‘V’

Eres tan libre como la correa con la que te atan.
Tira lo suficientemente fuerte, y te ahorcarán con ella”.

La década de los años 80 fue especialmente fructífera para las distopías totalitarias. La conjunción de un momento especialmente tenso en la Guerra Fría con la aparición de gobiernos de derechas muy conservadores en Estados Unidos y el Reino Unido (más las dictaduras militares que todavía estaban en el poder en bastantes países de Sudamérica y el gobierno del apartheid en Sudáfrica), pareció impulsar la imaginación de los guionistas televisivos hacia alegorías de planetas ocupados por extraterrestres que gobernaban con mano de hierro.

Una de esas alegorías fue ‘V’, una serie que, en realidad, es una colección de dos miniseries y una temporada convencional de 19 episodios, y que NBC le compró al guionista Kenneth Johnson en un intento desesperado de conseguir un éxito. Johnson era un veterano de la ciencia ficción televisiva, responsable de ‘El hombre de los seis millones de dólares’ y ‘La mujer biónica’, e insufló en su creación unos cuantos dejà vú  muy claros hacia momentos históricos en los que también había una nación que se expandía por el mundo buscando el dominio y la opresión total del resto de pueblos. Porque ‘V’ contaba una invasión extraterrestre, algo muy clásico desde ‘La guerra de los mundos’, de H.G. Wells, y le daba un tono político y de resistencia que la hizo destacar enseguida entre la ciencia ficción de principios de los 80.

Los visitantes llegan a la Tierra en enormes platillos volantes que recuerdan a los del cine del género en los 50, y afirman estar en el planeta en son de paz, sólo para pedir ayuda a los humanos para obtener minerales y sustancias químicas que puedan salvar su propio mundo. A cambio de esa colaboración, los visitantes prometen compartir con los terrícolas su tecnología, más avanzada que la terrestre, y en el proceso, van ganando cada vez mayor influencia y poder sobre los gobernantes del mundo.

Pronto, empieza a haber restricciones para acceder a esos inventos de los visitantes y los miembros más críticos de la sociedad empiezan a ser vigilados muy estrechamente y a desaparecer. Algunos de ellos comienzan a comportarse de forma muy extraña, como si no fueran ellos mismos, y mientras el yugo de los alienígenas se va estrechando sobre la Tierra, surgen también focos de resistencia, humanos que quieren saber la verdad de lo que está pasando y pretenden luchar contra el régimen totalitario impuesto por los visitantes.

Los Visitantes de ‘V’ eran una clara alegoría de la Segunda Guerra Mundial y los gobiernos totalitarios de la historia

La miniserie con la que arranca ‘V’, de dos episodios, es un ejercicio de ciencia ficción política que tuvo un enorme éxito. Su creador, Kenneth Johnson, confesaba en una entrevista con el diario Los Angeles Times que se había basado, en gran medida, en la Segunda Guerra Mundial y en las acciones de los nazis en ella, pero que era, en realidad, una historia sobre el poder: “gente sin escrúpulos que tiene poder, aquellos que les hacen la pelota y la gente corriente que arriesga sus vidas para pelear contra el abuso de poder”.

vposters

La opresión de quienes literalmente son diferentes de los visitantes (que en realidad son seres reptilianos disfrazados de humanos), los experimentos que se hacen con ellos, el lado dictatorial de Diana, su líder y una de las villanas más icónicas que dejó la televisión de los 80, y el impulso de resistencia del grupo humano de Donovan fueron rasgos que convirtieron ‘V’ en un fenómeno. Alcanzó tales dimensiones, que NBC quiso continuarla más allá de la miniserie original, pero Johnson ya no participó en esas secuelas. ‘V. The final battle’ tuvo tres episodios en 1984 y, ese mismo año, se estrenó también una serie ya de estructura más convencional que perdió gran parte de lo que había hecho especial a la historia en un principio. Las críticas de la época se quejaban de que ‘V’ se había convertido en ‘Dinastía’ con lagartos, y la saga no fue más allá.

Otra cadena diferente, ABC, intentó resucitar ‘V’ en 2009, con unos visitantes que ofrecían sanidad gratuita y universal en pleno debate en Estados Unidos sobre el Obamacare, el plan de sanidad público de Barack Obama, pero tampoco consiguió recuperar la chispa y la urgencia de la miniserie original. El tinte político que tenían aquellas dos primeras entregas, que se ajustaba enormemente a las tensiones mundiales presentes en la época, se fue diluyendo en las secuelas y en el remake y, por lo tanto, ‘V’ ya no era ‘V’.

Lo que sí es destacable es la campaña de promoción que se utilizó para el estreno de la serie, en el otoño de 1984. Adelantándose al marketing viral de la actualidad, se llenaron las estaciones de tren y metro estadounidenses de carteles con un hombre con gafas de sol, sonriente, y el lema “los visitantes son nuestros amigos”. Unos días después, sobre esos mismos carteles aparecía pintada una gran V roja, sin que se especificara que esa V hacía referencia a una serie de televisión.

El personaje

diana

En toda serie de aventuras es imprescindible un buen villano que dé la medida de los héroes. Si, además, hay implicadas tramas de espionaje y agentes infiltrados, dicho villano tiene que ser especialmente calculador y malvado para que la victoria final de los protagonistas sea más satisfactoria. ‘V’ no lo dejaba todo tan claro, pero es evidente que su personaje más recordado es, precisamente, su villana, la líder de los visitantes, Diana (Jane Badler). El momento en el que se come una rata, y queda al descubierto para el espectador su naturaleza de reptil alienígena, es uno de los más icónicos de la televisión de la década de los 80.

Aquellos años, además, estaban repletos de grandes villanas. Las soap operas de prime time utilizaban a malas como Alexis Carrington o Angela Channing para darle chispa a sus tramas, pero Diana las superaba porque no tenía ningún asomo de redención, o un pasado difícil que explicara por qué era así. Ella, como jefa de los visitantes, tenía como única misión esclavizar a la humanidad y aplastar a la resistencia contra su invasión, y se dedicaba a ello entregándose en cuerpo y alma. Con una antagonista así, los protagonistas tenían que esforzarse más por evitar sus estratagemas y por derrotarla, y eso contribuía a darle a la serie una urgencia que es cierto que se fue diluyendo con rapidez conforme pasaban los episodios.

El creador

Cuando Kenneth Johnson creó ‘V’, ya era un reputado guionista que había puesto en pie, con éxito, ‘El hombre de los seis millones de dólares’ y su spin off, ‘La mujer biónica’, pero para su siguiente serie quiso, en un principio, hacer un ejercicio de ucronía más anclada en la realidad al explorar los temas de la novela ‘It can’t happen here‘, sobre la posibilidad que surgiera un estado fascista en Estados Unidos. Sin embargo, Brandon Tartikoff, presidente de NBC, se enteró del proyecto y le pidió a Johnson que lo convirtiera en lo que luego fue ‘V’.

La serie representaría un récord por la rapidez con la que se puso en marcha. Desde que la NBC le compró la idea, necesitada de un éxito como fuera, y todo estaba listo para el rodaje de un piloto pasaron dos semanas y media, cuando el tiempo normal habría sido tres meses. Johnson afirmaba que se había inspirado en la Segunda Guerra Mundial, la guerra de independencia estadounidense, Espartaco y el apartheid, que estaba entonces en Sudáfrica atravesando una de sus peores épocas, y la primera miniserie resultó realmente un impresionante éxito para NBC. Johnson, sin embargo, ya no estuvo involucrado en sus continuaciones.

Cinco episodios imprescindibles

  1. Parte 1 (1983)
  2. Parte 2 (1983)
  3. ‘Liberation Day’ (1×01)
  4. ‘Visitor’s choice’ (1×06)
  5. ‘The conversion’ (1×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: NBC/Estados Unidos
Año: 1983-85
Creador: Kenneth Johnson
Reparto: Jane Badler, Michael Durrell, Faye Grant, Marc Singer
Temporadas/capítulos: 1 (19), más dos miniseries
Otros: Tuvo un remake en 2009.

Anuncios

‘Continuum’

“¿Cómo sabes que el futuro no ha cambiado ya?”

Estamos en 2077, en un mundo en el que los gobiernos se declararon en bancarrota y tuvieron que ser rescatados financieramente por las grandes multinacionales. De resultas, estas empresas son ahora el nuevo gobierno a través del Congreso Corporativo, e implantan prácticamente un estado policial para mantener su status quo. La situación de opresión social lleva a que aparezca una organización terrorista, Liber8, que quiere acabar con ese gobierno de las corporaciones y volver a una sociedad más justa. Sus miembros vuelan el edificio de una de esas grandes empresas, son detenidos y condenados a muerte. Pero durante su ejecución, algo sale mal. En lugar de morir, los miembros de Liber8 viajan al pasado, a 2012, para intentar cambiar la historia y evitar que las corporaciones tomen el poder. En su plan, sin embargo, no se incluye que viaje con ellos Kiera Cameron, una agente de policía del futuro que se ve atrapada en el pasado y que, si quiere regresar a casa, tiene que impedir que Liber8 tenga éxito en sus planes.

Con ese punto de partida, ‘Continuum’ puede tocar varios palos al mismo tiempo. Es un procedimental policiaco en el que Cameron, para mantener su identidad secreta, trabaja con la policía de Vancouver resolviendo casos relacionados con Liber8, que enseguida hacen notar su presencia. Al mismo tiempo, es una historia de ciencia ficción sobre viajeros temporales que no saben si sus acciones realmente tendrán un efecto sobre el futuro, y también está muy enraizada en la crisis económica y bursátil de 2008, los rescates de los gobiernos a bancos y aseguradoras que se vieron afectados por ella y los movimientos ciudadanos como Occupy en Norteamérica, que protestaban ante el trato de favor que recibía ese 1% de ciudadanos ricos y de empresas que, en realidad, dominan todo el sistema desde las bambalinas.

‘Continuum’ aúna los viajes en el tiempo con el comentario social sobre la crisis económica y la privatización de servicios públicos

Simon Barry, su creador, ha apuntado que, en realidad, ‘Continuum’ nació de su interés por vender a las cadenas estadounidenses una idea de ciencia ficción en un envoltorio de serie policial de “caso de la semana”, una fórmula que fuera de más fácil “digestión”. Sin embargo, antes de poder presentarla a ninguna, el canal canadiense Showcase, especializado en títulos de género, se la quedó, y Barry tuvo campo libre para meterse a explorar de lleno las implicaciones sociales y, sobre todo, temporales de las peripecias de Liber8 y Kiera Cameron.

