‘El Ministerio del Tiempo’

“- Las normas del ministerio son estrictas.
– Estrictas son las personas.
Las normas son palabras escritas en un papel”.

Viajar al pasado para evitar que se cambie la Historia. Es una de las excusas más viejas para dar inicio a una historia de desplazamientos temporales. Algún tipo con aviesas intenciones se hace con un aparato que le permite viajar al pasado y cambiar desde allí el futuro en su propio beneficio, y los héroes del relato tienen que impedírselo. Por ejemplo, digamos que el villano pretende salvar a Hitler de su muerte en el búnker al final de la Segunda Guerra Mundial. Es algo que no se puede permitir. Como dicen en el primer episodio de ‘El ministerio del tiempo’, la Historia puede no ser la mejor, pero es la única que tenemos.

A principios de los 80, el escritor Tim Powers publicó ‘Las puertas de Anubis’. En aquel libro existían unas puertas que permitían viajar al pasado, y se organiza una expedición de prueba de un erudito del poeta Samuel Taylor Coleridge a 1810, para asistir a una charla suya. Pero, como no podía ser menos, las cosas no suceden como estaba previsto y el protagonista se queda atrapado en el siglo XIX. La influencia de esa novela se nota en ‘El ministerio del tiempo’, en la que el gobierno español tiene un ministerio secreto que vela por la integridad de las puertas del tiempo, descubiertas por un rabino judío en el siglo XV, y que permiten trasladarse a cualquier punto de la Historia de España.

Para evitar que alguien las utilice con el fin de alterar dicha historia, el ministerio recluta a personas de diferentes épocas que tienen que cruzar las puertas para mantener el discurrir del tiempo recogido en los libros. Así es como se forma la patrulla protagonista de la serie, integrada por Julián, un enfermero del SAMUR de 2015 que no ha conseguido superar la muerte de su mujer; Alonso, un soldado de los Tercios de Flandes que está a punto de ser ajusticiado en el siglo XVII, y Amelia, una de las primeras mujeres en ir a la universidad en el siglo XIX. Los tres tienen que impedir que mercenarios del más diverso pelaje cambien la Historia por dinero, o por otros motivos más inconfesables, pero también se darán cuenta de que el trabajo en el ministerio no es tan sencillo.

‘El ministerio del tiempo’ es, en realidad, una serie de aventuras. Se mueve por la Historia de España mostrando a los espectadores aspectos que, a lo mejor, no son demasiado conocidos (como la visita de Himmler al monasterio de Montserrat buscando el Santo Grial, en 1940), y pone a sus protagonistas ante el reto de derrotar a enemigos con unos principios no demasiado diferentes de los que ellos pueden tener. El viaje en el tiempo es el mecanismo que permite que ocurran esas aventuras y, sobre todo, que pone a Julián, Alonso y Amelia ante la tentación de intentar cambiar aspectos de sus propias vidas que no salieron demasiado bien. Para Julián, por ejemplo, es toda una tortura saber que tiene al alcance de la mano la posibilidad de impedir la muerte de su mujer, pero que no debe hacerlo. ¿O sí debería intentarlo? Al fin y al cabo, ¿quién se lo impide?

El sentido del deber de sus personajes, los grandes sacrificios que asumen por su trabajo, es uno de los aspectos más destacados de una serie en la que se mezclan casi sin esfuerzo el lado más divulgativo con la acción, los toques de humor y, sobre todo, el sentido de la maravilla. Para Amelia y Alonso, cualquier avance del siglo XX (y no digamos ya del XXI) es casi cosa de magia, algo increíble y especial que hay que disfrutar al máximo. Y la posibilidad de conocer a sus ídolos literarios, por ejemplo, otra oportunidad que hay que aprovechar.

mdt

‘El ministerio del tiempo’ entremezcla esas misiones, esos contrastes culturales entre diferentes épocas, esas referencias pop a ‘Terminator’, ‘Regreso al futuro’ o ‘Curro Jiménez’, con la evolución emocional de todos sus personajes, y aprovecha los viajes al pasado para tomar prestada una página del libro de estilo de ‘Doctor Who’ (otra serie de la que los hermanos Olivares se declaraban grandes seguidores), y dar a cada episodio un tono diferente. Puede haber capítulos más orientados a la comedia, otros en la línea de las historias de grandes robos, otros pueden ser episodios bélicos o irse más por el lado de la comedia romántica y el enredo, y en todos se utiliza con gran tino a los personajes históricos. La serie ha redescubierto para la audiencia a gente como Lope de Vega, Velázquez, Lorca o el Cid, nombres de los que se ofrece un retrato más o menos fiel a lo que los historiadores cuentan sobre ellos, pero pasado por el tamiz de las aventuras de cada capítulo.

