‘Firefly’

“-Seguimos volando. 
-Eso no es mucho.
-Es suficiente.”

Si nos ponemos técnicos, ‘Firefly’ es un western. Que, al fin y al cabo, es lo que eran casi todas las primeras space operas, cambiando las inabarcables praderas del Salvaje Oeste por la inmensa negrura del espacio. Pero la serie creada por Joss Whedon aún va más allá al crear sus planetas exteriores como si fueran poblados construidos por los primeros pioneros en llegar a California, por ejemplo, y la tripulación de la nave Serenity hasta lleva a cabo una de las tramas más clásicas en los westerns: el asalto al convoy de diligencias.

O al tren, que para ese propósito, viene a ser lo mismo. Hasta su protagonista, Mal Reynolds, iba vestido prácticamente igual que John Wayne en ‘Centauros del desierto’, y Whedon quería, de hecho, que fuera también un poco como Ethan Edwards; se supone que es el protagonista, el “héroe” de la historia, pero es un poco cínico, pragmático, seco, y aunque Reynolds no está motivado por el odio como Edwards, la idea es que estuviera más cerca de ser un antihéroe que otro Han Solo.

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El carácter de Mal se suavizó casi enseguida (una de las múltiples discusiones de Whedon con la cadena, y también porque, en 2002, sólo HBO se atrevía con protagonistas así en sus series), pero lo que nunca pisó el freno fue la serie. ‘Firefly’ sólo duró once episodios en antena (se rodaron otros tres que nunca se emitieron, pero sí se incluyeron en su DVD), y en ellos se contaba la historia de la tripulación de la nave Serenity, un grupo heterogéneo de personas que está a bordo porque huye de algo, porque no tiene otro sitio donde ir o porque le vale con el dinero que consiguen pasando mercancías de contrabando hacia los planetas exteriores de un sistema que sufrió una guerra civil, en la que lucharon (y la perdieron) Mal y su segunda de a bordo, Zoe.

Los planetas interiores, unidos en una Alianza, se dedican desde entonces a oprimir a esos mundos exteriores, más rurales y pobres, mientras realizan unos misteriosos experimentos en jóvenes con dones especiales. La llegada a la nave de una de esas jóvenes, River, es lo que da inicio a la serie, y lo que pone a Mal y su tripulación en el punto de mira de los peores tipos a sueldo de la Alianza.

El misterio de qué pasa con River es la principal mitología de fondo de ‘Firefly’, una mitología de la que apenas se araña la superficie para cuando llegamos al último capítulo, pero por el camino conocemos a un grupo de personajes que son, sin duda, el principal activo de la serie. Desde el propio Mal al piloto Wash, la mecánico Kaylee, siempre alegre,  o Jayne, un mercenario que vendería a quien fuera por ganar un poco más de dinero, las dinámicas que se establecen entre todos quedan perfectamente dibujadas desde el principio, y el humor y la diversión que ofrecen, permiten que la serie se salga con la suya en muchos aspectos. También ayudan a “vender” mejor los momentos más serios y emocionales y la oscuridad de algunas de sus tramas. Los reavers, por ejemplo, son unas de las criaturas más sanguinarias y brutales de la ciencia ficción moderna.

El principal legado de ‘Firefly’ son sus fans, cuyo activo apoyo de la serie consiguió que Joss Whedon pudiera cerrar la historia en una película

‘Firefly’ tiene detrás, además, un mundo futurista muy pensado, en el que expresiones chinas de todo tipo se han colado en el habla coloquial de la gente, y en el que el pasado de los personajes juega un importante papel en lo que les va pasando. Tan crucial es que se vaya desenredando la trama de los experimentos sufridos por River como las heridas emocionales que Mal y Zoe sufren aún de la guerra, o las consecuencias de mezclar sus operaciones de contrabando con los negocios de Inara, algo más que una prostituta de lujo, y que viaja con ellos porque le confiere cierto prestigio a la nave.

Esta serie, además, destaca por la ruidosa comunidad de fans que congregó a su alrededor, los browncoats. Su constante actividad en internet, su compra en masa del DVD de su única temporada y su amor incondicional por la serie consiguió que Joss Whedon tuviera luz verde por parte de Universal para rodar una película que mostrara un poco del camino que habría seguido la serie si no hubiera sido cancelada, ‘Serenity’. Sus componentes de ciencia ficción estaban un poco más acentuados, y se exploraba bastante más la mitología detrás de ‘Firefly’, y el mero hecho de que algo así fuera posible, tres años después de que la serie dejara de emitirse abruptamente, hasta encajaba en el espíritu de resistencia de la tripulación de Mal. “Seguimos volando”.

El personaje

mal

Malcolm Reynolds (Nathan Fillion) era el centro de ‘Firefly’, aunque el resto de personajes tuviera también una gran relevancia. Era su carácter el que definía el tono de la serie, un poco más serio de lo habitual en un título de aventuras en una cadena en abierto, sobre todo porque a Mal le importaba el bienestar de su tripulación y de su nave, y casi nada más. Constantemente estaba en busca de trabajos que le permitieran conseguir suministros, comida, equipo para reparar las averías que pudieran surgir, y en su mente nunca se planteó ser un héroe contra una Alianza que ya le había derrotado en la guerra contra los planetas exteriores. El cinismo de Mal, sin embargo, ocultaba a alguien un poco más romántico, y que no estaba dispuesto a cambiar por nada del mundo la sensación de libertad e independencia que le daba volar en su nave Serenity.

Reynolds termina expresando su sentido de la justicia y su solidaridad por otros en posición más débil, y también decide enfrentarse a la Alianza para saber qué le hicieron a River. Su relación de tensión sexual no resuelta con Inara, la cortesana que vuela con ellos para dar cierta respetabilidad a algunas de sus misiones, explora esas facetas de su carácter que Mal se esfuerza por reprimir porque considera que son las que le fallaron durante la guerra. Es una subtrama muy clásica de las series de Whedon, y el desarrollo como personaje del capitán Reynolds también es muy reconocible para los seguidores de este guionista.

El creador

Joss Whedon (1964) proviene de una familia de guionistas de televisión y cine liderada por su abuelo, John, que escribió para ‘The Donna Reed Show’, y por su padre, Tom, que trabajó en ‘Las chicas de oro’, entre otros títulos. Whedon empezó escribiendo en ‘Roseanne’ y, después, colaboró en los libretos de varias superproducciones de Hollywood, retocándolos sin que su nombre apareciera después en los créditos. Su primer trabajo relevante fue ‘Toy Story’, que le valió una nominación al Oscar junto con otros cinco escritores, y por aquel entonces escribió el guión de una cinta que, después, se transformaría en la serie de televisión que lo haría conocido: ‘Buffy, cazavampiros’.

