‘Xena, la princesa guerrera’

“La primera vez que empuñas una espada, 
te conviertes en un objetivo. 
Y en cuanto matas, todo cambia. Todo”.

En la década de los 90 era habitual desarrollar series directamente para su emisión sindicada, es decir, para que se vieran en las redes de afiliadas locales a las grandes cadenas en abierto o en los canales de cable básico. Así se puso en marcha ‘Star Trek. La nueva generación’, por ejemplo, y así se desarrolló todo un universo paralelo de aventuras que adaptaba o, mejor, se divertía y remezclaba historias de la mitología griega,  convirtiéndolas en historias de fantasía épica sin ningún complejo ni sentido del ridículo. La productora de Sam Raimi y el guionista Robert Tapert crearon así ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, serie de la que saldría uno de los personajes femeninos más influyentes de la televisión reciente: Xena, la princesa guerrera.

Xena era una villana en la serie de Hércules, una guerrera despiadada que, cuando pasó a protagonizar su propia historia, se dedicó a expiar sus antiguos pecados, a buscar la redención por todas las cosas terribles que había hecho antes. Y sin tomarse a sí misma demasiado en serio. O, más concretamente, la serie nunca lo hizo, porque para Xena sí que era importante esa búsqueda de la redención, que intentaba lograr ayudando a la gente que lo necesitara. En ese aspecto, era lo más parecido a un caballero andante que las producciones de Sam Raimi podían imaginar.

Xena, la princesa guerrera’ era una serie de aventuras protagonizada por una heroína formidable, una variación de la figura del “guerrero justo” sobre la que se han construido muchos mitos de la narrativa occidental, y en la que se mezclaban después aspectos de filosofías orientales, de religiones como el hinduismo y de, por supuesto, los mitos clásicos de Grecia y Roma. En un ensayo sobre las mujeres guerreras televisivas para la universidad de Syracuse, Frances Early y Kathleen Kennedy apuntaban que ese guerrero justo es “el ciudadano responsable cuya voluntad para derramar sangre en aras del bien común le da privilegios para tener control sobre sí mismo y sobre los demás”.

Es el héroe más tradicional y clásico, y Xena venía a revolucionar esa figura simplemente por ser una mujer. Y porque su camino vital era de expiación. Es lo que ha hecho que la serie sea una favorita a la hora de los estudios universitarios de la representación de los roles de género en la ficción, un estatus académico que parecería improbable si nos asomamos a sus capítulos.

xena-gabrielle

Un sentido de la diversión y del pastiche es el que impregna todas las aventuras de Xena, su acompañante Gabrielle y el bufón Joxer. No hay ningún rigor histórico en ellas, sino que sus responsables buscan el entretenimiento y mantener a su protagonista en constante evolución. No se les caen los anillos por presentar a Ares, dios de la guerra, como un arrogante tipo vestido todo de cuero, por ejemplo, y tampoco les preocupa lo más mínimo que entre Xena y Gabrielle se vaya creando un subtexto lésbico que es otra de las razones por la que la serie ha sido mucho más analizada y estudiada de lo que nadie se imaginaría inicialmente.

Y lo más curioso de todo es que parte de la culpa de su éxito, que es el enorme carisma de Lucy Lawless como Xena, llegó casi de casualidad, porque la actriz contratada originalmente para el papel, Vanesa Angel, no pudo viajar a Nueva Zelanda a tiempo para el inicio del rodaje.

Xena no puede entenderse sin el protagonismo de Lucy Lawless, lanzada a la fama gracias a ese papel

El protagonismo de Lawless es indisociable de la serie. No sólo les permitía conseguir escenas de lucha convincentes, sino que encajaba bien en el tono humorístico y casi paródico de muchas aventuras y, por otro lado, no desentonaba en las historias con mayor carga emocional. Sin la actriz, quizás ‘Xena, la princesa guerrera’ no habría llegado a ser el gran éxito que fue a mediados de la década de los 90, y tal vez esa heroína amazona no habría resultado tan influyente en la ficción posterior. Ella puede deberse a pioneras como Wonder Woman o la mujer biónica, pero buena parte de las protagonistas de acción posteriores en televisión le deben casi todo a Xena.

El personaje

Xena

Evidentemente, no se puede hablar de ‘Xena, la princesa guerrera’ y no destacar a su gran protagonista, Xena (Lucy Lawless), guerrera amazona que dedica toda la serie a expiar los actos terribles que cometió durante su paso por ‘Hércules: Sus viajes legendarios’. Para ello, viaja por todo el mundo ayudando a gente que se encuentre aterrorizada por algún villano, o que esté en peligro. Xena es muy consciente de que no es una buena persona y de que tiene que ser responsable de sus acciones pasadas, que es justo lo que acaba convirtiéndola en una heroína mucho más moderna y menos de una pieza de lo que era habitual en los héroes masculinos de la época.

La versatilidad de Lawless en el papel (que estudió canto), y su gran dinámica con Renee O’Connor (Gabrielle), permitió a los guionistas utilizar capítulos musicales para explorar las dudas y tormentos emocionales de sus personajes, extraer comedia de algunos de los clichés más utilizados en el género de espada y brujería y, por supuesto, explorar más en profundidad la relación de amistad (bordeando siempre lo romántico) entre sus dos protagonistas femeninas. La fructífera vida post-serie que el personaje ha tenido en cómics y libros prueba su condición más que como objeto de culto, como todo un fenómeno pop. Lucy Lawless ha descrito varias veces ‘Xena, la princesa guerrera’ como “una serie tontorrona para gente inteligente”.

Los creadores

Los responsables de ‘Xena, la princesa guerrera’ eran John Schulian y Robert Tapert, que ya había participado en ‘Hércules: Sus viajes legendarios’, y que era un viejo conocido de Sam Raimi, al que le produjo ‘Terroríficamente muertos’ y con el que ha seguido colaborando después en casi todos sus proyectos, incluida la serie ‘Ash vs Evil Dead’. Tapert desarrolló la serie ante el éxito de la serie de Hércules y la petición de los ejecutivos de continuar ese éxito con un spin-off.

Xena era el personaje que tenía más potencial para tener su propia serie, aunque el propio Tapert pensaba en su momento que podía ser complicado vender una ficción de aventuras con una guerrera en su centro. Pronto se vio que estaba equivocado. Sin embargo, el verdadero creador del personaje era un veterano guionista televisivo como John Schulian, que había escrito el capítulo de ‘Hércules’ en el que Xena hacía su primera aparición.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Destiny’ (2×12)
  2. ‘The debt’ (3×06)
  3. ‘The bitter suite’ (3×12)
  4. ‘The ides of march (4×21)
  5. ‘The haunting of Amphipolis’ (6×02)

Ficha

Título original: ‘Xena, Warrior Princess’
Cadena/nacionalidad: Sindicación/Nueva Zelanda-Estados Unidos
Año: 1995-2001
Creadores: John Schulian y Robert Talpert
Reparto: Lucy Lawless, Renee O’Connor, Ted Raimi, Kevin Tod Smith, Hudson Leick, Bruce Campbell
Temporadas/capítulos: 6 (134)
Otros: Spin-off de ‘Hércules: Sus viajes legendarios’
Dónde verla: Editada en DVD

Anuncios

‘Alien Nación’

“Son antinaturales. Ya se han llevado demasiados empleos,
¡nuestros empleos! Si los dejamos entrar ahora,
habrá mil más la semana que viene”.