Unos quieren cambiar el futuro; la otra lucha por mantenerlo igual, aunque sea una época de desigualdades y opresión, porque es la única manera de que pueda regresar al lado de su marido y su hijo. Pero ‘Continuum’ es, en gran parte, la historia de la evolución de Cameron. A través de diversos flashforwards, vamos teniendo una ventana a cómo es ese 2077 del que proceden todos los personajes, y se va aclarando si podemos de verdad estar del lado de la agente Cameron o de los terroristas de Liber8. Ella misma va abriendo los ojos a la posibilidad de que, tal vez, esté apoyando a los villanos de la historia, aunque Liber8 aplique unos métodos violentos con los que tampoco está de acuerdo.

Y, al mismo tiempo, entra en contacto con las versiones más jóvenes de algunas de las personas que dominarán el mundo en su futuro, como Alec Sadler. En 2012 sólo es un veinteañero que tiene un completo laboratorio informático en el granero de la casa de su madre, pero en 2077 es todo un magnate multimillonario y muy influyente, el principal objetivo de las acciones de Liber8. Y también alguien que puede saber bastante más de lo que parece del viaje al pasado de Keira.

continuum2

‘Continuum’ va complicando su manejo de diferentes líneas temporales y de distintas facciones luchando por el control del futuro según va avanzando en sus temporadas. Lo que arranca como un policiaco muy dependiente de la fórmula va explorando cuestiones como la posibilidad de que exista el destino (y que éste esté predeterminado), la influencia en el continuo temporal por el mero hecho de haberse desplazado al pasado, la cada vez mayor implicación de las empresas privadas en aspectos antes competencia del estado como las fuerzas del orden o las convicciones personales de alguien que creía tener la razón y se da cuenta de que, tal vez, siempre ha estado equivocado.

La serie, además, forma parte de esa tendencia de los últimos años de situar en su centro a una protagonista femenina que, aunque muchas veces podría ser la heroína de la historia, es bastante más complicada. Keira Cameron cree saber perfectamente lo que está bien y lo que está mal y, además, en sus investigaciones cuenta con la ayuda de un traje que le permite, entre otras cosas, hacerse invisible, y de un chip, instalado en su cerebro, que graba todo lo que ve y le facilita los análisis de las escenas del crimen o la detección de si un sospechoso está mintiendo. Es otro ejemplo más de ese intrusismo de la tecnología y las corporaciones en la vida privada de los ciudadanos de 2077, aunque ella no se dé cuenta. Todavía.

El personaje

kieracameron

En ‘Continuum’ hay unos cuantos personajes con evoluciones interesantes a lo largo de la serie. Está Matthew Kellogg, miembro de Liber8 que decide aprovechar sus conocimientos del futuro para enriquecerse en el presente, y también tenemos a Alec Sadler, que sabe quién va a ser en 2077 e intenta evitarlo, aunque sospeche que su camino vital ya está trazado ante sí. Pero es su protagonista, Kiera Cameron (Rachel Nichols), la que al final representa mejor lo que es ‘Continuum’. Para empezar, no está muy claro que su viaje al pasado fuera realmente un accidente, y si no lo fue, ¿con qué objetivo fue enviada a 2012? Y si debe evitar que ese futuro gobernado por las multinacionales tenga lugar, ¿quiere eso decir que nunca tendrá una familia?

Las mejoras tecnológicas de las que se sirve Cameron (su traje, su chip o su pistola “desplegable”) la acercan a veces al terreno de los superhéroes porque, en ocasiones, parece invencible, pero no lo es. La gracia del personaje son sus dudas sobre si está haciendo lo correcto, sus dificultades iniciales para integrarse en un tiempo bastante diferente del suyo y, sobre todo, su relación con el joven Alec Sadler (Erik Knudsen). A veces resulta frustrante que, pese a todo lo que ve en su trabajo como policía, siga aferrada a la idea de que tiene que evitar que 2077 cambie, en especial cuando el propio Alec dice más de una vez que nadie sabe nada sobre viajes en el tiempo. Es imposible saber si de verdad se ha ejercido alguna influencia en el futuro, y tampoco se puede saber con certeza si esos viajeros temporales pueden regresar a su época. ‘Continuum’ es una serie en la que sus personajes tienen pocas cosas seguras, y en la que el relativismo es parte muy importante de su trama.

El creador

simonbarry

Simon Barry (1966) nunca había creado una serie de ciencia ficción hasta ahora. Su experiencia como guionista se encuadraba en la película ‘El arte de la guerra’, un thriller de acción con Wesley Snipes, y en trabajos más orientados hacia el policiaco y los dramas criminales. Sin embargo, Barry siempre ha sido fan del género, y empezó a pensar en cómo sería un futuro en el que las empresas tecnológicas, que están adquiriendo cada vez más relevancia, fueran las dominantes en el mundo. Añadió a eso la crisis financiera de 2008 y los movimientos sociales que surgieron entonces, y acabó surgiendo ‘Continuum’.

Barry también ha afirmado en más de una ocasión que quería hacer una historia de ciencia ficción lo más pura y dura que pudiera, y en la que los viajes en el tiempo se exploraran más de lo habitual, y también se preocupó de hacer que sus personajes, que arrancan la serie en posiciones muy determinadas sobre lo que es correcto y lo que no (y sobre si tienen razón o están equivocados) fueran adentrándose en terrenos más llenos de grises éticos, que llegara un punto en el que dejaran de estar tan seguros de lo que debían hacer.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘A stitch in time’ (1×01)
  2. ‘Time’s up’ (1×06)
  3. ‘Second skin’ (2×04)
  4. ‘Second truths’ (2×06)
  5. ‘Waning minute’ (3×07)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Showcase/Canadá
Año: 2012-15
Creador: Simon Barry
Reparto: Rachel Nichols, Erik Knudsen, Victor Webster, Luvia Petersen, Roger Cross, Stephen Lobo
Temporadas/capítulos: 4 (42)
Dónde verla: Editada en DVD

‘Battlestar Galactica’

“Los cylones fueron creados por el hombre.
Evolucionaron. Se rebelaron. 
Hay muchas copias. Y tienen un plan”.

“Todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez”. Es curioso que una cita de la película animada ‘Peter Pan’ se convirtiera en el leit motif de una de las series más ambiciosas temáticamente de la última década, pero es que su puesta en marcha también fue una cosa bastante curiosa.

Originalmente, ‘Battlestar Galactica’ era una serie de finales de los 70 que Glen A. Larson creó para ABC para intentar aprovechar la fiebre por las aventuras espaciales que había despertado ‘La guerra de las galaxias’. Sin embargo, la idea de Larson era bastante más seria. Su punto de partida era el exterminio casi completo de la humanidad, repartida por doce planetas, a cargo de la raza extraterrestre de los cylones. Los escasos supervivientes se unen a la flota improvisada que lidera la Estrella de Combate Galáctica, una nave militar que no sólo protege a los restos de la humanidad de los ataques de los cylones, sino que los lleva a una tierra prometida, a una mítica 13ª Colonia en la que podrán vivir en paz y empezar de nuevo: la Tierra.

No era sencillo convertir este concepto en una serie para toda la familia, razón por la que el proyecto de Larson sólo duró una temporada, más una continuación llamada ‘Galactica 1980’, pero siempre tuvo muchos fans y algunos de los involucrados en ella intentaron traerla de vuelta en numerosas ocasiones.

battlestar

Después de un intento fallido del director Bryan Singer y Richard Hatch, protagonista de la versión de los 70, el canal Syfy le entregó el proyecto al productor David Eick y al guionista Ronald D. Moore, veterano de ‘Star Trek: La nueva generación’. Lo que Eick y Moore hicieron fue coger la idea inicial de Larson y tomársela totalmente en serio, despojarla de visitas a planetas casino y de dobles de acción disfrazados de perro, y mostrar cómo sería la vida a bordo de esa flota que anda escasa de provisiones y de personal, y apenas puede sobrevivir a los constantes ataques de los cylones, como para molestarse en pensar si existe de verdad la Tierra y si puede ser su salvación. Para complicar aún más la situación, los cylones ya no son una raza extraterrestre, sino que son máquinas inventadas en su momento por los humanos.

Los eventos de la primera serie se transforman en la primera guerra cylon, en la rebelión de los robots contra sus amos, y tras esa guerra, las “tostadoras”, como se les conoce despectivamente, desaparecen durante 40 años. Cuando vuelven a dar señales de vida, no sólo provocan un genocidio planetario, sino que han evolucionado hacia modelos con una apariencia humana casi perfecta, una suerte de nuevos replicantes. El enemigo está infiltrado justo entre nosotros.

Esta ‘Battlestar Galactica’ empezó a desarrollarse en diciembre de 2001, lo que quiere decir que Moore y Eick tenían muy frescas en sus mentes las imágenes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono del 11 de septiembre de aquel mismo año, y durante las primeras temporadas, veían diariamente por televisión los cambios legislativos del gobierno estadounidense para reforzar la seguridad nacional a costa de algunos derechos civiles, y las incursiones militares en Irak y Afganistán intentando acabar con un enemigo al que no se conocía tan bien como se aseguraba en su momento.

La serie puede encuadrarse en el género de las space operas y presentar combates espaciales y aventuras variadas, pero en realidad estaba mostrando cómo era la sociedad de la guerra contra el terror, cómo era ese mundo post 11-S.

El mejor reflejo de ese tema no es sólo la relación entre los humanos y los modelos “pellejudos” de los cylones, los que son casi indistinguibles de un hombre o una mujer cualquiera, y que empiezan a plantearse cómo sería tener sentimientos humanos y qué implicaría tenerlos. También lo es un arco de cinco episodios al principio de su tercera temporada que lleva al espectador a un territorio ocupado y le obliga a ponerse del lado de los rebeldes que recurren a terroristas suicidas para luchar contra los opresores, y que juzgan y ejecutan, en un tribunal fuera de la ley, a quienes consideran que colaboraron con los que estaban al mando durante la invasión. La Francia ocupada por los nazis en la Segunda Guerra Mundial, los muyahidines, los campos de concentración… Esos cinco episodios encapsulan varios momentos históricos sobre los que pensamos que lo sabemos todo y nos llevan a replanteárnoslo. ‘Battlestar Galactica’ sabe que, estando ambientada en naves espaciales y en un punto indeterminado del universo y del tiempo, puede establecer esos puntos de conexión y salirse con la suya. Porque todo esto ya ha pasado antes y volverá a pasar otra vez.