Así empezó su carrera en la pequeña pantalla, construida con títulos que adquirían estatus de series de culto pero que rara vez aguantaban más allá de la primera o la segunda temporada, con la excepción de la ya mencionada ‘Buffy’ y ‘Ángel’. En 2012 regresó al cine por la puerta grande con el enorme éxito que fue ‘Los Vengadores’, una película en la que estaban presentes bastantes de los rasgos comunes de sus series, desde sus toques de humor y la creación de una familia heterogénea con personas que no encajan en ningún otro sitio, a los momentos más emocionales y duros que llegan de improviso.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Serenity’ (1×01)
  2. ‘Safe’ (1×05)
  3. ‘Out of gas’ (1×08)
  4. ‘The message’ (1×12)
  5. ‘Objects in space’ (1×14)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Fox/Estados Unidos
Año: 2002
Creador: Joss Whedon
Reparto: Nathan Fillion, Morena Baccarin, Jewel Staite, Summer Glau, Alan Tudyk, Gina Torres, Adam Baldwin, Sean Maher
Temporadas/capítulos: 1 (14)

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‘Steven Universe’

“Soy un miembro de las Gemas de Cristal. 
Luchamos contra monstruos 
y protegemos a la humanidad, y esas cosas”

Steven es un niño de unos diez años que vive en un pueblo costero del este de Estados Unidos. Perdió a su madre el día de su nacimiento y tampoco ve tanto a su padre, que tiene un lavadero de coches y que, en su juventud, soñaba con ser una estrella del rock. Steven se ha criado con tres amigas de su madre, tres entes que, en realidad, son Gemas, seres extraterrestres con nombres de piedras preciosas y que, cuando la madre de Steven abandonó su forma corpórea para que él pudiera existir, prometieron protegerlo, cuidarlo y, además, proteger la Tierra de cualquier amenaza que llegara de fuera.

Es un punto de partida bastante particular para una serie de animación orientada a un público infantil, ¿no? Teniendo en cuenta que su creadora, Rebecca Sugar, y parte de su equipo creativo proviene de ‘Hora de aventuras’, una de las series animadas más originales de los últimos tiempos, ya no resulta tan sorprendente que ‘Steven Universe’ sea como es, pero sí es digna de mención la evolución paso a paso que ha tenido la serie.

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Porque cuando arranca la historia, sólo sabemos que Steven es mitad humano, mitad Gema, que tiene ciertos poderes que no ha podido utilizar aún y que las otras tres Gemas, Perla, Amatista y Granate, intentan protegerlo todo lo que pueden de los peligros a los que ellas se enfrentan y, al final, de su propio pasado “familiar”. Enseguida nos familiarizamos con el resto de habitantes de Beach City y con esa vida normal que Steven lleva allí, hasta que va aprendiendo quién era en realidad su madre y de lo que él es capaz.

Es una clásica historia de maduración del héroe y de asunción de su papel en una historia mucho mayor, pero contada con pegadizas canciones, en cómodos episodios de 11 minutos y con una gran influencia en su estilo de dibujo de los animes y los videojuegos. Y que aprovecha que su audiencia va creciendo con la serie, y con Steven, para ir profundizando poco a poco en su vasta mitología y en sus mensajes de amor y tolerancia.

La propia Rebecca Sugar afirma que “siempre planeamos que el mundo fuera abriéndose en frente de Steven porque toda la serie tiene que ser una metáfora del paso de la infancia a la edad adulta y, de repente, cómo entiendes lo que está pasando a tu alrededor”. Así que, según Steven va aprendiendo a manejar sus poderes y va dejando atrás su niñez con su relación con su amiga Connie o su entusiasmo por ayudar a las Gemas en sus misiones, descubre también quiénes son de verdad sus tres “madres” y qué se proponía el resto de su congéneres. De hecho, para ser una serie de animación de Cartoon Network, la progresiva apuesta por la serialización de ‘Steven Universe’ (propiciada también por la programación de sus episodios en tandas diarias que duran una semana, para tomarse después un descanso) es toda una novedad en el género, una novedad que es lo que le ha ganado también seguidores mucho más adultos y grandes elogios entre la crítica.

Los colores brillantes con los que está retratada la serie y la emoción de Steven por asumir su destino, por decirlo de alguna manera, ayudan a contar, en realidad, una historia un poco más seria de individuos que tienen que marcharse de su hogar porque allí se salen de las normas establecidas, y que encuentran en la Tierra una familia adoptiva que haría cualquier cosa por ellos. Conforme descubrimos el pasado de Granate, el origen de Amatista o la relación de Perla con Rosa Cuarzo, la madre de Steven, la serie adopta matices bastante más adultos y se va permitiendo comentarios sobre la identidad de género y la importancia del consentimiento en las relaciones amorosas que son los que le han ganado un puesto entre los títulos más comentados por cierta crítica estadounidense.

La mitología detrás de ‘Steven Universe’ se va desvelando poco a poco, al mismo tiempo que su protagonista la va descubriendo

‘Steven Universe’  es una muestra de algunas cosas muy interesantes que está haciendo la animación infantil-juvenil estadounidense en la primera mitad de esta década. Los dibujos animados tratan con respeto y cierta seriedad temas que series de acción real no se atreven a tocar, como hace la creación de Rebecca Sugar con la fluidez en la identidad de género o con los sentimientos sin resolver entre las Gemas, que adoptan a Steven cuando nace, y su padre, que se lo entrega a sabiendas de que no podrá verlo todo lo que le gustaría. Todo esto se cuenta a través de unos personajes muy bien definidos y que logran ser entrañables enseguida, ya sea una villana siempre frustrada porque nadie es capaz de hacer las cosas bien o el lado más vulnerable de Perla, siempre obsesionada por seguir las normas.

Que los personajes con capacidades mágicas (con superpoderes, directamente) se presenten con forma femenina, menos Steven, es otra de las notas más definitorias de la serie, y lo que le permite escapar de las caracterizaciones habituales en animación de que este título se crea para los chicos y éste, para las chicas (divisiones que se establecen para poder vender luego merchandising de la misma manera).

Sin embargo ‘Steven Universe’ se resiste a ser categorizada. Uno de los mejores ejemplos de lo que la hace diferente es una de sus clásicas canciones, en la que Steven canta “todo lo que quiero ser es una mujer gigante”. ¿Quiénes somos nosotros para negarle su deseo?

El personaje

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Steven es el protagonista de ‘Steven Universe’ y el personaje cuya evolución vamos siguiendo en todos los episodios, pero quien mejor representa lo que es la serie es Granate (Estelle). Esta Gema se presenta desde el principio como la más calmada de las tres, la que posee una presencia física más imponente y la que suele tomar las decisiones más complicadas. No habla demasiado y no suele expresar sus sentimientos, pero enseguida queda claro que haría cualquier cosa por Steven.  Y que hay algo más en ella, algo que no conseguimos averiguar de primeras, pero que le da cierta aura de misterio.

Cuando la serie introduce el concepto de la fusión, la unión armoniosa de dos Gemas para formar una más grande y poderosa, entendemos qué es Granate, que encarna a la perfección el mensaje de amor y respeto de la serie. Granate está formada por dos Gemas, Rubí y Zafiro, que deciden mantenerse fusionadas porque se quieren y no soportan estar una lejos de la otra, incluso aunque a veces discutan y no se pongan de acuerdo. La manera en la que Steven acepta la verdadera naturaleza de Granate representa perfectamente lo que ‘Steven Universe’ quiere contar sobre las relaciones con otras personas.

La creadora

Rebecca Sugar (1987) es la primera mujer que crea en solitario una serie para Cartoon Network, uno de los canales de animación más importantes de Estados Unidos. Se dio a conocer en el que fue también su primer trabajo en Hollywood, como guionista y responsable de las canciones de ‘Hora de aventuras’, una peculiar serie sobre un mundo postapocalíptico en el que se mueven un niño y su perro mágico. Las canciones de Sugar mezclan el folk, las sintonías de videojuegos y ayudan a que el público comprenda mucho mejor a los personajes, y fueron su principal carta de presentación con ‘Steven Universe’.