En 1986, la Administración Reagan firmaba la Ley de Reforma del Control de la Inmigración, que legalizaba la situación irregular de tres millones de inmigrantes que llevaban en Estados Unidos desde antes del 1 de enero de 1982. Dos años más tarde, se estrenaba una película que encajaba en la moda de las buddy movies de la época, o lo que es lo mismo, de la pareja de policías con personalidades contrapuestas, dando un giro un poco extremo al subgénero. En lugar de tener un detective serio y profesional y otro alocado que siempre se salta las reglas, ‘Alien Nación’ contaba con un policía humano y otro, extraterrestre.

La película, y la serie que estrenó Fox un año después, mostraba unos Estados Unidos en los que se había integrado una raza de alienígenas que había llegado en una enorme nave espacial, con 250.000 tripulantes. Huían de la esclavitud de su planeta natal, y en cuanto aterrizan en la Tierra, el presidente Reagan les daba amnistía total y les garantizaba un camino más fácil para obtener la ciudadanía estadounidense.

‘Alien Nación’ es una historia de inmigrantes que deben enfrentarse a los prejuicios y recelos de la comunidad que los acoge

Pero todo esto es más sencillo de decir que de hacer, y tres años más tarde, aunque parece que los extraterrestres están realmente integrados en la sociedad norteamericana, en realidad sufren discriminaciones de todo tipo y su población se ve seriamente afectada por una nueva y potente droga. Los dos protagonistas de la serie, los detectives Matthew Sikes y Francisco, el alienígena, van descubriendo no sólo el submundo criminal de la sociedad de los extraterrestres, sino también quienes son los Amos que crearon su raza para esclavizarla, y hasta donde pueden llegar los Puristas, una organización humana que considera que los Recién Llegados están arrebatándoles sus trabajos y son una amenaza para su forma de vida.

Los paralelismos sociales estaban muy claros en la serie, algo que conecta los trabajos de Rockne S. O’Bannon, guionista de la película, y Kenneth Johnson, responsable de la puesta en marcha de la serie, que sólo duró una temporada. O’Bannon, sin embargo, quería que esas alegorías sociales y el comentario sobre dos culturas diferentes que aprenden a respetarse, se viera a través de la relación de sus dos protagonistas. “Para mí, (lo importante) era enfatizar el aspecto de la hermandad de policías contradictorios, y enraizarlo de esa manera”, afirmaba el guionista. Para Johnson, el lado social también era muy importante, aunque los fans consideraban que, a veces, los paralelismos con la situación de los inmigrantes en Estados Unidos y, sobre todo, de la “guerra contra la droga” lanzada por el presidente Reagan a mediados de los 80 eran demasiado obvios.

Era exactamente lo que se buscaba. La excusa de toda una raza alienígena que llega a la Tierra, y que intenta integrarse sin perder sus costumbres, y sin dejarse amilanar por los grupos xenófobos que quieren expulsarla, es un vehículo perfecto para hacer analogías sociales que, de otro modo, quizás no resultarían tan efectivas.

aliennacion

Para Johnson, de hecho, esa posibilidad es lo que más le atrajo del proyecto. Sikes, el policía humano, era el violento e impulsivo, y el que tenía que hacer más esfuerzo por superar su educación conservadora para aceptar a su compañero. Francisco entraba en el arquetipo del detective más reflexivo, y es a través de él como se va profundizando en la cultura de los extraterrestres y los problemas a los que tienen que enfrentarse para adaptarse a su nueva vida en la Tierra. Algunos se resisten a ello, por ejemplo, y aunque la serie fue cancelada en 1990, las revueltas raciales de principios de esa década (como la motivada por la muerte de Rodney King a manos de varios policías de Los Ángeles) mostraban que la serie había estado muy acertada en sus alegorías sobre la situación social de un país en el que aún se miraba con recelo a sus minorías étnicas.

 

Los temas de ‘Alien Nación’ pueden encontrarse explorados de nuevo en títulos mucho más recientes. Películas como ‘District 9’ y series juveniles como ‘Star Crossed’ han explorado los mismos temas (en el caso de la segunda, disfrazada de una historia de amor a lo ‘Romeo y Julieta’), y otras como ‘Almost human’ han utilizado el mismo concepto que ‘Alien Nación’, pero emparejando a un policía humano y a otro robótico. Era una serie sobre la tolerancia y la aceptación del otro, disfrazada de policiaco de ciencia ficción, y aunque no fuera una de las mejores producciones de los 80, sí mostraba el potencial del género para el comentario social.

El personaje

francisco

George Francisco (Eric Pierpoint) era el personaje que ‘Alien Nación’ utilizaba para adentrar al espectador en la cultura y las costumbres de los extraterrestres. Y también para mostrar las dificultades intrínsecas a empezar de nuevo en un planeta (o país) totalmente extraño, con tradiciones que resultan tan alienígenas para los Recién Llegados como su cabeza calva y alargada lo es para los humanos. Francisco mantiene aún parte de la capacidad de sorpresa ante algunas costumbres terrícolas, mientras la lucha de su hijo por no integrarse en la Tierra, hasta negándose a aprender inglés, cuenta la otra cara de esos especiales inmigrantes.

A través de él, también, la serie aprovecha para explorar con mayor detalle la diferente biología de los alienígenas, en los que el macho comparte el embarazo con la hembra, por ejemplo. Como es lógico, igualmente es el personaje en el que ‘Alien Nación’ refleja más las tensiones raciales de ese Los Ángeles mestizo que, sin embargo, se resiste a darse cuenta de que lo es. El propio Johnson afirmaba que “Fox pensaba que tenía ‘Arma letal’ con alienígenas, y yo dije, ‘no, no, no’. Sería mucho más interesante hacer ‘En el calor de la noche’ y mostrar los prejuicios raciales, y la discriminación y el choque de culturas”.