El personaje

starbuck

Aunque hay personajes muy destacables pululando por la serie (desde la cylon Seis a la presidenta Roslin), hay uno que da la clave de la manera en la que ‘Battlestar Galactica’ reinventó la serie original de los 70; la teniente Kara “Starbuck” Thrace (Katee Sackhoff). En la primera versión de la historia, Starbuck era un hombre, el mejor piloto de la flota, el mejor amigo de Apolo y todo un pendenciero al que le gustaba beber, jugar y ligar con las chicas más guapas que fuera encontrándose por ahí. Sin embargo, al transformarlo en una mujer en la reimaginación, Starbuck adquirió otros matices que lo hacían más interesante. Kara sigue siendo la mejor piloto y también le gusta meterse en problemas, pero su relación con Lee “Apolo” Adama es más complicada, y también lo es su evolución a lo largo de las cuatro temporadas de la serie.

La teniente Thrace se sale del arquetipo del personaje femenino fuerte al estar peleando constantemente contra sus fantasmas personales, contra sus propios deseos autodestructivos y contra la sensación de que tiene un destino que cumplir que, sin embargo, desconoce. El suyo es un viaje hacia la autoaceptación, y sin que su capacidad para hacer su trabajo se vea mermada. Starbuck es tan capaz, o más, que sus compañeros varones, y cuando da problemas, nadie le echa en cara que sea mujer, sino que sea insubordinada y terca, por ejemplo. No fue ése el único caso en el que se cambió el género de personajes de la ‘Battlestar Galactica’ original. Boomer y el presidente de las Doce Colonias también pasaron a ser mujeres, y con papeles bastante más relevantes. Esto llevó, en un principio, a que los fans de la serie original denominaran, despectivamente, a la reimaginación “Galactica in name only”, pero fue la decisión que permitió a Moore y Eick explorar a fondo los temas de su punto de partida y separarse de la creación de Larson.

Los creadores

Los responsables de ‘Battlestar Galactica’ son David Eick y Ronald D. Moore, emparejados por Syfy para sacar adelante el proyecto. Eick (1968) era un antiguo directivo televisivo y productor que había trabajado, por ejemplo, en ‘Xena, la princesa guerrera’, mientras Moore (1964) era un guionista con una larga trayectoria a sus espaldas. Había escrito para ‘Star Trek: La nueva generación’, ‘Star Trek: Voyager’ y ‘Star Trek: Espacio Profundo 9’, para ‘Roswell’ y había trabajado como showrunner de ‘Càrnivale’. Cuando cayó en sus manos el proyecto de hacer un remake de la ‘Battlestar Galactica’ de 1978, no sólo decidió tomarse en serio los temas introducidos por esa serie, sino que añadió al guión del primer episodio un manifiesto en el que dejaba bien claro cómo sería esa nueva versión.

Allí ya expuso que su serie no tendría extraterrestres de maquillajes estrafalarios, que la nave se vería gastada y vieja, que se evitarían personajes arquetípicos como el experto en tecnología o el alien amistoso y, en resumen, que se iba a intentar “nada menos que la reinvención de la serie de televisión de ciencia ficción”. Ya las influencias que Moore y Eick reconocieron al principio de ‘Battlestar Galactica’ la separaban de otros títulos del género; ellos querían una estética más parecida a la de ‘Urgencias’ o los documentales bélicos que a la de ‘Star Trek’.

Cinco capítulos imprescindibles 

  1. ’33’ (1×01)
  2. ‘Pegasus’ (2×10)
  3. ‘Downloaded’ (2×18)
  4. ‘Exodus’ (3×03)
  5. ‘Revelations’ (4×10)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Syfy/Estados Unidos
Creadores: Ronald D. Moore & David Eick
Año: 2003-09
Reparto: Edward James Olmos, Mary McDonnell, Jamie Bamber, Katee Sackhoff, Tricia Helfer, Michael Hogan, Grace Park
Temporadas/capítulos: 4 (75), más una miniserie y dos tv movies
Otros: Remake de una serie de ABC de 1978
Dónde verla: Disponible en Netflix. Editada en DVD

‘Person of interest’

“Estás siendo observado.”

Existe una máquina del gobierno, un sistema informático que observa y registra todos tus movimientos, que te ve a través de las cámaras de tráfico, te escucha a través de tu teléfono móvil y sabe que te gustan las películas de Pixar y que acabas de comprarte una moto gracias a tu estado de Facebook y a tus correos electrónicos. Ciencia ficción, ¿verdad? Dejó de serlo en cuanto Edward Snowden, contratista independiente de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos), filtró a la prensa en 2013 documentos que probaban que el gobierno llevaba años espiando a sus ciudadanos, obteniendo toda la información posible sobre ellos, hasta pinchándoles el teléfono si hacía falta, en aras de la seguridad nacional, la lucha contra el terrorismo y, paradójicamente, la protección de las libertades.

Los atentados del 11-S cambiaron la percepción de lo que es correcto hacer para prevenir nuevos ataques terroristas, y en algunos ámbitos se llegó a la conclusión de era necesario renunciar a algunos derechos básicos (como la intimidad) para impedir que futuras generaciones tuvieran que ver, otra vez, a las Torres Gemelas ardiendo y desplomándose sobre el distrito financiero de Nueva York.

‘Person of interest’ llegó dos años antes de las revelaciones de Edward Snowden sobre el espionaje masivo del gobierno estadounidense a sus ciudadanos

Curiosamente, dos años antes de las revelaciones de Snowden, había una serie de televisión cuya premisa era exactamente ésa, que el gobierno había construido una máquina capaz de monitorizar absolutamente todos los movimientos de cada uno de los ciudadanos estadounidenses, y que tenía la capacidad de discernir quiénes de ellos estaban a punto de verse envueltos en un acto de violencia y, tal vez, hasta de terrorismo. Ésos últimos casos eran los únicos que le interesaban al gobierno, pero el arquitecto de la máquina tenía otros planes, tenía más escrúpulos que sus jefes, y decidió “llevarse” una parte del sistema, la que encontraba a personas “irrelevantes” que estaban en peligro, para ayudarlas. Esto no es tarea sencilla; para no darle a la NSA y al ejército el trabajo hecho, la máquina sólo ofrece los números de la seguridad social de las personas de interés, y sus responsables tampoco saben si serán la víctima o el culpable. Para Harold Finch y su colaborador, John Reese, es más que suficiente.

Con este punto de partida, Jonathan Nolan (hermano del cineasta Christopher Nolan) y Greg Plageman han pergeñado una serie que podría haberse quedado en un ‘Minority Report’ con menos aspectos futuristas y sin personas que ven el futuro y, en su lugar, ha ido evolucionando hacia un comentario sumamente interesante sobre el dilema entre respeto a las libertades y seguridad nacional, sobre quién da legitimidad y derecho a unos gobernantes para que espíen sin miramientos a sus conciudadanos y, todavía más curiosamente, quién se atreve a construir una inteligencia artificial y la sitúa en un altar divino.

Éste último aspecto es el que entronca ‘Person of interest’ con la ciencia ficción más hardcore; Finch construye una máquina omnipotente y tan inteligente, que adopta autoconsciencia, que diseña sus propios mecanismos de supervivencia y que vela, además, por la seguridad de su creador. Finch sólo se comunica con ella a través del ordenador, de mensajes al móvil o de series de números transmitidos mediante llamadas a cabinas telefónicas en la calle, y sólo con esa información, somos capaces de hacernos una idea de que la máquina está, de algún modo, viva.

Y no sólo viva, sino de que aprende, evoluciona, de que los límites que Finch incluyó en su programación, para evitar abusos del gobierno, la acercan mucho más a los humanos. Esto la ayuda a encontrar a los “malos” más fácilmente, pero también la mueve a seguir aprendiendo, lo que, tradicionalmente, ha sido siempre el primer paso antes de que las inteligencias artificiales se rebelen y acaben con la existencia de la humanidad.

PERSON OF INTEREST

La máquina es el personaje más importante de ‘Person of interest’, pero está al fondo. La vamos conociendo a través de sus interacciones con Finch, con Reese, con Root (una hacker que quiere “liberarla”) y con Shaw, y apreciamos todo lo que puede hacer cuando aparecen unos enemigos con muchos menos escrúpulos, y con carta blanca para seguir el curso de acción que crean necesario para garantizar la seguridad ciudadana y para eliminar las amenazas contra ellos.

La serie podrá ser, formalmente, una historia de acción y, a veces, un thriller, pero acaba mostrando lo que puede significar de verdad vivir en un estado orwelliano. Y muestra una inteligencia artificial muy plausible para nuestra sociedad actual, una IA que exista en internet, virtualmente, cuya “mente” se extienda por todas partes sin que podamos verla. ¿Estaría un ente así vivo?

El personaje

finch

‘Person of interest’ es, en gran medida, la historia de cómo Harold Finch (Michael Emerson) aprende a aceptar que construyó una Máquina con capacidad para tomar sus propias decisiones y que la “educó” para tener ciertas consideraciones éticas y morales. Finch tiene que asumir que no es necesario que tenga miedo de la Máquina, pero al mismo tiempo le consume el sentimiento de culpa por haber entregado algo tan poderoso al gobierno, dándole esencialmente carta blanca para controlar como quiera a sus ciudadanos. Las discusiones entre Finch y Root, que ve a la Máquina de un modo completamente distinto, presentan el dilema sobre el que está construida toda ‘Person of interest’.

Finch es también uno de los que más sufre por hacer lo que cree correcto, por no plegarse ante lo que querían quienes le encargaron la construcción de esa inteligencia artificial. Ve cómo las personas a su alrededor están en peligro, cómo su propia creación tiene que desarrollar maneras de escapar al control gubernamental y de sobrevivir a los intentos por acabar con ella. El mundo que Finch ayudó a crear no tiene miramientos y es oscuro y lleno de terrores, y él tiene que vivir con el convencimiento de que podría haber hecho algo para que la situación no acabara así. Aunque sepa que, al final, el nacimiento de la Máquina era inevitable.

