se esté decidiendo ir a la guerra con Siria o cerrar las ayudas federales para los veteranos. En ese clima, las acciones de los alienígenas a través de Wheatus pueden triunfar sin que nadie piense que está pasando algo raro.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The insanity principle: How extremism in politics is threatening democracy in the 21st century’ (1×01)
  2. ‘Back to work: A behind-the-scenes look at Congress and how it gets things done (and often doesn’t) (1×05)
  3. ‘Notes toward a post-Reagan theory of party alliance, tribalism and loyalty: Past as prologue’ (1×06)
  4. ‘The path to war part one: The gathering political storm” (1×08)
  5. ‘Six points on new the Congressional budget: The false dichotomy of austerity vs expansionary politics’ (1×11)

Los creadores


El matrimonio de Robert y Michelle King se hizo conocido en la televisión estadounidense con ‘The Good Wife’, una serie sobre la mujer del fiscal del distrito de Chicago que, después de que éste vaya a la cárcel por un escándalo de corrupción y prostitución, tiene que volver a trabajar como abogada para poder mantener a sus hijos. La serie tenía el envoltorio de un drama legal en el que la política, y la evolución de su personaje central, ocupaba un lugar muy relevante en su trama.

Cuando esta serie terminó, los King se animaron a probar suerte en la sátira de ciencia ficción con ‘BrainDead’, que nació a partir del cierre del gobierno federal de 2013, y cómo los políticos de Washington cada vez parecen comportarse de una manera más extraña, como si los alienígenas realmente los hubieran suplantado. Los King, antes de hacerse famosos con ‘The Good Wife’, habían tenido una carrera en Hollywood bastante ecléctica. Robert ha escrito de los guiones de películas como ‘La isla de las cabezas cortadas’, ‘Límite vertical’ o ‘El laberinto rojo’, y el primer proyecto conjunto con Michelle fue, curiosamente, otra serie de abogados, ‘Proyecto Justicia’, que sólo duró una temporada.

Ficha

Cadena/nacionalidad: CBS/Estados Unidos
Año: 2016
Creadores: Robert y Michelle King
Reparto: Mary Elizabeth Winstead, Aaron Tveit, Danny Pino, Tony Shalhoub, Nikki M. James, Johnny Ray Gill
Temporadas/capítulos: 1 (13)