El creador

Después de Kenneth Johnson (del que ya hablamos al comentar ‘V‘), fue Diane Frolov la guionista que más capítulos escribió de ‘Alien Nación’, varios de ellos con su marido, Andrew Schneider. Frolov es un caso de guionista que pasa por algunos de los títulos más destacables de los últimos años en televisión, sin que nunca se haga del todo famosa. Participó también en ‘Doctor en Alaska’ y en ‘V’, y sus trabajos más reconocibles actualmente bien pueden ser ‘Los Soprano’ (que creó David Chase, showrunner de la serie anterior durante sus dos últimas temporadas) y ‘Boardwalk Empire’, siempre al lado de su marido.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The night of the screams’ (1×06)
  2. ‘Three to tango’ (1×08)
  3. ‘Chains of love’ (1×10)
  4. ‘Green eyes’ (1×21)

Ficha

Título original: ‘Alien Nation’
Cadena/nacionalidad: Fox/Estados Unidos
Creador: Kenneth Johnson
Año: 1989-90
Reparto: Gary Graham, Eric Pierpoint, Michelle Scarabelli, Lauren Woodland, Sean Six
Temporadas/capítulos: 1 (22), más cinco tv movies
Otros: Basada en la película ‘Alien Nación’, de Graham Baker

‘Los 100’

Quiénes somos y quiénes tenemos que ser para sobrevivir 
son dos cosas muy diferentes

En la imaginación de los autores de ciencia ficción, el mundo se ha acabado muchas veces. Una epidemia letal, un impacto de meteorito, el agotamiento de los recursos naturales, el cambio climático o el apocalipsis preferido en la década de 1980, el holocausto nuclear, han destruido el planeta tal y como lo conocemos en incontables libros, películas y series, y lo que vemos después es cómo los supervivientes de aquel cataclismo se adaptan a ese nuevo mundo. En el caso de ‘Los 100’, los que logran sobrevivir a una guerra nuclear no se quedan en la superficie para averiguarlo; escapan a una gran estación orbital en la que se refugian esperando que, en algún momento, el efecto de la radiación no sea tan nocivo y les permita regresar.

En ese siglo que la humanidad ha permanecido en el espacio ha nacido toda una nueva generación que nunca ha pisado la Tierra, y cuyo mundo se reduce a unos módulos metálicos en los que hay que racionar los alimentos y donde todo se recicla, y hay un estricto control de la natalidad para no sobrepoblar la estación y, por tanto, preservar lo máximo posible el sistema de soporte vital.

‘Los 100’ es una clásica historia post-apocalíptica de supervivencia a toda costa

Pero éste tiene, inevitablemente, una fecha de caducidad, y 97 años después de que huyeran de la superficie del planeta, es más que probable que no les quede más remedio que regresar si no quieren morir en el espacio. Para comprobar si la Tierra vuelve a ser habitable, se envía a cien jóvenes delincuentes, encerrados por delitos que pueden ir desde el robo al gasto irresponsable de provisiones, con la misión de que informen al Arca si la humanidad puede volver a la superficie. Por supuesto, las cosas se torcerán desde el mismo momento en el que los adolescentes pongan un pie en esa nueva Tierra post-apocalíptica.

‘Los 100’ muestra un planeta en el que la radiación ha afectado de diferentes maneras a sus habitantes: los animales tienen mutaciones extrañas, los bosques se han adueñado de las ciudades desiertas y las personas que sobrevivieron a las bombas, y que se quedaron en la superficie, se han agrupado en tribus con sus propias normas, dejando de lado casi todos los avances tecnológicos de la época de la guerra. Los que vuelven del espacio tienen que aprender rápidamente a adaptarse a ese nuevo entorno si quieren sobrevivir, porque precisamente eso, la supervivencia, es el tema principal de la serie.

Toda buena historia post-apocalíptica gira en torno a ello: hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para seguir con vida, cómo evolucionaríamos en un medio ambiente hostil, cómo intentaríamos reconstruir una sociedad y qué haríamos para protegerla. ¿Abogaríamos por la violencia, o buscaríamos un contrato social, una manera de llegar a acuerdos y pactos para poder vivir en cierta paz? Estas preguntas se exploran en ‘Los 100’ a través de sus personajes adolescentes y, especialmente, de su gran protagonista, Clarke Griffin, una joven que debe aprender a marchas forzadas lo que implica ser la líder de su grupo.

octavia

En Clarke se personifican todas las decisiones imposibles que los supervivientes tienen que tomar no sólo en la Tierra, sino también en el Arca, donde el bien de la mayoría es siempre el objetivo que motiva algunas de las acciones, a priori, más difíciles de justificar, aquellas en las que las series suelen dar vuelta atrás antes de que se vuelvan demasiado serias. ‘Los 100’ siempre las explora hasta sus últimas consecuencias, que es la razón por la que ha conseguido dar el salto de “jóvenes guapos viviendo aventuras en un bosque” a un título bastante valiente con los caminos por los que lleva a sus personajes.

La ciencia ficción juvenil (o young adult, como se la identifica más habitualmente en la actualidad) puede dar obras que realmente estén reflejando aspectos de nuestra sociedad que, de otro modo, sería un poco más complicado explorar. Si ‘Los juegos del hambre’ trata asuntos como las consecuencias de la conversión de las guerras modernas en espectáculos televisivos o la cultura de los reality shows, ‘Los 100’ se pregunta si, en esa nueva sociedad post-apocalíptica, dejaríamos de lado algunos de nuestros prejuicios y crearíamos algo más justo. ¿Seríamos capaces de hacerlo o, como decían en ‘Battlestar Galactica’, todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez?

El personaje

clarke

El gran hallazgo de ‘Los 100’ es su protagonista, Clarke Griffin (Eliza Taylor), una adolescente que se ve obligada a asumir una posición de mando si quiere que sus compañeros sobrevivan a la estancia en la superficie de la Tierra. Clarke sigue el esquema del líder reticente, el que no se ve como jefe de todo su grupo, pero al que no le queda más remedio que hacerlo, que tomar las decisiones difíciles para que todos tengan una oportunidad de continuar con vida. En ese aspecto, sigue la tendencia de las protagonistas jóvenes y fuertes de la ciencia ficción juvenil de los últimos tiempos, personificadas en Katniss Everdeen, de ‘Los juegos de hambre’. Al igual que ella, a Clarke también le pesan las consecuencias de las cosas que tiene que hacer, pero no duda a la hora de llevarlas a cabo.

La evolución de Clarke a lo largo de la serie también ha puesto sobre la mesa otros temas poco tratados en la televisión norteamericana, como su bisexualidad, que nadie cuestiona y que no se presenta como un rasgo definitorio de su carácter. Y junto con ella, sería justo recordar otro de los hallazgos de ‘Los 100’, Lexa (Alycia Debnam-Carey), la comandante de los terrícolas. Ella representa a alguien endurecido por el mundo en el que vive y por la enorme responsabilidad que lleva sobre sus hombros, y es un espejo en el que Clarke puede mirarse y decidir si quiere seguir ese camino solitario, y de hermetismo emocional, o si prefiere buscar otra manera de ser una líder.

El creador

Aunque esté basada en un libro de Kass Morgan, la adaptación que hace Jason Rothenberg, su responsable, es bastante libre, por lo que puede decirse que es el creador de la serie. Rothenberg tenía poca experiencia como guionista de televisión hasta este proyecto. Su anterior serie, también para The CW, se titulaba ‘Body Politic’ y seguía a varios jóvenes trabajadores del Capitolio y de otras instituciones del gobierno de Estados Unidos, pero no pasó del episodio piloto.