El creador

Hasta que llegó ‘Person of interest’, Jonathan Nolan (1976) era más conocido por los guiones que escribía para las películas de su hermano Christopher. ‘Memento’, ‘El caballero oscuro’ e ‘Interstellar’, por ejemplo, son algunos de esos trabajos conjuntos, hasta que se animó a probar suerte en televisión, donde trabaja su mujer, la también guionista Lisa Joy. Nolan afirma que, en parte, ‘Person of interest’ nace de su experiencia creciendo en el Reino Unido, donde Scotland Yard y el gobierno británico instalaron multitud de cámaras en las calles para poder luchar mejor contra la amenaza terrorista del IRA en los 70 y los 80.

De hecho, en las series de policías británicas actuales es muy común ver a los detectives comprobando el sistema de cámaras de las calles de Londres para buscar a un sospechoso. Sin embargo, la única manera de que alguien pueda ver todas esas cámaras a la vez es si las domina un ordenador, una inteligencia artificial que tenga la capacidad de recoger toda la información posible y procesarla, entregando después a las autoridades su análisis de potenciales amenazas. Con la unión de esa experiencia personal y de la lucha contra el terror del gobierno estadounidense tras el 11 de septiembre de 2001, ya tenía las bases para crear ‘Person of interest’.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Firewall’ (1×23)
  2. ‘Relevance’ (2×16)
  3. ‘God mode’ (2×22)
  4. ‘The devil’s share’ (3×10)
  5. ‘If-then-else’ (4×11)

Ficha

Cadena/nacionalidad: CBS/Estados Unidos
Creador: Jonathan Nolan
Año: 2011-16
Reparto: Michael Emerson, Jim Caviezel, Taraji P. Henson, Kevin Chapman, Amy Acker, Sarah Shahi
Temporadas/capítulos: 5 (103)
Dónde verla: En España, Calle 13. Editada en DVD

‘Life on Mars’

¿Estoy loco, en coma o he viajado al pasado?

The Sweeney’ era una serie policiaca británica de los 70 que seguía a un par de agentes de una división especializada en robos con violencia en Londres. Sus protagonistas utilizaban métodos expeditivos para atrapar a criminales todavía más violentos que ellos, y su alto ritmo y el retrato realista que hacía de las calles londinenses modernizó el género en la televisión británica.

Casi 30 años más tarde, en 1998, tres guionistas bastante versados en dicho género como Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham se reunieron para pensar nuevas ideas para una serie. La gran revolución televisiva lanzada por HBO aún no se había puesto en marcha y los tres escritores, aunque tenían como objetivo pensar nuevos conceptos, no hacían más que hablar de lo mucho que les había gustado en su momento aquella serie policiaca de los 70. Una pregunta, entonces, empezó a sobrevolar su charla: ¿cómo reaccionaría un policía de las series actuales, con toda la tecnología de ‘CSI’, si apareciera de repente en ‘The Sweeney’?

Un policiaco parecía una apuesta segura para la BBC, pero el toque de ciencia ficción del detective que viaja al pasado era un riesgo demasiado grande para la televisión británica de finales de los 90. Hay que recordar que, por ejemplo, aún faltaban siete años para que la cadena pública recuperara ‘Doctor Who’. “Entonces, los canales no estaban cómodos con algo así, algo que no estaba ambientado en el mundo real y que tenía un elemento de fantasía”, apuntó en una entrevista en la revista SFX Tony Jordan, por lo que el proyecto de ‘Life on Mars’ se quedó en el limbo.

En 2006, sin embargo, el mercado estaba ya más preparado para una serie así. En Estados Unidos hacía poco que se había estrenado ‘Perdidos’, con su mezcla de géneros y sus toques de misterio y ciencia ficción en medio de un drama de personajes, y su enorme éxito, y un cambio en la directiva de ficción de BBC, propició que el viejo proyecto de Jordan, Graham y Pharoah tuviera la oportunidad de ver la luz.

Así nació ‘Life on Mars’, una de las series más exitosas e influyentes de los últimos años en el Reino Unido. El título de la BBC era un policiaco, sí, pero con un punto de partida high concept, como dirían allí. Sam Tyler es un policía de Manchester, en 2006, que es atropellado por un coche mientras investiga un caso. Cuando se despierta, lo hace en el mismo sitio, y suena la misma canción que tenía puesta en su coche, ‘Life on Mars’, de David Bowie, pero su entorno ha cambiado radicalmente. Está todavía en Manchester, pero en 1973.

¿Cómo ha ocurrido eso? ¿Y cómo puede Sam averiguar qué le está pasando y volver a casa? Las respuestas a esas preguntas son las que impulsan las dos cortas temporadas de ‘Life on Mars’. Sam tiene extrañas visiones y sueños que parecen indicarle si está en coma, loco o de verdad ha viajado en el tiempo, como repite en los títulos de crédito, pero no le resulta tan fácil seguir sus pistas porque, en su día a día, sigue trabajando como policía, pero al lado de un tipo tan de los 70 y tan troglodita para sus principios del siglo XXI como Gene Hunt. En la comisaría se fuma constantemente, hay pocas agentes femeninas y, las que hay, son tratadas como si no valieran para nada por sus compañeros, y los métodos para interrogar a un sospechoso pueden incluir una grabadora, sí, pero no tanto para grabar la conversación como para asestarle un golpe en la cabeza con ella al detenido. La lenta asunción de Sam de dónde (cuándo) se encuentra y sus intentos por trasladar algunos de sus conocimientos de 2006 a ese grupo de brutos se convertirán en el centro de la serie, además de la amistad que va forjándose entre Tyler y Gene Hunt.

El propósito de Pharoah, Jordan y Graham con ‘Life on Mars’ era hacer un policiaco de los 70, y es lo que consiguen, pero el detalle de que Sam ha viajado de algún modo al pasado no se descarta. El choque cultural que esa circunstancia le provoca se explota muchas veces con efectos cómicos, y permite que la serie tome cierta distancia de todos las cosas que hacen Hunt y sus compinches. Las peripecias de los policías son, casi siempre, ligeras y divertidas, y cuando hay algún caso de verdad serio, lo más habitual es que esté relacionado con el pasado de Sam, o pueda ayudarle a averiguar qué le está pasando.

lifeonmars2

Con sólo 16 episodios, no da tiempo a que el concepto inicial de ‘Life on Mars’ se agote, pero la serie no da una solución definitiva a su conflicto. Ésta no llegaría hasta ‘Ashes to ashes’, un spin off centrado en Gene Hunt y que trasladaba la acción al Londres de 1981, donde “aterrizaba” una policía a la que habían disparado en 2008. Alex Drake también se esforzaba por resolver el misterio de lo que había pasado, y al hacerlo, se aclaraba el destino de Tyler.

El éxito de ‘Life on Mars’ asentó el ascendente en la ficción británica de la productora Kudos, responsable de la serie de espías ‘Spooks’ y de los timadores de ‘Hustle’, y que revitalizó las series del Reino Unido en la primera mitad de los 2000. La mezcla de viajes en el tiempo e historia de policías de ‘Life on Mars’ estaba lograda de una manera muy original, transmitiendo una atmósfera muy personal y con un grupo de personajes muy bien dibujado e interpretado. El dúo que formaron Sam Tyler y Gene Hunt está entre los mejores pares de detectives de las series británicas, y el fenómeno de audiencia que fueron sus aventuras animó a las cadenas a probar suerte con títulos que se salían un poco de las ficciones tradicionales en las islas.

La fórmula, sin embargo, no es fácil de replicar. ‘Life on Mars’ tuvo tres remakes (uno en Estados Unidos, otro en España y un tercero en Rusia) y ninguno tuvo demasiado éxito. No bastaba con sustituir David Bowie por Nacha Pop y Pink Floyd, o Manchester por Nueva York, para llevarse a Sam Tyler a sus propios terrenos.

El personaje

genehunt

Aunque el protagonista de la serie es Sam Tyler (John Simm), es Gene Hunt (Philip Glenister) quien termina siendo el personaje más fácilmente reconocible de ‘Life on Mars’. Hunt es la traslación de los policías de las series de los 70, el tipo que confía más en sus instintos que en los análisis forenses de pruebas y para el que, si detiene a alguien acusado de haber cometido un delito, tiene que ser el culpable por lo civil o por lo criminal. Sus métodos pasados de moda son la principal fuente de conflicto entre Tyler y Hunt cuando empiezan a trabajar juntos, pero poco a poco vamos conociendo mejor a ‘Gene Genie’, como se hace llamar, y resulta inevitable darse cuenta de por qué el público británico lo adoraba.

El carisma que Glenister imprimía al personaje, más los tremendos one liners que los guionistas le daban, hacía que Hunt fuera muy divertido y que se terminara convirtiendo en el mejor amigo de Sam en 1973. También el resto de policías del departamento van recibiendo más matices en su retrato, y ‘Life on Mars’ consigue montar un argumento bastante convincente para que Tyler se replantee su idea inicial de volver a casa a toda costa. El éxito de Hunt hizo que él fuera el gran protagonista de la secuela, ‘Ashes to ashes’, y no Alex Drake (Keeley Hawes), la policía que viaja al pasado en aquella serie. Ésta, de hecho, aguantó más en antena que su ‘Life on Mars’, tres temporadas.

Los creadores

Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham son tres guionistas muy veteranos de la ficción británica. Los tres habían coincidido en otras series producidas por Kudos, como ‘Hustle’, razón por la que la productora los encerró, básicamente, en un hotel durante un fin de semana para que idearan nuevos proyectos de series. De aquel fin de semana salió ‘Life on Mars’, donde aprovecharon su experiencia escribiendo para ‘EastEnders’, ‘Testigo mudo’ o la serie médica ‘Casualty’ para hacer las historias que más les gustaban. Los tres serían responsables después de ‘Ashes to ashes’, y algunos de ellos han seguido colaborando más tarde. Graham y Pharoah crearon la serie de aventuras arqueológicas ‘Bonekickers’, pero lo más normal es que se hayan dedicado a poner en marcha nuevos proyectos en solitario.

Cinco episodios imprescindibles

  1. 1×01
  2. 1×04
  3. 2×05
  4. 2×07
  5. 2×08

Ficha

Cadena/nacionalidad: BBC/Reino Unido
Año: 2006-07
Creadores: Ashley Pharoah, Tony Jordan y Matthew Graham
Temporadas/capítulos: 2 (16)
Reparto: John Simm, Philip Glenister, Liz White, Dean Andrews, Marshall Lancaster, Tony Marshall
Otros: Tuvo un spin off, ‘Ashes to ashes’, y remakes en Estados Unidos, España y Rusia.
Dónde verla: Editada en DVD

‘La leyenda de Korra’

“Descubrirás que si buscas la luz, la encontrarás a menudo.
Pero si buscas la oscuridad, es todo lo que verás”.