Esa serie está creada basada en gran parte en su infancia con su hermano y en su amor por la fantasía, la ciencia ficción y cómo esas historias formaban una parte importante de sus vidas. También cree que esas historias pueden ayudar a formar al público, a normalizar aspectos de la realidad que, a lo mejor, no pueden ver de otra manera, como una relación entre dos personajes del mismo sexo o la capacidad de los personajes femeninos de ser las heroínas de sus propias historias.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Giant woman’  (1×12)
  2. ‘Jailbreak’ (1×49)
  3. ‘Sworn to the sword’ (2×09)
  4. ‘The answer’ (2×25)
  5. ‘Gem drill’ (3×02)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Cartoon Network-Estados Unidos
Año: 2013-
Creadora: Rebecca Sugar
Reparto (voces): Zach Collison, Estelle, Deedee Magno, Michaela Dietz
Temporadas/capítulos: 3 (86)

‘Dark Matter’

“-Tienen una historia de violencia, inestabilidad mental,
comportamiento antisocial extremo, engaño…
-Lo que importa es quiénes son ahora”.

Una nave espacial averiada y seis desconocidos que se despiertan de una estancia en hibernación sin recordar quiénes son. Sobre esa base se construye ‘Dark Matter’, una evolución en el género de la space opera en la que las expediciones de la nave importan menos que el propio viaje de los personajes hacia el redescubrimiento de quiénes son. O, viendo su historial pasado, hacia quiénes quieren ser a partir de ese momento.

En ‘Dark Matter’, los protagonistas son los que, habitualmente, serían los malos, una tripulación de mercenarios con reputación de ser eficientes, despiadados y, también, brutales, pero que comienzan la historia en desventaja con todos los rivales que gente así tiene por defecto. Ellos no se acuerdan de quiénes son y tampoco de cómo llegaron a la nave, y sólo tienen claro que, mientras estuvieron hibernando, alguien les borró la memoria de un modo deliberado. ¿Pero quién? ¿Y con qué objetivo?

Mientras intentan resolver esas preguntas, tienen que seguir cumpliendo misiones que no recuerdan haber aceptado y, al mismo tiempo, deben decidir si quieren conocer su pasado o no. Su nueva situación, en la que deciden numerarse en lugar de utilizar unos viejos nombres que se han escapado de su mente, puede significar una segunda oportunidad para ellos. O a lo mejor no, porque el pasado siempre vuelve para cobrar las consecuencias de sus actos.

Ese énfasis en la memoria y en los posibles traumas de la “vida anterior” de los protagonistas da a la serie un punto de vista ligeramente diferente de otras apuestas del mismo estilo. El grupo incluye algunos de los arquetipos más reconocibles de las space operas, desde el mercenario socarrón a la joven con gran dominio de la tecnología, pasando por el asesino de pocas palabras y la androide que controla la nave, pero algunos de ellos se van saliendo ligeramente del molde al evolucionar por caminos menos esperados. La androide, por ejemplo, sigue la típica evolución del desarrollo de algo parecido a sentimientos, pero su lógica manera de afrontarlo indica el esfuerzo por presentar una serie un poco distinta de sus dos responsables, dos veteranos de la saga ‘Stargate’ como Paul Mullie y Joseph Mallozzi.

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Ambos hacen girar las tramas hacia esa decisión que todos los protagonistas deben tomar sobre si quieren recuperar sus identidades pasadas o comenzar de nuevo, aunque hacerlo como una tabula rasa no es factible. Pequeños rasgos de sus personalidades aparecen cuando menos lo esperan, como el letal entrenamiento de Dos, la capitana de la nave, en el combate cuerpo a cuerpo, o la facilidad de la joven Cinco para arreglar cualquier equipamiento defectuoso. No pueden dejar de ser quiénes son, aunque intenten cambiar.

Los personajes de ‘Dark Matter’ intentan dejar atrás quiénes eran, pero sus pasados siempre se vuelven contra ellos

¿Pero pueden hacerlo? Ése es el otro tema de ‘Dark Matter’ y, curiosamente, las dudas de sus personajes sobre todo esto los ponen en desventaja ante el mundo cínico y materialista en el que se mueven. Hay otras bandas de mercenarios y codiciosas corporaciones espaciales que quieren bien utilizarlos, bien quitárselos de en medio para seguir traficando y lucrándose con los recursos de planetas enteros, y al fondo tenemos también unas pinceladas de negocios de clonación humana que pintan un panorama todavía más complejo.

La tripulación de la Raza (así es como se llama la nave) se desplaza a estaciones orbitales y a otros planetas llevando a cabo las misiones que les encargan, o buscando respuestas sobre sus respectivos pasados, pero el misterio que la serie se dedica a desgranar es el de los propios personajes. Todos afrontan, de algún modo, un camino de redención y una especie de día del juicio personal por los pecados que cometieron en una fase de sus vidas que no recuerdan. Su misión, si quieren aceptarla, es asumir dichos pecados y seguir adelante, ignorarlos o buscar penitencia por ellos. Porque han de saber que no se van a quedar olvidados en el pasado.

El personaje

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Dos (Melissa O’Neil) es el personaje cuyo viaje tarda más en empezar a aparecer, pero es uno que plantea interesantes preguntas, y preguntas de nuevo muy clásicas de la ciencia ficción. Cuando despierta en la nave, lo único que sabe seguro es que su memoria muscular, su instinto, es el de una soldado realmente fuerte y eficiente en la lucha sólo con sus manos y su cuerpo, y adopta rápidamente el rol de líder del grupo y de comandante de la Raza. Más allá de eso, no está segura de nada más, y cuando descubre parte de su reputación, prefiere que la sigan llamando por el número que se le asignó al salir de la hibernación, antes que por el nombre de alguien que parece ser una fría y despiadada mercenaria.

Los intentos de Dos por afirmar su identidad, por averiguar por qué es ligeramente diferente, físicamente, a sus compañeros y por descubrir al culpable de que todos estén amnésicos no son el centro de la serie, pero son una de sus tramas más interesantes. Es el personaje en el que mejor se representa la pugna por entregarse a los vicios del pasado o por buscar un camino nuevo en el futuro de todos los personajes, una segunda oportunidad que ni ella misma tiene muy claro que ninguno merezca.

Los creadores

Paul Mullie y Joseph Mallozzi (1965) son dos guionistas con experiencia en la ciencia ficción y, más específicamente, en las space operas tras su paso tanto por ‘Stargate SG-1’ como ‘Stargate Atlantis’ y ‘Stargate Universe’. Mallozzi empezó a desarrollar ‘Dark Matter’ cuando aún trabajaba en la primera de ellas, pero nunca tuvo tiempo de presentarla como una serie independiente. Cuando terminó la última de las series de la saga, Mallozzi y Mullie optaron por desarrollar primero un cómic porque, como reconocía el primero en una entrevista en la web Blastr, “sé que las ideas originales son difíciles de vender, pero si trabajas a partir de una propiedad establecida, la convierte en algo más tentador para los compradores”.