‘Los 100’ es, por tanto, su gran carta de presentación en Hollywood, una en la que él mismo confiesa que tiene las mismas miras que ‘El Señor de los Anillos’ y ‘Juego de tronos’, en cuanto a amplitud del mundo que presenta, y a su voluntad por seguir hasta el final tramas que pueden derivar en lugares más oscuros de lo habitual para un título considerado, a priori, juvenil. Rothenberg también se ha visto en medio de agrias polémicas con los fans en las redes sociales, algo que ya entra en el contrato de los showrunners actuales.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Twilight’s last gleaming’ (1×05)
  2. ‘I am become Death’ (1×10)
  3. ‘Spacewalker’ (2×08)
  4. ‘Blood must have blood’ (2×15)
  5. ‘Thirteen’ (3×07)

Ficha

Título original: ‘The 100’
Cadena/nacionalidad: The CW/Estados Unidos
Creador: Jason Rothenberg
Año: 2014-
Reparto: Eliza Taylor, Paige Turco, Henry Ian Cusick, Isaiah Washington, Marie Avgeropoulos, Richard Harmon
Temporadas/capítulos: 3 (45)
Otros: Basada en una saga de libros de Kass Morgan
Dónde verla: Syfy España, Netflix

‘Orphan Black’

– Hay nueve como tú.
– ¡No! Sólo hay una como yo.”

¿Quién es esa mujer tan parecida a Sarah que acaba de tirarse al tren delante de ella? ¿De dónde ha salido? ¿Y por qué, de repente, hay otras tres mujeres que también son idénticas físicamente a ella? ¿Quién es Sarah en realidad? Estas preguntas son el principio de un misterio, y también el arranque de ‘Orphan Black’, una de las series más sorprendentes de los últimos años. Fue de las primeras producidas específicamente para BBC America, la filial estadounidense de la cadena pública británica, y también una de las más inesperadas porque no entraba en los planes de nadie que, de repente, alguien decidiera hacer en serio una serie de misterio sobre clones. Y no sólo sobre clones, sino sobre clones femeninos, lo que abría el programa a la exploración de temas que la televisión no suele tratar habitualmente.

Pero el inicio de todo es muy sencillo; Sarah se baja en la estación, y ve a otra mujer igual que ella tirarse al tren. Es la imagen con la que empezaron a trabajar el guionista Graeme Manson y el director John Fawcett cuando aún eran estudiantes de cine, y que intentaron desarrollar como película en 2007. Sin embargo, no conseguían dar con el final apropiado y acabaron dándose cuenta de que, en realidad, podría ser una buena idea para una serie de televisión.

orphanblack_2

En 2009, cuando Fawcett y Manson comenzaron a ponerla en pie, el panorama de las cadenas que estaban adentrándose en la ficción de producción propia se había ampliado con la entrada en liza de AMC, y nadie quería quedarse atrás en cuanto a ampliar su parrilla con programas high concept y con potencial para tener al público discutiendo en las redes sociales qué estaba pasando ahí. En BBC America, desde luego, habían comenzado a tomarse en serio dicha ampliación con la “recuperación” de la nueva época de ‘Doctor Who’, cuyas primeras cuatro temporadas se emitieron en Estados Unidos en Syfy, y pretendían acompañar el estreno de la quinta (en la que se estrenaban Steven Moffat como productor ejecutivo y Matt Smith como el Doctor) no sólo con una gran campaña publicitaria, sino también con nuevos programas que dejaran claro que tenían algo más en su catálogo que las series que les pasara su cadena madre desde Londres. Ahí entra en juego ‘Orphan Black’, un título de ciencia ficción sobre clonación humana, protagonizado por una actriz completamente desconocida (Tatiana Maslany, toda una revelación) y sin más gancho que su premisa y su punto de partida. ¿Sería suficiente?

El tiempo ha demostrado que lo era. El paulatino descubrimiento de Sarah de que ella, en realidad, es una clon, que hay varios otros clones como ella repartidos por todo el mundo y que todas forman parte de un experimento del que no sabían nada, va confiriendo a ‘Orphan Black’ no sólo de un gran impulso para la trama, mientras Sarah investiga su pasado, sino de muchos temas éticos y filosóficos que se mantienen siempre al fondo. Que sus protagonistas sean mujeres, y que haya una gran corporación acechándolas, presenta una exploración de asuntos feministas que resultan sorprendentes en un panorama de ficción “de prestigio” aún dominado por los antihéroes, pero que precisamente se pueden tocar en un título de ciencia ficción que, en teoría, sólo busca entretener al espectador con un misterio lo suficientemente enrevesado y algunos toques de humor y acción.

‘Orphan Black’ parte de la asunción de que, durante mucho tiempo, las mujeres sólo tenían relevancia por su biología, así que las experiencias de Sarah, Alison y Cosima exploran la propiedad del cuerpo femenino, su entidad como personas independientemente de sus orientaciones sexuales, situaciones socioeconómicas, su forma de vestir o su perfil genético, su capacidad de tomar decisiones por sí mismas… Además, la serie es todo un tratado encubierto sobre el viejo dilema de biólogos, psicológos y genetistas entre naturaleza y sociedad, entre lo innato y lo aprendido. ¿Es Sarah como es porque se crió en un ambiente diferente al de Cosima, aunque genéticamente ambas sean iguales? ¿O algunas de sus diferencias están a un nivel genético que los científicos no pueden manipular, y que evoluciona por su cuenta? Entre las persecuciones, las revelaciones y las escenas de clones haciéndose pasar por otros clones, ‘Orphan Black’ propone al espectador una reflexión sobre ética, biología, psicología y moral que no es fácil de encontrar igual en otras series consideradas “de calidad”. Y su propuesta no está tan lejos de lo que es científicamente posible.

Desde 2009, de hecho, los tribunales estadounidenses estuvieron estudiando la legalidad de varias patentes sobre clonación de células, en este caso, animales. El Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo, responsable de la clonación de la oveja Dolly en 2003, pretendía patentar no sólo el método por el que habían conseguido aquella hazaña científica, sino al propio animal, algo que la corte federal de Estados Unidos denegó en 2014. El año anterior, el Tribunal Supremo de ese mismo país había fallado en contra de la posibilidad de que se patentaran secuencias aisladas de ADN humano.

Es una cuestión a la que también se enfrentan Sarah y sus hermanas en ‘Orphan Black’. Si alguien las “creó” en un laboratorio, ¿son de su propiedad? ¿Son equiparables a las centrifugadoras, los microscopios electrónicos o las fórmulas que esos científicos utilizan para trabajar? ¿Quiere eso decir que son menos que personas completas? Son cuestiones bastante complejas para lo que, en la superficie, no es más que una serie sobre una huérfana de vida difícil que intenta averiguar de dónde viene realmente. Pero es que Sarah, Alison, Cosima, Helena o Rachel son complejas.