Durante mucho tiempo, estudios de cine y cadenas de televisión buscaron el nuevo Harry Potter, el fenómeno juvenil que les permitiera atraer a un público que resulta muy goloso por su fidelidad a las cosas que le gustan. Nickelodeon justo estaba en esa búsqueda, abierta a tener una serie de aventuras no sólo tipo Harry Potter, sino en la línea de ‘El Señor de los Anillos’, cuando dos jóvenes guionistas llamados Bryan Konietzko y Michael Dante DiMartino le presentaron ‘Avatar: The last airbender’, una ambiciosa historia por la vastedad y el nivel de detalle con el que ambos habían imaginado su mundo.

En dicho mundo había algo parecido a la magia, que ellos denominaron bending. Había algunas personas que eran capaces de dominar uno de los cuatro elementos fundamentales, el aire, el agua, el fuego y la tierra, y los maestros de cada uno de esos elementos vivían agrupados en tribus. Estaba el Reino de la Tierra, la Tribu del Agua Austral o la Nación del Fuego, y luego estaban los Maestros del Aire, los airbenders, nómadas al estilo de los monjes shaolin.

En cada generación nacía siempre una persona que tenía a capacidad de dominar todos los elementos, y esa persona era el avatar, el encargado de velar por el equilibrio entre todos ellos. En ‘Avatar: The last airbender’, esa persona era un niño llamado Aang que se veía en medio de una guerra larga y cruel lanzada por las ansias expansionistas de la Nación del Fuego y, entre 2005 y 2008, se convirtió en una de las series de animación infantil más exitosas, hasta el punto de tener una adaptación al cine de acción real, dirigida por M. Night Shyamalan, que todos los implicados prefieren olvidar.

El mundo creado por DiMartino y Konietzko podía parecer agotado después de aquello, pero no lo estaba. En 2012, Nickelodeon estrenaba la continuación de la serie, ‘La leyenda de Korra’, que regresaba al universo de Aang unos cuantos años después y centrándose en todo un grupo nuevo de personajes. Al fin y al cabo, su protagonista era la siguiente avatar en la línea, una adolescente maestra del agua llamada Korra.

La serie arranca con Korra trasladándose de su aldea tipo esquimal en el polo sur a Republic City, una gran ciudad de toques steampunk en la que terminar su entrenamiento como avatar aprendiendo a dominar el aire. Pero en la ciudad descubre también que el mundo no es tan perfecto, ni tan benévolo hacia el avatar o los benders, como ella pensaba en un principio. De hecho, el villano de la primera temporada es, precisamente, un hombre que lidera un movimiento llamado los Igualitarios y que cree que, para asegurar la igualdad entre los maestros de los elementos y los que no tienen ese poder, los primeros deben ser erradicados.

‘La leyenda de Korra’ enfrenta a su protagonista a villanos que defienden la igualdad extrema entre las personas, la anarquía o el ascenso del fascismo

Amon ya da una pista de una de las principales características de ‘La leyenda de Korra’, y es el hecho de que utiliza su ambientación en una especie de década de los 20 para introducir asuntos sociales y políticos que ‘Avatar: The last airbender’ no podía tocar. Desde esa igualdad extrema de los Igualitarios a los fanatismos religiosos o el ascenso del fascismo, la serie entrelaza el aprendizaje y la maduración de su protagonista con conflictos mucho más cercanos a acontecimientos históricos y a protestas sociales reales, otorgándole una capa un poco más “adulta”.

Era una evolución lógica de la historia que DiMartino y Konietzko habían pergeñado en su momento, una historia en la que habían “atado” la magia de Harry Potter a elementos mucho más naturales y tangibles y que podían determinar los límites del poder y sus consecuencias. En una entrevista con NPR, la radio pública estadounidense, Bryan Konitezko afirmaba que “queríamos hacerlo natural. Es todo físico, procede del practicante, es una habilidad que se tiene que aprender y adquirir”. Uno de los signos de que se está ante una serie menos infantil es, precisamente, la manera en la que trata esas consecuencias de los actos de sus protagonistas. Korra va notando progresivamente el peso de todas las decisiones que toma desde el principio de la serie, y eso la ayuda a ser una mejor avatar, a ser la heroína que su mundo necesita y a ser una mejor persona.

THE LEGEND OF KORRA

‘La leyenda de Korra’ y el rol del avatar en su mundo beben claramente de la filosofía oriental, la serie está muy influenciada por el anime y, sobre todo, por las películas de Hayao Miyazaki y la importancia en ellas del contacto con la naturaleza. Korra tiene que aprender a meditar para poder acceder el lado espiritual del avatar, que es uno de sus aspectos más importantes, y su maestro Tenzin procura enseñarle a ser paciente, a no lanzarse tan de cabeza a cualquier aventura o peligro que se le cruce por el camino. Al mismo tiempo, Korra aprende a pelear, a defenderse por sí misma y a ser capaz de proteger a las personas que quiere, y la serie destaca especialmente en las escenas de acción, con una animación muy cinematográfica que muestra un mundo lleno de detalles, con secundarios tan cuidados como su propia protagonista, y en el que se es muy consciente de que la luz y la oscuridad viven dentro de nosotros. Ninguna de las dos puede ganar, sino que tienen que mantenerse en equilibrio, que es un concepto muy oriental.

Es una serie llena de aventuras, de personajes memorables desde su primera aparición, de una animación espectacular y que muestra el valor de la tolerancia y de la aceptación de uno mismo como pilares importantes en la madurez de una persona. Cada uno de sus libros, o temporadas, enfrenta a Korra y sus amigos con nuevas amenazas, y éstas van creando y ampliando el mundo de la avatar. La historia no empieza de cero en cada temporada, sino que lo que sus personajes aprendieron, y sufrieron, en la anterior, informa su evolución en los siguientes episodios. ‘La leyenda de Korra’, al contrario que ‘Avatar: The last airbender’, ni tiene un gran villano al que hay que derrotar al final, sino que su camino muestra la madurez de su protagonista hasta un último capítulo que hizo correr ríos virtuales en tinta en los medios estadounidenses.

El personaje

THE LEGEND OF KORRA

La gran protagonista de ‘La leyenda de Korra’, su heroína total, es la propia Korra (Janet Varney). Es la siguiente avatar en la línea y, cuando comienza la serie, es una adolescente un poco testaruda e impulsiva que ya domina el agua, el fuego y la tierra, y que se desplaza a Republic City para aprender el manejo del aire al lado de Tenzin, el hijo de Aang. Su presentación como protagonista de una serie de acción y aventuras para niños y pre-adolescentes puso, inicialmente, un poco nerviosos a los ejecutivos de Nickelodeon, que creían que su público objetivo de chicos no querría ver un título protagonizado por una chica. Pero los primeros visionados con grupos de estudio demostraron que aquellas reticencias eran infundadas. Para su público, Korra, que sus creadores habían moldeado físicamente en la línea de las chicas que podían encontrarse practicando snowboard, fuertes y proporcionadas, simplemente era genial.

Si lleva su nombre, ’La leyenda de Korra’ tiene que estar muy centrada en el proceso de crecimiento de su protagonista. A través de ella conocemos más cosas sobre la historia de los avatares, y los diferentes villanos que van a apareciendo la obligan a mirarse en el espejo porque todos ellos (y especialmente la de la cuarta temporada) representan lados de Korra en los que ella tiene que trabajar. La asunción de la importancia del mundo espiritual, el convencimiento de que no tiene por qué enfrentarse sola a todos los peligros y de que debe ser consciente de que en el mundo hay gente diferente a ella, con problemas que merecen ser escuchados, la van convirtiendo poco a poco en una de las mejores heroínas que ha dejado la televisión reciente.

Los creadores

Bryan Konietzko (1976) y Michael Dante DiMartino son dos guionistas y dibujantes estadounidenses que, antes de poner en pie el mundo de ‘Avatar: The last airbender’ y Korra, habían estudiado en la Escuela de Diseño de Rhode Island, de donde salieron creadores como Seth McFarlane. Konietzko y DiMartino empezaron a trabajar en Hollywood en series de animación para adultos como ‘El rey de la colina’ y ‘Padre de familia’, pero su primera creación conjunta fue una serie infantil, con una ambición bastante mayor de lo habitual para un título de Nickelodeon, como ‘Avatar’. Por esa serie, Konietzko y DiMartino recibieron, entre otros galardones, un premio Peabody, uno de los más prestigiosos en Estados Unidos y que reconoce no sólo la excelencia creativa, sino también su relevancia social. Con ‘La leyenda de Korra’ quisieron presentar un mundo un poco más “adulto” que el de la primera serie, un mundo que hubiera crecido con sus espectadores y que se planteara preguntas un poco más complejas.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Welcome to Republic City’ (1×01)
  2. ‘Beginnings. Part 1’ (2×08)
  3. ‘The terror within’ (3×08)
  4. ‘Korra alone’ (4×02)
  5. ‘Day of the Colossus’ (4×12)

Ficha

Título original: ‘The legend of Korra’
Cadena/nacionalidad: Nickelodeon/Estados Unidos
Año: 2012-14
Creadores: Michael Dante DiMartino y Bryan Konietzko
Temporadas/capítulos: 4 (52)
Reparto (voces): Janet Varney, David Faustino, Seychelle Gabriel, P.J. Byrne, J.K. Simmons, Mindy Sterling
Otros: Secuela de la serie ‘Avatar: The last airbender’
Dónde verla: Editada en DVD

‘Defiance’

Vivir juntos, morir juntos, funciona cuando tienes 
que seguir luchando. Es una mierda en la vida real

La construcción de mundos es uno de los aspectos más destacados de la ciencia ficción. Para que los personajes y sus aventuras sean creíbles, el mundo en el que se mueven tiene que serlo también. Ha de tener unas normas que tengan lógica interna, debe apreciarse como un universo en el que sus habitantes viven, trabajan, matan, conspiran, sueñan. Si para los personajes es real, es el único mundo que conocen, los espectadores deben poder darse cuenta de ello. Entre las series de género recientes, pocas han tenido un trabajo de construcción de mundo tan extenso como ‘Defiance’, una serie que llevaba el tema del contacto alienígena hasta sus últimas consecuencias.