La editorial Dark Horse publicó cuatro números del cómic en 2012, y los dos primeros fueron el punto de partida para la serie, que acabó desarrollándose como una adaptación de la novela gráfica, en lugar de como una serie original. ‘Dark Matter’, además, aterrizó en Syfy en una época en la que el canal estaba volviendo a sus orígenes en la ciencia ficción un poco más dura y en las historias ambientadas en el espacio, un camino que había abandonado en 2009 al cambiar su imagen de marca en busca de un público más amplio. ‘Stargate Universe’, de hecho, fue la última de esas space operas que emitió Syfy antes de girar hacia series más de tipo fantástico y más ligeras.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×05
  3. 1×10
  4. 1×12
  5. 1×13

Ficha

Cadena/nacionalidad: Space-Syfy/Canadá
Año: 2015-
Creadores: Paul Mullie y Joseph Mallozzi
Reparto: Roger Cross, Melissa O’Neill, Zoie Palmer, Marc Bendavid, Jodelle Ferland, Anthony Lemke
Temporadas/capítulos: 2 (26)
Otros: Basada en el cómic del mismo título

‘Dollhouse’

“La mente humana es como Van Halen.   
Si quitas una parte y no haces más que sustituirla, se degenera”.

Dos años antes de que Joss Whedon facturara una de las películas más taquilleras de todos los tiempos (‘Los Vengadores’), no era más que un guionista que arrastraba un culto de fans gracias a sus trabajos en televisión. ‘Buffy, la cazavampiros’ había renovado el género de instituto, casi sin que nadie se diera cuenta, utilizando vampiros, demonios y monstruos variados como alegorías de todos los temores habituales cuando uno está dejando atrás la adolescencia y entrando en la edad adulta, y aunque sus siguientes series no tuvieron el mismo éxito (‘Angel’ aguantó cinco temporadas en antena, pero a ‘Firefly’ sólo le dio tiempo a emitir once de los catorce capítulos que tenía rodados cuando FOX la canceló), cualquier noticia sobre un nuevo proyecto suyo enseguida provocaba que internet echara humo.

En 2008, se anunciaba que Whedon volvía a televisión, después de un intento fallido por poner en pie una película sobre Wonder Woman, y que lo hacía en una serie al servicio de Eliza Dushku, una de las actrices que habían pasado por ‘Buffy’, y que tenía un contrato de desarrollo de nuevos proyectos con FOX. La serie se llamaría ‘Dollhouse’, casa de muñecas, y tendría una premisa bastante original, pero que era al mismo tiempo un potencial campo de minas.

Esa casa de muñecas del título hacía referencia a una empresa que proporcionaba todo tipo de servicios a los clientes que pudieran pagarlo, servicios que llevaban a cabo los empleados de la casa, a los que se implantaba toda una gama de habilidades y recuerdos (y una personalidad) para que pudieran completar la tarea asignada. Una vez la finalizaban, esa identidad era borrada de su “sistema” y los “muñecos” quedaban como una tabula rasa, listos para recibir una nueva “misión” y, por tanto, una nueva personalidad. Lo perturbador de todo esto es que los activos de la casa de muñecas no eran robots; eran personas.

El punto de partida ya hacía que ‘Dollhouse’ tuviera unas implicaciones muy inquietantes. En cada capítulo veíamos a Echo, la protagonista, asumir diferentes identidades y realizar diferentes trabajos para los clientes de la empresa, y al espectador le resultaba muy difícil no pensar que, para muchos de esos clientes, la casa de muñecas no era más que un servicio de prostitutas de lujo, uno en el que podían elegir hasta el último detalle qué tipo de chica querían que fuera su acompañante esa noche, o ese día, o ese fin de semana. Al emitirse en una cadena en abierto como FOX, ‘Dollhouse’ nunca se adentró por ese territorio, pero era inevitable que no planeara sobre todos los episodios como una oscura sombra.

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La serie sí mostraba cómo el “borrado” de la mente de los activos no era tan perfecto, cómo quedaban leves trazos de cada personalidad en ellos, y cómo terminaba provocando que algunos de ellos empezaran a “despertar”, a readquirir su sentido de la individualidad y la autoconsciencia, y eso acarreaba muchos problemas. De hecho, la idea que latía bajo cada capítulo era que esa tecnología de implante de personalidad en otras personas podía ser tremendamente peligrosa si caía en manos de gente con dinero, poder y pocos escrúpulos. Llevaba al extremo la idea de la rebelión de los robots, pero aplicando casi los mismos principios que llevaban a que las máquinas se alzaran contra sus maestros humanos a personas corrientes, personas que se habían visto en dificultades y habían acabado en manos de la casa de muñecas, que se había aprovechado de ellas y las explotaba en su propio beneficio como esclavos sin voluntad.

Había, por supuesto, un agente del FBI que empezaba a investigar la casa de muñecas, sin saber muy bien dónde se estaba metiendo, y antiguos “muñecos” cuyos cerebros no habían podido soportar tanta descarga y borrado de personalidades diferentes, y en la segunda temporada, la serie exploró, a través de flashforwards, cómo sería un futuro en el que esa tecnología fuera portátil y estuviera al alcance de cualquiera con los suficientes medios para hacerse con ella. El subtexto de ‘Dollhouse’ era aterrador, pero nunca se llegó a mostrar del todo. Jugaba con las teorías sobre el control mental, la hipnosis, sobre la capacidad de sugestión y sobre los mensajes subliminales, temas que habían estado muy de moda durante la Guerra Fría, y también utilizaba otro tema todavía más viejo; la opresión de los más desfavorecidos por parte de los poderosos, y cómo los oprimidos acaban tomando conciencia de su identidad y despiertan.

El personaje

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Echo podía ser la protagonista de ‘Dollhouse’, pero pocos personajes encapsulan tan bien lo que es la serie como Topher (Fran Kranz), el técnico responsable de “cargar” las nuevas identidades en los muñecos y de borrarlas cuando finalizan su misión, de tal manera que, mientras no estén activos, sean lo más parecido a tablas rasas ambulantes, y prisioneras en la casa. Topher representa, inicialmente, uno de los arquetipos más recurrentes en las series de Joss Whedon, el del experto en tecnología, el geek del grupo, que es un poco más excéntrico que los demás y que, al principio, tiene el rol del secundario gracioso que a todo el mundo cae simpático. Topher está contento con su trabajo en la casa, siempre buscando mejoras en su tecnología y solucionando cualquier problema que pueda haber con los muñecos, y su evolución a lo largo de la serie va pareja a las revelaciones sobre lo que hay detrás, realmente, de la casa de muñecas.

La historia de cómo Sierra acaba en la empresa, por ejemplo, es uno de los momentos más inquietantes de ‘Dollhouse’, uno que apunta la dirección en la que iba a moverse el futuro de ese mundo, y en el que  Topher toma consciencia de que, tal vez, lo que él ha estado haciendo no es tan “chulo” como pensaba. Las secuelas de los sucesivos borrados e implantes de personalidades son muy reales (hay otro personaje en la serie, la doctora Saunders, que lo prueba), y las implicaciones que esa tecnología tiene, si cae por completo en manos de hombres poderosos, terminan por transformar al personaje.