El personaje

orphan_sarah

Aunque ‘Orphan Black’ cuente el camino de todas sus mujeres protagonistas por tomar las riendas de sus vidas, lejos de las ataduras de la corporación que las vigila, es Sarah Manning (Tatiana Maslany) la que centra buena parte de las tramas. Al fin y al cabo, la serie empieza con su descubrimiento de la existencia de Beth Childs, esa mujer idéntica a ella que se tira al tren ante sus ojos. Sarah intenta rehacer su vida, quiere recuperar a su hija y ser para ella una buena madre, pero sólo podrá conseguirlo si resuelve el misterio sobre su propia procedencia y sobre las fuerzas que se la disputan como si fuera un trofeo de caza. La independencia de Sarah y su lado más rebelde, como quien dice, son sus principales armas en esta lucha en la que ella ha logrado pasar desapercibida hasta el momento, pero en la que ya no puede mantenerse al margen por más tiempo.

La relación que Sarah va forjando con los otros clones es uno de los puntos fuertes del personaje, pues todas la ven, de algún modo, como la hermana mayor. Pueden recurrir a ella cuando están en problemas, confiando en que los resolverá, y de algún modo se convierte en el centro de esa hermandad que se forma entre todas. Sarah tiene sus propios asuntos que resolver con su madre adoptiva y con su propia hija, y hasta consigo misma, pero tiene que madurar y crecer rápido. ‘Orphan Black’ también es un poco la historia de su toma de conciencia, de su realización de que es una adulta con responsabilidades.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Variations under domestication’ (1×06)
  2. ‘Unconscious selection’ (1×09)
  3. ‘Knowledge of Causes, and Secret Motion of Things’ (2×07)
  4. ‘By means which have never been tried’ (2×10)
  5. ‘Certain agony of the battlefield’ (3×06)

Los creadores

Graeme Manson y John Fawcett se conocieron en el Canadian Film Centre y desarrollaron carreras separadas que, sin embargo, terminaban girando de algún modo alrededor del fantástico y la ciencia ficción. Manson, por ejemplo, escribió el guión de ‘Cube’, la primera película de Vincenzo Natali, y Fawcett dirigió ‘Ginger snaps’, una cinta de culto sobre unas adolescentes que se transforman en hombres lobo, o mujeres lobo, en realidad.

Los dos han afirmado que, incluso mientras estaban dedicados a otros trabajos que, en teoría, no tenían nada que ver con el género, siempre estaban pensando en ‘Orphan Black’, y que es una idea que surgió de su interés por trabajar juntos. La asesora científica de la serie, por cierto, es una amiga de Manson cuyo nombre es Cosima Herter, especialista sobre todo en historia de la ciencia.

FICHA

Cadena/nacionalidad: BBC America-Space/Canadá
Año de emisión: 2013-
Creadores: Graeme Manson y John Fawcett
Reparto: Tatiana Maslany, Maria Doyle Kennedy, Jordan Gavaris, Dylan Bruce, Evelyn Brochu, Kristian Bruun
Temporadas: 4 (40 capítulos)
Dónde verla: Netflix España

‘A través del tiempo’

No es como si te hubieras perdido
en un centro comercial. 
Estás perdido en el tiempo”.

Los viajes en el tiempo no tienen por qué dar pie a historias muy dramáticas, casi a vida a muerte, en las que si no se cambia el pasado, el futuro depara un terrible cataclismo. También pueden ser el punto de partida para aventuras más ligeras, llenas de humor y, de paso, con cierto fin divulgativo, y no, no siempre es una cadena pública europea quien se encarga de producir una serie así. A principios de los 90, fue NBC, en Estados Unidos, la que incluyó en su parrilla ‘A través del tiempo’, un título para toda la familia que utilizaba un ingenioso mecanismo para hacer viajar a su protagonista por diferentes épocas de la historia reciente norteamericana: se metía en el cuerpo de una persona determinada a la que debía ayudar.

Así de sencillo. El doctor Sam Beckett había estado investigando sobre la posibilidad de saltar atrás en el tiempo y había construido un experimento cuántico, un acelerador de partículas que, para su desgracia, había salido mal. O, en realidad, deberíamos decir que había salido demasiado bien. Beckett se despierta de repente en 1956, en el cuerpo de un piloto militar de pruebas llamado Tom Stratton, y tiene que averiguar rápidamente por qué está ahí, qué le está pasando y cómo puede regresar a casa.

Con este arranque, la serie se aseguraba una historia diferente en cada episodio, podía jugar con diferentes géneros en cada uno y hasta podía hacer distintos comentarios sociales, dependiendo de qué personalidad adoptara Sam en sus saltos. En ese aspecto, era un poco como la ‘Doctor Who’ estadounidense, pero con un protagonista muy humano y que, además, no posee ninguna nave espacial.

En sus viajes, al doctor Beckett lo ayuda Al, un amigo de su tiempo al que ve en forma de holograma, y que en teoría debería darle pistas de lo que se supone que debe hacer en cada uno de sus saltos, pero que casi pasa más tiempo haciendo chistes a su costa y ligando con todas las mujeres guapas que pasan por su lado. La dinámica entre Scott Bakula y Dean Stockwell, los dos protagonistas principales de ‘A través del tiempo’, constituía el centro de todo; Sam y Al eran amigos, aunque a veces el segundo pareciera ir un poco a lo suyo, y sus interacciones aportaban gran parte del humor que destilaba la serie, que era bastante. Incluso cuando se metía en tramas más serias, nunca se perdía de vista la oportunidad de colar alguna broma.

Porque ‘A través del tiempo’ llevó a su protagonista a algunos momentos bastante cruciales de la historia de Estados Unidos. Sam llegó a estar en el cuerpo de Lee Harvey Oswald días antes de que asesinara de John F. Kennedy, fue un hombre negro que sufrió en sus carnes el racismo en el segregado sur del país en la década de los 50, una joven violada por el hijo del alcalde de su pueblo en 1980 y hasta uno de los chimpancés utilizados como cobayas en las primeras pruebas de naves tripuladas del programa espacial de la NASA.

quantum

Tener a Sam en todas esas situaciones, y ver a Scott Bakula en ellas (aunque el resto de personajes vean a la persona cuya cuerpo ha adoptado), permitía a la serie trasladar al público reflexiones sobre la intolerancia, los prejuicios y la discriminación por raza o sexo, y era una manera muy efectiva de que la audiencia se identificara con esos personajes, de que se preguntara qué harían ellos si estuvieran en su misma situación.