‘El Ministerio del Tiempo’ utiliza anécdotas poco conocidas de la Historia de España para armar las misiones y las aventuras de su patrulla

Y esas aventuras pueden ser tanto muy ambiciosas como un poco más pequeñas. Pueden ir desde impedir que Hitler acepte la propuesta de Franco de que España entre en la Segunda Guerra Mundial a liberar a unos soldados españoles presos por las tropas napoleónicas porque entre ellos hay un antepasado de Adolfo Suárez. En todas ellas, Julián, Alonso, Amelia y el resto de personajes tienen que enfrentarse también a sus propios problemas, a sus propios conflictos. El Ministerio los recluta porque en sus épocas están desarraigados y les da una constante, un lugar que pueden considerar su refugio y un grupo de personas que acaban convirtiéndose en familia. Y esos sentimientos sin resolver se aprecian siempre por debajo de la búsqueda del entretenimiento de la audiencia.

Esa sensación de diversión que transmiten las misiones, aunque tengan unas consecuencias emocionales que los personajes no preveían al principio, es lo que más destaca en ‘El ministerio del tiempo’. Eso y la idea de que no hay que confiar ciegamente en las instituciones. Al fin y al cabo, se mantienen en marcha gracias a las personas que trabajan en ellas, y son esas personas las que determinan si son justas, malvadas o un completo desastre.

El personaje

mdt_amelia

De los tres protagonistas principales, la que va situándose poco a poco en el centro emocional de la serie es Amelia Foch (Aura Garrido). Arranca ‘El ministerio de tiempo’ como hija de una familia bien de Barcelona a finales del siglo XIX, y siendo una de las primeras mujeres en ir a la universidad en España. Sin embargo, su intelecto y su reticencia a quedarse atrapada en el rol que la sociedad de la época reservaba a las jóvenes de su posición la lleva a chocar constantemente con el estamento universitario y hasta con sus padres, y ahí es donde entra en juego el Ministerio. Amelia es reclutada por sus conocimientos históricos y su capacidad para ser la líder de la nueva patrulla, pero todavía tiene mucho que aprender en el plano emocional.

Amelia representa una parte de los riesgos que ese trabajo salvaguardando la Historia puede acarrear. No es tanto el precio personal que paga Irene Larra, por ejemplo, sino la losa de saber cuál va a ser tu futuro, tu destino. Ese descubrimiento, motivado por su irrefrenable curiosidad, marca al personaje durante las dos temporadas emitidas hasta ahora de la serie, y colorea su relación con Julián, sobre todo. Amelia puede ser un poco Hermione Granger, pero su tumulto interno la separa de esa sombra. Con el paso de los episodios va adquiriendo más seguridad en sí misma y va dándose cuenta de que ese conocimiento del futuro no puede atenazarla tanto. Su futuro no está escrito.

Los creadores

Pablo y Javier Olivares son dos guionistas muy veteranos de la televisión española. Juntos o por separado, pasaron por series tan emblemáticas como ‘Los Serrano’, ‘Los hombres de Paco’ y, en TV3, participaron en algunos de los títulos de más éxito reciente en Cataluña, como ‘Ventdelplá’. En 2011 pusieron en marcha para TVE dos series de corte histórico, ‘Isabel’, sobre cómo Isabel de Castilla se convirtió en reina de España, y ‘Víctor Ros’, una adaptación de unos libros de Jerónimo Tristante sobre un detective en el Madrid de finales del siglo XIX.

Ese mayor interés en explorar la historia de España, más su afición por la ciencia ficción y las aventuras clásicas, les llevó a crear ‘El ministerio del tiempo’, una serie cuya emisión, a principios de 2015, desató un fenómeno en internet inaudito hasta entonces para una serie española. Por desgracia, Pablo Olivares no pudo ver el éxito de su criatura; falleció de ELA antes de que se terminara de rodar el primer episodio.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘El tiempo es el que es’ (1×01)
  2. ‘Cómo se reescribe el tiempo’ (1×03)
  3. ‘Cualquier tiempo pasado’ (1×05)
  4. ‘Tiempo de leyenda’ (2×01)
  5. ‘Cambio de tiempo’ (2×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: TVE/España
Año: 2015-
Creadores: Pablo y Javier Olivares
Reparto: Rodolfo Sancho, Aura Garrido, Nacho Fresneda, Cayetana Guillén-Cuervo, Jaime Blanch, Juan Gea, Natalia Millán
Temporadas/capítulos: 2 (21)

Anuncios

One comment

  1. Fernando Arriaga Hardisson · junio 13, 2016

    Genial articulo, yo añadiría el último de la primera. “La Leyenda del tiempo” (1×08) como episodio imprescindible, para mi ha sido de los mejores.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s