Los creadores

Joss Whedon era el impulsor de ‘Dollhouse’, pero como de él hablaremos bastante más adelante, fijémonos en dos de sus más estrechos colaboradores en esa serie, su hermano Jed (1975) y Maurissa Tancharoen (1975). Este matrimonio de guionistas es responsable, en la actualidad, de ‘Agents of SHIELD’, pero empezó a hacerse notar gracias a su participación en ‘Dr. Horrible’s Sing-Along Blog’, una serie web que Joss Whedon concibió y rodó durante la huelga de guionistas de la temporada 2007/08.

Los dos aportaron canciones, principalmente, a la historia de un aspirante a supervillano que se enamora de una chica a la que también pretende un arrogante superhéroe, y después tuvieron la oportunidad de probarse como guionistas de ‘Spartacus’. La serie de Starz contaba de nuevo la revuelta de Espartaco contra Roma con un estilo visual muy dramático, con sexo y violencia muy explícitos, y con el paso de las temporadas, bastantes críticos acabaron encontrándola mucho más interesante de lo que parecía en un principio.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Needs’ (1×08)
  2. ‘Epitaph One’ (1×13)
  3. ‘Belonging’ (2×04)
  4. ‘The Attic’ (2×10)
  5. ‘The Hollow Men’ (2×12)

Ficha

Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Creador: Joss Whedon
Año: 2009-10
Reparto: Eliza Dushku, Tahmoh Penikett, Olivia Williams, Fran Kranz, Dichen Lachmann, Enver Gojkaj
Temporadas/capítulos: 2 (26)

‘Torchwood’

“¿No te preguntas a veces cuánto puedes sobrevivir
antes de volverte loco, o morir o perder a un ser querido?”

¿Y si hubiera una brecha espacio-temporal en la Tierra, y no sólo en la Tierra, sino bajo la bahía de Cardiff, y por ahí entraran todo tipo de alienígenas sedientos de sangre? ¿Quién se encargaría de protegernos de ellos? La respuesta es el Instituto Torchwood, una creación de la era moderna de ‘Doctor Who’ y que, inicialmente, fue creado por la reina Victoria justo para controlar al propio Doctor.

La serie introdujo esa organización en su segunda temporada, en la que ya era todo un éxito de audiencia en BBC y había vuelto a recuperar su posición como una verdadera institución cultural británica, al nivel pop de James Bond y Harry Potter. El Instituto tenía gran protagonismo en el tramo final de aquella temporada, en preparación para el spin off que Russell T. Davies estaba desarrollando, y ya dibujaba las líneas maestras detrás de su funcionamiento. Una de ellas era que los agentes de Torchwood tenían un alto riesgo de morir en cumplimiento del deber.

En realidad, la idea del spin off había surgido con dos episodios de la etapa de Christopher Eccleston como Doctor. Rose, su acompañante, y él habían viajado al Londres del blitz, o lo que es lo mismo, de los bombardeos constantes de la aviación alemana durante la Segunda Guerra Mundial, y habían conocido a un timador lleno de encanto, y capaz también de viajar en el tiempo, que se hacía llamar capitán Jack Harkness. La entrada de ese personaje en la serie, y la manera en la que John Barrowman, su intérprete, transmitía su personalidad juguetona y aventurera, flirteando no sólo con Rose, sino también con el Doctor, lo convirtió rápidamente en uno de los favoritos de los fans. Harkness siguió apareciendo aquí y allá en la primera temporada y, para cuando se emitió el último episodio, había presentado de sobra sus credenciales para protagonizar su propia serie.

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Ésta era ‘Torchwood’, un spin off con un tono más adulto que el familiar de ‘Doctor Who’, aunque al principio se confundió eso con más sexo y más sangre. En realidad, el tono venía marcado por la evolución que aquel último capítulo de la primera temporada de la serie madre había tenido en Harkness. El timador había decidido sacrificarse heroicamente por sus amigos, pero eso había generado una consecuencia imprevista: Jack era inmortal.

¿Cómo es una persona que sabe que no puede morir? ¿Que lo ha intentado incontables veces, sólo para regresar a la vida al poco tiempo? ¿Cómo puede afectar a Harkness darse cuenta no sólo de que es inmortal, sino que está atrapado en la Tierra en el siglo XIX y que no tiene los medios para viajar en el tiempo y buscar al Doctor? ‘Torchwood’ es más oscura porque su protagonista lleva siglos intentando dar con el Doctor para que le explique no sólo que le ha pasado, sino para que le ayude a solucionarlo. La inmortalidad no es un regalo para Jack. Sí, se aprovecha en ocasiones de ella para seguir con sus timos, pero es más una carga para él. Desconocer la causa de su incapacidad para morir tampoco ayuda, y todo eso influye en el Jack Harkness que se presenta ante el espectador en el arranque de ‘Torchwood’.

Éste sigue el clásico esquema de introducir a la audiencia en ese mundo a través de los ojos del nuevo integrante del grupo, en este caso, una policía llamada Gwen Cooper. Su llegada no sólo nos presenta al resto de personajes y el mundo en el que se mueven, sino que empieza a suscitar una cierta evolución en Harkness. Deja de estar desconectado de una vida que no puede abandonar y empieza a involucrarse más en ella.

‘Torchwood’, que recibe su nombre del anagrama con el que se enviaban las cintas de ‘Doctor Who’ del rodaje en Gales a Londres, para evitar filtraciones, va llevando a sus personajes por caminos emocionalmente muy complicados mientras presenta capítulos centrados en alienígenas que necesitan la energía del orgasmo para sobrevivir, viajeros del tiempo que se dedican también a las estafas, como Jack, parásitos de la memoria, personas atrapadas en un bucle temporal, hadas que no se parecen en nada a las de los cuentos… En todos esos episodios se nota la influencia de las series de Joss Whedon, sobre todo en las resoluciones emocionales de bastantes personajes, y de ‘Expediente X’, y se explora cómo ese trabajo tan extraordinario afecta a unos agentes que, hasta entonces, llevaban vidas bastante mundanas. El carácter especial de dicho trabajo se enfatiza en la voz en off que arranca todos los capítulos en las dos primeras temporadas, y que explica que ‘Torchwood’ está “fuera del gobierno, más allá de la policía” y que su labor es “armar a la raza humana contra el futuro”.

‘Torchwood’ tenía un tono un poo más oscuro y adulto porque su protagonista principal, el capitán Jack Harkness, era inmortal

Es una serie bastante irregular, algo que Chris Chibnall, su responsable en las dos primeras entregas, explicaba diciendo que “en cuanto a la gente que hacía la serie, y en cuanto a las notas que nos dio la BBC, eran ser atrevidos y diferentes, y peculiares y extraños, lo que hicimos mejor o peor y con mayor o menor éxito en diferentes episodios” con un tramo muy notable de episodios en la segunda temporada y en la tercera, que es esencialmente una miniserie en la que lo que queda del Instituto Torchwood se enfrenta a la nebulosa amenaza de unos extraterrestres que expone las hipocresías de los gobiernos. Esos cinco capítulos llevan a los personajes a extremos que resultan difíciles de mantener más allá, y prueba que ‘Torchwood’ siempre ha tenido mucha querencia por probar cosas nuevas y, valga la redundancia, extremas. La cuarta entrega, con su punto de partida de un mundo en el que, de la noche a la mañana, nadie muere, es un buen ejemplo de esa tendencia.