‘A través del tiempo’ aguantó en antena cinco temporadas, después de una breve primera entrega, de sólo nueve capítulos, estrenada en primavera como un pequeño experimento de NBC. El público joven la abrazó casi enseguida, y sus fans fueron de los primeros en agruparse en la naciente internet para compartir información y para comentar los capítulos de la serie a través de listas de correo y de los primeros foros. Sin embargo, eso no era suficiente para que las aventuras de Sam Beckett se alargaran tanto como las del Doctor en la BBC. La cadena le dio carpetazo en su quinto año, y los guionistas se sacaron de la manga un final agridulce, más en la línea emocional de lo que la serie siempre había contado, aunque enganchara al público gracias a la gran dinámica cómica de Bakula y Stockwell.

El personaje

quantumleap2

Es muy probable que Scott Bakula nunca haya vuelto a interpretar a otro personaje que le permitiera lucirse tanto como Sam Beckett en sus saltos en el tiempo. Podía interpretar a mujeres en entornos muy sexistas, a niños, a personas que atravesaban difíciles situaciones personales, hasta podía cantar y bailar. Sam desplegaba siempre una gran empatía por las personas en cuyos cuerpos entraba, y a las que ayudaba a cambiar algo en sus vidas que les permitía ser mejores o, simplemente, sobrevivir. Ésa era la idea de todos sus viajes al pasado; ayudar a quienes más lo necesitaran, ya fueran universitarios, cantantes de club nocturno o viejos chóferes de adineradas señoras del sur. A Sam le costaba un poco aclimatarse a sus personalidades y sus vidas, pero luego siempre hacía todo lo posible por echarles una mano, y no sólo porque era la única manera que tenía de saltar a otra época y, con un poco de suerte, volver a casa.

Beckett, además, es un protagonista no demasiado habitual en las series de entretenimiento masivo estadounidenses porque es un científico en un campo tan esotérico, para la mayoría del público, como la física cuántica. Su capacidad de adoptar las personalidades de otras personas mimetizándose en sus cuerpos podría explicarse por el teletransporte cuántico, que es más o menos la misma teoría detrás de la manera en la que la tripulación de la nave Enterprise, en ‘Star Trek’, se desplazaba a los planetas que visitaban. Aunque ‘A través del tiempo’ diera más importancia al lado humano de sus historias, su punto de partida en la ciencia la hacía también destacar.

El creador

Donald P. Bellisario (1935) es uno de los productores más prolíficos de la televisión norteamericana de los últimos 30 años.  De su máquina de escribir salió, por ejemplo, ‘Magnum’, la serie sobre el detective privado en Hawai que convirtió en una estrella a Tom Selleck y que le dio a Bellisario el suficiente crédito con NBC para presentarles ‘A través del tiempo’. Ex marine y ex ejecutivo de una agencia de publicidad, sus creaciones buscan todas llegar al mayor público posible. Casi siempre se encuadran en las aventuras (como ‘Los cuentos del Mono de Oro’) o en las historias de policías, aunque sus mayores éxitos, en realidad estén protagonizados por abogados militares (‘JAG’) y por investigadores de la Marina (‘NCIS’ y sus spin-off).

En el caso de ‘A través del tiempo’, Bellisario se inspiró en parte en ‘El cielo puede esperar’, en el que un fallecido antes de tiempo regresa a la Tierra, en el cuerpo de otro hombre, para ayudarle a reconducir su vida. La película de 1978, dirigida por Warren Beatty, adaptaba una obra de teatro y había tenido mucho éxito en su momento, así que el guionista la vio como una excusa para presentar a la cadena una serie de antología. Con cada salto en el tiempo, y en otro cuerpo, se podía contar una historia distinta, en un género diferente.

CINCO CAPÍTULOS IMPRESCINDIBLES

  1. ‘Genesis’ (1×01)
  2. ‘The color of truth’ (1×07)
  3. ‘Jimmy’ (2×08)
  4. ‘The leap home’ (3×01)
  5. ‘Killin’ time’ (5×05)

Ficha

Título original: ‘Quantum leap’
Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1989-93
Creador: Donald P. Bellisario
Reparto: Scott Bakula, Dean Stockwell, Deborah Pratt
Temporadas/capítulos: 5 (97)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Futurama’

Estamos en posición sobre Spheron One.
Éste es el momento para el que 
entrenamos toda la tarde de ayer.

Para muchos guionistas de comedia, ‘Los Simpson’ ha arruinado cualquier posibilidad de encontrar chistes originales. La venerable serie animada de Fox lleva más de 20 años en antena, y de sus irreverentes y satíricos inicios ha terminado siendo toda una institución de la animación mundial, pasando de dirigirse a adultos a acabar convertida en pasto de merchandising variado para niños.

Aunque no lo parezca, esta comedia de dibujos animados no sólo ha hecho crítica de la sociedad estadounidense en todas sus vertientes posibles, sino que ha aprovechado sus especiales de Halloween, los ‘Treehouse of Horror’, para convertirlos en una especie de ‘La dimensión desconocida’ anual donde sus guionistas pueden parodiar no sólo historias de terror, sino temas clásicos de la ciencia ficción. El célebre ‘Homer al cubo’, que lleva al personaje a un entorno tridimensional, o frases como “Lisa, en esta casa obedecemos las leyes de la termodinámica”, delataban el gusto por la ciencia, y por la ciencia ficción, de algunos de sus guionistas, pero ese lado friki no podía expresarse con libertad en ‘Los Simpson’.

El éxito de esa serie llevó a que Fox pidiera a Matt Groening, a mediados de los 90, que pensara otro título animado que la acompañara en la noche de los domingos, y Groening y otro colaborador suyo, David X. Cohen, tuvieron la idea de ‘Futurama’, una serie en la que un personaje con tan pocas luces como Homer viajaba por accidente al futuro. ¿Cómo reaccionaría alguien así en un entorno que le parecería sacado de ‘Blade Runner’, como mínimo? Fieles a la concepción de su serie madre, Groening y Cohen no llevaron a Philip J. Fry a ningún sitio glamouroso ni espectacular, si no que lo pusieron a trabajar en una empresa de transportes intergalácticos en una Nueva Nueva York con coches voladores, sí, pero igual de desastrosa que la actual. El siglo XXXI no es tan diferente, en cuanto a mezquindades y egoísmos humanos, del XX o el XXI.

El trabajo en Planet Express le permite a Fry viajar a los confines más insospechados de la galaxia y encontrarse en medio de tramas muy clásicas de la ciencia ficción, que se parodian aprovechando que la serie hace comedia con lo que sería el subgénero del mundo del mañana, que se dedica a especular cómo habrán influido los avances tecnológicos en la sociedad. De hecho, ‘Futurama’ debe su nombre a un pabellón que se dedicaba a exactamente eso, a mostrar cómo podía ser el mundo del mañana, de la Exposición Universal de Nueva York de 1939.