Estamos en 2046, décadas después de que varias razas extraterrestres llegaran a la Tierra y estallaran las que se conocen como las Guerras Pálidas, enfrentamientos entre los humanos y esos alienígenas (llamados colectivamente los Votan) que dejaron, principalmente, un planeta terraformado por los extraterrestres. De resultas, el clima, la fauna y la flora terrestres cambiaron radicalmente, y también lo hizo el modo de vida de sus habitantes.

En la época en la que arranca la serie, humanos y Votan conviven pacíficamente (o más o menos pacíficamente) bajo el gobierno de la República de la Tierra, y gran parte del planeta se ha convertido en lo más parecido al Salvaje Oeste que podría haber en el siglo XXI. A una de esas ciudades, Defiance (la antigua St. Louis), llegan un ex combatiente humano y su hija adoptiva, una alienígena, que se ganan la vida vendiendo componentes de las naves espaciales Votan abandonadas que, de vez en cuando, caen a la superficie desde la órbita de la Tierra. Su estancia en Defiance va a ser sólo temporal, pero los esfuerzos de la ciudad por mantenerse independiente de la República de la Tierra, y las maniobras de algunos Votan por controlar lo que se esconde en sus minas, los llevan a quedarse.

defiance2

Defiance’ es, en realidad, un western. Kevin Murphy, su co-creador, explicaba en la revista Sci Fi Now que la serie seguía los ideales del escritor Robert Heinlein al apuntar que “era el gran creyente en iconoclastas desaliñados, individualistas y patrióticos que eran todos malhumorados libertarios y que recelaban de la religión organizada, el gobierno, el ejército y la gente que tenía el control. Eran leales a sus hombres y a sus vecinos, creían en cuidar de la gente en su vecindario. Eso está en el espíritu de Defiance”. Pero esos ideales son también los de las historias del Oeste. El individualismo y el concepto de hacerse a sí mismo que se veía en un título como ‘Deadwood’ está presente en los personajes de ‘Defiance’, muchos de los cuales llegan a la ciudad para reinventarse y empezar de cero. Una de sus alienígenas más interesantes, Stahma Tarr, ve la Tierra como la gran oportunidad para escapar de la sociedad patriarcal de su raza, los castithan, y tener el poder y la autonomía que en su planeta nunca le habrían reconocido.

‘Defiance’ muestra una Tierra en la que están obligados a convivir los humanos con varias razas alienígenas que, básicamente, los colonizaron

La convivencia de las rígidas costumbres y la contenida apariencia de los castithan, el lado más hippie de los irathient o los inquietantes secretos escondidos bajo el sarcasmo de los indogene con unos humanos que sólo buscan ganarse la vida de la mejor manera posible es una gran fuente de conflictos para la serie. Si se sustituyen todas esas razas alienígenas por colonos blancos, indios y esclavos negros, se obtiene el esquema básico de un western con un gran potencial para el comentario social. Y ‘Defiance’ intenta varias veces ese comentario, ya sea a través de la respuesta de la ciudad a una enfermedad de la que parecen ser portadores los irathient, a las consecuencias psicológicas que las Guerras Pálidas tuvieron en quienes las lucharon. La serie procura no quedarse en la mera traslación de las tramas típicas de las space operas a un entorno de western, y a veces logra presentar situaciones interesantes de convivencia y resquemores entre las diferentes razas que habitan la zona.

Lo más destacado es el cuidado con el que se crean las especies extraterrestres, cada una con su propio lenguaje, sus costumbres y su estilismo, que responde a la manera en la que ven el mundo. Los irathient a veces caen demasiado en el lado de los nativos americanos, pero las misteriosas, e inquietantes, actividades de los indogene durante la guerra, y su distanciamiento emocional y psicológico del resto de razas, son uno de los puntos más interesantes y, al mismo tiempo, menos explorado por la serie.

‘Defiance’ va profundizando en su mundo y complicando las cosas para sus protagonistas poco a poco, conforme van transcurriendo los capítulos. Hay un lado místico y legendario referido a lo que oculta la antigua ciudad de St. Louis, enterrada en las minas, que va adquiriendo mayor relevancia en la serie, pero que no es lo más destacado de ella. Es justo la construcción de ese universo en el que los humanos ya no son la única raza inteligente y dominante en la Tierra, y en el que se ven obligados a asumir esa nueva posición, donde la serie termina aportando algo diferente al género.

En lo que este título de Syfy sí fue pionero fue en su estrategia transmedia. Su debut coincidió con la puesta en marcha de un MMORPG, un juego online multijugador, y una y otro se retroalimentaban en sus tramas. Se buscaba ofrecer a quienes vieran la serie, y jugaran al videojuego, una experiencia completa dentro del mundo de ‘Defiance’, que por esa razón tenía que estar pensado hasta el más mínimo detalle. Los personajes del MMORPG se movían por otras partes de ese universo, pero protagonizaban, por ejemplo, historias que se mencionaban en la serie, o permitían vistazos a lugares de los que Nolan hablaba y que, en ocasiones, acababan apareciendo en televisión.

Fue una manera distinta de representar también el cambio de rumbo de Syfy, que había confiado en los procedimentales fantásticos para relanzar su marca y dejar atrás su vieja denominación de Sci Fi Channel, y que con ‘Defiance’ volvía a las historias más de ciencia ficción y a las space operas. Aunque ésta en concreto, cancelada en la tercera temporada, no fuera todo lo longeva que les habría gustado.

El personaje

stahma

El protagonista nominal de ‘Defiance’ es Nolan (Grant Bowler), el ex soldado que acaba como sheriff de la ciudad, pero la mejor creación de la serie, probablemente, sea Stahma Tarr (Jaime Murray). Es una mujer castithan perteneciente a sus clases altas y cuyo marido quiere controlar todo el crimen organizado del lugar, ya sean apuestas, bares de mala muerte o negocios de extorsión a cambio de protección. Datak Tarr (Tony Curran) parece, al principio, el gran villano de la serie, pero poco a poco vamos comprobando que el verdadero cerebro es Stahma, que maniobra como si fuera Lady Macbeth alrededor de su marido.

La cultura castithan fuerza a la mujer a una posición sumisa, algo contra lo que ella lucha sutilmente al principio, y de manera más abierta después, maniobrando para quedarse con los negocios de su marido y obligarlo a que la reconozca como una socia de igual a igual. Los Tarr terminan siendo los personajes con un trayecto vital más interesante de todos, pues pasan de disfrutar de cierta posición de poder a acabar peleando por sobrevivir. La Tierra les ofrece una oportunidad de reinvención, y de redención, que ‘Defiance’ desarrolla casi hasta sus últimas consecuencias.

El creador

Kevin Murphy, co-creador de “Defiance” junto a Rockne S. O’Bannon (que aportó buena parte de las ideas iniciales) y Michael Taylor, y showrunner de la serie, tiene una heterogénea carrera a sus espaldas, una en la que no parece que un western de ciencia ficción como éste fuera a ser un proyecto para él. Pero no era la primera vez que había trabajado en el género. Participó en ‘Caprica’, el spin off precuela de ‘Battlestar Galactica’ centrado en el origen de los cylones a través de la rivalidad entre dos familias, los Adama y los Greyson, aunque es cierto que otros créditos televisivos suyos incluyen ‘Mujeres desesperadas’ y ‘Hellcats’, un título juvenil de animadoras. Donde Murphy es también conocido es en Broadway. Se encargó de escribir el musical satírico ‘Reefer Madness’ y de la música de la adaptación al teatro de ‘Una rubia muy legal’.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The serpent’s egg’ (1×06)
  2. ‘The cord and the ax’ (2×03)
  3. ‘Doll parts’ (2×11)
  4. ‘My name is Datak Tarr and I have come to kill you’ (3×08)
  5. ‘Upon the march we fittest die’ (3×13)

Ficha

Cadena/nacionalidad: Syfy/Estados Unidos
Año: 2013-15
Creadores: Rockne S. O’Bannon, Kevin Murphy y Michael Taylor
Temporadas/capítulos: 3 (38)
Reparto: Grant Bowler, Stephanie Leonidas, Jaime Murray, Tony Curran, Julie Benz, Jesse Rath, Graham Greene
Otros: Desarrollada en conjunción con un videojuego MMORPG
Dónde verla: Las dos primeras temporadas están editadas en DVD

‘Black Mirror’

“No existe la gente real”.

Teléfonos móviles, tabletas, ordenadores portátiles, relojes inteligentes, reproductores de MP3… Nuestra vida cotidiana está repleta de pantallas, de los “espejos negros” a los que se refiere una canción de Arcade Fire que da título a esta serie de antología, y que incluye un verso que reza: “grabado por una cámara de seguridad, no puedes ver tu propia imagen y también mirarte a los ojos”.

Algo así estaba pensando Charlie Brooker cuando ideó ‘Black Mirror’ y la situó en un presente en el que las innovaciones tecnológicas más futuristas han dejado de serlo y nos permiten vivir totalmente en un mundo virtual, o grabar y compartir todo lo que experimentemos o bloquear, literalmente, el contacto con personas a las que ya no queremos más en nuestro entorno. Inspirado por Rod Serling y ‘La dimensión desconocida’, Brooker, que es un ácido y certero comentarista sobre la actualidad televisiva y la influencia de la tecnología en nuestras vidas en sus colaboraciones con el diario The Guardian, construye un mundo paralelo muy parecido al nuestro, por supuesto, y explora hasta dónde puede llegar nuestra fascinación con la tecnología, y lo que dicen de nosotros los usos que le damos.

blackmirror12

Brooker ha señalado en muchas ocasiones que su serie no es anti-tecnología, que los avances tecnológicos no son el problema, sino que son los humanos que los utilizan los que pueden representar uno. Y así, cada uno de los capítulos de su serie cuenta una historia independiente sobre uno de esos usos, sobre las consecuencias imprevistas que puede tener abrazar tan completamente una tecnología cuyo potencial no tiene límites.

Por supuesto, lo que ‘Black Mirror’ está haciendo, en realidad, es explorar las debilidades humanas, sus mezquindades, sus bondades y lo fácil que es ser cruel con otra persona cuando no la estás viendo cara a cara, la falta de empatía que puede acarrear estar siguiendo la evolución de un hecho a través de, por ejemplo, las redes sociales. Para un novio celoso, quizás no es lo más adecuado tener instalado en el cerebro una especie de chip que permite grabar y reproducir (y, en esencia, revivir) todas sus sospechas de que su chica está engañándole con otro, y si tu pareja acaba de morir, tal vez no es lo más sano que utilices un servicio que permite recrear su personalidad a través de su actividad en internet, y que construye una copia virtual de esa persona a la que acabas de perder. ¿Cómo afrontarías todo eso? ¿Te volvería loco? ¿Te ayudaría de verdad a superar la situación en la que te encuentras? ¿Considerarías la tecnología una herramienta útil o un estorbo?