Su mejor caso, probablemente, sea el que explora qué ocurre cuando alguien desaparece en la brecha espacio-temporal bajo la bahía de Cardiff y, aunque regresa a casa, lo hace cambiado hasta el punto de ser irreconocible. ¿Cómo pueden sus seres queridos aceptarlo de vuelta, por mucho que quieran? En la exploración emocional de las consecuencias que tiene trabajar para Torchwood es donde la serie da lo mejor de sí misma. Ahí, y en la evolución de Gwen Cooper, especialmente en su relación con Jack, al que los fantasmas de todo lo que ha hecho en su larga vida nunca dejan en paz.

El personaje

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‘Torchwood’ se creó a mayor lucimiento de Jack Harkness y, especialmente, de su intérprete, John Barrowman. Hasta que participó en la primera temporada de ‘Doctor Who’, era un actor sobre todo de musicales del West End londinense, con alguna que otra aparición en películas del mismo género. Harkness lo propulsó al estrellato más geek gracias al lado sarcástico y vacilón del personaje, definido muchas veces como omnisexual. Jack, sin embargo, empieza la serie más taciturno que en ‘Doctor Who’. Era inevitable si había pasado siglos dándose cuenta de que era inmortal, pero sin saber por qué, y sin encontrar al Doctor, la única persona que puede ofrecerle alguna explicación.

Harkness es el líder del equipo de ‘Torchwood’ y, como tal, es el que siempre asume las decisiones más complicadas. A veces es demasiado impulsivo, y el peso de la carga de la inmortalidad es una de las razones por las que la primera temporada de la serie no termina de alcanzar el nivel que sí tendrá en la segunda y, sobre todo, en la tercera. No obstante, Jack es un gran personaje, lleno de contradicciones entre su reticencia a ser un héroe y su capacidad de sacrificio por quienes le importan, y que sí consigue recuperar gran parte de la chispa que tenía en su serie madre.

El creador

La idea de ‘Torchwood’ salió de la cabeza de Russell T. Davies, el responsable de la resurrección de ‘Doctor Who’, pero fue Chris Chibnall quien se encargó de supervisar más de cerca la serie. Chibnall es un veterano guionista, y fan de ‘Doctor Who’, que ya había escrito algún episodio para esa serie cuando empezó a trabajar en ‘Torchwood’. Después, se especializaría en títulos policiacos como ‘Law & order UK’ o ‘Broadchurch’, y él mismo reconoce que la primera temporada era una locura que estaba aún buscando su tono y su camino.

Chibnalll también experimentó un curioso fenómeno, y que es que, durante un par de años, ‘Torchwood’ fue mucho más popular en Estados Unidos que ‘Doctor Who’. La primera era emitida por BBC America, que podía promocionarla de un modo que Syfy no podía hacer con la segunda, y hasta se llegó a buscar un acuerdo de co-producción con Starz para ‘Miracle Day‘, la cuarta temporada. Las tornas cambiaron cuando la rama estadounidense de la cadena pública británica se hizo con los derechos de la serie madre. Chibnall, además, será el nuevo productor ejecutivo de ‘Doctor Who’ después de Steven Moffat.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Random shoes’ (1×09)
  2. ‘Out of time’ (1×10)
  3. ‘Adam’ (2×05)
  4. ‘Adrift’ (2×11)
  5. ‘Day four’ (3×04)

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC-Starz/Reino Unido-Estados Unidos
Año: 2006-11
Creador: Russell T. Davies
Temporadas/capítulos: 4 (41)
Reparto: John Barrowman, Eve Myles, Naoko Mori, Burn Gorman, Gareth David-Lloyd
Otros: Spin off de ‘Doctor Who’.

‘Star Wars Rebels’

“Si todo lo que haces es luchar por tu propia vida,
entonces tu vida no vale nada”.

En 1999, George Lucas volvía al universo de ‘La guerra de las galaxias’ con la primera de una nueva trilogía de películas que debía contar la vida de Anakin Skywalker y cómo pasó de ser la gran esperanza para lograr el equilibrio en la Fuerza y en la Galaxia, a uno de los malos más icónicos, y trágicos, de la historia del cine. ‘La amenaza fantasma’, ‘El ataque de los clones’ y ‘La venganza de los Sith’ eran los últimos capítulos en una saga que había arrancado en 1977 y que se había extendido no sólo en dos secuelas (‘El Imperio contraataca’ y ‘El retorno del jedi’), sino a través de un vasto universo expandido de novelas, cómics, videojuegos y, por supuesto, series de televisión.

Las primeras producciones televisivas de ‘Star Wars’ fueron animaciones muy orientadas a los niños, y centradas en los ewoks y los droides (en concreto, en C3-PO y R2-D2), pero que duraron poco en antena a mediados de los 80, y tampoco dejaron una impresión demasiado duradera en sus espectadores. Cuando se estrenaron las precuelas, precedidas de un reestreno en cines de la trilogía original, remasterizada y con nuevas escenas añadidas, Lucas quiso recuperar también las series de su universo galáctico, que se encargarían de continuar la historia de las nuevas películas. En realidad, su idea era que la serie, con el título de ‘Clone Wars’, conectara los eventos de ‘El ataque de los clones’ con ‘La venganza de los Sith’. Terminó habiendo dos series, una creada por Genndy Tartakovski y la siguiente, llamada ‘The Clone Wars’, supervisada por Dave Filoni, un veterano guionista y productor de la animación estadounidense.

‘The Clone Wars’ sobrevivió seis temporadas en Cartoon Network, contando cómo Anakin Skywalker iba dejándose tentar por el Lado Oscuro y cómo eso repercutía en el nacimiento del Imperio y en los jedis a su alrededor. Sin embargo, a pesar de las buenas críticas y de los fieles fans que la seguían, la serie terminó cuando Disney compró Lucasfilm, y fue sustituida por otra que estuviera más cerca de las nuevas películas de ‘Star Wars’ que el estudio quería producir.

Así surgió ‘Star Wars Rebels’, una aventura mucho más cercana, en tono, a ‘Una nueva esperanza’ (el episodio IV) y que introducía a un nuevo grupo de personajes, varias décadas después de ‘La venganza de los Sith’, con la galaxia sometida ya al Imperio y con los jedis prácticamente exterminados. Es un punto de partida que permite que surja un clásico viaje del héroe como el que emprende Ezra, un chaval huérfano que sobrevive como puede hasta que se topa con la tripulación de la nave Ghost, un grupo heterogéneo que también tira de lo que encuentra a mano para salir adelante. En este caso, suele ser el transporte de contrabando entre diferentes planetas ocupados por el Imperio. Un cúmulo de circunstancias lleva a que Ezra termine viajando con Hera, Kanan, Zeb y el droide Chopper, y a que acabe descubriendo que está llamado a mucho más que a quedarse en su planeta natal de Lothal y dedicarse a robar fruta de los puestos callejeros.

No es que Ezra sea una nueva versión de Luke Skywalker, pero sí que encaja en el mismo arquetipo que él; el del joven normal y corriente que descubre que tiene un poder extraordinario, y que debe decidir qué hace con ese poder. ¿Lo utiliza para ayudar a la gente? ¿O se lo guarda para sí mismo? Las dudas de Ezra son similares a las de la tripulación de la Ghost cuando se encuentran con lo que acabará siendo la Alianza Rebelde. ¿Prefieren seguir trampeando y viviendo sólo para ellos, o se unen a la lucha contra un Imperio que cada vez extiende y fortalece más su yugo sobre la galaxia?