‘Futurama’ parodia todas las tramas clásicas de las series de ciencia ficción, poniendo en su centro a un tipo tan simple como Fry

La serie, por tanto, sigue un poco esa idea, pero como ya hemos apuntado, aunque las grandes personalidades puedan sobrevivir durante siglos sólo con la cabeza en una urna especial (uno de los gags recurrentes más reconocibles), los humanos no son tan diferentes a los actuales. En ‘Futurama’ encontramos a un profesor loco como Farnsworth, a un supuesto héroe clásico del género que, en realidad, es un incompetente como Zapp Brannigan, a una experimentada piloto, Leela, que acaba siendo un poco el interés amoroso de Fry, a un alienígena como el doctor Zoidberg que, aunque afirme ser un gran experto en muchas cosas, en realidad no tiene ni idea de nada, y a un robot autónomo que es, tal vez, el personaje más famoso de ‘Futurama’, Bender, y que es totalmente diferente de los androides habituales en las space operas.

futurama2

Los capítulos de esta serie son comedia animada, pero están también repletos de parodias y homenajes a la ciencia ficción, y de chistes que sólo podían escribir físicos y matemáticos como los que formaban su equipo de guionistas. Uno de ellos, Ken Keeler (doctor en matemáticas), creó y demostró matemáticamente un algoritmo para resolver una situación de cambios de cuerpos entre varios personajes en un capítulo de la sexta temporada, ‘The prisoner of Benda’. A ese algoritmo se le conoce como el teorema de Keeler, o teorema de ‘Futurama’, y se utiliza en las universidades para explicar determinados aspectos del álgebra básica.

‘Futurama’ añade el humor y la sátira más geek al comentario social de ‘Los Simpson’, y tal vez por eso tuvo una emisión muy accidentada en Fox y terminó más como título de culto que como fenómeno de masas. Sus cuatro primeras temporadas en abierto son guardadas como un tesoro por los fans, que aunque recibieron con los brazos abiertos la resurrección de Comedy Central, cinco años después de su finalización, primero con cuatro tv movies y, después, con tres temporadas regulares, consideran que ya no eran exactamente lo mismo.

Lo único cierto es que ha habido pocas series que se hayan tomado tan en serio y, al mismo tiempo, hayan hecho tantos chistes a costa de la ciencia ficción más hardcore, también de la más pulp, y que hayan introducido todo tipo de teorías científicas sólo para entregar veinte minutos semanales de diversión al espectador. Viendo ‘Futurama’, se aprecia que quienes hacen la sátira conocen perfectamente de lo que están hablando, y que sólo puede producirse algo así si se es muy fan del género. Uno de sus guionistas, Patrick M. Verrone, afirmaba en un artículo para la web Slate que “éramos fácilmente los guionistas de dibujos animados más sobrecualificados de la historia (…), pero no fuimos lo suficientemente listos como para averiguar cómo evitar la cancelación (tres veces)”.

El personaje

maxresdefault

Si hay un personaje intrínsecamente unido a ‘Futurama’, ése es Bender Bending Rodriguez (John DiMaggio), el robot del grupo. Debe su nombre a John Bender, el “chico malo” y delincuente juvenil de la película ‘El club de los cinco’, de John Hughes, y mantiene algunas de sus características. Es malhablado, egocéntrico, alcohólico (porque, si no bebe constantemente, sus baterías no se recargan), con mal genio, y en un principio fue programado para trabajar en cabinas automáticas que ayudan a la gente a suicidarse, aunque después pasa a ser el cocinero del Planet Express. Es el mejor amigo de Fry, y da por completo la vuelta al arquetipo del androide al servicio de los humanos que suele presentarse en las series de ciencia ficción. Por supuesto, con semejante comportamiento, y con su talento para las frases ingeniosas, Bender se convirtió rápidamente en el personaje favorito de muchos fans, amenazando en bastantes ocasiones con “comerse” la serie si los guionistas no lo controlaban un poco.

Bender representa, en parte, lo que hacía a ‘Futurama’ diferente. Sus tendencias anti sociales y sus ínfulas ocasionales de dominación mundial ya se adelantaron al lado más bestia de las series de otro guionista que es un gran aficionado a la ciencia y a la ciencia ficción, Seth McFarlane, que llegó a producir una continuación de ‘Cosmos’, la serie documental de Carl Sagan. El robot del Planet Express ha sido imitado y convertido en el mismo objeto de mercadotecnia que Bart Simpson, pero la diferencia es que si Bender fuera real, probablemente ninguno querríamos tenerlo cerca.

Los creadores

Aunque el que figure como creador de ‘Futurama’ sea Matt Groening (1954), dibujante y guionista que empezó a llamar la atención con la tira diaria ‘Life in hell’, no puede hablarse de la serie sin mencionar a David X. Cohen (1966), graduado en física e informática por la Universidad de Harvard, y que ayudó a Groening a poner en pie la serie. Cohen era el guionista jefe y el showrunner de ‘Futurama’, y era el que se aseguraba de que, si había algún gag con referencias científicas, éstas fueran correctas.

Llegó a la serie escribiendo primero para ‘Beavis y Butthead’ y, después, para ‘Los Simpson’, donde Groening contactó con él para el arranque de ‘Futurama’. Éste ha sido descrito por los dos como muy complicado, porque no conseguían entenderse con los ejecutivos de Fox. Éstos querían supervisar casi todos los detalles de la serie y Groening se negaba, buscando la misma libertad que tenía con ‘Los Simpson’. La consiguió finalmente, pero hay quien se pregunta si eso no terminó jugando en su contra para sobrevivir durante más tiempo en esa cadena.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘Hell is other robots’ (1×09)
  2. ‘The luck of the Fryrish’ (3×10)
  3. ‘Roswell that ends well’ (4×01)
  4. ‘Jurassic bark’ (5×02)
  5. ‘The prisoner of Benda’ (6×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Fox-Comedy Central/Estados Unidos
Año: 1999-2003, 2008-13
Creador: Matt Groening
Reparto: Billy West, Katey Sagal, John DiMaggio, Tress MacNeille, Phil Lamarr, Lauren Tom
Temporadas/capítulos: 7 (140)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Fringe’

“El doctor Bell tenía la teoría de que la mente humana,
en el nacimiento, es infinitamente capaz 
y que cada fuerza que se encuentra, social, física, intelectual, 
es el principio de un proceso al que se refería como “limitación”.

Walter Bishop y William Bell eran dos científicos brillantes que se hicieron muy amigos durante los años 70. Para ellos, los avances de la ciencia no tenían límites; todo lo que su imaginación pudiera concebir, impulsada por alguna ayudita del LSD, podía hacerse realidad: enormes máquinas que podían poner en contacto a quien las utilizara con la mente de otra persona, sustancias químicas que eran capaces de potenciar las capacidades cerebrales de los niños o, literalmente, ventanas que permitían ver otro universo, un mundo paralelo que existía simultánea, e independientemente, del suyo.

Walter y “Belly” querían crear un mundo mejor, querían extraer los otros mundos que existen en éste y hacerlos realidad, pero por el camino se obsesionaron demasiado. Se volvieron demasiado arrogantes, creyeron que podían ser dioses con capacidad para decidir sobre la muerte, la vida y sobre cómo ésta debía desarrollarse, y se perdieron. William Bell creó una poderosa empresa tecnológica, Massive Dynamics, y desapareció de la faz de la tierra. Walter Bishop, por su parte, se volvió loco. Ambos experimentaron en sus propias carnes lo que quiere decir que el sueño de la razón produce monstruos.