Charlie Brooker ideó ‘Black Mirror’ como una manera de criticar la excesiva dependencia de las personas de la tecnología

Brooker se hace todas esas preguntas y las traslada a su serie, que es una destilación de todos sus intereses y sus obras anteriores. Ya parodió la obsesión con los reality shows tipo ‘Gran Hermano’ en ‘Dead Set’ y la invasión zombie de un programa de ese estilo, y se ha cachondeado de algunas de las convenciones más típicas de las series de detectives con ‘A touch of cloth’. En ‘Black Mirror’ aúna la sátira con historias muy humanas, incluso cuando lo que vemos en pantalla son nuestros peores comportamientos.Probablemente sea el primer episodio de su segunda temporada, ‘Be right back’, el que mejor presente la esencia de la serie. Su protagonista acaba de perder a su novio e incapaz por superarlo, encarga una réplica virtual de él. Ni que decir tiene que aferrarte a la persona que acaba de fallecer puede no ser el mejor remedio para afrontar su pérdida.

Su naturaleza de serie de antología, en la que cada capítulo cuenta una historia diferente, permite que los episodios se adentren en territorios que pueden resultar bastante oscuros Nada se libra de ser visto a través del espejo negro, del desencanto con la política a la espectacularización del crimen y la violencia, y cuando la serie realmente da en la diana, es en los momentos en los que hay menos crítica social, y más observación de los sentimientos y los comportamientos humanos. Es lo que dice de nosotros el uso de la tecnología lo que le interesa a Brooker y sus colaboradores.

Esa tecnología, además, es menos futurista de lo que podría parecer. Realmente hay aplicaciones para “reconstruir” a alguien que ha muerto a través de sus correos electrónicos y sus actualizaciones en redes sociales, hay empresas que crean réplicas inquietantemente realistas de otras personas (algo que también se ha reflejado en la serie ‘The Leftovers’) y existen gadgets que permiten que vivamos en una especie de realidad aumentada que sólo existe cuando llevamos puestas unas gafas, por ejemplo.

Si ‘Black Mirror’ puede dar escalofríos, es porque el mundo que muestra está a apenas diez minutos de distancia; el salto que nuestra imaginación debe dar no es tan significativo. Podemos vernos perfectamente utilizando el “grano” o jaleando a un personaje animado faltón y sin gracia como respuesta a los políticos tradicionales. El cómico italiano Beppe Grillo ya hizo ese experimento de verdad. Nada de lo que presenta la serie es tan descabellado. Broker explicaba ‘Black Mirror’ a la prensa británica con la siguiente frase: “Si la tecnología es una droga, y parece una droga, ¿entonces cuáles son, en concreto, sus efectos secundarios?”

El personaje

historyofyou

Liam Foxwell (Toby Kebbell) es el protagonista de ‘The entire history of you’, el segundo episodio de ‘Black Mirror’, y tal vez sea el personaje que mejor define lo que es la serie, lo que ésta quiere contarnos. Es un tipo joven, con una buena profesión (es abogado), una relación estable con su novia, un grupo de amigos en el que todos se llevan bien y una buena casa. Es también el prototipo del joven profesional que se anima a probar todos los nuevos gadgets, alguien que se compra el nuevo iPhone o el smartwatch más moderno porque quiere estar a la última en tecnología. No es extraño, por lo tanto, que sea un usuario convencido del “grano”, un implante en el cerebro que permite grabar todo lo que vean sus ojos, almacenarlo y reproducirlo después como si fuera una película. Liam puede confirmar, así, si es correcta su sensación de que la entrevista de trabajo que acaba de hacer le ha salido mal, y también puede alimentar sus celos y sus sospechas de que su novia le está siendo infiel con uno de sus amigos.

Liam es una representación de una parte muy importante de la sociedad, la que abraza la tecnología y se entrega por completo a ella sin pensar en sus consecuencias. Él depende tanto del “grano”, se obsesiona tanto con que ese chip le permite grabar la realidad, que no se da cuenta de que, al final, dicha realidad sigue estando filtrada por su propia percepción, por sus sentimientos. El “grano” es imparcial, pero Liam no lo es. Podría ser comparable a la obsesión por compartir fotos de todos los momentos de nuestra vida en Instagram, por ejemplo, y que pretendamos utilizarlas para demostrar que tal persona estuvo en ese sitio cuando había afirmado estar en otro. La tecnología no hace más que acrecentar nuestras debilidades y nuestros fallos, porque nosotros mismos somos débiles y nos equivocamos.

El creador

Charlie Brooker (1971) es un periodista y guionista británico que empezó su carrera escribiendo para revistas de videojuegos, y que poco después comenzó a ejercer como crítico televisivo y, en general, de la actualidad y de cómo la presentan los medios de comunicación en el diario The Guardian. Su especialidad es la sátira informativa, que desplegó en el informativo humorístico ‘The 11 o’clock show’, y ha colaborado en diferentes programas de sketches en la televisión británica, muchos de ellos relacionados con la tecnología y con la manera en la que el público reacciona ante determinadas noticias.

La primera serie que creó fue ‘Dead Set’, en 2008, que aunaba todos esos intereses, más la crítica de la obsesión por la telerrealidad, al situar un apocalipsis zombie a las puertas de la casa de ‘Gran Hermano’, pero ha seguido participando en informativos satíricos y en especiales como ‘How videogames changed the world’, en el que repasaba los 25 videojuegos más influyentes de la historia. Parte del tratamiento de los reality shows que Brooker hace viene por el hecho de que su mujer, Konnie Huq, participó en los resúmenes semanales de las galas de ‘The X Factor‘, el talent show más popular del Reino Unido, cuyo éxito ha contribuido a crear a su propio tipo de celebrities.

Cinco episodios imprescindibles

  1. ‘The national anthem’ (1×01)
  2. ‘The entire history of you’ (1×03)
  3. ‘Be right back’ (2×01)
  4. ‘White Bear’ (2×02)
  5. ‘White Christmas’ (Especial Navidad 2014)

FICHA

Cadena/nacionalidad: Channel 4-Netflix/Reino Unido-Estados Unidos
Creador: Charlie Brooker
Año: 2011-
Reparto: Rory Kinnear, Jessica Brown-Findlay, Toby Kebbell, Jodie Whitaker, Hayley Atwell, Domnhall Gleason, Lenora Crichlow
Temporadas/capítulos: 2 (7)
Cómo verla: Editada completa en DVD en el Reino Unido. La tercera temporada se verá sólo en Netflix

‘Babylon 5’

Era la última y mejor oportunidad para la paz”.

Una ONU en el espacio. Ésa es la mejor descripción de lo que es la estación espacial Babylon 5, un lugar que debe servir como punto de encuentro entre las diferentes especies extraterrestres que están continuamente en conflicto o, directamente, guerreando, y proporcionarles un lugar neutral donde puedan resolver sus problemas por la vía pacífica del diálogo. Sin embargo, la Organización de Naciones Unidas real se ha visto siempre asediada por rencillas entre países e intereses variados que han saboteado desde dentro algunos de sus intentos por dar respuesta a importantes conflictos.

Ésa es, en gran parte, la trama de ‘Babylon 5’, una de las series más ambiciosas que ha dado la televisión, creada por el guionista J. Michael Straczynski como una novela en cinco partes y con la pretensión de devolver a la ciencia ficción, y al subgénero de las space operas, cierta seriedad. De hecho, Straczynski se autoimpuso seis normas para sacar a este tipo de series del estancamiento que vivían entonces y acercarlas un poco a lo que ‘Canción triste de Hill Street’ supuso para las historias de policías:

  1. Tiene que ser buena ciencia ficción.
  2. Tiene que ser buena televisión.
  3. Tiene que adoptar un tratamiento adulto de la ciencia ficción.
  4. Tiene que poder hacerse.
  5. Tiene que verse como ninguna otra cosa vista antes en televisión.
  6. Tiene que presentar no sólo historias individuales, sino que tiene que encuadrar esas historias en un panorama mucho mayor.

Así, ‘Babylon 5’ comenzó su andadura con la tv movieThe gathering’, en la que se nos presentaba la estación espacial, la última de su tipo después de que diferentes problemas acabaran con las anteriores. Está bajo mando de los humanos de la Tierra, pero en ella conviven los minbari (con los que los humanos libraron una cruenta guerra que acabó repentinamente), los misteriosos vorlon (ocultos en enormes trajes protectores) y dos civilizaciones que están siempre al borde de la guerra, los narn y los centauri.

Entre ellos se mueven enviados del gobierno terrestre, que está derivando hacia el totalitarismo, y un extraño tipo que actúa en nombre de las Sombras, una fuerza malvada y antigua. Durante las cinco temporadas que duró la serie (con bastantes altibajos por la desaparición de su cadena, PTEN, cuando estaba por la cuarta entrega), los espectadores fueron viendo cómo se desplegaba poco a poco la historia más amplia que Straczynski quería contarles, una historia en la que tuvo tiempo hasta de incluir una evidente alegoría a la guerra de los Balcanes y la inoperancia del Consejo de Seguridad de la ONU en aquel conflicto.

‘Babylon 5’ se tomó completamente en serio el género de la space opera, aprovechando al máximo el potencial para hacer comentario social y para presentar una visión más adulta de las aventuras espaciales, aunque siguiera utilizando maquillajes muy elaborados para los extraterrestres y los efectos especiales no fueran demasiado avanzados (hay que tener en cuenta que estamos a mediados de los 90). La serie se molestó en presentar el vuelo de una nave por el espacio de una manera realista, y las cuestiones morales y políticas eran fundamentales para sus personajes. Narrativamente, favoreció los arcos largos, para toda la temporada como mínimo, y sus personajes no estaban tan definidos como “héroes” y “villanos”, lo que entonces era toda una novedad.