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‘Star Wars Rebels’ no sólo recupera el tono de aventuras de la trilogía original de ‘Star Wars’, sino que gira alrededor de asuntos muy clásicos en ese universo, desde el dilema entre buscar sólo la propia supervivencia o entregarse a un bien común, a algo mayor que una sola persona, a la necesidad de contar con una comunidad en la que apoyarse en tiempos difíciles. Al fin y al cabo, la serie está ambientada en una época oscura para la galaxia, con los jedis aniquilados. Todo lo que queda de ellos son templos olvidados y abandonados y Kanan, que nunca llegó a completar su entrenamiento antes de que entrara en vigor la Orden 66 que les dio fin.

Esa melancolía y esa oscuridad se asoman de vez en cuando a ‘Star Wars Rebels’, que no deja de estar dirigida a un público infantil-juvenil y, como tal, opta por ir presentando a sus personajes con diferentes misiones que cumplir en cada capítulo. Pero la presencia de los Inquisidores, del agente Callus, y la sombra constante de Darth Vader dan a la serie un toque, de vez en cuando, un poco más inquietante. ‘Star Wars Rebels’, como ocurría también con ‘The Clone Wars’, se va volviendo un poquito más seria con el paso de los episodios. Aunque veamos cómo los rebeldes consiguen pequeñas victorias contra el Imperio, también sabemos que, hasta ‘El retorno del jedi’, éste no es derrotado, por lo que los protagonistas de la serie tienen por delante momentos todavía más difíciles por superar.

Y para que se note que forma parte de un universo expandido y unificado con las películas, por la serie se pasean personajes clásicos tanto de éstas como de la anterior serie animada de ‘Star Wars’, de Chewbacca o Lando Calrissian a algunos participantes de las Guerras Clon. ‘Star Wars Rebels’ es una space opera de aventuras muy consciente de cuál es su público, pero también que un parte muy importante de la saga es la lucha interior entre el Lado Oscuro de la Fuerza y el de la Luz.

El personaje

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El protagonista de ‘Star Wars Rebels’ puede ser Ezra, pero el personaje que va adquiriendo más importancia con el paso de los episodios es Kanan (Freddie Prinze Jr.), el aprendiz de jedi que no pudo completar su formación porque el naciente Imperio acabó con todos sus maestros. Kanan acepta a regañadientes que Ezra se una a su equipo, y también se resiste a dejarse convencer por Hera, la piloto de su nave, para que se integren más a fondo en la Alianza Rebelde, para que dejen de ser pequeños contrabandistas siempre perseguidos por el Imperio, y pasen a luchar contra él de una manera más directa. En Kanan se ve el miedo a asumir quién es, a darse cuenta de que es un jedi y de que no puede esconderse de su destino, que no puede mantenerse al margen de lo que está pasando a su alrededor.

El viaje iniciático de Ezra es también el de Kanan hacia convertirse en ese líder que se resistía a ser. Para él, dar ese paso implica, de algún modo, revivir el pasado, retomar un camino que se truncó de forma violenta, pero es lo que debe hacer. Kanan va mostrando una gran capacidad de sacrificio y de comprensión del curso de acción a seguir en cada momento, aunque también puede ser terco y negarse a asumir algunas cosas que tiene delante de sus narices. Y resulta curioso que ‘Star Wars Rebels’ presente desde el principio, y de una manera muy sutil, que entre Kanan y Hera hay una relación que va más allá del liderazgo de su grupo, o de la confianza que pueden tener uno en el otro. De momento, es la única relación romántica de la serie, pero no queda explícita ni se trata como algo especial.

Los creadores

‘Star Wars Rebels’ tiene tres creadores, Simon Kinberg, Carrie Beck y Dave Filoni, pero es Filoni quien la supervisa. Este guionista y director es todo un veterano de la animación de Lucasfilm, pues también trabajó anteriormente en ‘The Clone Wars’, y empezó a formarse un nombre en una de la series animadas de más éxito en los últimos tiempos, ‘Avatar: The last airbender’. Filoni colaboró muy de cerca con George Lucas en la creación de aquella primera serie, y siempre se ha mantenido fiel al espíritu de las primeras películas de la saga.

En cuanto a los otros dos creadores, Simon Kinberg es un veterano guionista de Hollywood, responsable entre otras de las películas de ‘X-Men’ dirigidas por Bryan Singer, mientras Carrie Beck es una productora involucrada, sobre todo, con los títulos de animación de Lucasfilm y, en concreto, los situados en el universo de ‘Star Wars’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Call to action’ (1×12)
  2. ‘Fire across the galaxy’ (1×14)
  3. ‘The siege of Lothal’ (2×01)
  4. ‘The future of the Force’ (2×09)
  5. ‘Twilight of the apprentice’ (2×20)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Disney XD/Estados Unidos
Año: 2014-
Creadores: Dave Filoni, Simon Kinberg y Carrie Beck
Reparto (voces): Freddie Prinze Jr., Taylor Gray, Vanessa Marshall, Steve Blum, Tiya Sicar, David Oyelowo
Temporadas/capítulos: 2 (25)
Otros: Basada en el universo de ‘Star Wars’, de George Lucas

‘Perdidos’

¿Por qué quieres marcharte de la isla?
¿A qué quieres volver tan desesperadamente?

En la televisión de los últimos años, hay pocos fenómenos que estén a la altura de lo que fue ‘Perdidos’. La historia de los supervivientes de un accidente de avión, aislados en una isla misteriosa, desató toda una histeria por internet de teorías sobre lo que estaba pasando allí, de análisis fotograma a fotograma de los capítulos en busca de pistas, de entrevistas a sus guionistas para que explicaran la revelación del último episodio emitido, de fans quejándose sin parar por Twitter cuando vieron el final de la serie y decidieron que no les había gustado. En parte, la culpa de este gran interés por las series la tiene este título que, junto con ‘Mujeres desesperadas’, dio un vuelco a la complicada situación en la que estaba el canal ABC en el otoño de 2004, y cambió definitivamente la manera en la que se veía y se comentaba la ficción televisiva.

Nada de eso estaba en las mentes de los ejecutivos del canal, desesperados por conseguir un éxito que los sacara de la última posición en audiencias. Tal vez por eso, acabó fructificando una idea de hacer un ‘Supervivientes’ con guión, una idea que, a priori, era una completa locura (y que cristalizó en el piloto más caro producido hasta aquel momento), pero que acabó funcionando mejor de lo que nadie habría soñado nunca.

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Desde luego, bastante mejor de lo que se imaginaba Lloyd Braun, el ejecutivo de ABC al que se le ocurrió el concepto de la serie durante unas vacaciones familiares en Hawai, y mientras veía en televisión la película ‘Náufrago’: “Y entonces, la idea de ‘Supervivientes’ apareció en mi cabeza. No sé por qué. Y lo uní todo. ¿Y si había un avión que se estrelló y una docena de personas sobrevivieron, y ninguno se conocía? Tu pasado sería casi irrelevante. Podrías reinventar quién eres. Tendrías que pensar, ¿cómo sobrevives?” Como contó en el libro ‘The revolution was televised‘, de Alan Sepinwall, A Braun le habían encargado ese verano, como al resto de directivos de canal, que pensara algo nuevo para la programación de la siguiente temporada, algo que sacara a ABC del último puesto en las audiencias. Y esa fue su idea.

