‘La mujer biónica’

“¡No soy tan biónica!”

A finales de la década de los 50, Estados Unidos y la URSS estaban enzarzados en la carrera espacial, una “competición” por ver cuál de los dos podía llevar antes al hombre al espacio. Ambos se lanzaron a ella empezando prácticamente de cero (y con la inestimable ayuda de investigaciones en cohetes hechas por científicos nazis durante la Segunda Guerra Mundial), y desconociendo por completo cómo afectaría al cuerpo humano el viaje hasta la órbita terrestre y la estancia en un entorno de microgravedad.

Se llevaron a cabo multitud de estudios sobre fisiología humana y sobre los hábitats más adecuados para la supervivencia de los futuros astronautas en el espacio, y cuando Estados Unidos y la recién nacida NASA comenzaron a formar a esos astronautas en el Proyecto Mercury, les sometieron, probablemente, a todas las pruebas médicas que se les ocurrieron. Era un terreno virgen para la medicina, así que se hacía necesario recopilar todos los datos posibles sobre la respuesta del cuerpo humano a todos los riesgos inherentes a los viajes espaciales.

En esa coyuntura, los investigadores Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline, del hospital estatal de Rockland, en el estado de Nueva York, publicaron en 1960 un artículo científico titulado “Cyborgs y espacio”, y que abogaba por la modificación corporal de los astronautas para que se adaptaran mejor al entorno espacial. En su entradilla, el artículo decía que “alterar las funciones corporales del hombre para cumplir los requerimientos de los entornos extraterrestres sería más lógico que ofrecerle un entorno terrestre en el espacio… Sistemas orgánico-artificiales, que extenderían los controles inconscientes y autorreguladores del hombre, son una posibilidad”. Así nacía el cyborg, la mejora y extensión mecánica (cibernética) de las habilidades de un ente orgánico, de tal manera que ambas partes (la orgánica y la cibernética) fueran indistinguibles e indisociables una de la otra.

Edgar Allan Poe ya había imaginado, a mediados del siglo XIX, un ser así en un relato sobre un veterano de guerra con múltiples prótesis, pero la introducción del término cyborg, y los avances médicos del siglo XX, llevaron a esta figura a otro nivel, uno que se explora en la novela ‘Cyborg’, de Martin Caidin, que sería adaptada a televisión a principios de los 70 con el título de ‘El hombre de los seis millones de dólares’.

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Steve Austin, su protagonista, es un ex astronauta que tiene un accidente durante el vuelo de prueba de un avión, y el ejército le salva la vida implantándole piernas, un brazo y un ojo biónicos, artificiales. Estos implantes lo convierten prácticamente en un superhéroe que ayuda a la gente y acaba con malvados villanos todas las semanas, y al que le presentaron en un episodio a una mujer también biónica, como él, que debía ser su interés amoroso, pero cuyo cuerpo rechazó sus miembros cibernéticos y falleció. Sin embargo, Jaime Sommers y su intérprete, Lindsay Wagner, habían sido muy populares entre el público, por lo que la ABC decidió darle su propia serie, en la que Sommers se convertía en una agente secreta a sueldo de una organización llamada OSI, la misma para la que trabajaba Steve Austin.

La mujer biónica’ se estrenó en 1976, y ocupó en ABC el hueco que dejaba en su parrilla ‘Wonder Woman’, que después de su primera temporada se mudó a CBS. Sommers tenía capacidades físicas sobrehumanas, y aunque eso no la colocaba en el mismo nivel que Diana Prince (que era una princesa amazona, no lo olvidemos), adquirió el mismo éxito que la superheroína interpretada por Lynda Carter. De hecho, ‘La mujer biónica’ resultó ser una serie que, entre las misiones que su protagonista tenía que llevar a cabo y las escenas de acción en las que aprovechaba la ventaja que le daban sus implantes cibernéticos, acabó introduciendo un subtexto feminista muy interesante para la década de los 70.

El movimiento feminista de los 70 en Estados Unidos acabó teniendo una gran influenci en ‘La mujer biónica’

Nunca se cuestionaba que Sommers era tan capaz como sus colegas masculinos, y cuando alguno de los villanos lo hacía, se llevaba un comentario sarcástico, o directamente una reprimenda de ella. Al mismo tiempo, Jaime intentaba que se la valorara por algo más que por sus miembros biónicos, y todo esto se contaba en una serie de entretenimiento familiar, y que encontró su público más entusiasta entre los más jóvenes. ‘La mujer biónica’ reflejaba también la actividad del movimiento feminista estadounidense durante los 70, pidiendo sobre todo condiciones no discriminatorias en el entorno laboral, y lo hacía mostrando que Jaime Sommers era tan válida como Steve Austin.

El personaje

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Jaime Sommers (Lyndsay Wagner) era la heroína total de su serie, algo que en los 70 no era tan habitual. Pasó de ser un personaje invitado en ‘El hombre de los seis millones de dólares’, donde era la novia de Steve Austin que, para poner la nota trágica, tenía un accidente y moría, a pesar de recibir los mismos implantes biónicos que él, a convertirse en su igual en su propia serie. Muchos fans recuerdan todavía el ruido que hacía al correr con sus piernas cibernéticas, y el sentido del humor que utilizaba para sacar ventaja frente a sus rivales. En cuanto a la tendencia de mujeres fuertes, de heroínas de acción que viviría la televisión un par de décadas más tarde, Sommers fue una de las pioneras.

Su protagonismo permitía, además, reflejar algunos de los temas que las activistas feministas intentaban llevar a primer plano en la conversación social estadounidense. Tener un personaje protagonista como el de ‘La mujer biónica’ daba visibilidad a algunas de sus reivindicaciones y ayudaba a que los espectadores no se extrañaran si una mujer hacía un trabajo considerado tradicionalmente masculino. Que Sommers fuera una mujer profesional, que vivía sola y no estaba definida por su relación con un hombre (al menos en su propia serie) fue todo un avance para la época.

El creador

Kenneth Johnson (1942) es uno de los guionistas de ciencia ficción más activos de la televisión estadounidense. Su objetivo era acercar el género al público más masivo posible, sacarlo del nicho de los “frikis” que viven todavía en el sótano de su madre y de los adolescentes, y en sus series es habitual encontrar algún comentario social. En ‘La mujer biónica’ se acerca a las reivindicaciones feministas de igualdad de derechos con el hombre, por ejemplo, aprovechando el spin-off de ‘El hombre de los seis millones de dólares’ para hacer algo más original. También se encargaría de la serie de ‘El increíble Hulk’ con Lou Ferrigno y, en los 80, se atrevería con las alegorías sociales que permiten los contactos con extraterrestres en ‘V’ y ‘Alien Nación’.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘The deadly missiles’ (1×06)
  2. ‘The deadly missiles’ (1×06)
  3. ‘Doomsday is tomorrow’ (2×13)
  4. ‘Deadly ringer’ (2×15)
  5. ‘Motorcycle boogie’ (3×07)

Ficha

Título original: ‘Bionic Woman’
Cadena/nacionalidad: ABC-NBC/Estados Unidos
Creador: Kenneth Johnson
Año: 1976-78
Reparto: Lindsay Wagner, Richard Anderson, Martin E. Brooks, Ford Rainey, Jennifer Darling
Temporadas/capítulos: 3 (58)
Otros: Spin-off de ‘El hombre de los seis millones de dólares’. Tuvo un remake en 2007.

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