Straczynski aprovechó esa estructura en cinco temporadas para ir lanzando toda la historia poco a poco. La primera entrega, por ejemplo, es una space opera un poco más tradicional, que reutiliza tramas clásicas del género como el antiguo compañero que vuelve con intenciones poco claras y tiene a los dos embajadores narn y centauri (G-Kar y Londo Mollari) más como alivios cómicos que otra cosa. También en esa entrega es cuando se presenta a un personaje tan memorable como la comandante Ivanova, la segunda al mando de Babylon 5 y alguien que no tolera la incompetencia, y lo hace saber con un sarcasmo que la hizo muy popular entre los fans. Sin embargo, ese personaje, y toda la primera temporada, representan también los imprevistos que pueden surgir en una serie de televisión, y que ni siquiera la cuidada planificación de Straczynsky podía eludir.

sheridan

A través de Ivanova, por ejemplo, los espectadores tenían que saber más sobre Talia Winters, telépata que representaba en la estación la deriva totalitaria del gobierno de la Tierra a través del Cuerpo Psíquico. Los miembros de esa organización utilizaban su capacidad para leer la mente para detectar elementos subversivos y, así, mantener el control sobre los humanos, pero Talia empieza a sufrir pequeñas crisis en el desempeño de su deber. Una de esas crisis implicaba una naciente relación con Ivanova que, sin embargo, nunca llegó a desarrollarse del todo porque Andrea Thompson, que interpretaba a Winters, se marchó al acabar la primera temporada. Y algo similar ocurrió con el comandante Sinclair, el primer responsable de Babylon 5. El actor Michael O’Hare abandonó la serie en su primera entrega porque sufría diversos problemas mentales, así que Straczynski tuvo que modificar su historia para justificar la marcha de Sinclair y la llegada de John Sheridan como nuevo capitán de la estación.

‘Babylon 5’ se planteó tomarse totalmente en serio la space opera y reivindicarla como un género a tener en cuenta

La serie hasta tuvo que superar la desaparición de su cadena, PTEN, en su cuarta temporada, por lo que su creador escribió su episodio final para que pudiera funcionar como un cierre definitivo en el caso de que no pudieran encontrar otro hogar, que acabaría siendo TNT. Todas esas vicisitudes no hicieron más que fortalecer el amor de sus fans por ella y reforzar su posición como una verdadera serie de culto.

Sí es cierto que ‘Babylon 5’ se vio envuelta en una pequeña polémica al principio, cuando se anunció que Paramount estaba desarrollando otro spin-off de la saga ‘Star Trek’, ‘Espacio Profundo 9’, que estaría ambientado en una estación espacial. Había unas cuantas similitudes entre ambas series que, inicialmente, levantaron molestias entre los fans de ‘Babylon 5’, pero esas similitudes demostraron ser superficiales, como mucho. ‘Espacio Profundo 9’, de hecho, nunca pudo adentrarse por los territorios más oscuros de ‘Babylon 5’ porque los productores pensaban que, así, se traicionaba el espíritu optimista de ‘Star Trek’ (algo de lo que siempre se quejó amargamente el guionista Ronald D. Moore, y de lo que después se desquitaría en ‘Battlestar Galactica’), así que Straczynski sí que pudo ir valientemente donde ningún otro hombre había ido nunca. Al menos, en la ciencia ficción televisiva hasta aquel momento.

El personaje

G´Kar

Hay bastantes personajes muy interesantes en ‘Babylon 5’, desde la comandante Ivanova y su pragmática, y un poco pesimista, manera de ver el mundo (a lo ruso, diría ella), a la embajadora minbari Delenn o el vorlon Kosh. Sin embargo, por su evolución a lo largo de la serie y los tintes trágicos que adoptó, uno de los personajes favoritos de los fans es G’Kar (Andreas Katsulas), el embajador de los narn. Cuando empieza la serie, forma el alivio cómico junto con Londo Mollari, embajador de los centauri, y con el que mantiene una relación de amistad-desconfianza por las tensiones y guerras que ha habido entre ambas razas desde hace siglos. En la última de esas guerras, los narn humillaron a los centauri, y Londo aprovecha una oportunidad que se le presenta en la segunda temporada para vengarse de ellos.

G’Kar se convierte entonces en una figura trágica, alguien que intenta llamar la atención del resto de las razas presentes en la estación para que ayuden a los narn frente a un enemigo mucho más poderoso que está aniquilándolos, pero no logra la intervención de nadie. Ninguna raza quiere interponerse en un conflicto que consideran “local”.  Su trama es toda una alegoría de la guerra de los Balcanes, y G’Kar adquiere un aura de dignidad y de desesperación que eleva ‘Babylon 5’ de una space opera más o menos conseguida, a una obra mucho más seria. Y en su evolución no puede dejarse de lado la de Londo Mollari (Peter Jurasik), que vende su alma al diablo por esa obsesión absurda de los centauri por recuperar el honor y la gloria perdidos, por conseguir que el resto del universo los tome en serio. El modo en el que ambos embajadores pasan a ser los personajes más complejos, desde sus inicios como dúo tirando a cómico, es uno de los mayores logros de la serie.

El creador

J. Michael Straczynski (1954) ha pasado a la historia por ser uno de los primeros guionistas en crear una serie de televisión con un arco de cinco temporadas ya planeado y establecido. Empezó su carrera como periodista, pero rápidamente fue escribiendo para espacios de radionovelas y, además, presentó un programa sobre ciencia ficción, a finales de los 70, en el que entrevistó a algunos de los autores más importantes del género. Así es, por ejemplo, como terminaría logrando que un autor tan reconocido como Harlan Ellison escribiera algunos guiones para su serie.

Como guionista y novelista, Straczynski es realmente polifacético. Para televisión, escribió guiones para series animadas como ‘He-Man y los Masters del Universo’, para ‘La dimensión desconocida’, ‘Se ha escrito un crimen’ y hasta en ‘Walker, Texas Ranger’, y en cine, es el responsable del guión de ‘El intercambio’, de Clint Eastwood. No obstante, su faceta más conocida tal vez sea la de escritor de cómics. Creó ‘Rising stars’, sobre unos jóvenes que de repente tienen superpoderes, y ha aportado guiones para Superman, Spider-Man, Thor o Los Cuatro Fantásticos, entre muchos otros.

Cinco capítulos imprescindibles

  1. ‘Signs and portents’ (1×13)
  2. ‘Babylon Squared’ (1×10)
  3. ‘In the shadow of Z’ha’dum’ (2×16)
  4. ‘Severed dreams’ (3×10)
  5. ‘Endgame’ (4×20)

Ficha

Cadena/nacionalidad: PETN-TNT/Estados Unidos
Creador: J. Michael Straczynski
Año: 1994-98
Reparto: Jerry Doyle, Mira Furlan, Richard Biggs, Andreas Katsulas, Peter Jurasik, Bruce Boxleitner, Claudia Christian, Michael O’Hare, Jeff Conaway
Temporadas/capítulos: 5 (110), y seis tv movies
Otros: Tuvo un spin off, ‘Crusade’
Cómo verla: Editada completa en DVD en EE.UU. y Reino Unido

Una guía de series de ciencia ficción

Como género literario, la ciencia ficción tiene una larga historia que puede remontarse hasta H.G. Wells y Jules Verne, si somos ortodoxos, o hasta Cyrano de Bergerac y su ‘El otro mundo’, si pretendemos salirnos del molde. Como género cinematográfico, pioneros como Georges Mèlies se sirvieron de sus códigos para explorar con el naciente séptimo arte y hasta para hacer comentarios sociales, como hizo Fritz Lang en ‘Metrópolis‘. En ambos casos, la historia de la ciencia ficción está bastante bien documentada, en libros y hasta series documentales. ¿Pero qué ocurre con la historia de este género en televisión?

Las primeras ficciones televisivas no sólo eran comedias que, en realidad, adaptaban al nuevo medio formatos radiofónicos; también había aventuras espaciales como las de ‘Captain Video and his Video Rangers‘ (1949). En todas las décadas ha habido siempre una serie de ciencia de ficción que atraía de algún modo la atención del público y que, a veces, hasta reflejaba algunas de las cuestiones sociales más acuciantes debajo de maquillajes extravagantes y platillos volantes que se movían colgados de cañas de pescar. Y, sin embargo, no se han tratado tanto como otras manifestaciones del género en la literatura y el cine.

Hasta no hace mucho, la ficción televisiva no era considerada un producto cultural digno de un estudio tan concienzudo como el que se dedica a las películas. Quizás por eso, las series de ciencia ficción y fantasía no han sido recopiladas en guías, analizadas en investigaciones académicas o proyectadas en festivales hasta, prácticamente, principios de los 2000. Es cierto que no siempre tenían la calidad que las hiciera merecedoras de ese tratamiento, pero hasta las series malas pueden aportar cosas sobre cómo era la sociedad en la que se produjeron, o sobre los temas tabúes en televisión, o sobre la dirección que estaba tomando la industria del entretenimiento en ciertas épocas.

Este blog, esta ‘Guía del seriéfilo galáctico‘, no pretende ser un tratado exhaustivo sobre la historia de las series de ciencia ficción, ni un ensayo académico sobre ellas. En realidad, lo que busca es ofrecer una guía de títulos representativos de los diferentes subgéneros de la ciencia ficción y la fantasía que se han tocado en televisión. Desde las aventuras espaciales de las space operas a las distopías futuristas, los viajes en el tiempo, las historias de contactos con extraterrestres o los mundos postapocalípticos, la ‘Guía del seriéfilo galáctico’ va a recorrer, a dos posts por semana (lunes y miércoles), algunas de esas series. Habrá hueco también para la fantasía, que hace tiempo que se incluye en el mismo “saco” que la ciencia ficción, y se procurará contar por qué esas series merecen la pena, qué han aportado para que las tengamos en cuenta.

Yo sé lo que la ciencia ficción y la fantasía ha significado para mí y, en parte, ésa es una de las razones por las que inicio esta pequeña aventura bloguera. Las películas de ‘La guerra de las galaxias‘, los capítulos de ‘Expediente X‘ y los libros de ‘Crónicas de la Dragonlance‘ fueron mis puertas de entrada reales a estos mundos y, a partir de ellos, llegaron otras películas, otras series y otros libros (quedaría mejor decir que fueron una película como ‘2001. Una odisea del espacio’, los capítulos de ‘Star Trek’ y los libros de ‘Fundación’, pero no sería del todo verdad). La ciencia ficción y la fantasía televisivas han dejado propuestas muy interesantes y entretenidas. Echémosles un vistazo.

Ah, y debo reconocer la culpa de Pere Solà Gimferrer en animarme a hacer realidad esta idea. Él propuso que fuera una guía de series de ciencia ficción. Y como esto sólo era una presentación, mañana mismo tendremos la primera serie de esta guía.