La premisa de ‘Perdidos’ era sencilla. El vuelo Oceanic 815 de Sydney a Los Ángeles se estrella en una isla perdida en medio de ninguna parte, y los supervivientes se dan cuenta enseguida de que hay algo extraño, y potencialmente muy peligroso, en ella. Desde el primer capítulo, los personajes tienen ya encontronazos con un oso polar y con un misterioso “monstruo” al que oyen rugir (o algo así) por la noche, y del que ven cómo sacude los árboles de la selva cuando se mueve.

¿Dónde están? ¿Qué secretos guarda esa isla? ¿Y están realmente solos en ella? Esas tres preguntas impulsaron la trama durante buena parte de las seis temporadas que ‘Perdidos’ estuvo en antena, pero si la serie aguantó tanto, y enganchó con tanta rapidez a los espectadores, era también porque el mayor misterio de todos eran sus personajes. Cuando arranca el primer capítulo, no sabemos quiénes son ni de dónde provienen; eso se va desvelando poco a poco, en flashbacks de su pasado que iban ayudándonos a comprender sus acciones en la isla, y que se convirtieron en un recurso narrativo muy repetido en series posteriores (hasta en algunas tan alejadas de ‘Perdidos’, a priori, como ‘Orange is the new black’).

Pero sólo con una isla misteriosa no basta para considerar a una serie dentro de la ciencia ficción, y menos aún en el subgénero de los viajes en el tiempo. La idea original de Lloyd Braun fue refinada por J.J. Abrams y Damon Lindelof, que escribieron el guión del episodio piloto y establecieron la “biblia” de la serie: cuáles iban a ser los grandes enigmas, qué iba a pasar en la primera temporada, qué temas se iban a tocar. El propio Lindelof y Carlton Cuse fueron los encargados de ir revelando despacio no sólo el pasado de sus personajes, sino los elementos del género que estaban presentes en la serie. En la isla, por ejemplo, aparecen de improviso barcos naufragados hace siglos, o extrañas estatuas cuya presencia allí es, cuanto menos, desconcertante. Y esto sin mencionar de nuevo que los supervivientes se topan en el primer capítulo con un oso polar. En una isla tropical.

El componente de desplazamiento temporal se va introduciendo poco a poco desde la tercera temporada, cuando se descubre que la isla tiene una intensa actividad electromagnética y se empieza a descubrir que, realmente, los náufragos del vuelo Oceanic 815 no sólo no están solos allí, sino que no son los primeros en haberse encontrado atrapados en sus selvas y sus playas.

La clave de ‘Perdidos’ estaba, más que en los misterios de la isla, en los de sus propios personajes

No obstante, aunque los fans de ‘Perdidos’ (los losties) dedicaron horas, días y semanas a buscar significados ocultos detrás de los nombres de algunos personajes (extraídos de filósofos como Locke o Rousseau y de científicos como Faraday o Hawking) o de los libros que Sawyer leía en la playa (de repente, en Estados Unidos se hizo muy popular ‘La invención de Morel’, de Adolfo Bioy Casares), eran los personajes donde estaba el verdadero quid de la cuestión. Sus intentos por salir de la isla y regresar a unas vidas que, en realidad, no marchaban como les habría gustado que fueran, los ponían ante la tesitura de otorgarse a sí mismos una oportunidad de volver a empezar, de cambiar, de ser quiénes de verdad querían ser. O quiénes estaban llamados a ser.

‘Perdidos’ es más una historia de redención que de aventuras a través del espacio-tiempo (que también), y su tema quedaba ya muy claro desde uno de los primeros episodios, titulado, además, ‘Tabula rasa’: “Todos morimos hace tres días. Deberíamos ser capaces de empezar de nuevo”.

El personaje

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No es fácil quedarse con uno solo de la multitud de personajes que habitó ‘Perdidos’. Sin embargo, ya que la serie está incluida en el apartado de viajes en el tiempo, ese personaje bien puede ser Desmond Hume (Michael Ian Cusick), un tipo que llega a la isla por accidente, por probar al padre de la mujer que ama que es digno de ella, y que acaba estando separado del tiempo. Su arco en la cuarta temporada es uno de los más célebres de ‘Perdidos’, y también el que se mete más a fondo en el tema de los saltos temporales. Desmond ya no tiene ningún agarre en el continuo espacio-temporal, tiene la capacidad de ir a cualquier punto de su historia, pero esa libertad de movimientos tiene un coste físico que puede terminar pagando con su vida. La única manera de salvarse es encontrar un “ancla” en su cronología, una constante que le permita saber siempre dónde, cuándo está.

La historia de Desmond está inspirada no sólo por ‘La mujer del viajero en el tiempo’, de Audrey Niffenegger, sino también por el libro más conocido de Kurt Vonnegut, ‘Matadero Cinco’. Su protagonista, Billy Pilgrim, es un soldado estadounidense que también se separa de sus ataduras temporales durante la Segunda Guerra Mundial y, en concreto durante el bombardeo aliado de Dresde, y que va revisitando diferentes momentos de su vida. En las últimas temporadas de ‘Perdidos’, el viaje en el tiempo adquiere más importancia para la trama porque ayuda a explicar, en parte, la verdadera naturaleza de la isla, pero también fue una de las razones por las que una amplia representación del público fue abandonando la serie. Que enseñara finalmente sus cartas de ciencia ficción no terminaba de encajar con un fenómeno para la audiencia más masiva.

Los creadores

La historia de cómo se puso en marcha ‘Perdidos’ daría para otra serie. Inicialmente, la idea original la tuvo Lloy Braun, ejecutivo de ABC cuyo puesto de trabajo dependía de proponer alguna nueva serie que pudiera cambiar el rumbo que llevaba la cadena en audiencias, y que le encargó la primera escritura de esa idea a Jeffrey Lieber. Braun acabó siendo despedido antes de que se emitiera el piloto, pero tuvo tiempo de encargarle una revisión del proyecto a J.J. Abrams, que ya había desarrollado para el canal un éxito como la serie de espías ‘Alias’.

Abrams buscó, a su vez, la ayuda de otro guionista, Damon Lindelof, con el que amplió el embrión de idea de Lieber (‘Supervivientes’ + ‘Náufrago’) y con el que escribió el piloto, buscó a los actores, lo rodó y lo dejó listo para su emisión en sólo dos meses, un tiempo récord. Para el resto de la serie, Lindelof contaría con la colaboración de Carlton Cuse, veterano guionista y productor que había trabajado en ‘Las aventuras de Brisco County’ y para el que Lindelof había escrito en ‘Nash Bridges’, una serie policiaca con Don Johnson. Los dos, sin darse cuenta, casi “inventaron” también la era en la que el showrunner de las series es tan famoso, o más, que sus actores.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Pilot’ (1×01)
  2. ‘The other 48 days’ (2×07)
  3. ‘The man behind the curtain’ (3×20)
  4. ‘The constant’ (4×05)
  5. ‘Whatever happened, happened’ (5×11)

Ficha

Título original: ‘Lost’
Cadena/nacionalidad: ABC/Estados Unidos
Año: 2004-10
Creadores: J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber
Reparto: Matthew Fox, Evangeline Lilly, Josh Holloway, Yunjin Kim, Naveen Andrews, Dominic Monaghan, Terry O’Quinn
Temporadas/capítulos: 6 (121)