Esa arrogancia científica, ese creerse por encima de consideraciones éticas y morales y de realizar determinados experimentos sólo porque se tienen los medios y la capacidad intelectual para hacerlos, es lo que explora en gran medida ‘Fringe’. La siguiente serie de ciencia ficción que J.J. Abrams co-creaba después de ‘Perdidos’ empezaba moviéndose entre los límites de lo posible en ciencia, aunque estuviera muy en la frontera.

Su título se refería justo a la fringe science, las teorías que se salen del molde de lo aceptado por la comunidad científica, que están casi en el terreno de la ficción o de la fantasía, y que de algún modo encontraban su salida hacia el mundo real, creando todo tipo de problemas en él. Casi todos los casos que investigaba inicialmente Olivia Dunham, agente del FBI, estaban relacionados con los experimentos que Walter Bishop y “Belly” habían llevado a cabo en los 70, o se conseguían resolver utilizando algunos aparatos inventados por Walter entonces. Sin embargo, la serie se reserva un giro que cambia por completo la percepción de lo que estamos viendo cuando la agente Dunham y Peter Bishop, el hijo de Walter, descubren que los mayores “casos Fringe” son ellos mismos.

‘Fringe’ se pregunta cuáles son los límites de la ciencia más avanzada. ¿Es ético hacer realidad cualquier cosa que se nos pase por la mente? ¿Se debería pensar en las consecuencias potenciales que un novedoso invento podría tener antes de construirlo y lanzarlo al mundo? Si se pueden utilizar pequeños robots voladores que entren en todas partes con una cámara, ¿no deberíamos preguntarnos hasta que punto son una invasión de la intimidad antes de soltarlos en el aire? Y si descubrimos la manera de pasar a otro universo alternativo, ¿quiénes somos para cruzar hacia él y causar potencialmente terribles daños?

Fringe-Joshua Jackson

Toda la serie presenta a Walter con el dilema de afrontar las consecuencias de sus actos, de reconocer que nunca estuvo en posesión de la verdad suprema, que jamás debió jugar a ser dios sólo porque disponía de la posibilidad de hacerlo. Las versiones alternativas de cada uno de los personajes en el otro mundo los presentan con las mismas dicotomías, con la duda de qué habría pasado si hubieran decidido otra cosa en un determinado momento de sus vidas. ¿Habrían sido mejores? ¿Les habría causado infelicidad?

‘Fringe’ se animó a explorar universos alternativos buscando toda la intensidad emocional posible en sus tramas

Es cierto que, para su última temporada, ‘Fringe’ deriva hacia una distopía totalitaria futurista y se sale un poco de los temas que había explorado en sus cuatro entregas anteriores, pero nunca pierde su auténtico centro: el corazón de sus personajes y la responsabilidad hacia nuestros propios actos, hacia las cosas que hemos creado. Es una serie sobre los límites de la ciencia y del pensamiento humano, y sobre la necesidad de que no se aparten los sentimientos a la hora de optar por llevar a cabo determinados experimentos, por no considerar a las personas como meras ratas de laboratorio. Incluso aunque los sentimientos de extremo dolor y pérdida de un padre son los que, en realidad, ponen en marcha toda la serie.

Como curiosidad, su primer capítulo sucedió al de ‘Perdidos’ como el más caro producido por la televisión estadounidense hasta ese momento, lo que se entiende al ver que había un avión lleno de cadáveres, un arranque que después utilizaría también ‘The Strain’, el libro y la serie vampírica co-creada por Guillermo del Toro.

El personaje

bishop

‘Fringe’ es la serie de Walter Bishop (John Noble). Su primer capítulo arranca con la agente Dunham sacándolo del psiquiátrico en el que está internado desde hace años y, desde ese momento, lo vemos intentar recuperar su antiguo ser, aunque ese ser fuera un tipo arrogante y poco agradable. Walter era un científico brillante, sin miedo a nada, pero una tragedia personal resquebrajó su mundo y su contacto con la realidad. El FBI lo necesita para resolver esos extraños casos que han empezado a aparecer aquí y allá, y él se va dando cuenta, al recordar algunos de los experimentos que permiten resolverlos, de lo lejos que llegó entonces, y del daño que causó.

Walter es un personaje siempre al borde de la fragilidad, de la locura, que alterna momentos de gran resolución y brillantez intelectuales con excentricidades que nadie comprende, pero que aportan una enorme diversión a la serie. Desde su afición por el regaliz a su empeño en llamar siempre por nombres incorrectos a su ayudante, Astrid, o a Gene, la vaca que tiene en el laboratorio, el doctor Bishop consigue poner rápidamente a la audiencia de su lado, más todavía porque lo vemos asumir las consecuencias de sus actos cuando todavía se creía un científico por encima de cualquier límite.

Los creadores

Quienes pusieron en marcha ‘Fringe’ fueron J.J. Abrams, Alex Kurtzman (1973) y Roberto Orci (1973). Los dos últimos habían sido los showrunners de las últimas temporadas de ‘Hércules: Sus viajes legendarios’ y habían sido guionistas de ‘Xena, la princesa guerrera’ antes de entrar en ‘Alias’, una serie producida por Abrams y de la que salieron los principales responsables de ‘Fringe’, pues allí trabajaron también J.H. Wyman y Jeff Pinkner, que llevaron la serie a partir de la segunda temporada.

Kurtzman y Orci siempre han estado relacionados con la ciencia ficción y la fantasía, escribiendo el guión de las nuevas películas de ‘Star Trek’, ‘La isla’, ‘Misión imposible III’ y hasta ‘Transformers’, y en la creación de ‘Fringe’ buscaban un procedimental de ciencia ficción que recuperara, por ejemplo, lo que ‘Expediente X’ había hecho en los 90, y siempre intentando que sus casos tuvieran algún tipo de anclaje en la realidad, aunque fuera una realidad muy teórica y sin demostrar. Sin embargo, al igual que las aventuras de Mulder y Scully, también querían que hubiera una trama de fondo que fuera desarrollándose poco a poco, y que terminó por ser toda la serie.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Ability’ (1×14)
  2. ‘There’s more than one of everything’ (1×22)
  3. ‘Peter’ (2×16)
  4. ‘Olivia’ (3×01)
  5. ‘Marionette’ (3×09)

Ficha

Cadena/nacionalidad: FOX/Estados Unidos
Creador: J.J. Abrams, Roberto Orci & Alex Kurtzman
Año: 2008-13
Reparto: Anna Torv, John Noble, Joshua Jackson, Jasika Nicole, Lance Reddick, Blair Brown
Temporadas/capítulos: 5 (100)
Dónde verla: Editada en DVD